Dramático, feminista y mexicano: Así es el nuevo disco de Mon Laferte

El nuevo disco de la cantautora viñamarina ofrece un material en que reúne guiños a la tradición popular mexicana, pero también despliega otras intereses sociales y políticos, como la situación de la mujer o los vicios de la democracia. Un trabajo que equilibra la inquietud de autor, con la vocación masiva.


Las noches mirando series y documentales, con algún picadillo, a veces gatillan ideas. Así le ocurrió a Mon Laferte. Fue el visionado del documental Chavela, de Daresha Kyi y Catherine Gund, el que le proporcionó el tono que cruza las canciones de Seis, su nuevo álbum publicado esta semana, vía Universal Music.

A pesar de la distancia de los años y las historias de vida, ambas artistas tienen un espacio en común. La mexicana vivió los últimos años de su vida en el apacible pueblo de Tepoztlán, un lugar cargado por los relatos que se enraizan en la profunda noche de la era prehispana, la pirámide de Tepozteco y el origen de Quetzalcoatl, la legendaria serpiente emplumada de la mitología mexica. Allí, desde hace algún tiempo reside Mon.

Chilango criollo

En sus catorce temas compuestos durante el confinamiento, hay un concepto definido con suma precisión. Domina la instrumentación acústica que evoca a la canción popular mexicana de viejo cuño; de Chavela Vargas, al dramatismo de Los Panchos. Se puede escuchar desde los primeros acordes de “Se me va a quemar el corazón”, a temas como “Te vi”. Las canciones están construidas con pocos instrumentos, para colocar en el centro, la voz templada de Laferte.

Probablemente, la pandemia definió buena parte de la sonoridad del material. Pero también hubo tiempo para regodearse; en temas como “Amigos simplemente”, suena un arreglo de cuerdas que remite al cancionero tradicional mexicano, como si en el tocadiscos del estudio pasaran los viejos elepés de Vicente Fernández, Toña la Negra, y la factoría de canciones de Agustín Lara.

Ello le ofrece al material un sabor popular que suena muy transversal; es un álbum que no desentonaría en un almuerzo familiar, una cantina perdida en las tierras calientes de México, o en algún pueblo del valle central chileno, en que la música del país norteamericano goza hasta hoy de una insólita popularidad.

De allí a que lo mexicano cruce el disco, y se cuele entre los clásicos detalles más criollos de las letras de Laferte. Además de los chilenismos como “me querí”, se escuchan giros propios del habla popular chilango, como “la neta no voy a mentir” (en la valseada “No lo vi venir”), que calzan con el pulso más tradicional del álbum.

También hay colaboraciones. Ya se conoció el sencillo “Que se sepa nuestro amor”, en que Laferte comparte la voz con Alejandro Fernández, una elección a tono con el concepto más tradicional y romántico del disco. «Es la colaboración que no sabíamos que necesitábamos…una de las parejas más atractivas del año», aseguró Billboard en su momento, tan sorprendido como el auditor más despistado.

La portada de Seis

Mujeres y democracia

Pero en Mon Laferte es fuerte el compromiso con el feminismo. Y lo cuela a partir de detalles menos evidentes a la primera escucha. La colaboración con Gloria Trevi -una que vaya tiene una historia que daría para una serie- en “La mujer”, canción que detalla una historia de redención frente a los abusos, es la pieza más notable de ese conjunto, y probablemente la que más se acerca al lenguaje moderno.

Al respecto, hay otro cruce sobre el final de la placa. En “Se va la vida” se escucha el aporte de la orquesta regional juvenil Mujeres de viento florido, un conjunto integrado solo por mujeres de la localidad de Santa María Tlahuitoltepec, que, una vez más, es un guiño al rincón más tradicional del país. Y además al costado de la cantautora de protesta que participa en marchas del 8M, en un país cuya tasa de femicidios es de 29 asesinatos por cada 100.000 habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INEGI) mexicano.

Por cierto, hay espacio para colar otras inquietudes. En “La democracia”, la chilena despliega su habitual dramatismo sobre un comentario de la actualidad. Y lo hace con una base musical de cumbia, es decir recurre al viejo truco de echar mano a música que evoca una sensación más festiva para cantar algunas cuantas verdades, como lo hizo en su momento Víctor Jara. “Y los de arriba sacan ventaja, y la justicia quе sube y baja, nos tienen siеmpre la soga al cuello, la vida al filo de la navaja”, canta la viñamarina.

Seis, es un álbum en que Mon Laferte desarrolla con brío sus inquietudes. Y aunque vuelve a plantearnos un viaje por la tradición musical de otros tiempos -como ya lo hizo más evidente en Norma-, esta vez lo hace asentada en ideas que dialogan con el presente en composiciones frescas y bien trabajadas. Supera, con inteligencia y talento, el mero revisionismo.

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