Crítica de cine - Oasis: Don’t Look Back in Anger, el retrato de un regreso que nunca fue solo de los Gallagher
El documental sobre la histórica reunión de los hermanos Gallagher va mucho más allá de registrar su multitudinaria gira de regreso, explorando la reconciliación, el paso del tiempo y el vínculo emocional que mantuvo vivas sus canciones para millones de personas.
En la primera parte de Don’t Look Back in Anger, el documental sobre la gira de regreso de Oasis, Liam Gallagher plantea una idea y se comporta de una manera que está directamente relacionada con las oscuras expectativas que existían antes de la reunión.
Al explicar su postura de vida, en base a la imagen que el resto tiene sobre su figura, el enfant terrible plantea que en realidad todo le importa un carajo y precisamente por eso mismo todo le importa. En paralelo, mientras el resto de la banda inicia los ensayos, Liam es el último en sumarse, saluda de forma escueta, canta de inmediato y, una vez terminada su labor, se retira. Sus compañeros se quedan mirándolo y le dicen adiós entre risas, cuando ya no existe posibilidad de obtener una respuesta.
Ahí, en esos primeros minutos, el documental refuerza esa especie de desconexión y desapego que llevó a más de alguien a imaginar una hostilidad capaz de provocar el colapso total de la gira. Es decir, no pocos auguraban que una pelea entre los hermanos era inevitable y que la reunión terminaría convertida en un completo fracaso.
Sin embargo, muy lejos de esas ideas preconcebidas, el documental toma ese punto de partida para capturar no solo la esencia artística de sus protagonistas, sino también la propia alma de la banda, las razones por las que esta reunión era importante y, de manera bastante emotiva, el sentido de comunión e identidad que terminó entrelazando a alrededor de tres millones de personas en todo el mundo.
Oasis: Don’t Look Back in Anger es, a grandes rasgos, un gran trabajo que consigue transmitir las emociones que se condensaron a lo largo de meses tanto en un parque de Manchester como en estadios de todo el mundo. Y en ese camino, el documental también logra redibujar a los hermanos Gallagher, los cambios que experimentaron desde la caótica época de su quiebre y, a través de ellos, explorar el corazón mismo de la banda.
En eso último se encuentra el mayor valor del documental. Más que un mero recorrido alrededor del mundo siguiendo a Oasis o una excusa para exhibir un concierto documentado, este trabajo consigue ir más allá y escudriñar en las respuestas que sus integrantes encuentran durante el camino. Sus experiencias, emociones y conclusiones sobre el propio proceso de la gira se cruzan así con las de millones de fanáticos que esperaban volver a escuchar esas canciones. Canciones que, con el paso de los años, terminaron transformándose en algo importante para sus vidas.
Desde su inicio, que recoge el auge y la debacle de la banda, hasta el posterior proceso de ensayos, conciertos y la gran amalgama de historias que se entretejen a su alrededor, Oasis: Don’t Look Back in Anger logra construir el relato de una reconciliación que trasciende a los propios hermanos Gallagher.
Porque, a medida que avanza la gira, aquella tensión que parecía destinada a dominar el regreso comienza a desaparecer y deja espacio para algo mucho más significativo: dos hermanos que vuelven a ser familia al compartir un escenario, una banda que recupera aquello que alguna vez la hizo especial y un público que encuentra nuevamente una parte de su propia historia en esas canciones.
Quizás por eso algunos de los mejores momentos del documental no necesitan grandes revelaciones ni explicaciones sobre lo ocurrido durante los años de separación. Basta con observar a miles de personas cantando juntas, y relatando la emoción de estar ahí, para comprender lo que Oasis llegó a significar. Es más, cuando Liam entrega su voz al público y deja que un estadio completo continúe una canción, la película encuentra la certeza de que este regreso nunca perteneció únicamente a Noel y Liam Gallagher.
Porque detrás de las peleas, los titulares, los insultos y aquella ruptura que durante años pareció definitiva, había canciones que siguieron acompañando a millones de personas. Canciones asociadas a amistades, familias, pérdidas, celebraciones y distintos momentos de sus vidas.
El documental entiende esa dimensión y consigue que la reunión deje de sentirse como un simple ejercicio de nostalgia para convertirse en una recuperación colectiva de todo aquello que permaneció intacto mientras Oasis no existía.
Por eso Oasis: Don’t Look Back in Anger termina siendo tanto una película sobre el regreso de una banda como sobre las personas que esperaron por ella. Puede haber guitarras, estadios repletos y dos hermanos cuya reconciliación parecía imposible, pero lo verdaderamente emocionante está en esa comunión que vuelve a producirse cuando comienzan a sonar las canciones.
Y ahí el documental encuentra su mejor respuesta: Oasis desapareció durante años, pero para millones de personas, en realidad, nunca se fue.
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