Narea y Tapia: “Alguien subió los discos de Los Prisioneros de forma fraudulenta, ganó dinero y no fue ninguno de nosotros”

La pausa de la pandemia le permitió a los dos integrantes originales que se mantenían tocando en vivo el repertorio de la banda -tras el retiro de Jorge González de los escenarios, en 2016- ordenar su material y lanzar nuevas versiones de títulos claves de su trayectoria. En charla con el diario pop desmenuzan la lucha por hacer frente a la distribución ilegal de su material, repasan la desmesurada expectativa que generó el reencuentro a principios de los 2000 y detallan aquellas cosas del trap que les parecen interesantes.


Durante años, los hijos de Miguel Tapia no supieron que su padre era Miguel Tapia. No el hombre, sino la leyenda. Esa en que figura como el legendario baterista de Los Prisioneros en todas las etapas del grupo, donde hasta se las arregló para cantar en algunas canciones. Un rockstar criollo de cabello corto y batería electrónica.

“Mis hijos nunca supieron que yo era el de Los Prisioneros. Entraron al colegio y ahí se empezaron a dar cuenta, probablemente porque los padres de sus compañeros me cacharon”, cuenta vía Zoom desde su casa en Pirque, a la que regresó poco antes de las pasadas elecciones de mayo, tras pasar un tiempo con sus retoños en la costa.

“Entonces ellos no crecieron con eso, sí sus amigos, sí sus compañeros, porque en mi casa no se escuchaban los Prisioneros -agrega-. Yo no decía que era el de Los Prisioneros, pero empezó a llegar esa información por fuera y claro, es un tremendo fenómeno”.

Foto: José Francisco Zúñiga

Un fenómeno que aún se mantiene latente. Bajo el nombre de Narea y Tapia, ambos músicos revisitaron el repertorio de la banda en los escenarios por casi diez años. “La cantidad de gente joven que se sigue sumando a la música de los Prisioneros es impactante, es realmente un fenómeno, se llena de cabros de 15 años, gente de 30, es transversal”, asegura Tapia.

La dupla se mantuvo en activo hasta febrero del 2020, cuando la pandemia cesó a la industria de los shows en vivo. “Teníamos dos conciertos en Colombia por ahí por marzo -cuenta el baterista-. Y afortunadamente se cayeron, porque ya estaba preocupado por el tema de la pandemia, que venía reventando fuerte”.

Pese al estallido social, el grupo pudo tocar sin mayores sobresaltos todo ese verano antes de las cuarentenas. Incluso, buena parte del material de la banda ganó una segunda lectura con las manifestaciones callejeras, y en no pocos registros figuran interpretaciones de temas como “El baile de los que sobran”.

“Yo vi unos videos en Nueva York, en que la gente cantaba la canción -afirma el guitarrista Claudio Narea desde el otro lado de la pantalla-. Creo que va a perdurar mucho tiempo, tal vez recoge mejor que otras esa sensación de esperanza”.

“El día del estallido social teníamos un show en Talca -recuerda Miguel Tapia-. Empezó a quedar la escoba, igual viajamos y fuimos a tocar. Fue súper raro después que sabíamos la tremenda cagada que estaba quedando en Santiago, nos tocó hacer esa noche el show de la Fiesta de la cerveza, pero fue muy raro. Al otro día, se veía que la cosa estaba muy mal, yo estaba especialmente preocupado porque mi hijo de 18 años, estaba haciendo el servicio militar”.

De Estadio Nacional a La voz de los 80’

La pausa forzada por el confinamiento permitió a los músicos organizar el material del grupo disperso entre las plataformas digitales y los escaparates. Con ocasión de los veinte años de sus célebres conciertos de reunión, a comienzos del milenio, se reeditó este mes el álbum doble Estadio Nacional (2002), que en su momento fue éxito de ventas (obtuvo triple disco de platino).

Esta nueva edición, que se suma al lanzamiento en vinilo del año pasado, estará disponible por primera vez en formato digipack e incluirá la interpretación de “Pa, pa, pa” -a guitarra de palo-, que no figuraba en la edición original, pero que sí estaba en el registro que filmó Carmen Luz Parot, publicado en su momento con el nombre de Lo estamos pasando muy bien.

De esos días, los músicos recuerdan el acoso de los medios y la expectativa de la fanaticada -en plena era de la farándula-, que les siguió a cada paso, incluso hasta la casa de Santa Isabel con San Ignacio, donde ensayaron por cuatro meses. “Fue una locura, el broche de oro de una historia musical que veníamos arrastrando en los ‘80 cuando la música no era lo mismo en los años 2000; todo había cambiado, la tecnología para armar los conciertos era otra, la TV y los medios habían cambiado”, recuerda Tapia.

“Esa casa estaba llena de paparazzis, no podíamos salir a ningún lado”, agrega Narea, quien años después, volvió al lugar. “En la década pasada tuve la ocasión de ir de nuevo a esa casa porque el amigo de un amigo la arrendó para trabajar en una cuestión nada que ver, y me invitó. Fui y reconocí todos los espacios, porque pasamos varios meses tocando y en reuniones”.

-En Estadio Nacional, además de los hits tocaron canciones no muy conocidas de su catálogo, “Generación de mierda”, “Mal de parkinson”, “De Rusia con amor” ¿cómo salió esa idea?

CN: Quisimos hacer eso, porque ya habíamos sacado el Ni por la razón ni por la fuerza, que para muchos era un buen disco y ahí descubrieron estas cancioncillas que en su mayor parte eran hechas por diversión, nunca fueron pensadas para ser parte de Los Prisioneros. Pero Fonseca quería meter esas canciones raras, yo creo que fue bueno. Nunca habíamos tocado esas canciones, las ensayamos para tocarlas en el Nacional

Además del álbum en vivo, esta temporada se suma otra pieza al catálogo de reediciones de la obra de los sanmiguelinos. Tras cinco años del lanzamiento de una edición aniversario, La voz de los ‘80, el célebre álbum debut, vuelve a circular con sonido remasterizado en formato CD digipack y vinilo de 180 gramos, bajo etiqueta Fusión, el sello del mánager histórico del trío, Carlos Fonseca.

“Hace 17 años que Estadio Nacional no estaba disponible, y La voz de los ‘80, la última vez que estuvo a la venta, fue cuando existía el sello de Chilevisión -explica Miguel Tapia-. Son dos discos que no estaban al acceso de la gente. Cuando tocábamos, a Narea y a mí nos preguntaban ‘¿dónde puedo conseguir tal disco?’, pero ya no estaban”.

El caset pirata

El esfuerzo tras estas publicaciones está sustentado en la idea de poner a disposición del público el material grabado tras su reencuentro (por eso el año pasado se relanzaron el disco homónimo de 2003 y el álbum Manzana, de 2004). Pero, en rigor, también fue la manera de hacerse cargo de un asunto más peliagudo; la circulación de la música del trío libremente por la red durante varios años, sin generar beneficios a los titulares de sus derechos de autor.

“Este material estuvo en un momento en las redes, pero alguien los subió y se benefició económicamente. No fue ninguno de nosotros, ni Jorge, ni nuestro manager ni la gente cercana”, explica Miguel Tapia.

“Nos dijeron que no estaban en Spotify -agrega Claudio Narea-. Alguien fraudulentamente los subió y ganó dinero subiendolos, nadie de nosotros los subió. Entonces nos decían, ‘¿Por qué sacan Estadio Nacional si antes estaba y después no está?’, es por eso; alguien que no tenía ningún derecho los subió”.

Alertados, los músicos buscaron llegar hasta el escurridizo responsable del pirateo de sus canciones al estilo de la era digital. “Carlos [Fonseca] trató de investigar quién había subido este material -afirma Tapia-. Vio la cantidad de descargas y eran muchas. Entonces había que tomar las riendas de esta situación, bloquear estas bajadas y publicarlo nosotros. En ese minuto estamos ahora”.

El baterista detalla que la búsqueda resultó más difícil de lo esperado. “Averiguamos hasta donde se pudo; se supone que lo subieron en EEUU en Miami, alguien subió ese material, está la plataforma pero no se puede llegar a la gente que lo subió por diferentes razones legales”.

Una nota al margen, es que el proceso permitió volver a generar un contacto con Jorge González. Como en otros momentos, fue Miguel Tapia el que hizo el nexo con el líder, quien tras su retiro de los escenarios en 2016, lleva una vida sosegada en compañía de sus cercanos, y sus gatos -los protagonistas de su cuenta de Instagram-.

“Yo estuve con él en el año 2019, antes de la pandemia, y el año pasado también estuvimos en contacto -cuenta el baterista-. Cuando sacamos el disco Manzana y el disco Los Prisioneros, Jorge fue parte de eso; opinó, participó, pero no he tenido más contacto. Imagino que debe estar como todo el mundo, guardado, tratando de tener el menor contacto con gente, sobre todo él que tiene un estado de salud que puede ser más complicado”.

”Para un niño de hoy, la música de los Prisioneros es antigua”

Aunque el estimulante repertorio de los Prisioneros llegó al universitario snob con hombreras y al liceano popular de futuro incierto, su éxito en la era ochentera se levantó a pulso. Los sanmiguelinos grabaron La voz de los ‘80 en sesiones distribuidas en dos estudios (a cargo de Pancho Straub y Caco Lyon) con los pocos recursos a los que podían echar mano. Eran solo ruido, dijeron más tarde en una canción, pero les sobraba la confianza en las canciones escritas por un inspirado Jorge González.

“Teníamos mucha confianza -afirma Miguel Tapia-. Antes de grabar el disco veníamos tocando en colegios, en facultades de universidad y veíamos como reaccionaba la gente, entonces teníamos mucha confianza en la banda y en las canciones. Al final fue simplemente el momento de prepararlas y grabarlas con toda nuestra inexperiencia”.

El álbum incluyó temas que al poco tiempo llegaron al cancionero popular chileno, como “Sexo” o “¿Quién mató a Marilyn?”. Años después, en el compilado Ni por la razón ni por la fuerza se incluyeron algunas grabaciones de esa época que no llegaron al cassette original. Cuando se les pregunta cuáles de esas canciones menos conocidas hubiesen incluido en el álbum, ambos hacen una pausa.

“Yo echo de menos haber incluido las 12 canciones que se grabaron -responde Narea-. Ahí faltaba ‘Mi profesor se está volviendo loco’ y ‘Descubre tus poderes’, yo las he escuchado con el tiempo, y no creo que sean inferiores. En ese momento se consideraron inferiores, tal vez un poco colegiales”.

Le sigue de inmediato su compañero. “Escuché hace poco las grabaciones que hicimos en Fusión -previas a la grabación del álbum-. Ahí sale una canción que me llama la atención, ‘Algo ilegal’, se llamaba. Esa encuentro que estaba bien intersesante, hay cancones que si se hubiesen trabajado un poco mas, asi como se trabajó ‘La voz de los ‘80’ o ‘Brigada de negro’, a lo mejor habrian sido 11 o 12 canciones”.

Esa fibra juvenil cruza el álbum. Ello explica en buena parte la aceptación que tiene hasta hoy entre los púberes. “En estos últimos meses estuve haciendo charlas sobre música, el origen del rock, el origen de Los Prisioneros, donde ponía influencias y cosas que nos gustaban. Habían muchos chicos de 12, 13 años, nos siguen muchos niños y eso es notable porque la música actual, es como de una dimensión; el trap, el reggaetón, es como una misma cosa que está por todos lados, entonces, o te gusta eso o te gusta eso”.

“O sea, para un niño de hoy, la música de los Prisioneros es antigua -agrega-. Es peor que cuando a nosotros nos gustaban los Beatles en el año 79′, que tenían 10 años de haber terminado, pero imaginate lo que es tener música de 35 años atrás, es sorprendente que tengan la capacidad de abstraerse de lo que está pasando y escuchar lo que ellos les parece más interesante”.

-Y sobre la música de hoy: el trap, ¿qué les parece?¿les gusta?

MT: Uno de mis hijos escucha trap. Me gusta el sonido, te lo tengo que reconocer; mucha secuencia, las máquinas me gustan desde los ‘80, en ese sentido no me molesta. También me gusta el ritmo del reggaeton, aunque ahí choco un poco con la letra. Pero como energía, como baile, me gusta.

CN: A veces me pasa que escucho cosas y digo ‘qué mala la canción’, pero también escucho a C Tangana y digo: ‘este tipo sabe hacer canciones’. El otro dia escuchaba a la Naty Peluso cantar un tema de la Sara Montiel, y notable, canta bien, compone bien, escoge bien su repertorio, hay todo tipo de artistas. No es lo malo que esté el trap o el reggaeton, lo malo es que está en todos lados y no deja espacio para otros artistas. Hay demasiada basura, mucha cosa que no es interesante que de tanto ponerla la gente la baila, la canta. Pero siempre hay gente que se luce.

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