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Crítica de cine - EPiC: Elvis Presley in Concert, cuando el rey vuelve a reinar en la pantalla grande

El documental combina material inédito y restauración tecnológica de primer nivel para reconstruir no solo al mito, sino al artista en pleno escenario, recordando por qué Elvis sigue siendo una figura irrepetible del rock.

La idea de que Elvis Presley fue el rey del rock se refuerza de forma magistral con EPiC: Elvis Presley in Concert, la película documental que ahora llegó a cines de la mano de dos ideas fuerza: presentar imágenes inéditas del legendario cantante y, cortesía de la tecnología que Peter Jackson ya usó en The Beatles: Get Back, restaurar el material audiovisual en la mejor calidad posible.

Dirigido por Baz Luhrmann (Moulin Rouge) tras su experiencia con la película biográfica de 2022, el génesis del proyecto incluyó material fílmico y sonoro inédito recopilado de cintas no utilizadas en el documental Elvis: That’s the Way It Is y la película de concierto Elvis on Tour, ambas lanzadas a comienzos de los setenta, además de una extensa grabación en la que Presley hablaba de su vida.

Ese material es el que da forma a una obra que desde el primer minuto se siente especial, ya que escudriña en aspectos que han sido ocultos por la leyenda. Por ejemplo, los primeros minutos del documental se centran en establecer las bases de Elvis en su condición de artista, abordando elementos biográficos y el impacto que generó su explosión musical.

En todo ese recorrido, logran profundizar en los elementos que dieron forma a su propia existencia, incluyendo la relación con su familia o la manera en que disfrutaba ser reconocido como una estrella, a través de las propias palabras del rey.

Sin embargo, lo más encantador del documental tiene que ver con lo que viene a continuación. Tomando como punto de partida los comienzos de su larga estadía en Las Vegas, el trabajo permite ver tanto lo que ocurría en bambalinas durante los ensayos como lo que se vivía una vez que el telón se levantaba.

En ese proceso, el trabajo audiovisual es simplemente fenomenal y, por momentos, incluso permite acercarse lo más posible a lo que era presenciar en vivo a Elvis. Obviamente nunca se siente como estar en un concierto real, pero logra aproximarse al encanto que irradiaba el rey y, por supuesto, sus canciones se escuchan en una calidad espectacular, ideal para corear.

Al capturar sus presentaciones en vivo, de la mano de los grandes clásicos que formaron parte de su repertorio, en este documental no solo se entrelaza su performance musical, sino también aquello que lo definía completamente como artista.

Por supuesto, en ese camino, el documental también deja entrever la explotación que sufrió Elvis por el gigantesco negocio que controló su mánager, el coronel Tom Parker, mientras en paralelo evidencia directamente el ansia del cantante por siempre entregar lo mejor de sí, como si cada concierto fuese el primero.

A lo largo de todo su metraje, las contradicciones de Presley son abordadas de forma indirecta, lo que podría no satisfacer a alguien que esperase un retrato más profundo, pero el mayor valor del documental está en la verdadera magia artística que estalla en cada entonación, cada movimiento y en el embrujo genuino que Elvis lograba generar con su audiencia.

Por eso EPiC: Elvis Presley in Concert se justifica plenamente como una experiencia imperdible para ver en la pantalla más grande posible. No solo restaura imágenes históricas con una calidad asombrosa, sino que también devuelve a Elvis al lugar donde siempre perteneció: el escenario, vibrando con una energía que, incluso décadas después, sigue sintiéndose viva.

Mal que mal, las grandes leyendas se inmortalizan y Elvis, sin duda, fue, es y será una de las más grandes que han existido en la música popular.

EPiC: Elvis Presley in Concert ya se encuentra disponible en cines.

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