Por Eduardo OrtegaLa Firme con Gonzalo Fouillioux: “Con las cosas que le pasaron a mi papá entendí que lo más importante no es la plata o la fama”
Dejemos —por ahora— a un lado la pelota. Lejos de los focos, en su intimidad, Gonzalo Fouillioux se propuso desafiar esa narrativa de redes sociales de que un periodista que además es rostro de TV, por el solo hecho de aparecer en pantalla, normalmente no interactúa ni sigue a otros usuarios. Él todavía prefiere compartir, debatir, incluso bromear con algún personaje de Twitter/X. Y ese trato horizontal, más allá del fútbol y los medios, tal vez sea lo que más rescató de su viejo, “Tito”, que a menudo dejaba lo suyo para escuchar a la gente de a pie, conversar un rato con ellos. Acá, el menor de los Fouillioux —apasionado por el deporte, autoexigente, sensible a algunas críticas, empático— hablará de los buenos y malos momentos familiares, sus luchas personales y su sueño de ser padre. De todo, menos de su equipo. No cree que sea el momento de revelarlo, pero deja un spoiler: “Yo creo que mi papá tuvo una influencia incluso…”.

Al mismo tiempo que preparan todo lo que hay que preparar para una entrevista como esta, el operador de cámara, el gaffer, el sonidista, los asistentes de producción, maquillaje y un periodista bromean lo justo, no demasiado, para tratar de suavizar el aire —algo pesado— del ambiente. Mientras, él, Gonzalo Fouillioux, el entrevistador, se pasea a un costado. Callado, inadvertido, concentrado, Fouillioux prefiere ir y venir como un Bielsa joven, flaco, alto y de ojos azules por su área técnica. Evita las distracciones, ojea un par de papeles. En pocos minutos, el exarquero de Universidad de Chile y la Roja, Cristóbal Campos, cuya carrera se volcó junto a su automóvil la madrugada del 2 de septiembre de 2024 en la Ruta 78, lo que supuso la amputación de su pie derecho, le contará cómo es pasar de atajar bajo los tres palos de un equipo grande y ser estimado el arquero del futuro a repartir sus días entre kinesiología, biomecánica, atención psicológica y psiquiátrica para salir adelante y adaptarse a la prótesis que utiliza. Es mayo, su primera entrevista desde entonces, y Fouillioux sospecha que hay algo más, pero, más importante, de algo está seguro: quiere respetar a Campos. O, en otras palabras, que su entrevista no se preste, por nada del mundo, para el morbo. La noche anterior le pidió consejo a tres periodistas de su confianza para asegurarse de hacer las cosas debidamente.
Desde que se encantó del periodismo allá por el 2010 o 2011 en la Universidad del Desarrollo, Foullioux se convenció de que las entrevistas no necesariamente son buenas cuando se pone contra las cuerdas al entrevistado; hay, para él, otros modos de llegar, y eso queda a la vista aquí: el periodista hace sentir a Campos como si lo conociera de siempre y, más, como si le gustara hablar con él.
Lo lleva de su debut, contra Inter de Porto Alegre, en 2020, al desafío de probarse los guantes en el partido más importante de la historia reciente azul, contra La Calera, el día de Junior, el 5 de diciembre de 2021. De su consolidación en el primer equipo a la denuncia de su expareja que fracturó la relación con la “U” y su agencia de representación. Del retiro a los veintitrés años al improbable regreso en San Antonio Unido. Luego hablan de salud mental y el accidente de tránsito. El arquero, entonces, admitirá que arrastraba dos años de depresión y que buena porción de su período en Universidad de Chile tomó medicación psiquiátrica, que para salir a calentar debía consumir geles de cafeína o bebidas energéticas o no se sentía despierto, que debía a diario combatir contra las crisis de pánico, la presión, sentirse vulnerable. Y que el accidente, a decir verdad, no fue un accidente.
—Va a ser fuerte quizás lo que voy a decir, pero atenté contra mi vida —se sacó el peso de encima—. No es algo que yo quisiera transmitirle a la gente, pero siempre hablo con la verdad. No era primera vez que atentaba contra mi vida, había tenido dos episodios más.
En adelante, Campos repasa su rehabilitación. El dolor de leer tantas cosas que se escribieron, de alguna promesa no cumplida. Pero no guarda rencores, eso dice. Agradece a los capitanes de Colo Colo, la “U” y Católica, a su red de apoyo. Aún no ve fútbol, quiere tomarlo con calma. Pero, cuenta, hace poco regresó al estadio y salir le tomó hora y media entre firmas, selfies y mimos de los hinchas. Habla de sus propósitos y de ser resiliente. Expone su costado más débil.
En todo momento, Fouillioux acompaña, lo habilita, cumple con lo que se prometió: evita hurguetear en su intimidad. No quiere. No es necesario. La entrevista así está bien.
Autocrítico, especialmente kamikaze cuando se trata de su trabajo, esta vez el periodista terminó satisfecho. Cuando se emitió, el 15 de mayo de 2025 en TNT Sports, el resto lo felicitó. Sus amigos, su círculo, algún colega y la gente: Qué entrevista, un aporte, escribió un usuario, dos personas que estuvieron a la altura de las temáticas. Otro la definió como una notable entrevista con respeto a la situación de Cristóbal. El crítico de televisión de Las Últimas Noticias, Larry Moe, también: en una columna que llamó “La entrevista perfecta”, la describió como “una pieza maestra del género” y un “material de estudio obligado para las futuras generaciones de periodistas”. Recalcó: “Lo mejor es que ambos involucrados en ella mantuvieron a raya al morbo, un componente que, dada la situación descrita, sus dramáticas consecuencias y las fuertes confesiones de Campos, corrió el riesgo de estar permanentemente presente. No fue así. Fouillioux se mostró con un aplomo que no se da mucho en comunicadores de su juventud”.
Hijo menor de Alberto “Tito” Fouillioux —ídolo de Universidad Católica y la Roja, mitad de la recordadísima dupla del área deportiva de Canal 13 a cargo de los comentarios y Futgol—, Gonzalo tuvo que hacer frente, sobre todo en sus albores como periodista, al prejuicio que padecen muchos futbolistas: ser el hijo de. Es decir, escuchar o leer con cierta frecuencia que está en la televisión, en streaming, en los paneles deportivos más vistos, acomodado porque es retoño de “Tito”. Seguro que esas críticas no duelen como antes, han pasado más de diez años, pero el rostro de TNT Sports, dirá aquí, aún busca probar a la gente que cree en eso que está equivocada. De ahí sus esfuerzos por hacer las cosas bien, mantenerse informado, que el resto note que dedica mucho tiempo a su trabajo.
Como sucedió en la charla con Cristóbal Campos.
Como sucede en un Ñublense contra Deportes La Serena, en los Panamericanos, en un Ironman o en un Festival de Las Condes.
El resto lo cuenta él.
La Firme con Gonzalo Fouillioux:
Tengo grandes recuerdos de mi infancia. Fui un niño muy feliz, y yo diría, con una gran influencia de mi padre. Tenía dos padres bien flexibles que me dejaban faltar bastante al colegio y viví mucho esto de ir a la radio con mi papá, ir a la tele, ir al estadio. En ese sentido, esa etapa la disfruté mucho. Pero también, a mí, mi papá me tuvo en una edad no tan común, pasando los cincuenta años, y eso obviamente hace que haya una diferencia de edad en que quizás la relación que pasa muchas veces entre padre e hijo, una cuestión más de consejero quizá, en nuestro caso no pasaba tanto. Si es que tenía una polola o quería algún consejo, o cuando uno ya empieza a ser adolescente y se empieza a enfrentar a otro tipo de cosas, como el consumo de alcohol y todo eso, lo veía con mi mamá. Pero fui muy feliz. Muy marcado, como te digo, por este vínculo que los dos entablamos en relación al fútbol y a los medios. Desde muy chico pude entender cómo era el mundo de los medios.
Es verdad que mi papá me quiso poner Landa, ja, ja, ja. Para los que no saben, la delantera del Mundial del ‘62 era Honorino Landa, Alberto Fouillioux y Leonel Sánchez, y yo soy Fouillioux Sánchez. Entonces hubiera sido Landa Foullioux Sánchez. Pero fue una de las varias ideas de mi papá que duró muy poco. Mi mamá le cortó el rostro y se quedó ahí, ja, ja, ja. De esto supe, y lo certifiqué después con mi mamá, a través de Luciano Fouillioux, que es un tío, primo, un primo que tenía mi papá y tenemos buena relación. Un abogado bastante conocido. Él me lo contó y me dio mucha risa, ja, ja, ja. Ayer justo hablamos esto con el “Grillo”. Hicimos el partido y me preguntó si yo tenía segundo nombre y no tengo. Quizás hubiera sido mejor Honorino que Landa... pero el día que sea papá no sé si lo elegiría, ja, ja, ja. Con respeto para la gente de la Unión Española.
Estuve en tres colegios, y creo que fue una gran experiencia pasar por tres contextos diferentes. Tuve una infancia donde nací en un contexto en el que mi papá tenía una buena posición económica, bastante exposición, pero tuvo problemas que son sabidos con Impuestos Internos y, obviamente, nuestra situación familiar cambió de un día para otro, no hubo muchos matices. Hubo momentos bien duros, no de tanto de infancia, ya tenía doce o trece años, en que incluso tuvimos que arreglárnoslas por un tiempo para vivir en diferentes casas. Y una de las consecuencias de eso fue cambiar de colegio.
De lo que más me jacto de mi época escolar, y lo que más me enorgullece, es que en los tres colegios salí mejor compañero. Con eso pude decir: mira, algo estaré haciendo bien. Quizás los valores de mis padres se estaban traspasando. Yo trataba en el colegio, dentro de lo posible, de tener relación con todos. Con ese compañero al que quizás no le gustaba el fútbol trataba de llegar de alguna manera para poder conversar de otras cosas. Y académicamente, me costaban mucho las matemáticas. Me costaba también poner mucho tiempo atención en clases. De repente me empezaban a desconcentrar. Y además, como faltaba, me perdía materia, ja, ja, ja. No era de los mejores alumnos pero tampoco malo, digamos.

El otro día vi una entrevista de mi papá al Pollo Fuentes en el Venga Conmigo y dice como: “Yo podría tener muchas cosas, pero si la gente de mi círculo, de mi entorno, no está bien, yo no puedo ser feliz”. Eso él nunca me lo dijo, como te digo, no era tan consejero. Pero al ver que, quizás en su mejor momento en televisión, dice eso, me hizo mucho sentido. Porque una de las cosas que yo siento que me traspasó fue esto de sensibilizarme con cosas que estén pasando en mi entorno y no necesariamente en mi entorno. Que me afecte la injusticia, otras cosas. Y no me quiero vender de ninguna manera, ja, ja, pero poder desarrollar la sensibilidad, la empatía, creo que son valores que él me traspasó. Y claro, formó en mí mucho más una cuestión humanista. Por eso creo que terminé estudiando y ejerciendo el periodismo.
Como mi papá trabajaba mucho los fines de semana, cuando faltaba al colegio creo que era una forma de poder estar con él, más en la semana, porque además nuestros, como periodista, comentarista, horarios son muy diferentes y hay que adaptarse.
Cuando muy niño era como incómodo ir a un lugar con mucha gente, porque, no sé, quería ir a comprarme un juguete y, de verdad, a mi papá lo paraban una, dos, tres, cuatro personas. Pero él valoraba mucho el contacto diario con la gente, generar un trato horizontal con todos. Con el bombero que le echaba bencina, por ejemplo. Y eso me quedaba mucho. No es como que mientras le echaba bencina, el bombero le preguntaba a mi papá cómo iba a salir el Colo y mi papá le decía dos a cero y no hablaba más, no. Él escuchaba a otras personas, le gustaba hablar. Y después me fui dando cuenta que lo hacía mucho.
Yo trataba de hacer mucho eso en Twitter, mi filosofía era: por qué yo, si soy periodista o salgo en la tele, solamente tengo que poner algo y que me contesten a mí. Yo empecé a entrar en una dinámica de gente que me tiraba buena onda, yo la seguía de vuelta, de repente ponía un comentario mucho mejor que el mío sobre Everton y yo iba y le comentaba. Rompía un poco eso de “ah, sale en la tele, no le puede contestar”. Él me sigue, yo lo sigo de vuelta, él me comenta, yo le comento. Trataba de hacer eso, pero ahora está difícil, ja, ja, ja. Ahora me están dando más duro, comentando partidos.
Mi mamá tiene bastante personalidad, y, te diría, es una persona más temperamental, que se desvive por su familia. Esas son las cosas que más rescato, que me dejó y sigo viviendo con mi madre... Y el gusto por Julio Iglesias, también. Fui con ella a ver a Julio Iglesias la última vez que vino y yo era el menor claramente entre todos, ja, ja, ja.

Ser el hijo de Tito Fouillioux primero fue difícil... porque tenía que corregir a profesores, todavía compañeros de trabajo, que lo escriben de cualquier manera, ja, ja, ja. Varios mails no me deben haber llegado porque no pudieron escribirlo bien. Pero primero que todo, ser su hijo es un orgullo. Es el apellido de una persona que no sólo fue un gran deportista, un gran comentarista, sino una persona muy querida, eso lo percibo. Hay gente que me saluda y lo primero que me dice: tu papá era un caballero. Está siempre muy presente el concepto de caballero/buena persona y eso, para mí, es motivo de orgullo. Y después, obviamente que ser “hijo de” tiene cosas que son ventajosas. Hay un privilegio que yo asumo: esto de que muy chico fui a la radio, a la tele, conocí gente. Pero después puede estar el prejuicio: está ahí porque es hijo de. Y yo trato de no perder toda mi energía ahí. Si hay una persona que piensa eso, trataré de hacer lo posible para que piense de otra manera y debe haber algunas personas que hayan cambiado de opinión, que digan: él lo hace bien, está informado, está preparado. Por eso a mí me gusta, por ejemplo, si tengo que comentar un partido de un equipo que no es tan relevante, del que no se habla mucho en los medios, estar encima, en el día a día y que, incluso, esa gente note que le dediqué mucho tiempo a ese equipo. Pero hay gente que igual va a seguir pensando que estoy ahí porque soy hijo de Tito Fouillioux, y bueno, uno no puede cambiar todas las opiniones. Hay gente a la que uno le va a caer bien, mal, todos tienen ángeles, demonios y hay que convivir con eso.
La crítica que más me cuesta manejar es cuando te tratan de deshonesto, que uno está haciendo una crítica o un elogio para beneficiar a alguien. Es algo que me remueve internamente y que me genera mucho malestar. He tenido que trabajarlo en terapia. Yo creo mucho en la psicología, voy a terapia, de hecho mañana tengo psicólogo, ja, ja, y hablamos mucho del tema de la exposición, del manejo de las redes sociales. También hay otra cosa que se la he escuchado a mucha gente y es muy cierto: uno puede tener cinco comentarios buenos y uno malo, y te queda dando vueltas el negativo. Pero eso es lo que más me inquieta, me molesta: que te traten de deshonesto. En las últimas semanas he pasado como por un período en que me han hecho ruido algunas críticas. Pero hay algo que es verdad, se lo he escuchado incluso a artistas urbanos, hace poco a Young Cister, antes a Pablo Chill-E: una cosa es la calle y otra son las redes. Y si bien a nadie le gusta que lo hateen, uno descuida un poco que la verdad está en la calle, en el ciudadano medio que uno se encuentra, y no tanto lo que se dice en redes sociales.
Las críticas afectan dependiendo de cómo esté uno, no es un proceso lineal. Obviamente, me imagino que a muchos les pasa que van curtiendo el cuero duro cuando aumentan los niveles de exposición, pero para mí no es una línea recta en que uno va acumulando resistencia y ya después nada le importa. Tiene que ver con qué tipo de crítica es, el momento personal. Por ejemplo, me pasa comentando partidos que el trabajo que he estado haciendo es que me importe menos lo que se diga afuera y buscar más la validación en cómo quedo yo, internamente, con cómo comenté un partido. Y lo que más me cuesta es cuando yo no quedo tranquilo. Obviamente no voy a salir a exponer “oh, lo hice pésimo”, pero internamente cuando fallo en polémicas, cuando quedo con dudas, soy duro conmigo mismo. Pero para eso no hay período determinado: hay momentos en los que me he sentido muy bien, otros en que quizás estoy viviendo un momento de mayor dificultad y las críticas permean más.

Los momentos duros a nivel familiar me ayudaron sobre todo a desarrollar la empatía. Mi papá tuvo problemas de trasplante de riñón, la diálisis, cosas que me llegan mucho más, pero también él fue a Capuchinos (recinto penitenciario) y fue portada de Las Últimas Noticias, yo tenía doce años. Esas vivencias, que son muy pequeñas en comparación con vivencias muy duras que tiene la gran mayoría de nuestra sociedad, me prepararon para saber qué costos tiene la exposición, qué cosas no hay que hacer.
Mi papá obviamente cometió errores y por eso tuvo ciertos problemas. Y lo que yo vi mucho es que cuando él estaba bien había un entorno y muchos amigos. Pero cuando estaba mal, y necesitaba trabajo, en realidad quedó poca gente que estuvo dispuesta a tenderle una mano. Hubo momentos en que mi papá no pudo ni entrar al estadio teniendo una tribuna con su nombre. Entonces, ese tipo de cosas me ayudaron a entender que no hay que nublarse por salir en la tele o por tener un momento donde coyunturalmente te está yendo bien.
Toda la experiencia previa que tuve con las cosas buenas y malas que le pasaron a mi papá me dio herramientas para entender que lo más importante no es la plata o la fama. Hay que saber manejarla, saber dominar el ego también. Trabajar en televisión está muy diseñado para olvidarse de muchas cosas, y eso trato de recordármelo mucho, sobre todo por esas vivencias que tuve con él.
Entrego mi amistad sin esperar tanto a cambio. En ese sentido, por el poco tiempo, he tenido que priorizar amistades y mi relación en pareja. Pero me gusta tener muchos amigos. Sé que obviamente hay diferentes niveles de amistad, pero no soy una persona desconfiada de la gente. Me entrego, pero también sé que quizás en el tema económico soy más conservador y pienso más en el ejemplo de mi papá, que tuvo todo y después no tenía trabajo. Y a él le debe haber dolido mucho ver sufrir a su entorno, no poder darle a sus hijos lo que él le hubiese gustado. Pienso mucho en eso, en manejarme en ese sentido, porque hay mucha gente que cree que siempre le va a ir bien, y yo tengo confianza en que ojalá así sea, pero va a haber momentos en los que hay que saber surfear las diferentes tempestades con las que te vas encontrando.
A mí me gusta mucho mi oficio, me gusta el periodismo, me gusta el fútbol. Y hago la comparación con los futbolistas: hay futbolistas a los que les gusta mucho el fútbol y hay otros a los que quizás les gustan más las cosas que trae el fútbol: la fama, la exposición, el dinero. Obviamente que me gusta ganar más plata y poder viajar y todo eso, pero también poder preparar un partido. El otro día estaba viendo Concepción con Ñublense pa’ poder comentar a Ñublense, que jugaba con La Serena, y eso lo disfruto. Disfruto mucho mi oficio y creo que eso ayuda a no estar nublado. Ayuda a disfrutar más ese tránsito, el desarrollo de la profesión, que sus consecuencias, digamos, la fama, las cosas que van y vienen.
La vida médica de mi papá está muy marcada por el trasplante, pero lo más difícil fue cuando tuvo que volver a la diálisis…, eso fue lo que lo mató. Tuvo un tiempo en que fue a la diálisis, después fue trasplantado, tuvo el órgano más de diez años, le funcionó muy bien mucho tiempo, pero tuvo que volver. Ahí ya no hay otro trasplante: fue asumir, en vida, que él se iba apagando. Y está bien, nos podemos morir en cualquier momento, pero convivir en una relación de tanto afecto, hijo-padre, con alguien que uno sabe que se va apagando, que va perdiendo su capacidad, y en una época en que yo era joven..., uno se enrabia con la vida. Eso fue lo más triste. Una pérdida con enfermedades que van avanzando tiene eso, que es muy doloroso de saber, que la vida se va apagando gradualmente.
El día que a mi papá le pusieron su nombre en la tribuna de San Carlos, le hacen un homenaje y se le acerca un hincha. Le dice: usted es un grande. Y mi papá lo pescó como a todos, lo justo y necesario. Pero después le dice: es un grande porque es ídolo de la Católica y porque lleva el riñón de mi mejor amigo. Y eso a él le impactó al punto de que ni siquiera pudo seguir hablándole. Lo quebró al punto de que no tuvo más respuesta. Es bien increíble, me imagino. No era el trasplantado, pero que te pase algo así es fuerte.

Uso dos perfumes, para ocasiones especiales, las transmisiones, que me recuerdan a mi papá. Hay ciertos olores que a uno le despiertan cosas y, cuando comento, los domingos, te diría que incluso ya es parte de una cábala, un rito. Sobre todo un perfume que se llama Jean Paul Gaultier, el de la típica botellita del hombre. Él lo usaba mucho, era un olor muy característico de él.
En la época en que mi papá estaba sin trabajo hice varios comerciales. Hice un comercial una vez, que fue muy loco, de un jugo polaco en el Lago Llanquihue. Una producción europea, vinieron, estuvimos como diez días. Loquisimo fue, ja, ja, ja. Un jugo como de tomate, naranja y zanahoria, algo así.
Soñé con ser futbolista, Fernando Riera me dijo que tenía una zurda muy interesante. Yo pongo de broma que soy el único zurdo malo, porque dicen que todos los zurdos son buenos, pero tenía mis cosas, jugaba bien, tenía gol, jugaba de delantero. Tuve ahí algún acercamiento con divisiones menores pero, la verdad, creo que había mejores jugadores que yo. Y, además, el tema del asma a la hora de entrenar, sobre todo al límite, me condicionaba. Tenía muchos más ahogos. Igual, es un conjunto de cosas: si hubiese sido extraordinario, con asma igual hubiese sido jugador, ja, ja, ja. Pero sí, lo soñé, y creo que para cualquier comentarista sirve. Hay periodistas que legítimamente no lo soñaron y que siempre quisieron periodistas, pero creo que al periodista deportivo le hace bien jugar al fútbol. Porque si bien nunca voy a pasar el dilema de jugar ante cuarenta mil personas, fútbol profesional, cuando uno juega y pierde las tres primeras pelotas…, hay cosas que uno vive a nivel amateur que también se viven a nivel profesional.
Me costaba dormir cuando era chico por el asma. Así que me ponían la ducha hirviendo por el vapor (para que limpiara los bronquios). Ahora lo tengo controlado, pero tuve ataques fuertes.
Hasta el día de hoy me quedo dormido viendo una pantalla. Sé que está mal, pero necesito dormir viendo una pantalla, sea del tablet, de algo. Soy muy tevito, fui siempre muy tevito, de ver tele. Ahora pongo videos de YouTube de cualquier cosa, no de fútbol, y ahí trato de quedarme dormido. Lo he trabajado con neuróloga, pero el tema de dormir a mí me cuesta mucho. Casi nunca me duermo antes de las doce, una. Porque, además, tampoco ayuda mucho mi actividad, terminar de hacer un programa a las diez, un noticiario en TVN de diez y media a once, doce, además hay que comer.

Es muy difícil saber cuál es la vocación de uno tan chico, el sistema a mí no me gusta. Lo entiendo, pero veo que hay jóvenes que tienen que tomar una decisión para la cual no están preparados. Acá, muchos tienen que acceder a la educación asumiendo créditos muy millonarios y a muchos jóvenes les debe pasar de estar estudiando algo, un año, dos años, no te despierta nada, y debe ser muy duro asumir ese costo. Toda mi admiración para esa gente.
Yo no tenía muchas expectativas en la prueba que iba a hacer, no me sentía bien preparado ese año. Entonces estaba explorando trabajar de cualquier cosa, ir al preuniversitario y tomarme un año más. Pero me fue mejor de lo que pensaba en la prueba, entonces tuve que decidir qué estudiar. Me gustaba el derecho, el periodismo y me incliné más por periodismo. Pero no es como que uno tiene, o por lo menos es mi caso, la decisión tan incorporada. Y ahí, afortunadamente, me di cuenta que el periodismo despertaba algo en mí. Que si bien yo me acerqué por el deporte, ya en la carrera me di cuenta que me gusta mucho.
Me arrepentí muchas veces de estudiar periodismo... tuve muchos momentos en que pensé: no debí haber estudiado esto, me voy a dedicar a otra cosa, ¡por qué no estudié derecho… u otra cosa! Pero creo que es parte de. Incluso ejerciendo uno se cuestiona muchas cosas.
Me gustan los medios en general, no sólo la tele. La radio es mágica realmente, es una frase de esas que se arman pero es verdad: tiene algo especial. Hace rato que estamos explorando YouTube, desde el 2015. Ahora, entiendo que la tele es un lugar donde te ayuda mucho la exposición. También los números económicos que se manejan en la tele no son los mismos que en otros medios. Pero no es que tenga un tipo de medio predilecto. También me gustan otros tipos de periodismo: consumir periodismo político lo considero atractivo, entretenido.
Fui muy poco carretero en la universidad, de hecho, me arrepiento de haber salido tan poco. En la universidad hay que estudiar, no estoy diciendo otra cosa, pero después, cuando uno ya entra a trabajar, son otro tipo de responsabilidades. Disfruté poco la época de la universidad. No tenía la posibilidad, pero me hubiese encantado hacer un intercambio, incluso trabajando. Un consejo que me dio Pancho Sagredo en su momento, cuando estábamos en Fox, fue que me dijo: ándate uno o dos años, vive en otro país, conoce otra cultura. Ahora tengo treinta y cuatro y cada año que pasa es más difícil, pero es una experiencia que me hubiese gustado vivir. Todavía lo puedo hacer y todavía lo pienso: dejar mi zona de confort e ir un par de años afuera. Y lo pienso más allá de la lógica del periodismo deportivo, que ahora ya no hay tantos cracks chilenos afuera: me gustaría ir dos años a algún lugar a hacer otra cosa, nada que ver al periodismo deportivo. Desde estudiar otro idioma, sacar un diplomado, un magíster, algo que no necesariamente tenga que ver con periodismo deportivo. Es parte de las ideas que se me vienen a la cabeza. También he pensado en hacer el curso de técnico, ja, ja, ja.

Tengo varios referentes. Juan Pablo Varsky, soy muy cercano a Fabián Godoy, que es un comentarista argentino muy bueno. A Diego Latorre, que no es periodista, lo encuentro extraordinario, a Mariano Closs. Y acá, he aprendido mucho de gente con la que he trabajado. No quiero ser injusto por no nombrarlos a todos, y por lo mismo, voy a elegir... bueno, trabajo con Pedro Carcuro. Me tocó compartir transmisiones en Santiago 2023, que pa’ mí fue quizás el hito más importante de mi carrera, haber trabajado en esos Panamericanos y además en el canal público y hacerlo con Pedro. Ver las cosas que se le ocurrían a él para describir, sin ningún texto preparado. Esa enorme capacidad descriptiva de su relato es impresionante. De él he aprendido mucho. De Aldo (Schiappacasse). Aldo me parece que tiene un estilo bien único, cómo da vuelta los temas. He trabajado con grandes profesionales que he aprendido a conocer y ha sido un tremendo privilegio. Eso en el área deportiva. Después, he trabajado con Iván Núñez, con Juan Manuel Astorga, ahora la Carola Urrejola, antes la Coni Santa María. Me sorprendía mucho a mí, cuando iba a hacer el deporte en la radio Infinita, ver cómo Juan Manuel Astorga con la Cony Stipicic hablaban con una profundidad de todo. De un problema de política internacional, de un problema del ministro de Hacienda de turno. Eso me hacía cuestionarme mucho cómo ellos saben de tantas cosas, así que uno tiene que estar preparado para más cosas que fútbol. Y, en ese sentido, en mi paso por TVN he podido explorar no sólo el comentario sino el relato: me ha tocado relatar atletismo, natación, cerro abajo, maratones, Ironman, y eso creo que a uno le va dando mucho más bagaje y se va volviendo mucho más integral. Ser un periodista confiable. Si me dicen hoy: tenís que ir a hacer el Ironman de Puerto Varas, me siento capacitado para poder hacerlo. Cosa que hace cuatro años hasta nervioso me habría puesto.
Tuve un programa con mi papá (Los Fouillioux) y fue una experiencia muy linda. Partió en el canal del Huevo Fuenzalida. Con mi papá vivíamos más o menos con lo justo, con sus problemas y todo, pero igual él tenía contactos con algunas marcas y, si les presentábamos algo, se podrían interesar, así que dije: bueno, justo estoy estudiando periodismo, hagamos algo juntos. Se lo presentamos a Daniel, le encantó la idea, dijo vamos, y estuvimos ahí, en su canal de stream que cerró, en 2010, por ahí, y después lo hicimos en Redgol. Me acuerdo cuando entrevistamos al Bichi Borghi siendo técnico de la selección. El Bichi fue muy generoso en esa entrevista, porque su asesor le dijo quince minutos y se quedó una hora veinte. Y ahí en los comentarios me tiraban: este quién es, ja, ja, ja. Pero no, fue una linda experiencia. Me lo decía mucho el de Redgol, Luis Marambio, que disfrutaba mucho cuando íbamos, no sé, a Magallanes a entrevistar a Ignacio Prieto, poder compartir ese espacio con mi viejo.
Le agradezco mucho a Manuel de Tezanos. Él me dijo: tengo esta idea, y ahí empezamos a implementar Balong en YouTube. No había canales deportivos en Chile ahí y afortunadamente le fue bien. Yo trabajaba los fines de semana en TVN y yo creo que él se fijó en que trataba de hacer cosas distintas en Domingo de goles. Por ejemplo, si Villar era figura yo iba y le pedía carerraja los guantes. Trataba de hacer cosas distintas, las notas en el campo de juego. Ahí me dijo que quería hacer el canal y estaba muy metido su hermano Felipe, que es el principal propietario. Ahí yo participé de los guiones. Me acuerdo mucho que el primer video que hicimos fue el 2015, de Chile y Brasil, todo el análisis del partido que gana el equipo de Sampaoli dos a cero. Y metíamos videos de dos mil, cinco mil, diez mil, quince mil visualizaciones, no más que eso. Pero hay un video que cambia la historia de Balong: se venía Chile Uruguay y se estaba hablando mucho de Jara, y le dije a Manuel: hagamos cinco agresiones de uruguayos a chilenos peores que el dedo de Jara. Y las hay: un combo que recibe el propio Jara de Suárez; una patada de Montero a Cornejo, tremenda. Ese video lo hicimos y se disparó. Se fue a doscientas mil reproducciones y ahí el canal empezó a entrar y, en algún momento, 2017, 18, 19, hay videos de dos millones y medio de reproducciones. Números que hoy ya no se dan. Nosotros no tenemos esos números... de hecho, no sé cuántos medios chilenos tienen videos de dos millones y medio de reproducciones. Después mutamos más a lo que se usa hoy, que es el programa en vivo.

No sabría decirte cuál es el secreto del éxito de Todos somos técnicos, pero creo que es el hecho de descontracturar un poco, casi que juntarte en el living de tu casa un día a la tarde y ponerte a hablar con tus amigos, pero que es gente que viene de diferentes lugares, edades. Ahí yo creo que el Bichi jugaba un papel clave, porque es muy inteligente para humanizar el diálogo. Partía un programa y decía: vengo enojado, porque el de atrás me empezó a bocinear. Tiene eso de llevar la conversación a lo cotidiano. Eso fue permeando y, además, yo creo que siempre ha sido importante la convivencia. Ahí yo siempre he sido un defensor de que sea un espacio de exfutbolistas y de periodistas. Lo que enriquece ese debate es que no sea solamente un programa de exjugadores ni un programa de periodistas, sino que se contrapone una mirada muy diferente que tiene Aldo sobre un tema al que tiene Juvenal Olmos. Y yo sé que se viralizan los momentos de humor, y que eso ha permitido entrar a una generación que, por ejemplo, no conocía a Juvenal, pero también hay que saber tocar diferentes teclas. Pasar de algo muy divertido a algo muy tenso. En los programas que logran pasar de la risa a carcajada al análisis más crítico, ahí hay algo interesante. Y creo que es lo que consiguió Todos somos técnicos.
Creo que el momento en que más me reí de TST fue el de Junior (Playboy). No lo esperaba de ninguna manera, ja, ja, y sé que tengo una risa bien particular... A mí Junior Playboy es un personaje que, en general, me hace reír. Por las cosas que hace, las cosas que dice. Y cuando se empieza a empelotar... ese fue un momento en que de verdad estaba explotado. Después debe haber otros momentos que se me deben olvidar, pero ese, el de Junior, fue en el que más me reí. Él también se rió mucho.
La entrevista con Cristóbal Campos fue muy especial y me desafió mucho periodísticamente. El género de entrevista es algo que me encanta, me gusta mucho la conversación. Digo, la entrevista no necesariamente es buena cuando uno pone contra las cuerdas, también está el género más de conversación. Cuando un entrevistado te puede decir muchas cosas, se logra generar una relación contigo, la confianza, también está muy bueno. Y en mi carrera, no sé, por tiempo, he podido desarrollarlo poco. Consumo mucha entrevista, me gusta. Y esta era especialmente desafiante, porque había un tema judicial, un tema psicológico fuerte, muy fuerte. Sabíamos que podía venir una gran revelación, que es lo que finalmente ocurrió. Entonces, en la previa le consulté a bastante gente. Hubo un gran trabajo del equipo del canal, que consiguió la entrevista, que la preparó bien. Pero yo quise a dos o tres periodistas que respeto mucho, y no son del deporte, preguntarles: oye, ¿cómo abordaríai esto? Porque lo que yo sí tenía muy claro es que no quería que se prestara para nada para el morbo. Me temía que podía pasar algo así y yo estaba muy seguro que quería, sobre todo, respetar el tema humano de Cristóbal. Ese fue mi foco principal y creo que salió una linda entrevista. Él hace una revelación muy fuerte, cuenta que no fue un accidente, que se quiso quitar la vida. Y, de verdad, es de los testimonios más fuertes que se han escuchado en las últimas entrevistas, por lo menos, deportivas. Cuando terminó la entrevista, yo quedé satisfecho, conforme, quería que se emitiera íntegramente, y con él creo que generamos la relación, la química para que pudiese abrirse a contar algo tan fuerte como eso. Yo tenía que tener el suficiente sentido común, no sólo con Cristóbal sino con la gente de, ante una revelación así, poder abordarla y no empezar a rascar y hurguetear en eso. Recibí muchas felicitaciones y fue muy lindo, le agradezco mucho a Larry Moe por su columna.
Me encantaría entrevistar no sólo a deportistas, también presidentes, poder conversar sobre temas, soledad, éxito, fracaso, relación con el dinero. Esas cosas me gustan mucho. Y tengo una debilidad por Pep Guardiola y Roger Federer. La barrera idiomática quizás sería más difícil con Federer, pero ellos dos calados que me gustaría entrevistar.
Nunca me imaginé en el Festival de Las Condes. Cuando me lo ofrecieron, no entendía del todo... ja, ja, ja. Hacer un festival televisado, además muy masivo, fue una experiencia importante. No lo esperaba para nada, no lo imaginaba. Nunca me imaginé, diciendo yo, en tantos años más voy a estar animando un festival, no lo pensé de ninguna manera. Y me pasó ahí que viví dos cosas en el mismo festival: en el primer día estaba mucho más urgido, apretado, inquieto, con algún problema con la voz también. Muy metido en eso, un poco atrapado. Y el segundo día como que me relajé mucho más y creo que salió más fluido. Pero los festivales tienen códigos totalmente distintos, que yo hasta ahí no conocía. Le agradezco a Ivette (Vergara), porque gracias a ella aprendí muy rápido cosas como anunciar un artista en conjunto, medir los tiempos, un montón de cosas. Si tú me dijerai: qué cosas haríai fuera del deporte, en televisión por ejemplo, me gustan los programas políticos, las noticias. Me asociaba más, si hubiera que encontrar una arista distinta, a estar en noticias que no son de deporte que en la entretención. Pero también me ha ido pasando con la entretención que lo he pasado bien. Cuando he hecho cosas como Pablo Chill-E Sinfónico, Redbull Batalla, las cosas de concursos. Y del festival, ahora en perspectiva me he reído de hartas bromas sobre lo que fue.
No descarto animar otro festival. Una cosa que he aprendido es que nada de lo que pensaba que me iba a pasar me pasó. Ni en la forma ni en el momento que yo esperaba. Entonces, así como no me cierro a cosas que tienen que ver con prensa, que no son deportivas, tampoco al mundo de la entretención. Ahora, construirse como un buen animador de festivales…, respeto a quienes lo hacen. Es un oficio muy difícil y ahí sí que hay exposición. Sacando los partidos de la selección, Colo Colo, la “U”, Católica, si uno pudiese hacer un paralelo, están los debates y las entrevistas a los presidentes, pero en los estelares, los festivales, hay mucha exposición. Sobre todo en festivales.

No ha llegado el día en que diga de qué equipo soy hincha. Pero es algo que me lo cuestiono mucho igual. Siento que hoy no me sumaría revelar eso. Respeto mucho a quienes lo hacen, tengo compañeros, como Manuel (de Tezanos, confeso hincha de Universidad Católica). Yo no descarto que en algún momento lo pueda decir, pero siento que por ahora no es algo que sumaría en nada. Más allá de las cosas que digan, que diga yo de qué equipo soy es una cosa diferente a lo que se rumorea. He visto en Twitter varias cosas... hay varias fotos. Y hay fotos que no se conocen también, ja, ja, ja. Pero he visto todo lo que se ha generado con eso. ¿Si mi papá estaba contento? Yo creo que mi papá tuvo una influencia incluso... sí, mi papá…, puta, es que si te digo esa palabra me delato, ja, ja, ja. Pero sí: te diría que sí estaba contento.
Trabajar con Nico Massú en los Panamericanos fue impresionante. Quedé loco: se acuerda de todo, de cada partido. Él siempre tenía algún comentario que podía aportar, sobre los gestos, sobre cómo toma la raqueta, sobre cómo suena la pelota. Cosas que uno dice, no, de verdad, me saco el sombrero. Lo metódico, lo apasionado..., quedé gratamente sorprendido. Fue para mí una experiencia impresionante. Lo admiro mucho, de hecho, creo que tienen que hacerle en la Rotonda Atenas, ahí en Las Condes, la estatua al medio. O afuera de Sausalito. ¡Hagan la medalla de Nicolás Massú! Eso tiene que pasar. Creo que su aporte va mucho más allá del tenis: es un gran líder, un tipo que transmite demasiado.
Mi ídolo futbolístico es Marcelo Salas. A mí me generó muchas cosas. Se lo he dicho a él. Y he desarrollado una relación de admiración, que lo mensajeo mucho, estoy muy pendiente de él, con Carlos Caszely. Siempre le digo que muchas veces, cuando se discutía quién era el mejor, mi papá decía: ojo, no se olviden de Caszely, un jugador extraordinario. No somos amigos, digamos, pero siempre le escribo y he podido armar una relación con él, y lo idolatro mucho. Y no sólo a nivel futbolístico, sino a nivel humano: me gusta la mirada que él tiene de muchas cosas.
Reconozco que el equipo que mejor jugaba era el de Sampaoli, pero el que más cosas a mí me genera es Bielsa.
Al comienzo del torneo dije que sería campeón Católica, decepción Audax, pero de verdad ahora no veo un gran equipo. Creo que, en el papel, el equipo que está armando la “U”... pero bueno, no funcionó lo de Paqui Meneghini. Lo de la “U” va a depender mucho del nuevo entrenador. Lo que sí te diría es que el equipo que más cosas me ha despertado para bien, más me entusiasma, es O’Higgins.
El DT de la selección debe ser Manuel Pellegrini. Creo que la industria, en general, está deprimida. Ver partidos de la selección con quince mil personas, ver que no todas las marcas se entusiasman. Y creo que Manuel Pellegrini podría generar ese impacto de que la gente vuelva a creer en la selección. Porque además Pellegrini, si no fuera porque es chileno, está en otro estatus. Juega en otra liga versus el resto de los candidatos reales. Te podría decir Guardiola, pero no va a venir. Yo entiendo que hay opciones reales de que Pellegrini pueda venir y creo que sería un golazo.

Me casé hace un año más o menos. Procuré dar pasos firmes, porque siento que hoy todo está como muy desechable, las relaciones de uno con sus trabajos, las parejas. Entonces, procuré dar pasos firmes para darlo seguro y por eso tuve un pololeo bien largo, tomé la decisión de casarme y conviví. Di todos los pasos que, creo, son importantes antes de tomar la decisión de casarse. Y claro, ella la verdad que se adapta mucho a mi tipo de vida, que es distinta. Ha sido muy comprensiva. Igual, tuve que ir a un matrimonio, ella es de la región de Coquimbo, porque me dijo algo así como: no todo puede ser trabajo. Entonces de vez en cuando entiendo que tiene que darse ese espacio, ja, ja, ja.
Siempre me pregunto: si yo estoy viendo un partido, y no me toca comentarlo, ¿estoy trabajando o estoy disfrutando? Y creo que quizás, si no estuviera trabajando en esto, estaría haciendo lo mismo.
En el primer 14 de febrero de nuestra relación tuve que ir a la Noche Alba, llegué a la una de la mañana... murió ese 14 de febrero. En ese sentido, ella es muy generosa y lo entiende. Y además sabe que vibro con esto, sabe cuánto me apasiona. Y tener una persona que esté dispuesta a eso, está buenísimo.
Sueño con ser padre. Es algo que creo que despertaría en mí muchas cosas.
Yo no me llevo con lo de “galán”. Siento que hay hombres a los que les queda bien eso, que se sienten galanes. Yo no me siento galán. Por ejemplo, en la alfombra roja, la última que fui, pasé demasiado rápido. Y cuando pasé, casi que pillé a la Maite Rodríguez, y después en mi mente decía: ¡pero, hueón, tenís que jugar más, baja un cambio! Desaproveché, ja, ja. Pero el “acá vengo yo” es un cuento que me cuesta. Más allá de que he hecho sesiones de fotos de zapatos, de cosas así, que no tienen que ver con periodismo sino con modelaje, y que ha sido una veta nueva que la aprovecho obviamente porque hay un beneficio. Pero galán tradicional no me siento.
No me siento el más mino del periodismo deportivo... Nacho Valenzuela puede ser. Pero eso que lo juzguen otros u otras.
Un sueño pendiente en mi carrera es cubrir unos Juegos Olímpicos en terreno. De hecho, no me han tocado Juegos Olímpicos, me han tocado Panamericanos. Y poder vivir la experiencia de, no sé, hacer el comentario de deportes en TVN... o hacer el TST de Chile en un Mundial estando ahí. Me ha tocado estar en Mundiales, fui al de Qatar, pero sin Chile no es lo mismo. Estamos en tiempos en que, por la crisis de los medios, y sobre todo después de pandemia, como que se incorporó esto de no viajar tanto, que es muy entendible porque son costos bastante altos, pero todo lo relacionado a las coberturas de viajes, poder estar en momentos más icónicos, es algo que tengo muchas ganas de que pase.

No sé si es el mayor dolor de mi vida, pero me faltó una última conversación con mi papá... Me acuerdo que el día que él se muere, yo iba con mi mujer, polola en ese entonces, al Bar Valdivia y ahí me empezó a llamar el de la diálisis. Y el de la diálisis no se atrevía a decirme que pasó algo, que tenía que ir. Y ahí llegar a la clínica y ver que ya se murió... uno internamente dice ¡cuántas cosas más habría dicho! Yo creo que, ante la pérdida, es una herida que uno lleva y una cicatriz que lo acompaña. Y uno hasta se ríe, cambia el tipo de recuerdos, no sólo es dolor sino risa, nostalgia, melancolía. Eso podría ser. Tengo varios dolores, pero es el que más recuerdo.
En cinco años más me veo dejando a mi hijo en el jardín. Eso me gustaría.
Si no fuera periodista, me hubiera gustado ser abogado.
Me incomoda lo muy llamativo. He ido dos veces a la gala, uno un smoking negro y el otro azul. Podría usar blanco... pero nada más. Así que si fuera DT no podría vestirme como Segundo Castillo, ja, ja, ja, ninguna posibilidad. Yo iría sport, pero en Copa Libertadores de traje.
Mi papá me heredó corbatas... y la camiseta de Pelé. Una particularidad que tuvo mi papá en su carrera es que perdió todas las camisetas. Los últimos años de vida de mi papá, sus camisetas de la selección, de Católica, desaparecieron entre cambios de casa. Vivimos en muchas cosas. Y a mí nadie me dijo: esta camiseta es tuya, pero yo la empecé a cuidar. Dije: si se pierde la camiseta de Pelé, sería terrible. Esa camiseta es de un partido que juega Chile con Brasil. Brasil campeón 70 a los meses viene a jugar un amistoso aquí, y ahí cambian de camiseta. Y ellos tenían una muy buena relación. Hay varias fotos de mi papá con Pelé. Y, bueno, mi papá siempre decía que lo más simbólico de su carrera, en qué graficaría su carrera, es cuando Pelé le dijo: “Fuiste el mejor de la cancha”, y O’Globo dice: “Fouillioux fue más que Pelé”. No te miento que es un peso tenerla, porque digo, ¿y si se me pierde? ¿Si la roban? También he pensado en algún remate internacional, y si con eso puedo ayudar a mi familia..., no lo he descartado. Por ahora la tengo, así que es lejos, de lo material, lo más valioso que tengo.
¿Apodo que no se sepa? Hay uno que está prohibido, ese no podría decirlo... pero me dicen Fullú, Chalito algunos amigos. Ah, y cuando Pamela Díaz dijo algo del “Cosquillador”. Una cuestión así, ja, ja.
Soy team otoño. Siento que los meses que menos me gustan son como marzo, abril y ya agosto, cuando uno ya está chato del calor o chato del invierno. Prefiero el verano, pero también me gustan los días de frío, tomar mate, tomar café. Esas instancias con frío son mejores.
Me gusta el lado frío de la almohada... así que ponía la almohada en el freezer cinco minutos para tenerla más fría, pero un día me quedé dormido y se me congeló. Soy un idiota... Mi mamá tuvo que sacar la almohada durísima. Nunca más lo hice después de eso.
No sé si sueño con tantas cosas, pero de los principales lujos es tener tranquilidad. Poder tener la tranquilidad, sin enfermedad y todo eso. Es un poco fome, pero es con lo que más sueño.
¿Frase favorita? Ahora se me pegó “¡Cómo están los máquinas!”, que es algo que usamos ahí... una frase de David Bisbal que nos da risa. Pero no tengo una frase que use siempre.

Trabajé repartiendo cosas, fui planillero de ligas, cosas así. Y a propósito de los casting, me saqué fotos en calzoncillos cuando chico, ja, ja, ja.
Con mi primer sueldo invité a comer a mi papá con mi mamá. En el Fridays, que ya no existe. Le gustaba a mi mamá ese lugar.
Tengo gustos muy variados en la música: me gusta mucho Oasis, The Cure, muy fanático fui de los Cadillacs. Me gusta el reggaetón antiguo, que ahora está volviendo un poco. Y ahí, claro, te manejo desde Aznabur por mi papá, Adamo por mi mamá, Julio Iglesias, a géneros muy distintos, como Pablo Chill-E. Conocerlo a él en el Sinfónico fue una linda experiencia, me pareció una persona muy agradable. Yo sé que él mediáticamente ha tenido algunos temas, pero disfruté mucho su música.
Hay varias películas que me han hecho llorar, soy llorón, lo reconozco. He llorado en la tele varias veces, en algunas de estas entrevistas también. Me cuesta controlar cuando ya se te hace el nudo en la garganta. Y hay varias películas: El expreso de medianoche, Río Místico.
Mi mayor miedo son las enfermedades, tener que enfrentar la enfermedad de un ser querido.
Me está gustando mucho el fernet ahora. Es un problema, porque soy piscolero de toda la vida..., pero me estoy abriendo bastante al fernet. Y sinónimo de que ya estoy entrando en otra edad, ya poniéndome más viejo, estoy entrando en el mundo del vino. Pero tomo de todo. Lo único que no me gusta es el ron, porque de chico tomaba ron blanco con Kem Piña, ja, ja, ja.
Tengo varias comidas favoritas, pero la escalopa. Y un plato de arroz con huevo frito, tomate, con ají verde, es un elissir. Los tacos últimamente también. Todo lo que sea masa de taco, esas tortillas, me gusta.
Si pudiera tener un superpoder me gustaría teletransportarme. Es muy caro viajar, ja, ja, ja.

Mi placer culpable son las frituras, todas. Y las empanadas y las chaparritas.
Creo en el horóscopo. No me meto mucho en el tema, pero creo. Soy virgo... pero tengo poco de virgo, ja, ja, ja.
Si pudiera invitar a tres personas de toda la historia a un asado con copete, sería a Pep Guardiola, Diego Maradona y Al Pacino. Guardiola porque es mi ídolo y tiene una gran capacidad de hablar, de explicar, de contar cosas. Maradona me parece un personaje atrapante. Y Al Pacino, porque es un actor que admiro. Sería una buena mezcla Guardiola, Maradona y Al Pacino, se generaría algo entretenido. Y después se nos suma Ronaldinho y nos saca a dar una vuelta.
Gonzalo Fouillioux es una buena persona, que es realmente lo que más me importa. Creo que soy una buena persona, un buen amigo, un buen hijo. Es lo que más me caracteriza: ser una buena persona. Una persona con inquietud social y una persona sensible también.
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