psicópata-Alto-Hospicio

A 20 años del «psicópata de Alto Hospicio»: la caída del mayor asesino en serie del país

Autor: D.R.

En la antesala de Fiestas Patrias, Julio Pérez Silva cometió su primer crimen conocido. De ahí en más, protagonizó una serie de violaciones y asesinatos contra niñas, adolescentes y mujeres que subían a su taxi pirata. Un simple "descuido" permitió poner fin a sus monstruosos ataques.


El 16 de septiembre de 1998, Julio Pérez Silva cometió el primero de sus catorce crímenes conocidos. El denominado «psicópata de Alto Hospicio» atacó brutalmente a Graciela Saravia, una joven de 17 años que accedió a subirse a su auto y que, minutos más tarde, fue asesinada en la caleta Chanavayita, en la ciudad de Iquique.

Por ese entonces, el hombre de 35 años trabajaba como taxista pirata.

El ataque fue presenciado a la distancia por un grupo de pescadores, quienes alertaron sobre este episodio a la policía una vez enterados del homicidio, ampliamente difundido por la prensa local durante la jornada del 17 de septiembre. En el lugar se halló una cadena que pertenecía a Pérez Silva, aunque pasarían tres años y varios femicidios antes de comprobarse este dato.

A bordo de su Toyota blanco, el oriundo de Puchuncaví comenzaría a satisfacer sus monstruosas fantasías sexuales y que apuntaban, particularmente, a niñas, adolescentes o mujeres jóvenes.

Foto: el «taxi» blanco de Julio Pérez Silva

Valiéndose de su trabajo y la confianza que generaba con su falsa amabilidad, el sujeto ofrecía su servicio de transporte a vecinas y estudiantes de Alto Hospicio, quienes por diversos motivos no alcanzaban a tomar la micro y veían con buenos ojos pagar menos dinero para llegar a destino. Una vez al interior del automóvil, el psicópata cambiaba el rumbo y procedía a cometer diversas atrocidades.

El primer hecho de este tipo ocurrió el 24 de noviembre de 1999, cuando raptó a la estudiante Macarena Sánchez (14) y la llevó al interior del desierto. Luego de violarla y hacerla caminar amarrada con sus propios cordones, la empujó al interior del ex pique minero Huantajaya, cayendo a un vacío de 220 metros.

Ya en el 2000, Pérez Silva desató su locura: el día 21 febrero mató a palos a Sara Gómez (18), quien logró huir del vehículo mientras era ultrajada. Esta situación habría provocado la furia del agresor, quien finalmente la enterró en un basural clandestino. Dos días más tarde, llevó a la pampa a la promotora Angélica Lay (22), quien accedió a subirse al taxi para no llegar atrasada a un esperado partido de voleibol. La deportista, madre de un niño, fue asesinada con un golpe en su cabeza y enterrada en el desierto.

Foto: el conductor ofrecía sus servicios de transporte a vecinas de Alto Hospicio

El 23 de marzo violó y asesinó a la estudiante Laura Zola (15), a quien también arrojó al pique Huantajaya. A pocas horas de su desaparición, Delia Henríquez, madre de la pequeña, interpuso una denuncia por presunta desgracia.

«Me fui a Carabineros e hice la denuncia por presunta desgracia. El carabinero me pegó una palmada en la espalda y me dijo: ‘no te preocupí, vieja, las cabras a esta edad les gusta el dinero y se andan prostituyendo por un par de monedas’. Me dijo que me hija andaba puteando», contó la mujer en 2003 a Mea Culpa, dando luces del desinterés de las policías y las autoridades por dar con el paradero de estas chicas.

A pesar de las especulaciones que surgían en Alto Hospicio sobre un auto que raptaba a jovencitas en el sector, Julio Pérez Silva continuó actuando con total impunidad.

El 5 de abril fue el turno de Katherine Arce (16), cuyo cuerpo terminó oculto entre desperdicios. La estudiante conocía de vista al conductor, por lo que no dudó en aceptar su ayuda para llegar al liceo. Su cuerpo terminó entre desperdicios.

Luego vendría el turno de Patricia Palma (17), otra escolar que fue violada y arrojada al pique Huantajaya. La octava víctima fue Macarena Montecinos, estudiante de 15 años que fue vista por última vez en junio del mismo año cuando esperaba locomoción para ir al colegio. Con el correr de los años se confirmó que, al igual que la mayoría de las niñas desaparecidas, fue ultrajada y asesinada en pleno desierto.

Foto: la mayoría de sus asesinatos los cometió en pleno desierto

El 30 de junio, la desaparición de Viviana Garay (16) marcó quizás un antes y un después. Orlando Garay, su padre, intuyó el vinculo que existía entre este caso y los anteriores. De hecho, varias de las adolescentes estudiaban en el Liceo Eleuterio Ramírez.

De esta manera, junto a las otras familias que ya estaban sumidas en la desesperación, se propuso intensificar la presión hacia las autoridades. Pese a sus rogativas, las policías mantenían sus sospechas sobre un lío social y no policial.

De hecho, el 31 de agosto de 2000, Investigaciones emitió un comunicado para aclarar a la Cámara de Diputados el perfil de las jóvenes desaparecidas en Alto Hospicio. «Cada uno de los hechos es independiente y obedecerían a situaciones de abandonos de hogar, asociadas a maltratos y abusos», rezaba el escrito.

Por su parte, el psicópata -aún- desconocido repetía el modus operandi con Ivonne Carrillo (15), Ornella Linares (16), Gisela Melgarejo (36), Angélica Palape (45) y Deysi Castro (16).

La caída del psicópata

En 2001, el Julio Pérez Silva terminó cayendo tras cometer dos nuevos ataques. Esta vez, no pudo matar a sus víctimas.

En abril violó a Maritza (16), quien logró ahuyentarlo con los gritos y llegar a su casa tras salir corriendo entre la oscuridad. Luego de contarle a sus padres lo sucedido, fue llevada hasta el hospital de Iquique, donde se examinaron los restos orgánicos del chofer.

Luego de su «error», Pérez Silva detuvo sus ilícitos por varios meses. Recién en octubre intentó repetir su plan con Bárbara (13), quien había sida instruida por sus padres para recordar los rasgos de un posible agresor, y que logró sobrevivir tras seguirle la corriente al violador.

Para suerte de la pequeña, el asesino en serie la creyó muerta tras golpearla con una piedra en la cabeza. Fue por este motivo que la dejó al lado del pique Huantajaya, sin arrojarla al vacío.

«Él me dijo que iba a buscar a una sobrina y me llevó (en el taxi). Yo le dije ‘sabe qué, caballero, yo estoy realmente muy atrasada’. Me dijo ‘altiro, cálmate, altiro nos vamos’. Y de repente me pone una cuchilla en el cuello y me dice que quede calladita, que me pase para adelante y me tiró la silla para atrás. Como a las 10 minutos se detuvo y ahí fue cuando me violó'», contó la propia adolescente al programa de Carlos Pinto.

Foto: la detención de Julio Pérez Silva, reconocido como el «psicópata de Alto Hospicio» / TVN

El «descuido» de las bananas

A rostro cubierto, la niña recordó que el hombre «me dijo que era el ‘sicópata de Alto Hospicio’, que él había matado a las demás niñas y que yo no me iba a salvar de esto. De repente viene y me va a tirar la piedra. Yo dije ‘de esta no me salvo’. Me cayó acá atrás (en la cabeza) y me siguió gritando cuestiones. Pescó otra piedra, me la tiró y ahí yo me desmayé».

Cuando Pérez Silva se arrepintió, Bárbara ya iba camino a la carretera a pedir ayuda. Al verse descubierto, el antisocial optó por cortarse la barba y salir de la ciudad, pero fue capturado el mismo día por Carabineros porque olvidó sacar un peluche de la serie infantil «Bananas en Pijamas» del espejo retrovisor. Elemento que fue descrito por Bárbara a la policía uniformada.

Cabe destacar que, tras la detención del asesino, su ADN fue comparado con las muestras obtenidas luego del ataque sufrido por Maritza. Coincidió.

Además, la misma noche de su aprehensión, Pérez Silva confesó los homicidios de las 14 mujeres y entregó detalles sobre la ubicación de cada uno de los cuerpos. De esta manera, se dio inicio los rastreos que permitieron dar digna sepultura a las mujeres, niñas y adolescentes.

Triple condena y más sospechas

El 26 de febrero de 2004, la ministra en visita Eliana Araya condenó a Julio Pérez Silva a 20 años de presidio por 14 homicidios calificados de mujeres, a otros 20 por dos violaciones y a una década más por un asesinato frustrado.

Con 41 años entonces, Pérez deberá permanecer mínimo hasta los 83 si no hay rebaja de pena. La sentencia estipula además que debe pagar 20 millones de pesos a cada una de las víctimas, por tanto, tendrá que hacer caja para cancelar casi 300 millones de pesos.

Foto: celda de Julio Pérez Silva

Pese a la sentencia, la mayoría de las familias afectadas buscan que el caso se reabra para investigar aristas que, supuestamente, no fueron abordadas. Incluso se presume la posible participación de otras personas. Por su parte, Pérez Silva alegó inocencia desde su primera entrevista pública en 2003, acusando a personal policial de obligarlo a mentir.

Juan Zumelzu, representante legal de los familiares, explicó en 2016 a La Tercera que en «estos casos, hubo agentes del Estado que denegaron justicia a las familias de las víctimas, pues cuando desaparecieron no se investigó de manera adecuada».

«Les dijeron que sus hijas estaban prostituyéndose en el extranjero, que habían abandonado las casas de manera voluntaria debido a la condición social en que vivían y no se indagó la posible participación en el caso de policías, tal como plantearon los padres desde un principio», indicó.

Seguir leyendo