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Crítica de cine: Scream 7, una saga fundida que confirma su desagüe creativo

La nueva entrega intenta revivir la fórmula que alguna vez revitalizó al slasher, pero sin Wes Craven ni ideas frescas, la franquicia se hunde en giros torpes, nostalgia reciclada y un thriller que ya no logra sorprender.

El inicio de la saga de Scream fue un gran suceso. En una época en la que el terror slasher estaba olvidado,la película de Wes Craven revitalizó el género en los noventas con una mirada fresca, un juego meta sobre las reglas del horror y un asesino icónico.

A partir de ahí llegaron las secuelas, el plagio, el plagio del plagio y, finalmente, una nueva caída que relegó al subgénero a un segundo plano.

Por supuesto, la industria no lo podía y la cartelera se llenó de reinicios, remakes y secuelas con rostros del pasado que siguieron ordeñando una vaca que ya daba poca leche. Y Scream pasó por todo eso.

Tras una cuarta entrega que pasó sin pena ni gloria, la muerte de Wes Craven dejó a la saga en pausa. Luego pasaron ocho años para que llegara el revival y su secuela, las cuales instalaron nuevas protagonistas.

Y pese a un buen desempeño comercial, como slashers nunca estuvieron a la altura de las primeras Scream. Peor aún, carecían de un nivel creativo que justificara este regreso.

Por eso Scream VII generaba más expectativas al prometer volver a las raíces. No solo Kevin Williamson, guionista de las dos primeras, asumía la dirección, sino que también Neve Campbell retornaba como Sidney. Y eso era una buena noticia considerando que Melissa Barrera nunca estuvo a la altura.

Sin embargo, todavía se siente la ausencia de Wes Craven. De partida, esta nueva película se siente cansada y su narrativa se vuelve muy aburrida.

Más aún, su historia es muy burda al intentar vender el regreso de un asesino muerto desde la primera entrega, agregando giros torpes y una narrativa que no sostiene la tensión como buen thriller y solo refuerza la idea de que el estado de esta franquicia está en un desagüe creativo.

Ni siquiera la tradicional revelación del asesino funciona esta vez. Lo que antes era un sello de la saga aquí se siente forzado y poco inspirado, como si la saga ya no supiera cómo conectar el pasado de Sidney con una nueva amenaza.

Tampoco ayuda el regreso fugaz de una Courteney Cox en piloto automático o un elenco secundario de víctimas que nunca logran importar, lo que es un gran error en este tipo de películas.

A la larga, a pesar de que tiene un buen nivel de violencia, incluyendo una escena en un bar que entra de lleno en el terreno del gore, ni siquiera eso alcanza para rescatar a una película que confirma lo evidente: Scream lleva demasiado tiempo repitiéndose a sí misma y esta séptima entrega solo refleja el agotamiento creativo de una saga totalmente fundida.

Scream 7 ya está en cines.

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