Review | God of War: Sons of Sparta, una reinvención que diluye su esencia
La nueva apuesta en 2D transforma la fórmula clásica de la saga con una estructura metroidvania y mayor carga narrativa, en una propuesta que amplía el universo de Kratos, pero que pierde parte de la intensidad que definió a la franquicia.
God of War, para todos aquellos que hemos jugado la franquicia desde el primer videojuego de PlayStation 2, es sinónimo de acción épica desenfrenada.
De hecho, aunque las entregas más recientes reinventaron la franquicia, trasladándola a un entorno nórdico en tercera persona y otorgándole un tono más contemplativo a la narrativa, a raíz de la decisión de transformar a Kratos en padre, el componente frenético de la era espartana se ha mantenido, de una u otra forma, en las secuencias de acción.
Por eso resulta llamativo el nuevo cambio propuesto por God of War: Sons of Sparta, un videojuego que llegó por sorpresa a PlayStation 5 y que presenta una aventura en 2D con un fuerte componente metroidvania.
Es decir, se trata de un título que adopta la fórmula de clásicos como Super Metroid y Castlevania II: Simon’s Quest, permitiéndonos desplazarnos por el mapa a medida que abrimos caminos, obtenemos armas y, por supuesto, volvemos sobre nuestros pasos para descubrir nuevos secretos.
En ese escenario, este nuevo God of War es, sin duda, el juego menos God of War de la historia.
Aunque cuenta con enemigos recurrentes en cada rincón del mapa, la acción solo adquiere verdadero protagonismo al enfrentarnos a algunos subjefes y a los inevitables jefes finales.
El resto consiste en un continuo descubrimiento y desbloqueo de rutas, con un avance marcado por una abundante cantidad de diálogos, la mejora constante de armas, la recolección de ítems para potenciar nuestra condición de máquina de guerra y, en definitiva, la exploración de diversos escenarios cercanos a Esparta.
Mucho de lo anterior se explica porque el juego funciona, formalmente, como una precuela que actúa como el primer capítulo canónico de la saga. Aquí nos encontramos con un joven Kratos que, en compañía de su hermano Deimos, emprende la misión de encontrar a un amigo perdido y, más pronto que tarde, termina enfrentándose a un mundo mucho más vasto y peligroso, plagado de monstruos y enemigos mitológicos.
De ahí que la abundancia de diálogos responde a esa intención de completar los vacíos narrativos que quedaron tras la trilogía original centrada en la guerra contra los dioses del Olimpo, así como en las entregas desarrolladas para PSP. Sin embargo, en ese proceso, se diluye parte de la esencia del God of War de aquella etapa inicial.
En ese sentido, el videojuego se siente excesivamente cargado de narrativa, como si arrastrara una herencia propia de los títulos contemporáneos del género, en lugar de optar por una propuesta más directa que privilegie la acción sobre la exposición verbal, como ocurría en la joya que fue Super Metroid.
Al mismo tiempo, considerando el auge reciente de este tipo de juegos, God of War: Sons of Sparta queda en desventaja frente a propuestas que han ejecutado mejor la fórmula de la tendencia metroidvania. Solo por mencionar un ejemplo cercano en dinámica, Prince of Persia: The Lost Crown (2024) funciona con mayor solidez, ya que su planteamiento se integra de manera más orgánica con la identidad de su propia franquicia.
Y quizás ahí radica el principal problema del videojuego. Aunque el trabajo del estudio Mega Cat Studios es competente y ejecuta con solvencia los elementos característicos del género, el resultado final se siente poco fiel al espíritu de God of War. Más lento de lo que debería ser y demasiado proclive a aletargar en exceso el avance para llevarnos de un lado a otro solo para alargar el tiempo de juego.
En definitiva, God of War: Sons of Sparta apuesta por una reinvención que, en lo formal, resulta coherente con las tendencias actuales del género, pero que tensiona la identidad que durante años definió a la saga. La estructura metroidvania y el énfasis en la expansión narrativa amplían el universo, aunque lo hacen a costa de esa intensidad cruda y directa que aquí buscan convocar de forma directa al volver a las raíces espartanas.
El resultado es un videojuego que puede funcionar por méritos propios, especialmente para quienes disfrutan de la exploración y la progresión pausada, pero que difícilmente satisfará por completo a quienes asocian el nombre God of War con una experiencia visceral e implacable. O sea, más que un error solo por existir, el juego termina como un mero experimento que no logra encontrar el equilibrio entre lo nuevo y el legado que buscan convocar.
God of War: Sons of Sparta ya está disponible como descarga digital en la tienda de Playstation.
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