¿Dónde está Marcela? El día que Luis Miguel vio por última vez a su madre

En agosto, se cumplirán 35 años desde la última vez que "El Sol", de apenas 16 años, abrazó a su madre, Marcela Basteri. Fue justo antes de que Luis Miguel subiera a un avión que lo traería a Chile, para presentarse en un estelar de la época. Jaime Vas, productor nacional, fue testigo de la escena que desmintió a la primera biografía y a la serie del artista. En las siguientes líneas, el diario pop recrea la historia.


El que está de frente al espejo, es el villano. Un tipo de mediana estatura, con rasgos duros y un bigote posado firmemente sobre el rostro. Se apellida Gallego Sánchez pero lo llaman Rey, Luisito Rey. El traje que viste no lo convence, es cuanto menos dos tallas más grande, está flaco como un cable.

Ella, que aparecerá en unos cinco minutos, es rubia, habla el español con acento italiano y tiene mirada de madre. Se llama Marcela, está vestida completamente de blanco y parece no tener otra pretensión más que abrazar a su hijo mayor. Es, sin saberlo, el centro del relato.

Ambos son padres de Luis Miguel y protagonistas de las dos postales más representativas de la ficción que retrata a su primogénito. Se preparan, en distintas líneas temporales, para lo mismo: acompañarlo en el escenario. Él, no tiene otra salida: está en la quiebra y comienzan a asomar los estragos del sida y la cocaína en su vida. Ella, porque lo ama, porque está construida como una mártir y porque se ha conformado con mirar desde lejos su consagración.

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Las reacciones serán distintas. El Luis Miguel quinceañero, aún con melena y los dientes separados, recibe a su mamá con emoción, la abraza, la besa, la vuelve a abrazar y se la lleva al escenario. Están en Argentina, en el Luna Park, y le dedica una serenata en pleno concierto.

El Luis Miguel de principios de los noventas que ya se codea con los grandes y se presenta con un jopo brillante en los recintos más exclusivos de América no sabe que su papá lo espera. Cuando lo tiene a unos metros, recién se entera. Lo mira unos segundos y se gira, sigue su camino y lo deja ahí, solo, incrédulo, esperando con una pierna de jamón pegada al pecho.

El undécimo capítulo de «Luis Miguel, la serie», el extraordinario cuento que produjo el propio artista, reproduce de esa manera el quiebre de «El Sol» con sus padres. Denuncia que Luis Rey murió lejos del calor de su hijo, merced de los infinitos engaños que le tendió. Y que ese concierto, el del Luna Park, fue la última vez que el cantante vio a Marcela Basteri.

Lo acomodaron en 1986, pero se realizó el 16 de marzo de 1985.

Y no fue la última vez.

Un chileno entre los Gallego

Por algunos meses de 1986, Jaime Vas Carrasco, productor nacional de dilatada trayectoria, experimentó en carne propia la personalidad retorcida y los arrebatos de Luis Rey.

Ese año, el padre de Luis Miguel le pidió que asumiera como tour manager del artista mexicano. Lo convenció poniendo dos mil quinientos dólares sobre la mesa. Un par de meses después, doblaría la cantidad.

Vas me lo contó una mañana de julio de 2018, sentado detrás de un café espresso cortado, en el Tavelli del Drugstore. La ficción de Gato Grande y emitida por Netflix había culminado hace apenas un par de días.

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Me explicó que su relación con los Gallego comenzó los primeros días de agosto, en 1986, luego de que lo contactara su amigo Ernesto Clavería, propietario de Prodin, la firma que entonces se encargaba de los estelares de la televisión nacional.

Resulta que Luis Miguel tenía todo listo para presentarse en el programa de TVN «En vivo», que era conducido por Antonio Vodanovic, pero a unas pocas horas del concierto, Luis Rey llamó a la producción. Lo cancelaba todo.

Al joven de 16 años, les dijo, no lo dejaban viajar. Desesperado, Clavería echó mano a sus contactos y ubicó a Vas, que trabajaba en una agencia en Madrid: le rogó destrabar el conflicto.

«¿Quién es Luis Miguel?», preguntó esa vez el productor.

Luego me dijo: «Ernesto me advirtió que tuviera cuidado con el papá, porque era un hijo de puta».

Tras una breve conversación en la lujosa mansión que Luis Rey tenía en Las Matas, Vas se enteró que a Luis Miguel le habían quitado el pasaporte. Fue hasta la residencia del embajador mexicano en España, Rodolfo González, y le explicó el problema. Lo reunieron con el cónsul y recién allí entendió la trama que se escondía: la Gobernación de México les había ordenado a todas las embajadas mexicanas en el mundo retener el pasaporte del ciudadano Luis Miguel Gallego Basteri. Porque era falso.

Con ayuda del exjefe del Departamento de Policía, Arturo «El Negro» Durazo, Luisito Rey había logrado arrancar una hoja de nacimiento de otra persona y pegaron una que habían creado para «Micky».

En definitiva, la carrera de Jaime Vas por conseguir el pasaporte tuvo su recompensa. Aunque fue tardía: el 4 de agosto, fecha programada para la presentación de Luis Miguel en Chile, «El Sol» no llegó al Aeropuerto Internacional de Santiago.

A cambio, realizó un falso directo, que grabó el propio productor, en el que prometió saldar su deuda más temprano que tarde.

Vas consiguió un salvoconducto para que el artista viajara a México con escala en nuestro país la noche del 6 de agosto. La tarea estaba hecha y se lo informó a Ernesto Clavería. Eso creyó. Pero otra vez el viaje peligraba. Se presentó el problema que él nunca sospechó: Marcela Basteri.

Luis Miguel

El abrazo final

«¡Pichaaaa!», lo buscó Luis Rey, con el mismo fraseo que treinta y dos años más tarde consagró a Óscar Jaenada en la ficción. «Necesito que vengas a casa, Luis Miguel no va a viajar el miércoles», remató.

Javier Vas, luego de una hora de charla y otro café, me explicó que no le entraba en la cabeza que el motivo, esa vez, fuera que el prometedor artista extrañaba a su madre.

Claro, él estaba de paso, no conocía la historia, no tenía por qué saber que desde hace varios meses, casi un año, cuando se separaron Luis Rey y Marcela Basteri, no se veían.

Tras advertirle del nuevo contratiempo a Clavería, el productor señaló que «desde Chile solo se pagaron dos vuelos desde Milán a Madrid: el de Marcela y el de Sergio (hermano menor de Luis Miguel), que era un bebé». Lo estaban haciendo todo por traer a «Micky».

Después, la historia que corrigió a la serie de Netflix y a la biografía «Luis, mi rey», de 1997:

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El avión que se llevaría a Luis Miguel con destino Chile saldría a las 23 horas del miércoles 6 de agosto. Dos horas antes, desde Italia, llegarían Marcela Basteri y Sergito.

Cuando pasadas las 21 horas, Luis Miguel divisó a lo lejos a su madre en un restaurante situado en el segundo piso del aeropuerto y corrió a abrazarla, Jaime Vas comenzó a dudar.

«Por primera vez me pregunté qué onda, qué pasaba acá, no era normal, estaban como pegados por un chicle», admitió.

La reunión se extendió por poco más de una hora y quince minutos. El productor, en ese momento, estaba preocupado, sólo quería que «Micky» se fuera, pero Luis Rey insistía en pedirle más tiempo. «No seáis tan insensible», le repetía.

A pocos minutos de que despegara el avión, Luis Miguel y Marcela Basteri se despidieron por última vez. Se abrazaron y se largaron a llorar, como si de alguna manera supieran que después de ese día no habría más futuro para ellos.

Sobre la escena, el productor recordó: «Me impresionaron… el niño se fue muy triste. Lo estaba esperando su secretario y un guardaespalda. Se despidió y yo llamé a Ernesto para avisarle. ¿Luis Rey y Marcela? No supe para dónde se fueron».

Tres años más tarde, se encontraron en un restaurante top de Francia, cerca de la Île de la Cité. Allí, subrayó Jaime Vas, Luis Miguel le dijo: «Tú estuviste conmigo la última vez que yo vi a mi madre».

El productor, que después trabajó por cinco meses con los Gallego, nunca le preguntó a Luisito por lo que había presenciado en el aeropuerto. Me explicó que no le correspondía, pero que una conversación del cantante español con su madre y sus hermanos lo hizo dudar: «Les dijo delante mío ‘tenéis que jurarme por nuestro apellido que cuando Micky les pregunte por su madre, vosotros no sabéis nada'».

La historia que contempló, la del último adiós, fue incluida por Javier León Herrera y Juan Manuel Navarro —autores de tres biografías de Luis Miguel, incluida «Luis, mi rey», germen de la serie— en el capítulo «Luis Miguel 20 años: tengo todo excepto a ti» de su última publicación «Oro de rey», que se estrenó hace apenas unas semanas.

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