Por Paulo QuinterosCrítica de cine: Los Amos del Universo, el poder de no avergonzarse de sí mismo
La nueva adaptación de He-Man deja atrás la idea de una fantasía oscura para celebrar sin complejos el espíritu extravagante de la franquicia. Con humor, acción y una Eternia llena de color, la película encuentra fuerza precisamente en aquello que durante años muchos intentaron ocultar.

Aunque durante años el plan fue desarrollar una película de He-Man con un tono oscuro y épico, inspirada más en El Señor de los Anillos y los minicómics originales de la franquicia que en los dibujos animados creados por Filmation, la nueva adaptación cinematográfica que llega esta semana a los cines optó acertadamente por tomar el camino opuesto.
Y en esa decisión, la película dirigida por Travis Knight (Kubo y la búsqueda samurái, Bumblebee) abraza lo extravagante, lo ridículo y lo artificioso para dar forma a una versión que parece extraída directamente de los sueños más delirantes de un fan de la serie original.
Por supuesto, la propuesta no es una recreación al pie de la letra. En el camino incorpora un tramo ambientado en la Tierra que rara vez funciona del todo, o al menos no hasta que el desenlace consigue darle un propósito para reforzar la figura del héroe.
Sin embargo, esta adaptación cinematográfica cuenta con diseños de personajes, un mundo fantástico e incluso un espíritu cómico que abraza los aspectos más juguetones de una serie de animación que, en el fondo, fue creada para vender juguetes.

La historia comienza en Eternia, un mundo donde la magia y la tecnología conviven para dar forma a un escenario plagado de criaturas extrañas, héroes con habilidades extraordinarias y villanos desalmados empeñados en expandir el caos. En ese contexto, la paz encabezada por el rey Randor llega a su fin tras un devastador ataque de las fuerzas de Skeletor, quien busca obtener la Espada de Poder para acceder a la energía cósmica que reside en la legendaria arma.
Sin embargo, la intervención de la hechicera Sorceress permite enviar tanto la espada como al joven y enclenque príncipe Adam hacia la Tierra: el mundo de origen de su madre, la reina Marlena, y el único lugar donde Skeletor jamás pensaría buscarlo.
Tras esa introducción, y sin demasiadas sorpresas, la historia impulsa a un Adam ya adulto a recuperar -de forma bastante ridícula- la Espada de Poder que perdió durante su llegada al planeta. Mientras trabaja en Recursos Humanos y nadie cree sus relatos sobre Eternia, su gran desafío termina siendo demostrar por qué es el elegido para poner fin al régimen de terror que Skeletor ha impuesto sobre su hogar durante más de quince años.
A partir de esa base, y sin desarrollar una narrativa particularmente profunda, la película apuesta constantemente por la entretención liviana y un tono cargado de humor, aunque sin olvidar una regla fundamental: jamás burlarse de aquello que representa la franquicia.
Por el contrario, abraza con convicción los aspectos más extraños y coloridos de este universo, permitiendo que la fantasía, la acción y el absurdo convivan sin que nada resulte fuera de lugar.

En esa ruta, uno de los mayores aciertos de la película es el propio viaje de Adam gracias al trabajo de Nicholas Galitzine. El actor logra validar el recorrido del héroe para que He-Man termine sintiéndose como la encarnación de un ideal heroico más que como un simple hombre musculoso con una espada mágica.
Lo mismo ocurre con Skeletor, quien conserva el espíritu de villano caricaturesco y extravagante de la serie animada, pero sin perder la crueldad necesaria para que sus esbirros le teman -aunque esos momentos son muy graciosos- y también pueda convertirse en una amenaza real cuando la película lo requiere.
Aunque hay varios elementos que no terminan de funcionar del todo, tanto las secuencias de acción como la construcción del mundo terminan impulsando una aventura que consigue justificar su propia existencia, dar credibilidad a su entorno y poblar la historia de personajes secundarios que cumplen exactamente el rol que deben cumplir: ser figuras de acción tan llamativas que uno entiende perfectamente por qué esta franquicia nació para vender juguetes.
Pero en eso también existe encanto. Aunque la película recurre constantemente a ideas que el cine fantástico y las historias de héroes han utilizado hasta el cansancio como el tema del elegido, la búsqueda del destino, la lucha contra el tirano o la necesidad de creer en uno mismo, igual consigue ejecutarlas con suficiente convicción y carisma como para que funcionen una vez más.
No porque reinvente esas fórmulas, sino porque entiende perfectamente qué tipo de aventura quiere ser y jamás intenta disfrazarse de algo más complejo o trascendente.

Esa misma honestidad también se refleja en la forma en que abraza el legado de la serie animada de los años ochenta. Lejos de avergonzarse de sus raíces, la película las celebra constantemente a través de personajes reconocibles, frases que los fanáticos identificarán de inmediato y una representación de Eternia que incorpora desde sus elementos más clásicos hasta algunos de los aspectos más extraños y absurdos de la mitología.
El resultado termina sintiéndose como una verdadera carta de amor a una franquicia que durante décadas fue considerada demasiado extravagante para una adaptación moderna, pero que aquí encuentra precisamente en esa extravagancia su principal fortaleza.
Lo anterior se extiende al trabajo musical. La banda sonora incorpora canciones ampliamente reconocibles que encajan sorprendentemente bien dentro de la propuesta, desde el clásico “Boys Don’t Cry” de The Cure hasta “What’s Up?” de Four Non Blondes, una elección muy celebrada al considerar su vínculo con uno de los memes más populares asociados a He-Man.
A eso se suma “Princes of the Universe” de Queen, una canción inseparable de Highlander -franquicia que incluso recibe una referencia dentro de la película- pero que termina integrándose de forma natural a la épica de esta aventura. Y, aun así, el largometraje no depende únicamente de esas selecciones musicales. El trabajo del compositor Daniel Pemberton resulta sobresaliente durante toda la película y encuentra su punto más alto en “Eternia”, un tema épico y de ritmo pegajoso que además cuenta con la inconfundible guitarra de Brian May.

Solo basta agregar que lo más satisfactorio de la película es que entiende algo que muchas adaptaciones modernas olvidan: He-Man no necesita ser transformado en una figura sombría, torturada o excesivamente seria para funcionar.
Su esencia siempre estuvo ligada a la fantasía desbordada, lo cómico de su propia plasticidad, el heroísmo sin complejos y a la idea de que un joven aparentemente común puede convertirse en el hombre más poderoso del universo. La película comprende esa premisa y la celebra sin ironías, permitiendo que He-Man vuelva a sentirse como el ícono que marcó a toda una generación.
Por eso resulta tan positivo que esta nueva adaptación de Los Amos del Universo no sea la película oscura y grandilocuente que algunos imaginaron durante años, ni tampoco la que muchos esperaban tras la elogiada serie animada de Kevin Smith. Es decir, realmente creo que termina siendo algo más valioso: una producción que entiende exactamente qué hace especial a esta franquicia.
Con humor, acción, monstruos, magia, tecnología imposible y una enorme dosis de sinceridad, la película consigue que Eternia vuelva a sentirse como un lugar fascinante. Y en tiempos donde tantas adaptaciones parecen avergonzarse de aquello que las hizo populares, resulta refrescante encontrarse con una que simplemente levanta la Espada de Poder y proclama con orgullo: “¡Yo tengo el poder!“.
Amos del Universo llegará a los cines este 4 de junio.
Imperdibles
Lo último
hace 9 min
hace 15 min
hace 17 min
hace 19 min
hace 25 min
Lo más leído
1.
















