Por Paulo QuinterosCrítica de cine: Supergirl y el peso de adaptar una obra extraordinaria
Craig Gillespie conduce una producción técnicamente sólida y con una gran Milly Alcock, pero la película resiente inevitablemente la comparación con el celebrado cómic Supergirl: La Mujer del Mañana.

Sería exagerado negar que Supergirl funciona como una correcta segunda película del nuevo universo de DC Studios. Sin embargo, también hay que remarcar que decidió adaptar Supergirl: La Mujer del Mañana, un cómic que no solo es considerado una de las mejores historias del personaje, sino también una de las obras de superhéroes más destacadas de los últimos años gracias a la forma en que combina una aventura espacial con una reflexión sobre el duelo, la identidad y el sentido de la justicia.
Y cuando el punto de partida es un material de ese nivel, solo queda agregar que la idea de entregar una película entretenida deja de ser suficiente.
De partida, podemos decir que esta segunda apuesta del nuevo universo DC tiene varios elementos a su favor. Craig Gillespie dirige una aventura visualmente atractiva, con escenarios que se sienten tangibles y una puesta en escena que está muy por encima del exceso de pantallas verdes y efectos digitales apresurados que marcaron buena parte del cine de superhéroes durante la última década, incluidas varias producciones de Warner Bros.
Sin embargo, ese trabajo técnico no encuentra el mismo respaldo en la narrativa. La película construye correctamente su aventura, pero nunca desarrolla con la misma convicción los conflictos que impulsan a sus protagonistas. Y es esa falta de profundidad la que termina debilitando el impacto emocional del relato y, a la vez, dejando en evidencia las diferencias con la obra que la inspira.

Por supuesto, una adaptación no tiene la obligación de reproducir exactamente a la obra original ni debería ser evaluada únicamente por ella. Pero esta película toma prestada buena parte de la estructura, personajes y los principales conflictos del cómic, haciendo inevitable la comparación con un relato que destacaba precisamente por la forma en que hacía dialogar la búsqueda de venganza de una niña llamada Ruthye con el viaje interior de una Supergirl sin rumbo.
Y es precisamente en ese punto donde la película pierde fuerza. Ambos conflictos aparecen constantemente, pero nunca alcanzan el desarrollo necesario para potenciarse entre sí. Mientras el cómic construía un recorrido emocional que desembocaba en un desenlace extraordinario, aquí muchas de esas ideas terminan resolviéndose sin el mismo peso dramático.
Justamente aquello termina siendo el principal problema. Es probable que buena parte del público encuentre una aventura entretenida y con suficiente ritmo, pero también resulta difícil ignorar que la historia tenía el potencial para ofrecer mucho más. La película despega con fuerza y encuentra momentos realmente inspirados durante su recorrido, aunque cuando llega el momento de conectar todas sus líneas narrativas termina perdiendo altura.
Basta decir que la base se nutre directamente del cómic. Aquí la historia sigue a una Supergirl (Milly Alcock) que decide celebrar su cumpleaños número 23 lejos de la Tierra, bajo un sol rojo que le permite experimentar algo impensado para una kryptoniana: emborracharse y olvidarse, aunque sea por unas horas, del peso de su trágico pasado. En ese contexto aparece Ruthye (Eve Ridley), una joven que le pide ayuda para perseguir y eliminar al forajido interestelar que asesinó a su familia.

Aunque esa premisa es muy cercana a la del cómic, la película comienza rápidamente a tomar decisiones propias. Algunas funcionan, otras no tanto, pero en conjunto terminan alejando al relato de varios de los elementos que hacían tan poderosa a la historia original y limitan el impacto de sus principales conflictos.
Eso no significa que todo quede por debajo de las expectativas. La construcción de mundos es uno de los grandes aciertos de la película y transmite una sensación de aventura espacial muy atractiva. El uso de escenarios, vestuario y efectos prácticos ayuda a que este universo se sienta mucho más vivo, mientras que personajes como Lobo aportan dinamismo y amplían el nuevo mundo que DC Studios busca construir, aunque su participación también puede sentirse como un mero decorado para la historia principal.
En toda esa mezcla, lo más importante es que el gran desaprovechado termina siendo Krem. La película insiste en presentarlo como un líder despiadado, responsable de secuestros de niñas, asesinatos y de comandar una secta de fanáticos que solo quieren procrear más lacayos poderosos. Sin embargo, la película pocas veces se atreve a convertirlo en una amenaza realmente aterradora.
Todo esto provoca que Krem nunca alcance el peso que necesita la historia y a la larga termine recordando a villanos similares que el cine ya exploró con mucha más fuerza, especialmente en la magistral Mad Max: Fury Road.

Paradójicamente, pese a durar menos de dos horas, la película también tiene pasajes que avanzan a tropezones, especialmente cuando intenta desarrollar el vínculo entre Supergirl y Ruthye. Esa relación, que busca convertirse en el corazón emocional del relato, cuenta con varias decisiones dramáticas que carecen del desarrollo y la sensibilidad necesarios para impactar realmente al espectador.
Aun así, Milly Alcock y Eve Ridley sostienen buena parte de la película gracias a su trabajo. Las dos entregan interpretaciones convincentes y consiguen transmitir humanidad incluso cuando el guión no siempre las acompaña. Lo mismo ocurre con las escenas de acción, que están bien construidas y aprovechan correctamente las habilidades de la protagonista, aunque tampoco logran compensar las debilidades narrativas que van apareciendo a medida que la historia avanza.
Por eso mismo solo agregaría que Supergirl confirma que el nuevo universo de DC Studios mantiene el buen nivel técnico y visual que ya había mostrado Superman. Existe una identidad cinematográfica mucho más clara, una apuesta por mundos más palpables y una mayor confianza en sus personajes, las cuales son señales alentadoras para un proyecto que recién comienza.
Pero también revive una lección que no es nueva en esto de los superhéroes: adaptar una obra extraordinaria implica mucho más que trasladar su historia a la pantalla. También exige comprender qué convirtió a ese relato en un clásico moderno y preservar aquello que le daba sentido.
Supergirl sin duda consigue capturar parte de ese espíritu, pero nunca termina de hacerlo suyo. Al final, se conforma con entregar una película entretenida, o que a lo mucho “cumple”. Pero, en este caso en particular, eso no basta.
Supergirl ya se encuentra en cines.
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