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Crítica de cine: El Drama, ¿se puede perdonar lo peor?

Zendaya y Robert Pattinson protagonizan una comedia romántica que se desarma desde dentro, convirtiéndose en un incómodo retrato sobre el miedo, la necedad y las grietas que emergen cuando una relación enfrenta lo imperdonable.

Desde que El Drama comenzó a hacer ruido, más allá de que sus protagonistas sean actores tan famosos como Zendaya y Robert Pattinson, quedó claro que su subversión de las películas románticas incluía un vuelco, una sorpresa de la que es mejor no hablar.

Y eso es precisamente lo que haré, aunque eso quita una parte importante del análisis. Mal que mal, esta nueva producción del estudio A24 depende directamente de una pregunta: ¿podrías perdonar el peor secreto que ha escondido tu pareja en lo más profundo de su ser?

Por supuesto, sí se puede establecer que la película gira en torno a una boda entre los personajes de ambos actores, abordando la previa de la ceremonia con todos los preparativos de una gran fiesta tradicional y adinerada.

Sin embargo, todo cambia en el camino: durante una tomatera que incluye al padrino y la dama de honor, surge una conversación incómoda. Algo que comienza como una jugarreta, pero que termina sacando del baúl aquello de lo que es mejor no hablar. Algo que podría ser imperdonable y que involucra a uno de los dos novios.

A partir de ahí, esta película del director noruego Kristoffer Borgli, quien en el pasado sorprendió con comedias negras como Enferma de Mi (2022) y Dream Scenario (2023), cambia completamente el rumbo para subvertir lo que se espera no solo de una comedia romántica, sino también de una producción protagonizada por dos estrellas de Hollywood.

Desde ese punto, la película se vuelve incómoda, irritante y, por supuesto, descorazonadora, pues el secreto impulsa una serie de situaciones que no solo ponen en duda todo lo que la pareja creía de sí misma, sino que también exponen las carencias, heridas y grietas personales que cada uno de los involucrados arrastra.

En ese juego, El Drama se sostiene, en gran medida, por el trabajo actoral tanto de Zendaya como de Pattinson, quienes se adentran en zonas bastante oscuras para quitarse las caretas y exponer lo peor que sus personajes han logrado ocultar.

En ese sentido, el actor de The Batman termina siendo el foco principal y Pattinson saca lo mejor de sí para construir a un tipo que lentamente va sacando de quicio -tanto por acción como por omisión-, lo que convierte a la película en una experiencia difícil de digerir. No porque sea una mala película, sino porque, precisamente, impulsa un viaje que saca de quicio sobre el patetismo y necedad masculina.

De ese modo, lo que comienza como una historia de pareja termina mutando hacia otra cosa: un relato centrado en la paranoia masculina, en la incapacidad de procesar aquello que escapa del control propio. A partir de ahí, la película deja de poner el foco en el amor y empieza a orbitar en torno al miedo y la paranoia, desplazando el foco hacia un protagonista que se desarma.

Ahí es donde la propuesta de Kristoffer Borgli, quien además de dirigir también firma el guión, encuentra tanto su mayor virtud como su principal limitación. Hay una intención clara de tensionar el género, de incomodar al espectador y romper con las reglas del romance tradicional, pero en ese proceso también se sacrifica parte del equilibrio emocional del relato, dejando a uno de sus personajes en un segundo plano difícil de ignorar.

Porque mientras él se descompone y expone todas sus grietas, ella queda convertida en un enigma, en una figura que nunca termina de desarrollarse del todo. Esa asimetría no solo condiciona la lectura de la historia, sino que también instala una incomodidad adicional: la sensación de que la película observa más al hombre en crisis que a la relación que, en teoría, la sostiene.

Con todo, El Drama funciona precisamente por esa fricción. No busca ser una comedia romántica complaciente, sino una disección incómoda de sus códigos, una película que irrita, provoca y, en más de un momento, desconcierta.

Y aunque no todas sus decisiones resultan igual de efectivas, lo cierto es que deja una impresión persistente: la de un relato que, detrás de su ironía y su exceso, termina revelando algo bastante menos romántico sobre el amor contemporáneo.

El Drama ya está en cines.

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