Crítica de cine: Michael, un retrato vibrante entre luces, lejos de las sombras
El biopic apuesta por una mirada cuidada y accesible, que privilegia el mito por sobre la polémica, pero logra capturar el talento, la sensibilidad y el impacto cultural de Michael Jackson en sus años formativos.
Inevitablemente, Michael, la nueva película sobre el Rey del Pop, será comparada con Bohemian Rhapsody, el exitoso biopic sobre Queen.
No solo porque detrás del proyecto está el mismo productor, sino también porque ambos son productos que cuentan con el amparo oficial, ya sea de los herederos de Michael Jackson o de la propia banda inglesa y la familia de Freddie Mercury.
De ahí que ambas producciones utilicen sus canciones como columna vertebral, avanzando en el sendero de un tributo oficial casi en playback. O sea, olviden conocer algo nuevo.
Sin embargo, pese a esa base común, hay una diferencia importante: Michael es, en términos narrativos y cinematográficos, mucho más película que Bohemian Rhapsody.
Por supuesto, quien busque los grises de las polémicas de MJ, saldrá con gusto a poco. La propuesta final es bastante más sanitizada, por no decir blanqueada, centrándose en el origen de la leyenda de la música y en su asfixiante historia bajo el alero de su padre, el abusivo y controlador Joseph Jackson.
Aun así, en el camino de su emancipación de los Jackson 5, sí se detienen en su trabajo artístico, explorando su talento, por lo que no se quedan pegados solo en la manía de recrear los momentos más emblemáticos de su historia.
De hecho, basta decir que hay un montón de cosas que no abordan, y que en una película con el foco de Bohemian Rhapsody no habría faltado, como es la recreación de la grabación de We Are The World.
En ese ámbito, e incluso considerando que no hay mayor lectura documental y tratan con guante blanco la historia de Michael, la película consigue transmitir lo que significó y sigue representando el arte del Rey del Pop.
En ese trayecto, los hermanos de Michael quedan inevitablemente relegados a un tercer plano: apenas vemos a seis o siete de los diez, y con suerte se puede decir que Katherine, la madre, tiene algo más de presencia. Pero, como es esperable, todo orbita por y para MJ.
La película se mueve entonces entre la soledad de Michael, esbozando cómo esta moldeó su personalidad infantil, fascinada por Peter Pan y Disney, y el agujero negro que representa Joe Jackson, interpretado con solidez por Colman Domingo. Es ese conflicto el que articula el relato, presentando al padre como una figura dominante y temible, capaz de imponer disciplina a través del miedo al correazo.
En paralelo, el trabajo de Jaafar Jackson no solo destaca por su parecido físico con el cantante, apoyado en maquillaje, sino también por sus manierismos, movimientos y bailes.
Su interpretación es tan convincente que, por momentos, parece que el propio espíritu de MJ estuviera poseyéndolo en pantalla. Y a nivel actoral, también logra ser un puente para acercarse a la complejidad de una figura tan inusual como excéntrica. En esa misma línea, destaca Juliano Valdi, quien muy bien su trabajo a la hora de dar vida al pequeño Michael en el extenso segmento que aborda su niñez.
Considerando todo lo anterior, inevitablemente la recepción de Michael dependerá en gran medida de las expectativas del espectador, Muchas de sus debilidades tienen más relación con lo que la película decide no ser y con los aspectos que opta por omitir.
Por ejemplo, el relato se detiene antes de sus notorios cambios físicos, aunque sí aborda el vitiligo que padeció. Tampoco profundiza en relaciones clave de los años ochenta: no hay rastro de su quiebre con Paul McCartney, dejando de lado el tema de sus negocios, y a lo mucho hay un diálogo sobre Prince. Incluso el episodio del simio Bubbles evita cualquier arista controvertida, omitiendo también el acoso mediático que marcó su carrera.
Pero en lo que sí propone, Michael funciona como un biopic que logra instalarse como una representación eficaz de la construcción mítica de la leyenda en sus inicios, desde el auge de los Jackson 5 hasta su consolidación en la era de los discos Off the Wall, Thriller y Bad. Obviamente recrea momentos icónicos de videos musicales, pero también refleja la devoción en conciertos masivos y también presenta la euforia desmedida que despertó en sus fans.
En todo eso, la película opta por preservar el mito antes que desmontarlo. Y claramente esa decisión limita su profundidad, pero también le da coherencia como retrato autorizado, más interesado en celebrar con sus fans que en cuestionar.
Así, Michael termina siendo una experiencia que, sin alcanzar la complejidad de su protagonista, logra capturar su impacto cultural hasta antes de las polémicas en los noventas. O sea, no es la historia definitiva del artista, ni tampoco una revisión cinematográfica profunda revisada desde un óptica menos celebratoria, pero sí termina siendo un recordatorio eficaz de por qué su figura sigue siendo, hasta hoy, imposible de ignorar y olvidar.
Michael llega a los cines chilenos el 23 de abril.
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