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La Firme con Antonella Henríquez: “Me estoy probando que puedo hacer las cosas, porque por muchos años me pesó el bullying hacia mi físico”

De descubrir los secretos de la televisión en Fiebre de Baile a cumplir el sueño de compartir pantalla con su padre en El Club de la Comedia. Este año ha trazado la hoja de ruta de una Antonella Henríquez a la que le bastaron apenas unos meses para ser nominada a los Premios Cordillera y, por si fuera poco, ser coronada Miss Mundo Santiago. Aquí, la joven artista habla de su ascenso meteórico, la lucha contra sus demonios y sus ganas de permanecer ante los focos.

Foto: Andrés Pérez, La Cuarta. Andres Perez

Con dos años y algo más de un mes, el mundo de Antonella Henríquez aún era demasiado pequeño como para entender que un lunes de febrero de 2006 su padre, Christian, estaba haciendo historia: esa noche, en la piel de Ruperto, el simpático borrachito que se había echado al bolsillo a la audiencia de Morandé con Compañía, alcanzó el peak de sintonía histórica del Festival de Viña del Mar con 74,2 puntos de rating. Una cifra que, además, perdura imbatible.

Quizás sea la mejor manera de presentar el mapa de los recuerdos de Antonella, cuya infancia podría resumirse en estar siempre con el equipaje listo.

En contexto, mientras hacía suyos los secretos del circo, se la pasaba una semana o dos en una ciudad, tres en otra; un mes en el sur y dos en el norte. Suele contar, a modo de anécdota, que incluso una vez permaneció tan sólo dos o tres días en un colegio antes de tener que volver a la ruta. Aunque esa rutina le impidió forjar lazos como cualquier otra niña de su edad, lo asumía sin dramatizar: era parte de su normalidad. Pero tal vez ahí estaba el porqué, pese a estrenarse en los aires, con trece o catorce años lo único en lo que pensaba era en cumplir la mayoría de edad y hacer otra cosa de su vida, lejos del negocio familiar. Diseñadora de modas, abogada o, en el mejor de los casos, la televisión. Siempre le fascinaron los flashes, el escenario. Y ver allí a su padre hacer reír al resto.

Cada vez que ella se lo comentaba, sin embargo, Christian respondía del mismo modo: tú tienes talento, puedes sola o, todavía más directo, no necesitas de mí.

Ahora que Antonella fue finalista de la segunda temporada de Fiebre de baile y es figura recurrente del Club de la comedia, lo entiende: su padre intentaba protegerla de los haters de redes sociales, los comentarios donde la acusan de apitutada o de las crueles críticas a su físico. En especial porque, de niña, ya sufrió lo suficiente con eso. En un colegio sus compañeros le hicieron una encerrona por ser la hija de Ruperto. En otro, le hicieron bullying por su cuerpo.

Fue duro cruzarse con esos ataques y reabrir heridas del pasado, entender que hay gente que se dedica a eso y espera el error para lanzar el piedrazo virtual.

Pero la artista circense cree que cada vez lidia mejor con el asunto.

Es más, hace unos meses aceptó un ofrecimiento para participar del Miss Mundo Santiago y en agosto, durante una ceremonia celebrada en el Palacio Taj Mahal, fue coronada oficialmente. Su próximo desafío será el Miss Mundo Chile. “Me metí a la boca del lobo”, admite al diario pop, “no sé qué estoy haciendo, pero lo estoy haciendo”.

Cuando se le pregunta por qué, lanza una idea. Una idea que, además, parece un consejo a la Antonella que de niña le costaba aceptarse.

—Porque no tienes que ser como la gente cree para ser Miss. No puede llegar alguien y pensar que no puede ser Miss o que no puede cumplir ese sueño porque no tiene el físico. Ese es mi mensaje.

La Firme con Antonella Henríquez

Mi infancia fue superbonita. Para mí obviamente es normal, pero entiendo que para la gente que no vive en circo, o no ha trabajado en circo, no es normal, ja, ja. Pero siempre fue una infancia bonita, donde me movía siempre, cachái. Siento que lo único malo en mi infancia fue que no pude hacer lazos por eso mismo. No sé, llegaba a una ciudad, me metían dos semanas al colegio y, ya, era como buena onda con alguien, pero dos semanas después... bendiciones, ja, ja, ja. Me pasó que estuve en un colegio dos, tres días. Pero más allá de eso fue bonita: siempre estaba jugando, jugando en el circo, jugando con los aparatos de circo, con malabares.

Desde los seis años empecé con gimnasia rítmica, que fue como la base que me dieron para estar en un escenario también y poder ser un poco más ágil, tener un poco de acrobacia, de elongación, línea. Y ya a los trece empecé a ensayar lo que es aéreo en general. Me gustaba desde niña, pero a esa edad yo sólo quería cumplir dieciocho y salirme del circo. Estaba en un proceso igual muy importante que creo que todos pasamos, que es no saber qué voy a hacer. Yo sabía que quería salirme, nomás.

Cuando quería salirme igual fue un tema para mi familia. Mi familia me decía como haz esto, nosotros te estamos dando la base; si tú el día de mañana quieres salirte del circo, no hay problema, pero como los gimnastas empiezan desde chicos, tienes que empezar desde pequeña. Así que lo hacía porque me gustaba; en realidad me encanta el escenario, me encantan las luces, pero en un punto igual era como estar ahí entre la espada y la pared sin saber qué hacer.

Me convencí de que el circo era lo mío cuando tenía dieciocho, cuando fui a un festival internacional de circo que se hace en Chile y saqué tercer lugar. Siento que conocer a gente de otros países y conocer también distintas historias me hizo valorar un poco más lo que es el circo, porque para mí era mi vida común, ¿cachái?, nunca fue rara, nunca fue diferente. Y después, ya viajando, también teniendo dieciocho, empecé a ver otros shows de afuera, otro tipo de espectáculo. Y fue como: ya, me gusta, realmente me gusta el escenario, me gusta lo que hago, lo tengo que aprender a valorar. Fue hace poquito. Yo terminé cuarto medio y entré a una carrera, estaba así full decidida a irme del circo y me enamoré de nuevo, pero porque lo vi como desde desde afuera. No sé cómo explicarlo, pero como que le agarré otra visión.

Foto: Andrés Pérez, La Cuarta. Andres Perez

Dentro del circo tú puedes elegir muchas cosas: hacer aéreo, hacer algo en el piso, hacer lo que tú quieras y todo tiene riesgo, igual es heavy. Pero, francamente, cuando alguien quiere hacer un acto aéreo es como, no sé, ¡tensión para todos! Tienes que estar muy muy preparado, prepararte mucho tiempo para poder hacer aéreo. Yo siempre tuve ese miedo de caerme y me pasó...

Cuando estoy en el aire, siempre pienso: ya, me morí, ja, ja, ja. Es que sí, yo le tengo miedo a la altura. Yo hago aéreo porque nunca me vi trabajando en la pista haciendo algo de suelo, pero le tengo miedo, cachái. Yo todos los días que me subo a eso, me subo con miedo, miedo a la altura. Es raro, como que entro al escenario y soy otra persona y trato de superar el miedo todos los días, pero me da miedo. Cada vez que me subo es un desafío. Ahora, yo siempre lo he dicho: yo hago mi acto, ya estoy acostumbrada, pero si tú me pones a hacer otra cosa es como un miedo mayor, ¿cachái? Aunque sea aéreo..., es como raro.

Sufrí un accidente en Vicuña, más encima con estreno. Los paramédicos me dijeron que caí como de siete metros. El circo estaba lleno, pero es que lleno, ¡no cabía ni un alma! Y claro, no sé qué pasó ahí con el motor que quedé como haciendo presión de manos dos minutos. No me dio más, me puse muy nerviosa. Y ahí dije: “Ya, me voy a morir... si trato de levantar los pies y hacer algo ahí para no caerme, me puedo caer y me puedo morir”. Y entonces dije: “Ya, que me azote todo menos la cabeza, que me rebote lo que sea, pero la cabeza no”. Así que caí como parada... y mi cuerpo solo se hizo como trapito y me acosté. Recuerdo que me llevaron atrás. Bueno, pasaron muchas cosas en ese momento, pero me llevaron atrás y había unos paramédicos y me decían: “Te estábamos viendo, te caíste de siete metros”. Y yo así como... no, yo no me caí de siete metros. No sé cuánto fue... ya caer de un metro o dos metros es harto, pero no siete metros, ja, ja, ja. Entonces nada, me dijeron eso, y gracias a Dios no me pasó nada más que el golpe. Fue muy extraño, porque sí fue alto y caí parada. Fue suerte.

Vicuña era la última ciudad que teníamos para nuestra gira, entonces terminamos ahí. Teníamos que estar dos semanas en Vicuña, obviamente yo no trabajé esas dos semanas, y después venía el receso de un mes. En ese mes, estuve en pausa y empecé a retomar, a hacer aéreo, pero bajito. Onda, un metro. Muy de a poco. Hasta el día de hoy está todavía ese miedito.

Foto: Andrés Pérez, La Cuarta. Andres Perez

Me llevo superbien con mi familia en general. No es que mi papá sea más exigente, sino que es mi jefe igual, ja, ja ja. Ahí claramente es más exigente y, bueno, me enseñó harto. Entonces, en realidad es como un líder mi papá. Y mi mamá es súper relajada. Siento que son mis padres, pero también son mis amigos: tengo mucha confianza con ellos y les agradezco mucho porque siempre me dejaron ser. Si yo quería ser de circo, me decían que fuera de circo y fuera buena, y si no, que estudiara algo, que no pasaba nada y me salía del circo. Así que súper buena mi relación.

Mi mamá siempre me decía que tenía que ser independiente. Desde chica siempre, siempre, pero siempre, me dijo una frase que hasta el día de hoy me marca: “Trabaja mucho, sé independiente para que el día de mañana no tengas que agachar tu cabeza por un plato de comida”.

De mi papá saqué muchas cosas, pero sobre todo lo que destaco mucho y lo que me dejó es el tema del respeto, confianza en el trabajo, disciplina, respeto a mis compañeros… trabajo. Siento que los dos se complementaron mucho en mi crianza.

No fue difícil para mí tener un papá famoso. Cuando fue a Viña yo tenía dos años, entonces sólo recuerdo a mi papá en la tele..., como que no me acuerdo de antes, pero no tuve nunca atado con eso. Siempre me gustó lo que hacía mi papá, en realidad siempre me gustó su trabajo. Entonces, sólo lo admiraba desde muy pequeña. Yo creo que lo que en algún momento me perjudicó un poco fue entender que es subjetivo lo que él hace, o sea, que no a todo el mundo le iba a gustar y a veces ver malos comentarios me hería. Era sólo eso… pero yo lo encontraba entretenido.

Cuando chica no me gustaba mi segundo nombre, así que me lo cambiaba, ja, ja, ja. ¡Qué vergüenza! Me pusieron Loredana. Y yo decía: “¿A quién le ponen Loredana?”. Era como: no soy ni Lorena ni Dana, si yo soy Loredana, ¡nada que ver! Me preguntaban y yo decía que me llamaba Alison. Antonella Alison Henríquez. Pero ya después conocí a una persona que me empezó como a mostrar que lo distinto, lo diferente es muy bueno, y fue como ah..., ya, Loredana.

Foto: Andrés Pérez, La Cuarta. Andres Perez

A mí me iba muy bien en el colegio, muy bien. Nunca fui presencial, la media la terminé online, en un colegio online, no en exámenes libres. Pero toda la básica fui súper buena en el colegio. Lo único malo, claro, era que yo estaba un mes, dos semanas y no sé, llegaba a una ciudad y era como una materia, pero después en otra ciudad estaban más adelantados o más atrasados... entonces era raro. Tenía que ponerme al día, tenía que estar mucho más pendiente, mucho más enfocada en mis estudios, pero siento que dentro de todo fui buena. Lo pude llevar bien porque me gustaba estudiar, si yo quería sí o sí mi carrera. Dije: “Yo voy a ser diseñadora de modas”. Ah, y también pasé por la etapa de “Yo quiero ser abogada”, ja, ja, ja. Pasé por todas las etapas.

En el colegio me hicieron bullying..., me molestaban mucho por ser de circo, o por mi papá. Una vez me hicieron una encerrona porque mi papá era Ruperto... y yo nunca le dije a nadie. Yo nunca llegaba a un colegio diciendo como “hola, soy la hija de Ruperto”, nunca. Pero pasaba que por el apellido y porque estaba “El Circo de Ruperto”, agarraban el apellido Henríquez con el otro apellido Henríquez y como que los profesores más que todo hablaban, ¿cachái? Y eran como esos tratos, o sea, un bullying donde me empujaban. Y en un punto ya empecé a mandar a la cresta a todo el mundo. Porque empecé igual a ver a mi hermano. Dije: “No, o sea, esto no le va a pasar a mi hermano”. Íbamos juntos al colegio porque mi hermano estaba empezando en la básica, yo estaba ya terminando, y empecé a sacar ese carácter por él.

En el circo hice de todo: vendí algodones, vendí fotos..., desde pequeña vendía lo que sea porque tenía que ganar plata. Ya después empecé a trabajar y me daban mi sueldo por trabajar en la pista y, después, en pandemia, no sé cuántos años tenía, quince o dieciséis, empecé a vender dulces de circo. Entonces agarrábamos un furgón... yo en ese tiempo estaba con alguien, ja, ja, agarrábamos eso y vendíamos dulces de circo, algodones, palomitas, cuchuflís, maní. Hice de todo, te juro. Íbamos en el autito dos horas diarias y me iba súper bien. La bocina decía: “Llegaron los dulces”, y la gente salía de sus casas a comprar, yo abría el furgón y estaba lleno de cosas, ja, ja, ja.

Foto: Andrés Pérez, La Cuarta. Andres Perez

Siempre le dije a mi papá que iba a trabajar en televisión, no sabía cómo, pero yo iba a entrar. Desde niña que quería, y siento que igual me ayudó mucho lo que hizo él. Mi papá me decía como: “Yo pienso que tú tienes talento y puedes sola y no necesitas de mí”. Y yo le respondía así como: ya, pero hay mucha gente que tiene talento y no entra, ¿cómo te explico?, ja, ja, ja. Entonces no desconozco que entré por él, pero porque me vieron acá, porque yo hacía mi lobby: yo llegaba, saludaba, como que ya me ubicaban y tiraba mis palitos, así como “yo puedo, yo puedo hacer eso”. Entonces fui entrando de a poco por las mías, nunca me ayudó. Pero sí, a mí de chica me gustó.

En 2022 me hablaron de Talento Rojo, estaban buscando porque querían hacer varieté también. Dentro de eso me hablaron porque yo no soy bailarina, no canto, entonces dije: ¿cómo voy a ir a Rojo a cantar?, no hay posibilidad. Entonces abrieron esto e iban a hacer varieté, contactaron a gente de circo y dije: ¡yo!... pero pensé que iba a ser otro formato. Entonces, claro, fue un poco diferente, estuve tres capítulos y ya no pude ir más porque estábamos en el norte y, bueno, estaba recién cumpliendo dieciocho. Nunca había salido, nunca había viajado sola. Pero fue bonito cumplir esa experiencia... Yo llegaba así, por fin, entrando sola. Fue bacán, lo pasé muy bien, la gente muy amorosa, me trataron súper y me sentí muy cómoda. Por eso yo decía: “Ay no, si esto es para mí”, ja, ja, ja.

Después estuve en un podcast, pero nada que ver con televisión, así que puedo decir que Fiebre de baile fue mi primera experiencia así como tal. A mí una manager me había hablado para la primera temporada, pero yo estaba en otra porque no estaba emocionalmente muy bien, entonces como que no llegamos a nada. Y ya después me hablaron para la segunda y ahí entré porque, claro, la primera igual la vi y entró el Mellow, que es hijo de Lucho, y había gente que al final eran desconocidos, que no bailaban, y conocidos que no bailaban también. Y ahí como que caí en la segunda y fue bacán, porque siento que fue un proyecto como anillo al dedo para mí. Por las luces, el escenario, desplazarme. Y quizás no soy bailarina, pero experiencia tenía en el escenario.

Fue heavy, porque entré con mucha presión a Fiebre de baile. Uno, porque a mí no me vieron bailar, como que igual en un momento me decían: “Oye, pero tú tienes videos bailando”, y yo así como..., o sea, a mí todos me vieron ese día, como que producción me vio ese día bailar, el primer día de Fiebre de baile. Eso, y la presión de la gente que era como: “Ah, mira la nepobaby”, “Ah, la metió Ruperto”, “Ay, mira esto”. Entonces sabía que si me equivocaba la gente me iba a comer viva, porque lo vi con otro participante en la primera temporada que es el Mellow. Y tenía miedo, estaba con esa presión, pero fue bacán, lo pasé muy bien. Me costó mucho, insisto, nunca he bailado en mi vida. Entonces fue aprender y la disposición al 100%. Me tuve que salir del circo para poder así dar toda mi cabeza en Fiebre de Baile y todo bien, creo.

Foto: Andrés Pérez, La Cuarta. Andres Perez

Mi papá me decía: “¿Estás segura de que quieres entrar?, porque no es que entras, te sale lindo y listo”. Él no quería. Tenía miedo porque, según él, yo era muy sensible. Pero cuando acepté ya no podía hacer nada él, así que tuvimos una conversación muy importante y me habló al respecto. Yo pasé todo el proceso de entender que a la gente a veces no le gusta lo tuyo y te critica de mala forma, pasé justamente ese proceso con mi papá, entonces creía que no iba a ser tan diferente conmigo. Pero igual en un momento me afectó, no supe llevarlo al inicio. Después ya chao, de a poquito me fui acostumbrando. Creo que lo que más me afectó es que al principio fallaba cualquier cosa, no salía bien un baile o no era lo mejor que habían visto y la gente me comía viva. Hay gente como que está esperando a que te equivoques.

Mi papá me dijo: “Mira, la tele es sin llorar”. Me decía que tengo que tener cuero de chancho. Porque sí, si igual fue heavy al inicio, no lo voy a negar, pero ahora ya me da lo mismo. Y obviamente de mil comentarios buenos, yo me enfocaba en los dos malos. Era una cosa que me daba vueltas porque me criticaban, no sé, por un baile que yo no sé bailar. Entonces era como: “pucha, lo estoy intentando”. Después llegaba al ensayo y era como: “Puta, Francia —mi coach—, no me está saliendo esto”, y la Francia me decía: “¿Quién te está diciendo eso?”. No, es que la gente está comentando. “Filo, la gente va a comentar siempre”.

Cuando era más chica también me hicieron bullying por mi cuerpo, porque no era una mujer tan desarrollada como la gente esperaba, y me afectó mucho. Y hasta el día de hoy afecta; menos, porque lo he trabajado mucho, pero claro, reabrir ese tipo de heridas fue fuerte. Fue como..., no pensé que la gente, no sé. Yo entiendo que la gente tiene una imagen de mujer televisiva muy diferente, pero igual los comentarios eran heavy.

Cuando me dicen nepobaby, yo digo: sí soy. Es que sí. O sea no, no soy nepobaby oficialmente, ja, ja, pero si me lo dicen es como, sí, al final soy hija de una persona que está en televisión y francamente estoy ahí porque soy la hija de él y así entré. ¿Y qué querís que haga? Lo acepté, ja, ja, ja.

Foto: Andrés Pérez, La Cuarta. Andres Perez

Una cosa es lidiar con la gente que te ve y otra es lidiar con el mundo de la televisión, que es muy diferente. De hecho, lo estoy aprendiendo aún. Es muy exigente bailar. Yo hago circo desde muy pequeña y jamás me había lesionado tanto, así que mi admiración total a los bailarines. Me lesioné de la espalda y un hombro. Pero creo que lo más heavy fue cuando se me luxó la rodilla, porque hasta el día de hoy me duele un poco, la tengo como resentida. Y entender al compañero igual era heavy, porque hay cosas que yo no manejo. Aquí la producción maneja cuándo bailas, cuándo no y todo, y está bien, pero cuando me lesioné hubo gente que me criticó, y no en mi cara. Fueron a quejarse porque yo no bailé y después no me acuerdo muy bien cómo fue, pero sí hubo gente que a mis espaldas lo comentó. La verdad, me lo esperaba de las personas que vinieron. Son personas de las que no esperaba más tampoco.

Vasco (Moulian) es brígido, pero yo me reía de todo. Vasco fuera es buena onda y nada que decir, yo entiendo que es su trabajo, y al final él pone esa gota de picardía en Fiebre de baile, bueno, Fiebre de canto ahora. Al principio entender eso era difícil porque, insisto, nunca había tenido experiencia, y sin experiencia previa entrar de golpe a un programa que le iba muy bien, que me estaba exponiendo full a los comentarios de la gente que sí me estaban criticando, más los comentarios del jurado, era como... uf. Lo bueno y lo que agradezco es que no recibí tanta crítica... porque claro, hay personas a las que sí se las comían vivos. El Vasco sí se los comía vivos.

Quedé conforme con mi participación, porque siento que conocí un lado de mí que no sabía que tenía. Yo no sabía que yo bailaba, o sea, no es que baile maravilloso, pero no sabía que podía bailar. Entonces quedé conforme, pero creo que si se me diera la oportunidad de hacer otro trabajo así, lo disfrutaría más, porque en un punto cuando sentí que estaba mejorando, me ponía esa presión de “no puedo fallar”, cachái, y sola, súper sola. Yo me estresaba sola, y si un baile no salía mejor que el anterior era como “no, yo soy mala, soy la peor”. Quizás me castigué mucho pero sola, con comentarios míos. Soy demasiado autoexigente.

Quiero mi revancha en otro programa de baile, me encantaría. Es que me gustó mucho bailar, te lo juro. Fue bacán.

A un reality show no sé si entraría... en un momento pensé que sí, que dependía del formato. Pero ahora, pensándolo bien, no. Porque me gusta mucho la comedia, quiero aprender más de eso, o entraría a Masterchef. A algo que no requiera estar encerrada todo el día. Mira, Fiebre era como un reality, estábamos todo el día acá, era maravilloso porque teníamos full ensayo, full concentración todo el día, pero dormíamos en nuestra casa. Ya me contactaron de un reality, pero dije que no.

El Club de la Comedia me ha parecido bacán porque me gusta la comedia y también, cuando era muy pequeña, le dije a mi papá que en algún momento iba a trabajar con él. No sabía cómo tampoco, pero yo decreté todo desde muy pequeña, ja, ja. Y no, súper bien, lo paso bien, voy aprendiendo. Claramente no soy la mejor ni soy súper buena, pero estoy aprendiendo y me gusta. Todo lo que me está pasando lo tomo como una escuela para cosas que se vengan más adelante, porque sí quiero seguir en televisión y quiero seguir en proyectos así.

Me gusta la comedia mucho, mucho, me encanta. De hecho, me dedicaría a eso. Pero no sé si standup. No es que no me guste, solamente creo que no soy buena. Creo que de la rama del humor me gusta la comedia como actuada. Los sketches más que un standup. Ahora se viene el proyecto de mi papá, de Ruperto, el programa de él, y yo estaré.

Cuando vi la nominación a los Premios Cordillera fue como un “lo has hecho bien”, ¿cachái? Fue como un premio de “lo he hecho bien”. Más allá de ganar o no, que me hayan contemplado para esa categoría fue muy bonito. Y es heavy, porque aún como que no me cae el 20 de las cosas que están pasando. Siento que ha sido un año muy bendecido para mí y estoy muy agradecida.

Mis papás están súper felices con la nominación, con todo lo que está pasando. Están todos felices y, lo mismo, es como: “Ya, mira, si es que no ganas, no pasa nada, estar nominado es como que, entre muchas personas, te nominaron a ti y eso es muy bonito”.

No me esperaba ser elegida Miss Mundo Santiago. Me hablaron como tres personas para entrar a concursos de misses este mismo año, estando en Fiebre, pero no estaba segura. Como que me veían y me contactaban. Y bueno, obviamente estaba muy metida en el programa, por algo me salí del circo. Entonces todo lo desplazaba un poco, y ya casi al último, cuando me hablaron para Miss Mundo, dije “ya, voy a sentarme a conversar porque si se está presentando tanto esta oportunidad no voy a decir que no y ya”. Fui, tuve una reunión, me gustó, lo acepté y fue heavy, porque cuando era más chiquita yo quería ser miss, las miraba, me gustaba, y que se esté cumpliendo eso también... Siento que este año estoy muy agradecida, pero también estoy muy conforme con que se me estén dando las cosas más allá de ganarlas o no.

Está heavy la preparación, muy heavy, porque hay muchas niñas que llevan años, años como misses. Yo como que entreno, nomás, ¿cachái? Trato de no mirar tanto eso, pero para una persona que tiene cero experiencia con todo lo que es ese tipo de concursos está duro. No es tan fácil como parece. Imagínate estar caminando en tacos de 18 cms por dos horas. Pasarela, pasarela, más clase de oratoria, oratoria, oratoria. Y yo que soy más dispersa que... soy muy dispersa, entonces empiezo a volar como pajarito y es como: “Ya, Antonella, aterriza, tenemos que trabajar en tu proyecto, tenemos que trabajar en esto, tenemos que...”. Y es heavy. Yo dije como: “Ay ya, voy, camino, saludo y listo”. Y no, ja, ja, ja. Lo que más me ha costado es la oratoria, porque cuando me preguntan cosas como que no proceso. Es que te lo juro, soy muy dispersa.

Foto: Andrés Pérez, La Cuarta. Andres Perez

No me da miedo la exposición, pero sí siento que, sabiendo que me duelen un poquito las críticas a mi cuerpo, me metí a la boca del lobo. A la boca del lobo, porque francamente, ya me han hecho comentarios también sobre que no soy tan miss, y es como, claro, la gente tiene un estereotipo de miss y quizás no cumplo con eso. Así que no sé qué estoy haciendo, pero lo estoy haciendo.

Yo creo que me estoy probando a mí misma que puedo hacer las cosas, que puedo seguir a pesar de todo, porque a mí muchos años me pesó el bullying hacia mi físico. Y tampoco es que tenga un físico muy diferente, sólo que no soy lo que la gente espera para este tipo de cosas, cachái. Tengo un físico un poco más como deportista, un poco más atlético, que me sirve para lo que yo hago, pero claro, para la televisión a algunas personas no les gustaba. Y ahora es como: “¿Sabís qué? Lo voy a hacer, porque no tienes que ser como la gente cree para ser miss”. Creo que ese es el mensaje de miss: inspirar a los demás y no todas son iguales. No puede llegar alguien y pensar que no puede ser miss o no puede cumplir ese sueño porque no tiene el físico. Ese es mi mensaje.

Estoy full siguiendo a la Ignacia (Michelson), siento que ha tenido muy poco apoyo, así que lo veo y siento que lo está haciendo maravilloso. Y claramente me imagino que estar ahí debe ser heavy, representando a tu país. ¿Si me veo ahí? ...Sí, ja, ja, ja.

Este ha sido un año bacán, aparte que el 2025 no fue un muy buen año para mí en ningún aspecto. Entonces, no sé si se está cumpliendo todo lo que decreté, pero siento que ha sido un año muy bendecido para mí, que se está cumpliendo todo lo que manifesté cuando era chica; más chica, porque aún soy chica, y nada, un año muy bendecido.

Intenté estudiar, como que probé, pero finalmente me salí. Yo quería estudiar Diseño de Modas y para eso tenía que salirme del circo, porque no podía estudiar online esa carrera. Y justo también estaba en ese proceso de “me voy, me quedo en el circo, estudio, me salgo”. Y ahí fue como, ya, entré y no, ya no. Dije: “A mí me gusta el arte, me gusta el escenario, me gustan las luces, ¿qué estoy haciendo?”. Puede ser que más adelante retome, eso sí.

Foto: Andrés Pérez, La Cuarta. Andres Perez

Estoy dirigiendo un espectáculo en el circo (Érase una vez un príncipe azul). Esa obra se hizo hace como tres años, la creó el productor de mi papá, pero después yo quedé dirigiendo. Se hizo por todo el norte creo, durante tres años. Ahora en septiembre no la hicimos, hicimos otra función y la retomamos en Monticello. Se supone que era el cierre, pero a la gente le gusta y a mí también me gusta, entonces yo le dije a mi papá: “¿La vamos a hacer”, ja, ja, ja.

Ha sido heavy ser la directora, igual es a veces sentir que estoy a cargo de niños de treinta años. Pero pienso que tuve una buena escuela, así que trato de ser una buena líder y ha salido súper bien. O sea, a la gente con la que trabajo, los artistas, es como ponerlos de acuerdo, que estén todos conformes, que se sientan bien, que generen un buen espacio, porque el circo para mí obviamente es mi trabajo, pero también es mi casa. Entonces obviamente me importa que estemos todos bien, que el ambiente esté bien, que no haya problemas. Es un cuento más o menos, en realidad.

El circo me ha dado herramientas para todo. Toda la escuela que tuve con mi papá, el trato que tengo con la gente, cómo la gente responde a eso. Lo que yo veo que a veces me acomoda como directora también lo ocupo aquí, o lo que no me acomoda. Todo, todo me sirve. El circo, yo siento, es como la escuela de todo.

Tengo una relación a distancia muy linda. Nosotros empezamos a hablar el año pasado, pero no se dio nunca nada y tampoco es que estábamos pololeando, solamente conversábamos. Y nunca se dio la oportunidad de vernos porque tampoco fue un buen año para mí, yo estaba emocionalmente muy mal, él tenía sus cosas y ya está. Y hace poco empezamos a hablar de nuevo y fue como: “¿Sabes qué? Me gustas”, “Tú también”, “Ya, po, ¿por qué no?”. Así que empezamos y justo cuando me luxé la rodilla lo pude ver, así que nos vimos y me pidió pololeo. Fue muy rápido todo, pero me siento muy tranquila, me apoya a full en lo que hago y cada vez que puedo lo voy a ver.

Él vive en Estados Unidos, pero ahora no, ahora está trabajando. Es muy chistoso, porque cada vez que hablo de esto la gente me mira así como: “¿De qué parte te estái sacando esa información?”. Es que claro, como es de circo, la gente de circo trabaja por el mundo. Entonces salen contratos de dos semanas o tres meses o seis meses. Cuando terminó Fiebre lo fui a ver a España porque estuvo tres semanas en España. Ahora está seis meses en París, en un show en París. Entonces yo lo voy a ir a ver allá. Y ya después se supone que en marzo termina ese contrato y viene. Viene a dar las bendiciones y se va, ja, ja, ja.

Foto: Andrés Pérez, La Cuarta. Andres Perez

Entiendo que los shippeos y todo eso también es parte de la televisión y de ese juego. A mí me cae bien (Diego Venegas), me cayó bien él, así que cero problema. Además yo tampoco me meto en chismes, no peleo, nada. Y funcionó y me llevo súper bien con él. O sea, ya no tenemos comunicación, pero nos llevábamos súper. Y nada, fue como entretenido, lo encontré muy entretenido.

Lo mejor de estar en la televisión es, personalmente, que cumplí esa meta de muy pequeña y me encanta mucho la exposición y la gente cómo te trata cuando te quiere.

Lo peor de la televisión también es la exposición pero de la otra forma, que es la gente que piensa que tiene el derecho de tratarte horrible en comentarios porque sí.

No tengo sueños pendientes en mi carrera aún. Siento que todo se está dando. Obviamente que me gustaría estar como en un programa quizás más estable, porque si bien estoy casi todas las semanas en El Club de la Comedia, yo no soy parte del elenco en realidad. Así que claro, me gustaría estar ahí o quizás de panelista… ¡eeeella!

¿Con quién me gustaría trabajar? Ay, con harta gente. Yo con todo el mundo. No, pero me gustaría trabajar con la Diana (Bolocco), ja, ja, ja. Con la Diana, con el Claudio Michaux. Michoca es muy bueno, y me gustaría... yo sé que ahora no, pero lo voy a conseguir y lo estoy decretando ahora: yo algún día voy a ser jurado de algo. Y no me importa cuándo pase, cuántos años tenga, pero lo voy a hacer.

¿Dónde me veo en cinco años más? En la televisión. Viviendo acá mismo, ja, ja, ja.

Me hubiera gustado ser actriz o diseñadora de modas. Actriz de drama, full drama.

Un apodo que no se sepa: Cholita. Así me decía mi mamá, mi abuelita. No sé por qué me decían así, ja, ja, ja.

Un sueño pendiente de mi vida… ser mamá. ¡Uy qué raro! ¿Eso salió de mi boca? ja, ja, ja.

El mayor dolor de mi vida fue cuando murió mi abuela, Matilda, el año pasado. Sí, porque mi relación con ella era bonita, y siento que quedé con esa sensación de que pudo ser más bonita. Como que no sé, quizás porque soy muy joven estaba en otra parada, no siempre la iba a ver. Pero son cosas que pasan y tampoco puedo estar todos los días de mi vida pensando en eso. Pero sí me dolió.

Foto: Andrés Pérez, La Cuarta. Andres Perez

Mi cábala es comer chicles o mentitas. Antes de entrar al escenario como que comía chicle, tomaba agua y dejaba el chicle.

¿Una frase favorita? La de mi mamá: “Sé independiente para que el día de mañana no agaches tu cabeza”.

¿Qué otro trabajo tuve en mi vida? Creo que no, que siempre fue vender en el circo. Y en un momento trabajé en la comisión cultural del sindicato circense. Ahí trabajé haciendo todo lo que era como eventos para el circo en general, festivales... como en producción.

Mi primer sueldo me lo gasté en maquillaje.

Escucho de todo un poco, menos cumbia. No me gusta la cumbia. Últimamente estoy escuchando mucho Béele, ayer fui al concierto. Y el reggaetón old school siempre me ha gustado.

Hay una película que se llama Siempre el mismo día, que es una de mis favoritas. Con esa lloré. Yo lloro caleta..., porque sí, porque no. De emoción, de tristeza.

Mi mayor miedo es que otros familiares se puedan enfermar como heavy. Eso, enfermedades.

Si pudiera tener un superpoder sería teletransportarme. Para ahorrarme el taco, para ir a ver a mi pololo, para todo. Siento que teletransportarse sería el futuro.

Si pudiera ser otra persona del mundo por un día... oh my god... Dua Lipa. ¡Aaaah ya! ja, ja, ja. Porque quiero ser cantante también, ja, ja, ja, ja. Imagínate ser una cantante estupenda, británica, ¿cachái? Nooo, Dua Lipa.

Foto: Andrés Pérez, La Cuarta. Andres Perez

Mi comida favorita es el sushi.

Mi trago preferido es la piscola. Con Sprite, eso sí, y me gusta el Mistral. ¿Proporciones? Nunca 50/50, me muero. Soy muy económica, así que no.

Fui muy carretera, pero ya no, cero. Yo sé que soy chica, pero carreteé tanto, creo que fue uno o dos años que carreteé tanto que fue como ya, basta. Ya no quiero: me da flojera.

Creo caleta en el horóscopo, soy Capricornio. Me identifica que soy muy estructurada y muy exigente y autoexigente. Antes veía las compatibilidades y todo eso, lo hice mucho, pero ya no... por salud mental, ja, ja, ja.

Si pudiera invitar a tres famosos —de toda la historia— a un asado con copete, serían Michael Jackson, Shakira y a la Diana Bolocco. Michael Jackson, porque obvio. ¿Qué otra razón te puedo dar? El rey del pop: pa’ que me cante, ja, ja, ja. Traería a Shakira para que me cuente sus chismes con copete. Y a la Diana, loco, porque le pone tanta picardía a todo. Imagínate con copete, ¡no, buen carrete ahí!

Antonella Henríquez es apasionada por el trabajo. Me encanta trabajar, porque en lo que trabajo en general para mí no es trabajo: me encanta todo esto, me encanta el circo, entonces no lo tomo tan como “hoy tengo que ir a trabajar”. Es mi vida.

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