Por Paulo QuinterosAguante Megadeth: una despedida con sabor a celebración en el Movistar Arena
La banda de Dave Mustaine convirtió a la primera de sus dos presentaciones en un show intenso y sin pausas, donde clásicos y material reciente convivieron en una presentación que reafirmó su vigencia y dejó la sensación de que aún tienen mucho por dar.

Una banda de la trayectoria de Megadeth, con casi una veintena de discos de estudio bajo el brazo, perfectamente podría haber ofrecido un concierto mucho más largo que los casi 100 minutos presentados en su primer día en el Movistar Arena.
Más aún, considerando que su actual tour se presenta como una despedida, bien podría haberse esperado un broche de oro bien extendido.
Pero el cierre en tierras chilenas va por otro carril. Desde el inicio, y con una intensidad pulsante sin pausas, la legendaria banda entregó una presentación certera, enfocada y pulida, no solo para repasar sus grandes éxitos, sino también para introducir parte de su más reciente disco: el elogiado álbum homónimo lanzado este año.
O, como dijo Dave Mustaine sobre el escenario, una obra que les permitió validar el respeto que siempre merecieron.

En esa línea, y pese al mantra de despedida, lo que se vivió desde el primer minuto fue, más bien, una celebración.
Megadeth literalmente encendió la primera antorcha en menos de un minuto con “Tipping Point”, el primer single de su nuevo trabajo. Desde el primer riff se generó una reacción en cadena desde el escenario a la cancha.
Y en ese arranque, el público respondió en la repleta cancha general como un solo cuerpo. Desde la platea se apreciaba a la perfección un vaivén constante de personas, de un lado a otro, actuando como un mar energético sin tregua.
Empujones, brazos en alto y coros espontáneos acompañaron cada compás, configurando un hervidero que se sostuvo a lo largo de toda la noche.
La puesta en escena, en contraste, fue sobria. El logo de la banda sobre una tela negra, dos pantallas a los costados y la batería elevada en plataforma bastaron para centrar la atención en lo esencial: la potencia de las cuerdas y la ejecución precisa de cada integrante.

En ese escenario, aunque el setlist recorrió distintas etapas de su discografía, las canciones más recientes sin duda lograron conectar con la adrenalina del recinto del Parque O’Higgins.
“I Don’t Care”, otro de los singles de su último disco, también fue recibida con entusiasmo, con el público coreando “Megadeth, Megadeth” como si se tratara de un clásico.
Mientras ese tipo manifestaciones reafirmaron el vínculo que se mantiene intacto entre la banda y su audiencia, la formación actual también demostró ser una maquinaria perfectamente ajustada para seguir la intensidad de un show que no dio respiro durante las 16 canciones que se presentaron.

Más allá de los múltiples cambios que ha experimentado la agrupación a lo largo de las décadas, el Megadeth actual suena compacto, potente y equilibrado. Cada instrumento encuentra su lugar en una comunión armónica donde ninguno se impone por sobre el resto.
Aun así, el finlandés Teemu Mäntysaari capta la atención en más de una ocasión con su guitarra, mientras el belga Dirk Verbeuren no da tregua en la batería. Pero en el centro, Dave Mustaine sostiene el conjunto como eje conductor de un espectáculo donde el todo termina imponiéndose por sobre las individualidades.
En ese escenario, esta gala de trash metal se sintió vigente, incluso revitalizada, lejos de cualquier señal de despedida.
El clásico “Wake Up Dead” marcó uno de los primeros grandes momentos de la noche, con un pogo extenso y desbordado que contagió a toda la cancha, entre saltos, puños en alto y una masa humana entregada por completo.

El cántico “olé, olé, olé, Mustaine, Mustaine” no tardó en aparecer, mientras el líder de Megadeth reforzaba la idea de celebrar su último trabajo. Ese discurso dio paso a otro single nuevo, “Let There Be Shred”, instancia en la que incluso apareció la icónica mascota Vic Rattlehead, encendiendo aún más a la audiencia en esta verdadera fiesta.
A partir de ahí, la intensidad no decayó y se mantuvo en un pulso altísimo. “Tornado of Souls” confirmó el virtuosismo de la banda, con una ejecución de guitarras que rozó lo prodigioso y que fue celebrada con coros y ovaciones, recordando por qué su material clásico sigue siendo fundamental en su repertorio.

En esa línea, no sorprendió que la explosión total llegara con “Symphony of Destruction”. El mayor hit de la banda desató un coro ensordecedor, juguetón y celebratorio de “Megadeth, Megadeth, aguante Megadeth”, transformándose en uno de los puntos más altos de la jornada.
El tramo final mantuvo el desenfreno. Entre clásicos coreados y mosh que se multiplicaban, hubo espacio para el guiño con el cover de “Ride the Lightning” de Metallica, antes de un cierre que elevó aún más la intensidad con el golpe de “Peace Sells” y la breve pausa que dio pie al cierre explosivo con “Holy Wars”.

A lo largo de todo ese recorrido, las antorchas, los saltos y una energía inagotable sellaron una presentación que, más que una despedida, operó como una reafirmación: Megadeth no solo armó una fiesta con su historia, sino que dejó en claro que aún podrían tener cuerda para más rato si así lo quisieran.
Por eso, despedirse de esa forma no se siente como un simple adiós, sino como un cierre en alto, coherente con su legado y con una banda que, lejos de apagarse, sigue ardiendo.
Megadeth volverá a presentarse este 5 de mayo en el Movistar Arena. Aún hay entradas a la venta en el sistema PuntoTicket.
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