Deportes

La Firme con Marcelo Ramírez: “Me adelantaba mucho para los penales, cuando me veo digo: ¡cómo tan cara de raja!”

Colocolino antes de ser colocolino, decidió a los dieciséis años renunciar a sus estudios y entregarse por entero a cumplir un sueño que dibujó desde muy niño empujado por la alba pasión de sus padres. Sin plan B y sin pensar más allá, se decidió a ser el arquero del cuadro de sus amores y ganarlo todo. En el camino se convirtió en el “Rambo”, un guerrillero con plasticidad de artista cuya estética —cintillo primero, mechas después— y estilo bajo los tres palos desafiaron la sobriedad del puesto. Aquí, el referente de Claudio Bravo y quizás el mayor atajador de penales del fútbol chileno, cuenta su historia.

Fotografía: Gustavo Pineda. Gustavo Pineda

Marcelo, si ir penales, tú jugar, le comunicó la noche anterior Mirko Jozić con su español torpe, todavía algo primitivo, y él, Marcelo Ramírez, de inmediato soñó con los ojos abiertos: se visualizó parando una o dos ejecuciones, o quizás el disparo decisivo, y luego el momento cúlmine: correr hacia ningún lugar para llenarse de abrazos, de besos y del amor de los que soñaban con lo mismo. Era, al fin y al cabo, su fantasía de niño, cuando con siete, ocho y nueve años estrellaba una pelota de tenis contra la pared de su casa en Santiago Centro y se arrojaba sobre la cama de sus padres para atajar su recorrido imaginándose arquero de Colo Colo. Cada uno de esos vuelos lo habían preparado para este momento.

Jozić, un esmerado cuidador de detalles, desvelador de lo invisible, ya lo sabía, y, además, en su fuero interno sospechaba que contra Cruzeiro las posibilidades de estirar el partido hasta la definición eran lo suficientemente altas: seis meses antes, en octubre de 1991, ambos equipos se habían medido por octavos de final de la Supercopa João Havelange y tanto en el Mineirão como en el estadio Monumental el resultado y trámite fueron idénticos, cero a cero, de modo que dirimieron desde los once metros y ahí los brasileños fueron más eficaces (3-4, Hugo Rubio y Juan Carlos Peralta erraron). Ahora, en el estadio Universitario de Kōbe, Japón, el DT croata no podía permitirse el mismo desenlace, por tanto le habló a Ricardo Weisselberger, dirigente de la época, del plan que tenía entre manos.

—En ese tiempo —ilustra Ramírez al diario pop— se usaba que una o dos noches antes del partido, se juntaban directivos y técnicos de los dos equipos más los árbitros y gente de la Fifa y se ponían de acuerdo en ciertas cosas.

El "Loro" y el "Rambo", la histórica dupla de arqueros alba. Eduardo Ignacio

En la práctica, lo que Jozić buscaba no era cosa de hacerlo y ya. Antes había que convencer al resto, incluso a Ramírez, pero ya sea por la confianza de acabar el partido dentro del tiempo reglamentario o vaya a saber uno por qué, los brasileños no le prestaron demasiada atención y rápidamente autorizaron su pedido de cambiar al #1 sólo para la definición a penales.

Cuando esto ocurrió, Jozić y Weisselberger deben haber cruzado una mirada triunfal. El croata respetaba las cualidades de su arquero titular, Daniel Morón —que durante el partido ahogó los gritos de Paulo Roberto, Andrade, Boiadeiro y Charles—, pero había advertido que el set que ofrecía Marcelo Ramírez guardaba acaso como plus su pericia en los penales.

—Yo desde pendejo era muy bueno pa’ los penales —convalida Ramírez—, me acuerdo que en ese tiempo venía de atajar dos a la “U” (los dos remates a Mariano Puyol en la Copa Chile de 1992), y en varios partidos que se definieron por penales venía atajando.

Pero contener uno en la tanda de una final, en Japón, contra Cruzeiro, y que además le significara el segundo título internacional de su historia a Colo Colo, era otra cosa. Ramírez, luego Rambo Ramírez, a la larga quince veces campeón con la casaca alba, mundialista en 1998 y golero de la Roja en tres Copas América, hoy conductor de su propio programa de entrevistas, El legado, y parte del camarín de Todos somos técnicos, cree hasta el día de hoy que esa tapada al #8 brasileño Marco Antônio Boiadeiro, propiciada por la locura o más bien la visión de Jozić, es la postal de su carrera.

Porque a partir de entonces, dice, fue diferente.

—Antes yo era el arquero formado, de proyección, el que podía ser. Pero después de eso, ya te metís en los corazones porque eres parte de un hito importante. De algo que nunca se había logrado. Mi carrera de ahí en más es otra.

Los detalles él los repasará en las próximas líneas.

La Firme con Marcelo Ramírez:

Vengo de una familia colocolina de clase media, con un papá muy inmerso en el mundo de Colo Colo. Mi papá era director primero de la rama de atletismo, después del fútbol formativo, y además, director ya de la plana mayor. Así que desde muy chiquito yo fui al estadio con mi viejo, al Monumental. Gracias a Dios tengo buenos recuerdos de mi infancia. En ese tiempo, el Monumental era sólo el hoyo. Jugábamos nosotros pa’ las inferiores. Yo entro a jugar a Colo Colo a los diez años y después ya hice toda mi carrera formativa, debuté a los diecisiete, estuve a préstamo un año el 90, en Naval, y de ahí, hasta los treinta y siete, que me retiro. Toda mi vida ahí.

Mi papá me legó la pasión por el deporte y por Colo Colo. Era muy choro en esos tiempos, porque, hace poquito viendo fotos, él viajaba a las Copas Libertadores, en los setenta. Y los viejos de corbata en el avión…, ¡antiguo, po! ja, ja. Pero él era de viajar con su grupete de amigos a seguir a Colo Colo por todo Sudamérica, porque le encantaba.

Yo diría que la primera temporada que seguí a Colo Colo con mi viejo fue en el 78, 79, con el Gringo Nef al arco. Después, Óscar Wirth. Esos eran los arqueros que yo veía y que me gustaban, que ya los trataba de imitar en el fútbol formativo.

Mi mamá también estaba súper involucrada con el tema Colo Colo. Mi papá pertenecía a los directivos y mi mamá pertenecía a una rama de señoras de directores que iban en ayuda social a distintos entes. Entonces también: si yo no iba al estadio con mi papá, iba a la sede Cienfuegos #41 con mi mamá, porque era muy regalón de los dos pero principalmente de ella. Ella todavía está viva y, nada, po, los mejores recuerdos. Es una mamá muy querendona, muy de cuidar a sus cachorros. Una vieja muy querible.

Con mi mamá nos parecemos mucho, tenemos hábitos similares. Nos gusta mucho leer, siempre nos estamos intercambiando libros. Mi mamá es pretenciosa y yo también. Mi mamá ahora está un poco más enfermita y de repente no le gusta salir para que no la vean así… Y yo creo que voy a ser así también, ja, ja, ja.

Todo influye en la vida y lo que rodea nuestra formación, de ahí viene mi personalidad. Como decía Serrat, imitando a mi hermano mayor: él era atleta, muy focalizado en su deporte. Era muy riguroso, muy estricto en su alimentación, en su entrenamiento. También mis viejos influyeron. Mi mamá me generó siempre una muy buena autoestima. Era una vieja querendona pero, además, siempre te hacía ver las cosas buenas que hacías. Todo eso va sumando. Y, también, lo que trae uno. ¿Y sabes qué te ayuda mucho también? El puesto.

Para mí el puesto de arquero es el mejor, siempre me gustó jugar de arquero. Desde los siete años que golpeaba la pelota de tenis contra el muro, en esas casas grandes del centro. Yo vivía en el centro, techos de cinco metros, habitaciones de 15x15, casas enormes, de esas viejas, largas, de adobe. Bueno, y mi juego favorito era tirar una pelota de tenis contra el muro y atajar sobre la cama de mi mamá.

Rompí muchas camas... Mi papá tenía una fábrica de muebles. En ese tiempo se usaba el somier y abajo tenía los palos. En esos tiempos ya se sabía que las camas muy blandas te hacían mal para la columna, entonces pasaba quebrando los palos, ja, ja, ja. Y claro, afortunadamente mi viejo podía reponerlo al tiro, pero igual me llevaba el reto.

El Rambo debutó en 1983 con la camiseta alba. Fue contra O'Higgins, por la Copa Polla Gol. Fotografía: Gustavo Pineda. Gustavo Pineda

El puesto del arquero te forja, porque tenís que levantarte. ¡Y desde chico! Porque si tú estái jugando a los nueve años y sale un gol por error tuyo y se pierde el partido por ese gol, a los nueve años no tenís muchas herramientas pa’ salir de ese lugar. Y después ir a entrenar y enfrentar a tus compañeros, enfrentar a tus amigos. Eso te va forjando: que en los entrenamientos te hagan goles, saber que existe la derrota pero que hay que levantarse y seguir, seguir, seguir. Siempre he pensado que el arquero, por lo general, es el tipo de mayor carácter en un equipo. Porque el mismo puesto te exige eso.

Yo partí en la escuela de fútbol de Barrabases, en Quinta Normal, siempre de arquero. Lo que pasa es que, como mi papá era presidente de las divisiones menores de Colo Colo, ahí había un gran entrenador, que era don Hernán Herrera, que además dirigía Barrabases. Y ese equipo me permitió viajar a los diez años. Hicimos una gira por toda Sudamérica, por Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, en bus, un mes y medio creo que anduvimos, y eso me ayudó mucho a crecer, a romper el cordón umbilical. En la vida y además en el puesto. Imagínate un mes y medio afuera, viviendo esa experiencia... Me tocó jugar harto. Me acuerdo que partí de tercer arquero, pero se lesionó uno, después jugábamos los otros dos y terminé de titular yo. Y eso me ayudó mucho. Me tocaron partidos muy lindos en Uruguay, en Paraguay. Yo llego a los diez años de esa gira y ya en marzo entro a Colo Colo.

Llegar a Colo Colo lo tomé como el proceso natural, porque yo sabía... o sea, no sabía, no tenía la certeza, pero tenía claro que mi objetivo era ser el arquero de Colo Colo. Ese era mi sueño.

Yo no tenía plan B, que es súper riesgoso, pero no tenía. A los dieciséis años tomo la decisión de dejar los estudios, porque me costaba mucho. Ese último año yo estaba en el San Pedro Nolasco y de San Pedro Nolasco al Monumental era eterno. No me iba bien, no me daba tiempo pa’ estudiar, y ya me citaban a entrenar con el primer equipo, entonces se me hacía muy difícil. Lo hablo con la familia, obviamente mis papás me dijeron que no de entrada, pero mis hermanos intercedieron para que me dieran el consentimiento con la promesa de que lo terminaba de noche, más adelante. Y así lo hice: terminamos de noche con el “Chino” Hisis y Jaime Vera, los tres en el Inacap de Las Condes, allá arriba. Cuando tomo la decisión de dejar los estudios a los dieciséis años, de ahí, hasta que me retiré a los treinta y siete, mi vida sólo fue fútbol, nada más.

Mi debut está dentro de uno de los momentos que uno nunca olvida, porque es tu gran día. Y ojalá que sea un buen recuerdo, porque puede también ser un mal recuerdo. A lo mejor perdiste, jugaste mal. Nosotros ganamos cuatro a cero (a O’Higgins, Copa Polla Gol, 1983), hice un gran partido, jugué muy bien y, claro, es ir alcanzando los logros, las metas. Yo tenía diecisiete pa’ dieciocho en ese tiempo y fue muy lindo, porque era el Santa Laura, que era una cancha que a mí siempre me gustó mucho. Todavía no estaba el Monumental donde Colo Colo hacía de local, nosotros entrenábamos en las canchas de entrenamiento pero el estadio en sí no estaba, hacíamos de local en el Nacional. Entonces me gustaba jugar en el Santa Laura porque estaba todo cerquita, siempre me gustó eso.

Compartí con tremendos monstruos del arco y obtuve grandes enseñanzas, porque son tipos que te educan tanto dentro como fuera de la cancha. Con su manera de ser, porque unos son más de hablarte y otros más con su ejemplo. Uno cuando es chico y está en los camarines, mira de reojo: cómo se visten, qué es lo que hacen, a qué hora llegan, qué hablan. Mirái todo y en base a eso vas creciendo, te van educando. Tener a tipos como Roberto Rojas, el “Gato” Osbén, a quienes miraba para arriba, y después compartir y pelear el puesto con Daniel Morón, con Claudio Arbiza, fue muy bueno. Yo siempre he dicho: la competencia es lo mejor que le puede pasar a un deportista. Eso te ayuda a crecer, a dar tu máximo y te lleva a tu límite, que es lo que uno pretende y espera como deportista. Cuando yo competí y tenía un tipo igual a mí, que quería lo mismo que yo, me llevaba al límite, sacaba lo mejor de mí.

El guardameta pudo dejar la disciplina alba en varias ocasiones. Colombia, México y hasta el Real Madrid preguntaron condiciones, pero él quiso quedarse. Fotografía: Gustavo Pineda. Gustavo Pineda

Yo pido irme en 1990 a Naval, porque es lo que siempre le digo a los jugadores jóvenes: que salgan a jugar, sobre todo en el puesto de arquero. Tienen que salir a jugar, a ganar experiencia. El arquero tiene que cometer errores y ojalá los cometa en equipos que no tengan la resonancia de cometer un error en Colo Colo. Entonces ese año pedí salir porque necesitaba jugar, ya no daba más estando en el banco. Y me fui, jugué todos los partidos, fui el único jugador que ese año jugó todos los partidos. De Copa Chile, Campeonato Nacional y después la liguilla de ascenso. Para mí fue el año de mayor crecimiento en el fútbol. Soy un eterno agradecido de Naval, porque me permitió crecer, hacerme hombre y hacerme arquero en todo el sentido de la palabra. Yo me fui de una manera y volví siendo otro.

Cuando estaba en Naval me vino a buscar el Independiente de Medellín. De hecho, yo estaba jugando la liguilla de ascenso, que la jugaban los dos primeros de la Primera B y los dos últimos de la Primera División. A nosotros nos tocó jugar en Antofagasta y cuando estaba ahí me empezaron a llamar. Me llamaban las radios, la radio Caracol, que sonaba allá y todo el tema. Yo les dije: ¿sabes qué? Para mí es muy importante esto, yo no quería irme al descenso, tengo la mejor disposición para conversar con ustedes, pero después de la liguilla. Terminé la liguilla, mantuvimos al equipo en primera y yo vuelvo a Colo Colo a plantear esta oferta que tengo desde Colombia para que se sienten a conversar. Pero Colo Colo me dice que no había ninguna posibilidad, que iban por la Libertadores de ese año... y mira qué profético. Hueón, increíble. Y me dicen: ¡no te vas, no te mueves! Pesados. ¡No te mueves! En ese momento pensé: uf, pero le agarré el gustito a jugar y Daniel (Morón) venía muy bien, ¿voy a ser alternativa? Quiero seguir creciendo. Pero Mirko (Jozic) habla conmigo, me dice que voy a tener muchas posibilidades de jugar, porque íbamos a tener Libertadores, Copa Chile, Campeonato Nacional. Y ahí me quedo y pasó todo.

Yo soy un agradecido de la vida porque creo que esa era la época dorada de Colo Colo, desde los noventa. En los noventa ganamos dos veces el tricampeonato, la Libertadores, la Recopa, la Interamericana. Era un equipo competitivo: en todas las competencias que estábamos competimos. Fue una época muy gloriosa del club y estoy agradecido de haber sido parte de ese plantel. Creo que son los recuerdos más lindos, porque yo siempre soñé con eso.

Para mí el equipo de Jozic es el mejor de la historia, porque tiene logros muy importantes. Eso marca la diferencia. Además que, futbolísticamente, marcó diferencias porque cambió los esquemas de cómo se venía jugando. Él llega, para una línea de tres, un líbero, dos stoppers, dos volantes carrileros, sale a buscar los partidos, sale a atacar, juegue en el Monumental como juegue en cualquier cancha de Chile o Sudamérica, no tiene problemas en darle la camiseta de titular a dos pendejos como eran (Javier) Margas y Miguel Ramírez. No tenían ni veinte años esos dos y eran los titulares y con ellos salimos campeones de la Libertadores. Entonces, por lo que hizo, por los esquemas que rompió, por los objetivos que logró, por lo que jugaba ese equipo, para mí es el mejor.

Marcelo Bielsa tenía un trato muy reverencial con Mirko Jozic. Nos tocó mucho jugar con Newell’s en ese tiempo, y nosotros lo veíamos: Bielsa lo iba a saludar y Mirko era más frío, pescaba poco esas cosas, ja, ja, ja, pero Bielsa le rendía pleitesía, le generaba mucha admiración. Yo creo que mucho de lo que él sacó y fue después, con el sello de él, fue por lo que vio en Jozic y en ese Colo Colo de los noventa.

Daniel era tremendo arquero, con muchas cualidades indiscutibles, pero los penales no eran su fuerte. Y una de mis fortalezas eran los penales, desde siempre. Los jugadores tenemos diferentes características, debilidades y fortalezas, y yo desde pendejo era muy bueno pa’ los penales. Me acuerdo que en ese tiempo venía de atajar dos penales a la “U”, y varios partidos que se definieron por penales venía atajando. Entonces Mirko, por eso te digo que rompía esquemas, no tenía problemas en sacar a un jugador, aun con el nivel que tenía Daniel, y poner al que él pensaba que tenía que atajar.

Contra Cruzeiro, en la Recopa, yo entro terminado el partido. Los cambios se pueden hacer cuando estás jugando, pero ahí me acuerdo que fue una gestión de Ricardo Weisselberger con Mirko. No sé hoy en día, pero en ese tiempo se usaba que una o dos noches antes del partido, se juntaban directivos y técnicos de los dos equipos más los árbitros y gente de la Fifa y se ponían de acuerdo en ciertas cosas. Y ahí, Mirko y Ricardo ya tenían la estrategia lista de pedir el cambio. Ellos consiguen eso y a mí Mirko me dice la noche anterior: Marcelo, si ir penales, tú jugar, ja, ja, ja. Ya, listo. ¡Y a Daniel no le dice nada! La otra vez lo conversamos, lo invité a mi programa en El Legado, y él no sabía. Claro, a mí me preparó. Mi foco y toda esa energía se fue, desde ese momento, para los probables penales.

Tapar ese penal es lo que yo soñaba siempre en el patio de mi casa. Imagínate, patio grande, jugaba que pateaba y que entraba y tapaba un penal para que Colo Colo fuera campeón. Y en el extranjero. Hueón, ¡todo lo que yo soñaba se dio en ese día! Es la postal de mi carrera, sin duda.

Después de tapar el penal en la Recopa hay un antes y un después en mi carrera y en el respeto y el cariño del hincha. Antes yo era el arquero formado, de proyección, que podía ser. Pero después de eso, ya te metís en los corazones porque eres parte de un hito importante. De algo que nunca se había logrado y justo contra un rival que era nuestra pesadilla, Cruzeiro, afuera. Tiene un contexto muy especial y, claro, mi carrera de ahí en más es otra.

¡En La Cuarta me pusieron “Rambo”! Un periodista, no me acuerdo el nombre. Empezó de a poquito a agarrar vuelo. Él lo metía, lo típico, pero todavía no era muy conocido. Yo todavía jugaba con cintillo, entonces recién me estaba armando. Y por eso me pone “Rambo”, porque yo usaba cintillo y pelo largo, ja, ja, ja. Pero después, en la medida de que fueron pasando cosas importantes en mi carrera, se quedó. ¡Y ya nadie me dice Marcelo! Mis hijos me dicen Rambo, todos me dicen Rambo.

Me gustaba el pelo largo, pero no era por “Rambo”. Yo me hacía mechas y “Rambo” no era rubio, era moreno, ja, ja, ja, así que no cuadraba el mono ahí.

Es muy subjetivo, pero cuando hay análisis y dicen: este arquero me gusta porque es sobrio y siempre está bien parado y no necesita volar... yo lo encuentro lo más fome que hay. El arquero sobrio, que no vuela, ¡que sea líbero, po, hueón!, ja, ja, ja. Si vai a ser arquero, tenís que volar, tenís que generar vértigo. Pa’ mí al menos, por eso te digo que es subjetivo y muy personal. Yo sentía así el arco. Pa’ mí lo entretenido era volar, generar ese vértigo en la gente de atrás ¡y wooo! Claro, a veces abusaba y no se veía tan bien, porque no era lo que teníai que hacer, pero la mayoría de las veces era necesario. Y entre llegar dando dos pasos y tomarla de pie, prefería volarrrr.

Si te das cuenta, mis mejores rasgos no eran técnicos, eran físicos o más de garra. Mis grandes fortalezas eran que tenía muy buenos reflejos, que era muy rápido, ágil. Buen rechazo de piernas: tenía buenas piernas, potentes. Y era muy valiente. De los que he visto que sean así, arqueros voladores, está el Nacho González, Paulito Garcés en su momento. Son esos arqueros que tú estái cantando el gol y de repente aparece la mano de estos tipos y, ¡hueón, de dónde sacó la mano esa! Son de grandes reflejos, de mucha reacción.

A mí me vino a buscar en mi mejor momento, en el 98, el Morelia y me hace una oferta mucho mejor que la que yo tenía en Colo Colo. Pero nosotros habíamos ganado ese año el tricampeonato y yo quería otra Libertadores. Habíamos llegado a semifinales y yo sentía que podíamos. Así que voy con esta oferta a Colo Colo y se las muestro. Y ellos se acercaron. No me la igualaron, pero se acercan y yo me quedo.

Para ser arquero de Colo Colo o de un equipo se necesita mucha personalidad. No cualquiera puede. Hay que tener mucha personalidad, mucho carácter. Después viene todo lo demás: que sea atajador, hoy en día la parte técnica, que juegue bien con los pies. Eso es un ítem, lo técnico, lo físico. Pero lo primordial, lo que va a marcar lo tuyo en el arco de Colo Colo es tu carácter y tu personalidad.

Para el Rambo, no hay mayor discusión: el mejor equipo del fútbol chileno es el Colo Colo '91. Fotografía: Gustavo Pineda. Gustavo Pineda

Fue una linda época en la selección, quizás mi mejor momento fue en la Copa América del 99. Ahí llegamos a las semifinales y quedé entre los mejores arqueros de ese campeonato. Ahora, también fui parte de ese proceso de las eliminatorias de Francia 98, que era la vuelta de Chile a un Mundial después de mucho tiempo por la suspensión del Maracanazo. Había ido antes, con Osbén me acuerdo, a una gira, a Brasil, pero de manera constante empecé a partir del 93.

Siempre que nos juntamos con los de esa selección, decimos: jugábamos bien, ganábamos y lo pasábamos bien juntos. Era un equipo muy lindo. Eran tiempos donde nosotros teníamos sólo dos jugadores afuera, pero que eran dos comodines, ja, ja, ja, nosotros jugábamos con dos Joker: el “Matador” y “Bam Bam”. Los demás todos éramos de casa, pero había una buena camada. Estaba el Coto Sierra, el gordo Vega, Chamuca (Barrera), Nelson (Tapia), yo, Piri Parraguez, Javier Margas, Pedro Reyes. Teníamos un muy buen equipo y después empezaron a irse todos, pero cuando arranca ese proceso estábamos todos acá y, sí, fue muy lindo. Jugar en un Mundial... contra Italia, fua… Estar en un Mundial, yo nunca sentí algo igual, tiene algo especial. No sabría decirte qué, pero estar ahí es otra cosa, nada se le iguala.

Cuando estábamos en el Mundial íbamos a andar en karting todos, po. Estábamos en Bordeaux y, claro, al Coto Sierra le gustaban mucho los autos, era bien tuerca. Y como a dos cuadras había un karting de esos que en esos tiempos no había acá. Y empezamos de a poquito a ir a ver. En tiempos de concentración no hay nada que hacer, y además estábamos en las afueras... no es que estuviéramos al centro de Bordeaux y que podíai salir a la peatonal, ¡estábamos leeeejos, no había nada! Lo único cerca era esto, así que íbamos ahí a mirar, un día alguien se animó y empezamos. Nos arrancábamos, ja, ja, pero igual faltaba tiempo. No era que estábamos jugando entre partidos del Mundial. Nosotros al Mundial nos fuimos como tres semanas antes, jugamos partidos amistosos, entonces no es que la semana antes estábamos en el karting. Pero claro, nos íbamos escondidos hasta que nos pilló don Nelson. ¡Y justo pilló a (Carlos) Tejas!, que se le volaban las tejas de repente, y el hueón no encontró nada mejor que ponerse en contra del tránsito y empezar a pasar así los alrededores, y viene entrando Acosta y lo ve... ¡y choca, hueón! ¿¡Qué están haciendo acá!? Nos subió y nos bajó. Ahí se cerró la cortina y nunca más, ja, ja.

Una pena lo de don Nelson... enfermedades de mierda. Tan jóvenes y una enfermedad tan limitante como esa, la verdad que te deja afuera de la vida, po. Al final estái físicamente, pero estái afuera. La última vez que lo vi fue en su período de Iquique, que nos tocó un día jugar. Yo le tengo un cariño enorme a él, porque fue importante pa’ todos nosotros, todo el proceso que vivimos, y conmigo él siempre se portó muy bien. Y yo sé que es recíproco. Todo ese grupo le guarda mucho cariño a él.

No sé si Acosta fue el mejor técnico de mi carrera, porque tuve a Mirko, pero sí fue muy importante. Una cosa es lo que lográi y otra cosa es el trato. Mirko era más frío, y aunque al final se puso más chileno que cualquiera, al principio era distante. El “Pelado” era cercano, era otra cosa. Por eso es muy triste. Es de esas enfermedades de mierda que te sacan del mundo estando presente.

A lo largo de su derrotero, Ramírez compitió y compartió con goleros como Roberto Rojas, Mario Osbén, Claudio Arbiza y Nelson Tapia. Fotografía: Gustavo Pineda. Gustavo Pineda

Con Nelson (Tapia) nos tocó competir y compartir harto en la selección. Lo hemos conversado y las veces que él jugó, sabía que yo estaba detrás de él y que no iba a estar con nada raro, nada especial. Y cuando me tocaba jugar a mí, por ejemplo después del Mundial, en la Copa América, yo sabía que él estaba apoyando y con buena onda. Y eso no siempre se da.

¡Justo nos tocó Brasil... y ese Brasil! Ronaldo, Rivaldo... nada, la eliminación fue dura. Nos condicionó quizás el resultado del partido anterior, que terminamos empatando con Austria en el último minuto. Con el gordo Vega siempre lo hablábamos, que si él hubiese entrado en un partido era probable que lo ganáramos, porque te generaba muchas más cosas. Te quedan esas sensaciones de qué hubiera pasado. Nosotros sentíamos que estábamos para más, pero en eso tenís que tener también un cachito de suerte. De que las llaves se te empiecen a dar y no te toque uno de los fuertes, pero aquí justo nos toca este que llega a la final, con todos estos monstruos, entonces era difícil.

Después de la Copa América, el Real Madrid estaba buscando un arquero sudamericano y se interesaron en mí. Sonó bien fuerte el rumor allá y a mí se me acercaron representantes a hablar de ese tema. Después terminan llevando a (Albano) Bizarri, el segundo arquero de Argentina, que no anda bien y lo terminan mandando a préstamo. Yo en esa Copa América había andado muy, muy bien, y fui muy destacado por la prensa internacional, entonces claro, eso siempre te abre puertas. Pero quedó ahí. También fue por una cuestión de edad: yo estaba en los treinta y algo, y Bizarri estaba empezando.

Mi mejor época fue entre el 96 y el 2000, diría yo, y ahí hubo un tiempo en donde desde Argentina empezaron a mirar. Me acuerdo que me llamaron de Vélez Sarsfield, pero termina yendo Nelson (Tapia), de Independiente y de San Lorenzo. Fueron los tres equipos argentinos que me llamaron. Pero tampoco llegué a acuerdo, porque en Chile, en esos tiempos, se pagaba mejor. Y como te decía, mi sueño era Colo Colo, entonces salvo que hubiera una diferencia económica muy importante, yo me iba a quedar. No me arrepiento, porque irme era perderme cosas que hice acá, ¿cachái? Si lo pongo en retrospectiva, capaz que el último año, que fuimos a la quiebra y fue un desastre... ese año podría haberme ido, ja, ja, ja.

La expulsión contra Honduras es uno de los mayores arrepentimientos de mi carrera, no tendría que haberlo hecho, tendría que haber sido más frío. Me suspendieron tres meses. Pero todo tiene un contexto, el jugador es ser humano y a veces es difícil dejar las emociones fuera de la cancha porque uno es humano, po. Me acuerdo que ese año el entrenador era don Pedro García, y él fue el que me hizo debutar en Colo Colo, el que me subió al primer equipo, yo sentía un gran cariño y respeto por él, y esa necesidad de retribuirle todo lo que él me dio. Él estaba siendo muy criticado, no nos había ido bien y estaba siendo duramente criticado. Y ese partido, en Centroamérica, que era previo a uno de eliminatorias contra Perú, lo juego yo. Don Pedro me dice: vas a jugar los partidos y vas a jugar contra Perú. Listo. Y uno se empieza a meter cosas en la cabeza: puta, tenemos que ganar porque este viejo se lo merece. Entré muy cargado emocionalmente. Uno mentalmente se conoce y la experiencia te indica que emocionalmente tenís que entrar en un estado no muy alto, porque te va a llevar a exabruptos, ni muy bajo, porque no vas a tener tu rendimiento. No pude equilibrar esa emoción, entré sobrecargado. Y nos hacen un gol que supuestamente era tiro libre indirecto, el tipo le pega directo, la dejo pasar y cobra gol. Hoy, en contexto, suena como: pero era un partido amistoso, no pasaba nada, era en Honduras, no se había acabado, pero la carga que a veces traís, aparece.

Me emocionó cuando Claudio Bravo me dijo que yo era su espejo. Lo invité a mi programa, ahí me cuenta todo esto. Uno cuando es parte del plantel, de Colo Colo, y suben de repente los muchachos jóvenes a entrenar contigo, sabe lo que significa. Entonces uno igual siempre trata de ser como los más grandes fueron contigo. A mí me pasó con Garrido, con el Cóndor Rojas, con Ormeño. Que fue gente que te recibió, que te abrió las puertas, te cuidó y te protegió. Entonces, claro, cuando subían a Claudio, uno siempre trataba de ayudarlo, de darle algún consejo.

Estábamos con (Claudio) Arbiza en ese tiempo y claro, Bravo era de esos jugadores que tú los veías y decís: es muy difícil que a este hueón le vaya mal. Muy difícil, porque tenía mucho talento. Era joven, tenía personalidad, tenía buena estatura, manejaba todo, juego con los pies. Era un arquero moderno, cortaba bien centros. Para mí es el mejor de la historia de nuestro país.

Es maravilloso que el mejor de la historia te tenga como referente. Cuando me lo dice en el programa me emocioné, porque no me lo esperaba. Claro, después me muestra la foto que su mamá le tenía allá. No, muy lindo, muy gratificante. Para mí, que el mejor de todos los tiempos nuestro país me haya tenido de referente en su momento, obviamente me llena de orgullo.

En TST la verdad es que me encontré con algo que no esperé que iba a encontrar. Tremendo equipo, tipos súper profesionales que te hacen sentir cómodo. Me sentí uno más desde el primer momento. Además, de mucho aprendizaje viendo a tipos que tienen ya mucha experiencia acá, cómo se manejan, cómo llevan a cabo el programa, de adaptación también. Yo venía de un formato, que era mi programa de entrevistas, donde me gusta abarcar su tema deportivo, pero también su tema emocional. Y claro, aquí pasamos a hablar de fútbol, pero en ese hablar de fútbol también hay momentos divertidos, de broma, que eso ha posicionado al programa dónde está. Otra vez ganamos el Copihue de Oro y eso, sin duda, te habla de que la gente sigue el programa, de que seguimos siendo primera sintonía en los programas deportivos habiendo mucha competencia.

El sello del programa es que tienes panelistas, periodistas y exjugadores que saben acoplarse. Porque quizás puros exfutbolistas no es bueno, quizás puros periodistas tampoco. Yo creo en esa mixtura: que el periodista te aporta desde su lugar mucha información que es muy potente y muy positiva, y que el exjugador también aporta, y eso que se logra es muy bueno. Y si a eso le agregas momentos divertidos, entretenidos, que todos se prestan “para reírse de uno mismo”, te da el programa que es y que es súper exitoso. Ha sido para mí muy gratificante y estoy muy contento en el programa.

Me adelantaba mucho, mucho para los penales. Cada vez me sorprendo más cuando veo las imágenes. Digo: hueón, ¡cómo tan cara de raja, hueón, tan descarado!, ja, ja, ja. Así que no tengo problemas con las bromas.

¿Qué es lo más difícil de ser futbolista? Tengo muchas lesiones, pero no es lo más difícil, es parte de. Es que, por ejemplo, es difícil no llevar una vida acorde a la que tú… por ejemplo, yo a los dieciséis años nunca más fui a una fiesta. Nunca más salí. Después te pierdes matrimonio, fiestas familiares en tu vida. Pero ese precio que pagas lo recibes con que haces lo que te gusta. Entonces, ¿qué es lo más difícil? Convivir con la crítica. A mí me costaba mucho convivir con la crítica. Tenía poca tolerancia a la crítica.

Tengo la rodilla derecha operada, el hombro operado, el dedo izquierdo operado, la nariz operada. Fueron parte de los gajes del oficio. Este no me lo operé —muestra meñique derecho— porque me quedó…. este era peor que este —lo compara con el izquierdo—. Este me lo operé y quedó fijo, tengo un perno ahí. Pero eso me da lo mismo, porque es un gaje del oficio, no tengo tema con eso.

El vínculo entre el Rambo y Colo Colo, cree él, cambió gracias al penal de la Recopa. Fotografía: Gustavo Pineda. Gustavo Pineda

Siempre en la vida, y lo tengo como libro de cabecera, en lo que haga y en lo que esté, voy a dar lo mejor de mí

Chuta, qué difícil decir quién es el mejor con el que jugué. Es que jugué con tanto hueón, bueno. No puedo elegir uno, tiene que ser la dupla Sa-Za. Es que un goleador te abre los partidos y te soluciona problemas. Pero además jugué con Borghi, con el gordo Vega, con Echeverri, con el Koke Contreras, hueones muy buenos. Pero los Sa-Za te abren el candado.

La “Libre” Riveros me tenía de hijo, es el que más sufrí. Me hacía goles siempre. Ese hueón me veía y sabía que iba a hacer un gol, ja, ja, ja.

No me molesta que me saquen lo del “Heidi”, porque de verdad que ese hueón me hizo comer pasto. O sea, varias veces por los enganches que tenía. Era muy bueno, hueón. Y yo, como era bruto, me tiraba con todo. Entonces, el hueón hacía todo el gesto que iba a rematar y aquí, aquí —hace el gesto de estar muy cerca— el hueón paraba la pata. Entonces, yo cuando iba ahí, así, y el hueón enganchaba y quedaba de hueón. No tenía técnica. Quedaba comiendo pasto.

Ramírez no tiene problemas en reconocer que Riveros y "Heidi" González fueron sus bestias negras. Aquí imita un enganche del exdelantero azul. Fotografía: Gustavo Pineda. Gustavo Pineda

Nos enseñan y nos educan de chico que el rival a vencer, con todo el respeto, es la “U”.

Lo más heavy que me ha pasado es la muerte de los seres queridos. De mi papá y mi hermano. Mi hermano tenía 42 años y murió de un ataque al corazón. Eso no te lo esperái. Son las penas grandes que uno tiene.

Con lo de mi hermano, lo que hago ahora, a causa de eso, es un chequeo anual. Con mi doctor de cabecera, que es Fernando Yáñez, el hermano de Roberto. Con él me hago un chequeo siempre de corazón, de todo.

El deporte me gusta… y lo voy a seguir haciendo siempre porque me gusta. Si no voy un día al gimnasio, me falta. Me empiezan los dolores, si dejo de ir me empiezan todos los dolores, todos los achaques.

No soy mucho de crema, pero sí siempre he sido pretencioso.

La entrevista más linda que hice en El legado, la que más me gustó, la que más conforme me dejó, fue la de Claudio Bravo. Por el mensaje que él entrega a las nuevas generaciones, que es lo que busca ese programa: educar a la nueva generación y a los nuevos deportistas. Cuál es el camino que tienen que tomar. De verdad que para enmarcar todos sus mensajes, son tan claros, tan nítidos y los dice un tipo que llegó a estar entre los mejores equipos del mundo. Entonces, como que todo calza porque es un tipo muy inteligente, muy claro, se expresa bien, tiene una historia infernal. Es la más redondita, es larga, la tuvimos que hacer en dos capítulos. Es que no pude, no pude sacar nada, yo lo hablaba con mi director: no saquemos nada, le decía yo, todo lo que dice Claudio es potente.

Claudio Bravo, Roberto Rojas y el tercero yo creo que el Gato Osbén, ese es mi top 3 de mejores arqueros chilenos. El Gato tuvo una mala: un mal Mundial, pero ese hueón era muy bueno. ¡Puta que era bueno! Yo entrené con él y alguien con esa rapidez, con esa reacción, nunca la vi.

Siempre me gustó la psicología. Si no hubiera sido futbolista, yo hubiera estudiado psicología.

¿Un apodo aparte de Rambo? Chupete fierro…, ¡porque era más pesado!, ja, ja, ja.

Un sueño pendiente que tengo es viajar mucho, hay muchos lugares por conocer. En Chile ya conozco prácticamente todo, por el fútbol. Pero hay hartos lugares en el mundo que me gustaría conocer. Petra, por ejemplo.

Fui muy cabalero, cuando jugaba fui muy cabalero y terminé entrampado en eso, entonces me jugaba en contra. Estaba como dos horas viéndome si hice esto, hice esto, hice esto otro. Hoy no, lo único que uso es algo de plata —enseña un collar—.

¿Frase favorita? Alegría, optimismo y disfrutar.

Mi primer trabajo fue haciendo cojines en la fábrica de mi papá. En Navidad nos llevaba para ganarnos sus luquitas. Hacíamos cojines de esponja y pegándolos con neoprén.

Mi primer sueldo era tan poco, hueón, la verdad, porque eran ayuda… entonces, a día de hoy no recuerdo en qué lo gasté. Ahora, yo siempre fui muy ahorrativo, entonces creo que desde que empecé a ganar la ayuda económica, la mitad la ahorraba. Me acuerdo, qué antiguo mira…, saqué mi libreta de ahorro del Banco Estado como a los dieciséis o diecisiete años. Y aunque fuera una cagá de plata siempre depositaba la mitad.

Escucho de todo, pero ahora mis favoritos son Airbag y Miranda. Esos dos, porque me gusta también mucho Ismael Serrano, su buena cumbia también. De todo.

Fanático de los libros y la historia, ahora el Rambo se pasa el tiempo entre su canal y su papel como analista en TNT Sports. Fotografía: Gustavo Pineda. Gustavo Pineda

Estoy muy llorón, más con la edad. He visto muchas series deportivas en las distintas plataformas de HBO, Netflix y me emociona mucho la historia de vida de los deportistas. Ahí siempre lloro, hueón.

Leo, leo, leo, leo y consumo lectura. Me gusta mucho leer y de preferencia el libro de historia mezclado con novela o sólo de historia. Ahora estoy con los rusos, me gustan los clásicos también. Todos los de Tolstoy, de Dostoyevsky, me gustan los clásicos. Después me da por por los actuales, y así me voy. Ahora estoy con Caballo de Troya, que es de JJ Benítez.

Si pudiera tener un superpoder sería viajar en el tiempo. Imagínate ir a la época de los romanos, la época de Cristo, a tantas épocas, hueón. Noooo, la máquina del tiempo sin duda.

Mi placer culpable es todo lo dulce. Todo lo chancho: hamburguesas, pizza, pasteles, chocolate, todo lo cerdo.

Creo en el horóscopo… no mucho, pero creo que tiene algo de concordancia con lo que uno es. Yo soy géminis, y creo que todos tenemos un poco más de una personalidad. Igual todos somos géminis un poquito, ja, ja, ja.

Si pudiera invitar a tres famosos de la historia a un asado —con copete— sería a Diego Maradona, Elvis Presley y Alejandro Magno. Número uno el Diego, porque yo siento que él encierra todo. Hay que diferenciar al Diego futbolista, pero de verdad que él me emociona porque en la cancha era todo: era el carácter, la personalidad, era bueno, era de empujar a sus compañeros. Nunca he visto que en un jugador se encierre todo. Porque claro, por lo general el #10 es el talentoso, es más silente, el que habla es el central, el arquero, el volante, pero en este hueón se encerraba todo: carácter, personalidad, peleador, luchador, peleaba por sus compañeros. No hay ningún compañero que haya hablado mal de él, nunca he escuchado un hueón que diga algo malo de él, al contrario. A Elvis Presley, porque lo amo. Y el tercero Alejandro Magno, porque yo amo la historia y que alguien antes de los veinte años haya conquistado todo lo que ese hueón conquistó…, puta, qué ganas de conocerlo, hueón.

Rambo Ramírez es… creo que un buen hombre. Creo, ja, ja, ja.

Más sobre:La FirmeMarcelo RamírezColo ColoRambo RamírezFútbolExclusivo

Lo último

hace 2 min
“Inventó un montón de cosas que nunca han sido verdad”, aclaró la mujer que también abordó la inminente extradición del imputado.
Chile

“Lo más suave que me dijo es que era india”: esposa de conserje agredido responde al supuesto primo de Martín de los Santos

hace 5 min
El plan del Ministerio Público es reformalizar a la exjueza de la Corte Suprema.
Chile

Fiscalía asegura que hay más delitos para imputar a Ángela Vivanco

hace 0 min
“Perdón, ¿usted pololeó con Benjamín Vicuña?“, le consultaron antes de la confesión.
Espectáculos

Claudia Schimdt dejó boquiabierto a todo un panel con revelación sexual sobre Benja Vicuña: ella misma lo comprobó

hace 21 min
La creadora de contenido confirmó lo ocurrido con mensajes en sus redes sociales.
Espectáculos

Fallece pareja de Vale Gut: habría caído de un edificio

hace 28 min
La exministra de la Corte Suprema denunció un robo luego de que su celular fuese requerido por la fiscalía, pero cámaras, testigos y registros telefónicos acreditaron que el asalto no existió y que el chip terminó en el teléfono de su hija.
Chile

El asalto que nunca fue: fiscalía desarma coartada de exsuprema María Teresa Letelier para ocultar su celular

hace 34 min
Diputada electa emplazó al alcalde de Santiago y aseguró que “es fundamental conocer toda la verdad”.
Chile

“¿A cambio de qué realizó gestiones?“: Irací Hassler destapa chat de Ángela Vivanco que complicaría a Mario Desbordes