"Karadima es una alpargata al lado de Harold Harper"

"Harold Harper es la maldad encarnada", dice Eduardo Barril al definir el personaje fantasma que le tocó interpretar en El Laberinto de Alicia. "Me costó harto aceptar el papel, por la carga negativa que creía que significaría", agrega el actor, quien sobre sus hombros dramáticos echó el peso de ser "el percutor de todo, un demonio con tal poder que desde las tinieblas maneja la vida de todos como si todavía estuviera vivo", explica a La Cuarta.

- ¿Un demonio para exorcizar?

- Karadima es una alpargata al lado de Harper.

Por toda esta carga lo meditó harto antes de embarcarse en la nocturna de TVN. "Tenía miedo que poco menos me apedrearan", ya que Mister Harold Harper encarnaría un grado extremo de maldad envuelta en un halo de infinita bondad. "Esa es la imagen que ellos proyectan, se cubren con una capa de gente buena, santa incluso, y marcan mucho a quienes influyen", comenta.

- ¿Ese halo de maldad era lo que lo hacía dudar?

- Yo pensaba que la carga sería muy fuerte, que tal vez la gente en la calle iba a reaccionar negativamente contra mí, que me podía marcar negativamente como actor e impedirme hacer otras cosas.

- Esos eran sus miedos, ¿y qué lo impulso a decir sí?

- Tenía que tomar parte de un proyecto tan interesante como este, donde se dicen y se muestran situaciones terribles con mucho cuidado, con un equipo de sicólogos que asesoran tanto a los actores como a los niños que participan, que son muy bien cuidados. Además, encontré que era un deber participar de algo así, especialmente por lo que está pasando en Chile y en el mundo con la pedofilia, el abuso infantil. Por eso es conveniente que existan teleseries que enseñen a los padres a darse cuenta de ciertas situaciones que en otras ocasiones pueden pasar desapercibidas.

MOLDEADO

¿Quién es el abusador?, se pregunta la barra que sigue El Laberinto de Alicia. Los dardos apuntan sobre Esteban (Marcelo Alonso), Baltazar (Bastián Bodenhöfer) y Octavio (Andrés Velasco). Cada uno de ellos tiene una tranca, una actitud que los puede inculpar y todos fueron fuertemente influidos por Mister Harold Harper.

- ¡Qué manera de marcar Harold Harper a su "alumno"!

- Realmente moldeó a un verdadero demonio.

- ¿Y quién cree que es su aprendiz?

- Esteban era mi predilecto, aunque Baltazar también, aunque no tanto y Octavio, a quien influí hasta el final, entre ellos está el culpable, uno de ellos es el demonio reencarnado.

- Pero, ¿quién es?

- Por secreto de confesión no puedo decirlo.

- ¡Baltazar!

- Se podría pensar que es él por el trabajo que escogió: Es pediatra, eso facilita que él sea ya que tiene contacto con los niños y desprejuicio con la desnudez de los niños.

- ¿Y Octavio?

- Él fue quien más afectado quedó. Eso es lo bueno del guión, muestra cómo se produce el efecto dominó en cada personaje y que el hecho los afecta de manera distinta. Octavio quedó descuadrado, le destruyó el mundo, la vida, perfectamente puede ser él o Esteban…

- Es como el más cuerdo…

- Él está privilegiado en su posición, un triunfador por dónde se lo vea, una buena carta.

SE PRESUME INOCENTE

- Pregunta para Harold Harper, ¿se siente orgulloso de su alumno?

- Los discípulos siempre superan al maestro, y eso pasa aquí. Ha llegado a un grado de prevención tal que sorprende, desequilibra y lo peor es que es consciente de su perversión.

- ¿Él sabe que está haciendo mal?

- Los pedófilos aunque saben que la gente no entiende sus inclinaciones piensan que no hacen mal, incluso con frases como que el amor hacia los niños es divino, tratan de escudarse…

- Es decir que Harold Harper murió creyendo que no hacía mal…

- Así es y el abusador también cree en lo mismo y los pedófilos en la realidad también lo hacen.

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