Los delirios del carnicero de Lolol

Autor: Jorge Ruz

A Óscar López Rodríguez la gente del pueblo lo conocía como el “anticuario”, por su afán de coleccionar cosas antiguas que luego vendía. En 2012 decapitó a una profesora ante la mirada de sus dos hijos adolescentes.


Óscar Segundo López Rodríguez llegó a Lolol después del terremoto de febrero del 2010. Aprovechando el contexto, se tomó una casa en la céntrica avenida Los Alerces, en la salida poniente de la ciudad, y comenzó a recolectar cosas hasta crear una chatarrería. Con el paso del tiempo se hizo conocido en el pueblo: mientras algunos le decían “el anticuario”, la mayoría lo conocía como “el loquito”.

Es que no se trataba de cualquier persona. López sufría de delirios místicos y vivía en soledad tras dejar su vida en la localidad de Santa Cruz. La gente le regalaba cosas que luego trataba de arreglar para vender, aprovechando la ubicación de su nuevo hogar. La única compañía que tenía era su perro Valentín, a quien difundía como “el mesías que salvaría al mundo”.

Era un personaje, pero la gente lo entendía así. Él mismo, de hecho, se consideraba una divinidad, pese a que sus principales ingresos eran bastante terrenales, pues provenían más de la venta de yerba que de los productos de su “desarmaduría”.

Sus principales clientes eran turistas al paso, eventualmente de sectores acomodados, acostumbrados a buscar alguna reliquia o aparato curioso en lugares así. Algunos llegaban dateados y otros por cosas del camino.

Todo bien con la visitas, aunque en la comunidad miraban con recelo a Óscar, cuya personalidad parca, sumada a su idea de ser un dios en la tierra, provocaba una especie de barrera con la gente, que además veían como cada mañana López se sometía a un rudo entrenamiento levantando troncos, al estilo del actual crossfit, y realizando movimientos de artes marciales en la calle.

El hombre era fiel seguidor de las batallas en animé y de filmes como Kill Bill, por lo que tenía una especial predilección por los sables, hachas, cuchillos y todo lo que tuviera filo.

Pese a eso, la mayoría de la gente se enterneció cuando el chascón “anticuario” protagonizó una nota para el ex portal Mundo Rural, donde fue entrevistado por la afición que lo había destacado en las carreteras: andar en bicicleta junto a su perro Valentín, que se equilibraba entre la parrilla y el asiento.

El hecho incluso llamó la atención de un corresponsal de La Cuarta, que intentó replicar la “noticia” y que fue recibido por una persona muy distinta a la que se imaginaba por la foto. Terminaba el verano del 2012 y con la cara desencajada López se negó a participar, aunque al mismo tiempo insistió en que el reportero pasara a su casa, cosa a la que no accedió por razones de tiempo. Meses después Óscar igual se hizo conocido en todo Chile, pero como un asesino.

La profe

María José Reyes Moore (46 años) viajaba eventualmente a la zona centro sur. Lo hacía para visitar a familiares en el sector de Bucarruca, y era habitual que se detuviera en Lolol para abastecerse.
La profe de educación física del colegio El Golf y del San Francisco de Asís de Las Condes durante 15 años, había esperado con ansias las vacaciones de invierno, por lo que el jueves 12 de julio del 2012 manejaba feliz por la zona junto a dos de sus cuatro hijos (de 15 y 19 años) que tuvo con Wenseslao Montero, su esposo que se quedó con el resto de la familia en Vitacura.

“Coté” está pronta a llegar a su destino, pero la curiosidad hace que pare frente al negocio de Óscar López (38 años). La mujer, miembro de la congregación católica de Schöenstatt, le dice a sus hijos que será una parada breve para buscar “algún objeto distinto”, sin saber que al interior y por motivos hasta hoy se desconocen, el dependiente la atacaría tras un breve intercambio de palabras.

La arremetida fue brutal e impactante, pues producto de su entrenamiento con armas blancas, el “anticuario” atacó con un hacha a su clienta, cortándole la cabeza ante la atónita mirada de sus hijos que desde pocos metros presenciaban la sangrienta escena, suplicando por ayuda en medio de la calle.

Pese a que la llegada de Carabineros fue rauda, nada se pudo hacer por la mujer pues López desprendió por completo su cráneo, incluso levantándolo al viento y gritando tal como en las películas. Al llegar la policía el enajenado también intentó atacarlos, por lo que tuvieron que dispararle, muriendo en el lugar junto a todas sus teorías.

El remate vino al registrar el recinto, pues las autoridades encontraron la cabeza de otra persona dentro de un baúl. Se trataba del agricultor Juan Duarte, cuyo cuerpo estaba enterrado en el patio posterior de la casa.

Lugareños comentaron que López habría estado ligado a rituales de tipo satánico.

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