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Crítica de cine: El Diablo se Viste a la Moda 2, una secuela de gran costura que está a la altura

Lejos de reciclar fórmulas o vivir únicamente de la nostalgia, la esperada continuación aprovecha el paso del tiempo para actualizar a sus personajes y convertir el cambiante mundo de la moda y los medios en el escenario perfecto para una historia más madura y con algo nuevo que decir.

Es habitual encontrarse con secuelas que se limitan a repetir fórmulas, reciclando los mismos conflictos, personajes y estructuras de la historia original sin realmente justificar su regreso. En lugar de asumir el desafío de continuar una historia y hacer avanzar a sus protagonistas, muchas producciones de Hollywood prefieren jugar a la segura, apostando por una nostalgia vacía que termina tratando a la audiencia como si bastara con servirles lo mismo una y otra vez.

Afortunadamente, ese no es el caso de El Diablo se viste a la Moda 2, una secuela que funciona precisamente porque entiende que regresar no basta: hay que avanzar. La película toma el legado de la original y lo utiliza para expandir su historia de forma orgánica, respondiendo a los cambios del mundo y al crecimiento natural de sus personajes.

Lejos de conformarse con reunir nuevamente a sus figuras principales, esta continuación aprovecha el paso de los años como parte central de su propuesta. En vez de repetir la misma dinámica de siempre, la película construye nuevos conflictos y permite que sus protagonistas enfrenten una realidad distinta, asumiendo plenamente su condición de continuación para hacer lo que rara vez se concreta en este tipo de producciones: aceptar el paso del tiempo.

Tomando como punto de partida los 20 años que han pasado desde 2006, la secuela presenta a una Andy Sachs, interpretada una vez más de forma radiante por Anne Hathaway, que no solo ha seguido su camino como periodista, sino que también se prepara para recibir una distinción por su trabajo. Pero, como reflejo del estado actual de los medios de comunicación, Andy recibe una pésima noticia: ella y todo su equipo de reportajes reciben un sobre azul debido a una reducción de costos en su conglomerado periodístico.

Sin entrar en los detalles, basta decir que el discurso que Andy da al recibir su premio, justo después de ser despedida, termina llamando la atención de sus antiguos empleadores en la revista Runway. Eso no solo la lleva de regreso a la publicación de moda donde comenzó su carrera, sino que también la obliga a reencontrarse con figuras clave de su pasado, como Nigel y la siempre dominante Miranda Priestly.

El problema es que la revista en cuestión no es una taza de leche y, en las últimas décadas, también ha enfrentado cambios: se ha volcado a lo digital, a la promoción viral, a una mayor dependencia de los avisadores y, por supuesto, a la locura por los clics. Todo lo anterior forja nuevos conflictos en la vida de Andy, quien no solo debe lidiar con las demandas de su nuevo puesto, sino también chocar con una Miranda tan demandante como siempre.

En ese entorno, la secuela abraza el paso del tiempo para remecer a sus personajes y su entorno, reflejando el cambiante mundo de los medios, agregando en el camino a figuras como los tech bros que hablan gracias a sus billetes, el corporativismo neófito que eleva a gente vende humo y esa cultura de perros grandes que ladran contra aquellos que intentan aferrarse a ideas y formas que les parecen desechables o, derechamente, obsoletas.

Ahí es donde la película demuestra mayor inteligencia, evitando quedar atrapada en una simple réplica de la primera entrega. Aunque existen guiños evidentes a momentos y elementos de la cinta original, estos están incorporados con suficiente naturalidad como para enriquecer la experiencia sin transformarse en distracciones ni en recursos vacíos destinados únicamente a apelar a la nostalgia.

El Diablo se viste a la Moda 2 también cuenta con una historia que logra salir de la zona de confort al crear problemas que remecen la relación de sus protagonistas y ponen en entredicho el propio futuro de la revista que está al centro de toda la historia. Y, en ese sentido, el retrato de ese mundo que gira en torno a la pasarela sigue siendo un atractivo que los responsables de esta película saben aprovechar muy bien.

En todo su camino, la historia se divide en dos mitades bien marcadas, ya que la aparente estabilidad dentro de Runway rápidamente comienza a resquebrajarse. Aun así, la película nunca pierde de vista que su verdadero motor son los personajes y las relaciones entre ellos. Anne Hathaway sigue siendo entrañable como Andy, cometiendo errores impulsada por su necesidad de validación, aunque ahora desde un rol que realmente la satisface como jefa de reportajes de Runway.

Sin embargo, es Meryl Streep quien mejor aprovecha las posibilidades de esta secuela, construyendo a una Miranda aún más compleja y matizada que en la primera película.

Es ella quien termina siendo el gran eje de una secuela sostenida por un sólido grupo de personajes secundarios que gravitan en torno a su presencia magnética. Esa dinámica permite que cada interacción, conflicto y choque tenga verdadero peso dramático, en una historia que sabe aprovechar el tambaleante estado de los medios de comunicación, hoy controlados por figuras que muchas veces no comparten los mismos principios de quienes realmente los sostienen desde dentro.

Ahí está precisamente la gran virtud de esta secuela: no se conforma con ser una extensión nostálgica ni una repetición cómoda de lo ya conocido. En lugar de eso, utiliza el peso de su legado para construir algo nuevo, más maduro y más consciente del mundo que la rodea, entendiendo que sus personajes también debían evolucionar junto con su contexto.

En tiempos donde Hollywood insiste en exprimir franquicias sin alma ni propósito, El Diablo se viste a la Moda 2 demuestra que una continuación sí puede justificar su existencia cuando tiene algo que decir.

Y es que esta continuación no solo respeta a la original, sino que la complementa y la enriquece, transformándose en esa rara excepción que no solo está a la altura, sino que entiende perfectamente por qué vale la pena regresar.

El Diablo se viste a la Moda 2 llega al cine este jueves 30 de abril.

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