Por Axel ChristiansenCrítica de Cine: Minions y Monstruos es un desfachatado y absurdo homenaje a la magia del séptimo arte
Los revoltosos personajes amarillos de Illumination vuelven con una película que a ratos roza con la genialidad pero luego recuerda que tiene que ser un espectáculo principalmente para niños.

Si hay algo que hay que reconocerle a las películas de Los Minions es que uno nunca sabe realmente con qué se va a encontrar. A veces es una historia de origen de las criaturas amarillas, otras es el origen de Gru.
Pero si hay algo que nunca esperé al momento de ingresar al visionado de Minions y Monstruos —la tercera película en solitario de los Minions y la séptima de la franquicia de Mi Villano Favorito— es encontrarme con un muy honesto y divertido homenaje a los orígenes de Hollywood, el amor por hacer e ir al cine y, por supuesto, un baño de chistes infantiles.
Minions y Monstruos es como tres películas en una y una de esas películas es realmente extraordinaria. Y es que es principalmente la historia sobre cómo Los Minions salvaron el cine. ¿Andas buscando una película profunda? Al menos les concedo el esfuerzo de querer hacerlo, a la manera de los Minions.

La cinta comienza volviendo a contar la historia del origen de Los Minions pero con un nuevo matiz, ya que ahora nos enteramos de que los seres amarillos en realidad viven en tribus, por lo que en lugar de seguir al grupo de Kevin, Stuart y Bob, los Minions más reconocidos y que finalmente son los que llegan con Gru, ahora seguimos la pista de otro grupo en donde habitan James, Henry y Ed.
Esta tribu sigue un camino distinto pero igual de calamitoso que los Minions que conocimos con Gru, ya que al igual que los otros Minions, su vocación es la de buscar un villano a quien servir, causando siempre la caída y muchas veces la muerte de a quien deberían servir. Esta es la primera historia, una bien cómica y con muertes tan chistosas como inesperadas.
De pronto, esta aventura amarilla lleva a los Minions a encontrarse con Los Ángeles en la década de los 20, cuando la industria del cine recién comenzaba. Acá es donde la franquicia da un giro inesperado, ya que los personajes ya no buscan servir a un villano (o quizás si lo vemos de otro punto de vista, puede que sí) y, por una serie de accidentes, los Minions terminan convertidos en estrellas de cine.

Guiados por Max, un director agobiado por las peticiones del estudio —interpretado por dos grandes, gordos e intimidantes hermanos— los Minions logran salvar el cine y los vemos protagonizando toda clase de escenas del cine clásico, con guiños que si bien a un niño les parecerán graciosos porque sí, un adulto que tenga un mínimo de cariño por el cine sabrá reírse y hasta emocionarse con aún más ganas.
Sí, es cierto, suena contradictorio que una compañía dedicada 100% al cine comercial, que también tiene su plataforma de streaming y que son capaces de estirar una franquicia hasta su séptima película dedique gran parte de su historia a lo importante que es volver a la esencia del cine, pero también los entiendo: es también una manera de motivar a los más pequeños no solo a volver a las salas de cine sino que también a contar historias de forma creativa.

La llegada del cine con sonido demuestra que Los Minions ya no podían ser estrellas de cine y el trío de protagonistas decide dar el siguiente paso y grabar su propia película: Minions y Monstruos. Sí, así de meta.
Max el director —que a propósito, en el doblaje en español está interpretado por Andy Muschietti, por si faltara algo de amor al cine— les regala una cámara y les dice el siguiente consejo: si quieren hacer una película de monstruos lo primero que tienen que hacer es encontrar gente que la protagonice, monstruos en este caso.
Es en ese punto en el que la película llega a su tercera historia y quizás la parte más infantil, llena de aventuras pero no por eso menos efectiva que el resto. Acá el trío de minions acude a un antiguo libro para invocar monstruos para que protagonicen la cinta y, como pueden imaginar, todo sale bien.

Mi problema con esta parte de la película es que termina reflejando un poco el triste final de la historia misma del cine: los monstruos que se invocan, salvo Goomie, son bastante aburridos en su diseño, teniendo a mano a los monstruos de Universal para haber hecho algo realmente genial. Pero para entregar un último tercio lleno de aventuras y una serie de chistes a lo Tex Avery en pantalla, no está mal. La verdad es que dentro de los 90 minutos que dura la cinta, aburrirse es muy complicado y si uno va con esa mentalidad, Minions y Monstruos está lejos de ser un mal rato.
Todo lo contrario: dentro de los extensos minutos en los que su director y guionistas logran dotar a la película de un sentido homenaje al medio en el que hoy trabajan para recolectar dólares y cheques, se dejan notar toques de genialidad que aunque no sean parte del canon, sorprenden al verlos.
Y es que Minions y Monstruos es una de esas películas donde los niños lo van a pasar bien pero los grandes, aún mejor.
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