Por Paulo QuinterosCómo Netflix adapta su cine a una nueva realidad de espectadores distraídos y celulares siempre en la mano
Como parte del público ya no mira las películas con atención plena, la plataforma se ha empujado a si misma para modificar ritmos, diálogos y estructuras narrativas para retener a la audiencia.

El cine pensado para streaming definitivamente ya no se construye bajo las mismas reglas que el cine de sala.
En Netflix, esa transformación responde a una premisa cada vez más asumida en la industria: muchos espectadores miran la pantalla de su televisor mientras revisan el celular.
La idea fue expuesta sin rodeos recientemente por el actor Matt Damon, quien explicó que hoy las películas requieren “un nivel de atención muy distinto” cuando se consumen en casa y no en una sala oscura.
Durante la promoción de su nueva película El Botín (The Rip), el actor detalló que esta conducta del público ya está influyendo directamente en cómo se conciben y escriben las películas para streaming.
Según Damon, el modelo clásico del cine de acción, con tres grandes secuencias distribuidas entre el primer, segundo y tercer acto, ha comenzado a quedar obsoleto en plataformas como Netflix.
“Ahora te piden una gran escena en los primeros cinco minutos”, relató, explicando que el objetivo es enganchar de inmediato a un espectador que puede abandonar el contenido con un solo toque.
Ese cambio también se refleja en los diálogos. Damon reconoció que se les sugiere reiterar información clave varias veces, asumiendo que parte del público no está mirando constantemente la pantalla.
La práctica no es nueva. Guionistas que trabajan con Netflix han señalado en el pasado que se les pide que los personajes “digan lo que están haciendo”, privilegiando el relato explícito por sobre la sugerencia visual.

El Botín, dirigida por Joe Carnahan y protagonizada por Damon y Ben Affleck, se inscribe en ese contexto. La película sigue a un grupo de policías de Miami que entra en conflicto tras descubrir un botín de $20 millones.
Affleck, sin embargo, introdujo un contrapunto. Durante la misma conversación en The Joe Rogan Experience, citó como ejemplo una producción reciente de Netflix que va en la dirección opuesta.
Se trata de Adolescencia, la elogiada miniserie marcada por sus largos silencios, tomas continuas y escenas donde la acción se sugiere más de lo que se explica.
Para Affleck, ese caso demuestra que no siempre es necesario sobreexplicar ni acelerar el ritmo para mantener al espectador involucrado, incluso en un entorno dominado por la distracción.
Damon coincidió en que se trata de una excepción dentro del catálogo, planteando que ese ejemplo confirma que todavía existe espacio para propuestas más exigentes en términos narrativos.
Pero lo importante es que toda esta discusión refleja un dilema central del streaming: aunque en las plataformas pueden equilibrar la atención fragmentada del público con fórmulas, también pueden enfrentarse a la ambición artística de cineastas que no quieren renunciar al lenguaje cinematográfico tradicional.
De hecho, varios grandes directores de la industria no están interesados en entrar en el terreno del cine de streaming. Algunos inclusive han entrado en guerra con las decisiones de adoptarse al consumo en el hogar con el teléfono en la mano.
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