Amor pandémico: influencer argentina se flechó de su recolector de basura durante la cuarentena

Autor: La Cuarta

Dani “La Chepi” conoció a Javier por la ventana mientras este realizaba su labor. “Lo esperaba más que el sueldo a fin de mes”, dijo.


La pandemia, además de todas las consecuencias negativas que acarreará para el futuro, tendrá historias que marcarán la vida de miles. Una de ellas se vivió en Argentina cuando el amor flechó a dos tórtolos en plena cuarentena.

Ella, una influencer, cantante y actriz con más de 2 millones de seguidores en Instagram, él un esforzado chofer del camión que recolecta la basura por Buenos Aires. Porque cuando Nicolás Massú dijo que no había imposibles, se refería a ellos.

En conversación con medios argentinos como TN y Telefé, Daniela “La Chepi” Viaggiamari gritó a los cuatro vientos su hermoso romance con lujo de detalles.

Fue en el primer semestre de 2020, cuando todo el mundo se acostumbraba a una estricta cuarentena, que sus miradas se cruzaron. “Él es chofer de camión de recolección de basura. Nos conocimos en la pandemia, por la ventana”, dijo muy cocoroca.

Aunque sus primeras palabras fueron cuando él, consciente de su atractivo, se bajó a saludar amigosamente a Isabella de 7 años, hija de “La Chepi”.

“Lo vi y dije, ‘APAAAA’, mirá al chofer, eh. Empezamos a hablar por la ventana pocos segundos y se iba. Lo esperaba más que el sueldo a fin de mes. Me arreglaba cuando pasaba. Mi hija se daba cuenta, pero yo le decía que nada que ver”, contó.

Después de varios días de charlas amistosas, ella se atrevió y le pidió el Instagram a Javier, quien desde que se destapó el romance tiene su propia historia: fue futbolista del ascenso argentino y marcó más de 60 goles en su carrera.

Ahí empezaron a intercambiar mensajes. “Confirmé que no estaba en pareja y que vivía en donde me había dicho. Después seguimos por telefóno. Me dormía a las 5 de la mañana hablando con él ¡Ya estábamos de novios antes de besarnos!”.

Todo gracias a un vinito

El hecho que derritió como vela en apagón a “Chepi” fue totalmente inesperado. Javier pasó un día, fuera del horario de trabajo, a su hogar. Llevaba chocolates para Isabella y una botella de vino para ella. “Cuando se pueda, lo tomamos”, le dijo.

“Yo me morí de la vergüenza. Era una adolescente de nuevo (…) Era un Dadá horrible, pero le entré como loca ¡Al vino y a él!”, dijo con humor.

Y aunque no viven juntos, debido a que Javier tiene tres hijos de su anterior matrimonio, dicen que está bien así. “Nos gusta extrañarnos. Si comés todos los días papas fritas te vas a agarrar un ataque al hígado. No nos queremos empachar”, aclaró.
Como malintencionados existen acá y allende Los Andes, se dio el trabajo de contar:“Él gana mejor que yo… Gana muy bien, por suerte. ¡Uno que trabaja me tiene que tocar!”.

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