Por Paulo QuinterosCrítica de series: La Casa del Dragón y un final de temporada que solo refuerza las dudas sobre el desenlace de la guerra civil
La serie sigue brillando cuando desata toda la brutalidad de la Danza de los Dragones, pero una temporada marcada por problemas de ritmo y personajes estancados evidencia los desafíos que tendrá su última entrega.

El comienzo de la tercera temporada de La Casa del Dragón fue muy prometedor. Su propuesta arrancó con una batalla naval tan espectacular como devastadora, moviendo rápidamente las piezas del tablero para impulsar la guerra civil de los Targaryen hacia lo que parecía ser el comienzo de su final.
Pero, a partir de ahí, la serie comenzó a arrastrar un lastre bastante llamativo: su historia perdió el foco y varias de sus decisiones narrativas pusieron freno al avance de una saga familiar que, en el pasado, no tuvo problemas en dar saltos temporales de meses e incluso años.
Además, a lo largo de la tercera temporada, especialmente a mitad de camino, demasiados conflictos quedaron atrapados en una reiteración que terminó afectando el ritmo de todo el ciclo. Y el problema no fue la ausencia de acontecimientos, sino la sensación de que muchos de ellos hacían avanzar muy poco a sus protagonistas.
Basta decir que, si en la entrega anterior hubo críticas por el interminable viaje lisérgico del príncipe Daemon, en esta ocasión fueron varios los personajes -como el tuerto Aemond- que terminaron dando vueltas en círculos sin avanzar. Otros, en tanto, tambalearon producto de decisiones inconsecuentes, raras o inclusive contradictorias con el carácter que venía siendo desarrollado.

Por supuesto, los primeros siete episodios tuvieron muertes y batallas con dragones que inclinaron la balanza hacia el dulce de lo espectacular, pero la letanía general fue incuestionable, especialmente al comparar el resultado de esta temporada con el ritmo y la capacidad de síntesis de la primera temporada.
Lo frustrante es que, cuando La Casa del Dragón decide poner todo sobre la parrilla, la serie sigue demostrando que puede estar a la altura de lo mejor que ha entregado este universo.
La Batalla de la Ladera, eje del episodio final, no intenta replicar la espectacularidad de otros grandes enfrentamientos de la franquicia y acertadamente decide fijar su impacto en desarrollar a una masacre sucia, cruel y deliberadamente desagradable que arrasa incluso con los niños.
De ahí que en donde La Ladera mejor funciona es en el cómo subraya la degradación moral de sus protagonistas. Daemon acepta que inocentes mueran bajo su orden de “Dracarys”, mientras intenta cumplir las instrucciones de una Rhaenyra que, en paralelo, abraza una convicción mesiánica capaz de justificar atrocidades cada vez mayores.

En esa línea, lo mejor del episodio es que retrata muy bien cómo la guerra ya no tiene héroes ni grandes causas que puedan sostenerse sin contradicciones. Es decir, que ya no hay forma de justificar portar una bandera negra o una verde, pues solo quedan personajes convencidos de tener la razón mientras convierten en cenizas el Poniente que aseguraban querer proteger.
Claro que en ese viaje la serie también ha subrayado también cuánto se ha distanciado la serie de lo escrito por George R.R. Martin. La bifurcación entre ambas versiones se agigantó durante esta temporada y ahora deja una duda inevitable sobre cómo abordarán el desenlace de una guerra civil que, en los libros, continúa mucho más allá del destino de varios protagonistas.
Dicho desafío no es menor, porque varios personajes fundamentales para las etapas posteriores de la Danza de los Dragones apenas han tenido presencia en pantalla. Pero la adaptación parece haber tomado una decisión cada vez más evidente: concentrar el desenlace alrededor de las figuras que ha desarrollado desde el comienzo, aunque eso implique reducir, transformar o directamente abandonar parte de lo que viene después en el canon de George R.R. Martin.
Pero, claro, La Casa del Dragón siempre ha sido en televisión la historia de Rhaenyra y los últimos segundos del episodio solo lo reafirman: la reina termina cerrando una ventana en un gesto sencillo que funciona como reflejo de una gobernante que sigue avanzando sin detenerse a contemplar las consecuencias de sus decisiones.

De todas formas, resulta cada vez más difícil imaginar que la serie vaya a profundizar en todo lo relacionado con el verdadero desenlace de la guerra civil tal como fue presentado en el papel.
Y aunque eso sea coherente con la historia que esta adaptación decidió contar, también hay que reconocer que aquella situación inevitablemente dejará insatisfechos a quienes esperan acontecimientos importante sobre la corona, “la Hora del Lobo” y las consecuencias políticas que sobreviven a todos los rostros principales de la Danza de los Dragones.
Por eso, el principal desafío de la cuarta y última temporada será establecer algo que estaba claro inclusive antes de que se hiciese: lo más importante de esta guerra no está en quién termina con la corona, sino en cómo todo el conflicto sanguíneo destrozó a la Casa Targaryen, apresuró el fin de los dragones y dejó heridas que perduraron durante generaciones y alcanzando eventualmente los días del Rey Loco, conectando directamente esta tragedia con el mundo que conocimos en Game of Thrones.
Relatar eso último en formato audiovisual no es fácil y, por como han avanzado las cosas hasta ahora, tampoco es tan simple apostar que los creadores de esta serie evitarán un cierre exprés que solo se preocupe sobre termina con la corona. Ojalá así no sea.
La tercera temporada de La Casa del Dragón ya está completamente disponible en HBO Max.
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