Espectáculos

La Firme con Cristian Pérez: “Muchas radios querían tenerme y no lo hicieron porque hacía farándula”

Cuando aceptó la propuesta para servir de notero en el Buenos días a todos, el “Chico” Pérez se sentía prestado en la televisión. Como lo suyo era la radio, creía estar de paso. Nunca imaginó que pasaría los siguientes nueve años en SQP, primer programa chileno dedicado a la farándula, y que ese personaje, el televisivo, a la larga engulliría al musical. Hace más de una década se propuso remediarlo y hoy, al fin, parece satisfecho con los resultados. Aquí, el DJ devenido referente de la farándula y luego youtuber, hoy panelista en El medio día de TVN, dirá que no tiene arrepentimientos. Que si regresara en el tiempo, haría lo mismo.

Foto: Gustavo Pineda, La Cuarta.

En algún momento, no recuerda cómo, la conversación viró hacia la carrera de Luis Miguel y su “Fiebre de amor”, primera pista de la película homónima de 1985 estelarizada por el propio cantante y Lucero. Lo que sí recuerda es que luego, cuando sugirió que esa canción calzaba perfectamente con Barry White, especialmente por los arreglos de cuerda, el otro invitado, un periodista dedicado a la música, lo miró de reojo, casi que con desprecio.

El hueón me mira con cara de: la hueá que está hablando

Durante años, Cristian Pérez, el “Chico” Pérez, no tuvo más remedio que lidiar con el prejuicio que percibió esa noche en un programa de televisión.

Por lo visto, de nada servía haber iniciado su peregrinaje musical a los trece años, llenando de melodías las casas de vecinos y amigos, luego las discotecas más convocantes de Temuco y Valdivia, y más acá en el tiempo, fiestas multitudinarias en Santiago. Tampoco haber tenido a su cargo el programa Bajo cuerdas de la radio San Sebastián o haber fundado radioActiva y 40 principales. Ni hablar de los remixes que produjo para Pedro Fernández, La Sociedad y Rafaella Carra, o aquel proyecto de música electrónica que diseñó bajo el nombre de PREZ. Su megacolección que excede los doce mil casetes, compact discs y vinilos también quedó eclipsada. A Cristian Pérez ya se le había ceñido como el “Chico” Pérez, panelista y animador de SQP, En portada y Alfombra roja, un referente de la farándula local, y aparentemente, por afiliarse al ambiente del espectáculo, no tenía permitido opinar de música, el leitmotiv de su vida.

La gente pensaba que uno era tonto o liviano, hasta mala leche, y nunca fue mi papel —se defiende el DJ.

El personaje televisivo se impuso con tanta claridad que incluso aún, pese a su canal de YouTube, a sus entrevistas, a sus programas, hay gente que desconoce su costado musical. Dos semanas atrás, en Puerto Natales, un señor que limpiaba el desorden que quedó en Pampa Restobar tras su fiesta 80-90s, se sorprendió al descubrir que era él quien estaba detrás de la tornamesa: “¿Oiga, y usted pone música?”, le preguntó. “Sí”, le sonrió Pérez, “hace como treinta y ocho años”.

Convencido de que hubo radios que pasaron de él por su trabajo en farándula y cansado de que siempre se cruzara en su camino algún experto que menospreciara sus opiniones, Pérez arrancó su camino de reconstrucción en 2013. En búsqueda de legítima justicia, creó Maxivinil, un refugio con más de 147 mil seguidores y que almacena, al término de este perfil, 963 videos. Y después vino El cuarto de música, su propio espacio de entrevistas dedicado a las figuras más relevantes de la música chilena. Fue “una construcción lenta”, admite, pero “pisando fuerte”. Ahora es común que los canales lo busquen para opinar sobre un artista o algún concierto. Y Jorge González, tal vez su mayor ídolo, lo contactó para comunicarle que lo admira su trabajo y que es alguien necesario para la escena.

Foto: Gustavo Pineda, La Cuarta.

De regreso en la televisión abierta desde marzo en El medio día, un formato que le acomoda, sin presiones, dedicado a entretener y pasárselo bien, Cristian Pérez aceptó sentarse con La Cuarta y entrar en los pormenores de su trayectoria. Sus triunfos y sus dolores, el peso de la farándula, las críticas a SQP y su necesaria reinvención.

Por cierto, la historia con el periodista dedicado a la música, cuyo nombre se mantendrá en reserva, tiene final feliz:

Años después, el hueón me dijo: maestro, sigo tu hueá, soy tu fan.

La Firme con Cristian Pérez

Siempre me salí de la norma: mientras mis amigos estaban jugando a la pelota, yo estaba queriendo hacer radio, escuchando música o grabando música de la radio. Esa era como mi pasión y mi norte. Y eso se mezcló con que me tuve que ir de Valdivia, a los quince años, a terminar el colegio a otra ciudad. Me fui a Temuco y estuve tres años yendo y viniendo viernes y domingo, viernes y domingo, viernes y domingo. Así que fui, de cierta forma, bien independiente desde muy chico. Empecé a trabajar muy chico también, a hacer radio desde los quince años. Así que mi recuerdo es así: tuve una infancia bien agitada, en términos de que estuve en muchos colegios, con muchas cosas que hacer.

Yo me vine a Santiago solo, a hacer vida acá. Era una apuesta, porque tenía veintiuno y era como: me voy a ver qué pasa, y bueno, estamos veintiocho años después en el qué pasa, digamos, ja, ja, ja. Ya pasó, hice familia y todo, pero todo mi afecto y mi familia se quedó en Valdivia. Tuve que construir una nueva vida de cierta forma: nuevas amistades, nuevos círculos, y compaginar entre que yo voy y que mis papás vienen. Pero siempre estoy conectado. El sur es un sitio al que necesito volver cada cierto tiempo.

A mí me encanta recordar que soy del sur, sobre todo porque la visión de los medios en general es muy, muy centralista. Todo funciona desde la capital. “No, ¿y qué hacían pa’l año nuevo?”, “Íbamos todos a la Torre Entel”. Y yo decía: pero el resto del país, que existe, no, po. Entonces me gusta mucho desde ahí decir, hey, wait!, hay vida fuera de Santiago, soy de región.

Me queda harto del Cristian del sur, fíjate. A pesar de que llevo toda esta cantidad de tiempo en Santiago, siento que sigo siendo un sureño viviendo en la capital. De hecho, me fui a vivir fuera de Santiago hace ya veinte años, un poco buscando eso: tener un pedacito de tierra, paz, ¿cachái? Vivir alejado de la bulla. Siempre mi gran disyuntiva con el negocio de trabajar en la tele era tener que lidiar con luces y espectáculo, y noches y eventos, a los que yo siempre le hice mucho el quite. Siempre fui más bien quitado de bulla. Siempre preferí volver a la paz de mi casa y eso lo mantengo. En ese sentido, soy súper sureño todavía.

Mi papá todavía tiene un negocio: es el trabajador más antiguo del Terminal de Buses de Valdivia, lleva cincuenta y cinco años ahí.

Yo me he construido a partir de lo que son mis padres. Mi papá es de esos tipos que, yo te aseguro, el día que se vaya, la mitad de Valdivia va a estar probablemente despidiéndolo. Yo paseo por el centro de Valdivia y lo saludan más a él que a mí, pensando que a lo mejor me podían saludar más a mí porque trabajo en la tele, pero no. Es un muy buen tipo. Y eso finalmente, creo, es lo que he rescatado de él y de mi madre también, esto de ser buena gente. El ser leal, ¿cachái? Ese tipo de valores. Siempre entendí y aprendí que es mejor tener amigos que plata, y que hay que ser leal con los amigos. Y ese tipo de cosas, como más profundas, son con las que me quedo, las que me construyeron.

Foto: Gustavo Pineda, La Cuarta.

El legado de la música, por parte de mi viejo, es sin querer. No creo que él se lo haya propuesto. Yo veía que él tenía mucha música y veía que él, los fines de semana, ponía sus casetes y se vacilaba canciones de una forma que yo no había visto, ¿te fijái? Porque la gente oye música, pero en general no escucha música, que son dos conceptos distintos. Yo sentía que a él le provocaba cosas la música y a mí me parecía bonito eso y era como: ¡wow, qué rico que te pase eso! A partir de eso, siento yo, lo copié, y como que empecé a sentir la música también de esa forma. Ese recuerdo lo tengo de muy chico, así que básicamente hago el link de que tiene que ver con él, pero no creo que se lo haya propuesto. De hecho, todo el rato mi papá me regalaba pelotas pa’ Navidad. Por ahí hay una foto mía en Navidad, con una pelota de fútbol, y yo con cara que no la quería, ja, ja, ja. Él quería que yo jugara a la pelota, y yo quería escuchar música.

Partí poniendo música en enero, febrero del ’88. Como te decía, mientras mis amigos jugaban a la pelota yo me quedaba en la casa grabando música, que es una cosa bien difícil de explicar hoy día pa’ alguien que no vivió la época. Porque ahora hay YouTube, Spotify. Es muy difícil explicar que la música no era poder de todos, era poder de algunos. El que la tenía estaba por sobre la cadena alimenticia, ¿cachái? Yo me quedaba hasta tarde juntando casetes y de repente me vi con un montón de música que tenía, y decía, bueno, ¿cómo le echo mano a esto? Y alguien por ahí, una vecina que sabía toda esta historia, me dijo: oye, voy a celebrar mi cumpleaños, podríai poner tú la música ya que tenís todos esos casetes. Y por eso tengo tan marcada la fecha en que partí. Me había comprado recién La cultura de la basura, que había salido en noviembre del ’87, así que tengo fresco el recuerdo de que incluso llevé ese casete. De repente le preguntái a otro cuándo partió y no lo tiene tan claro, pero yo sé perfectamente cuándo fue. Ahí me di cuenta que cuando haces algo y al resto le gusta, genera algo en ti.

Uno de cierto modo también es un artista. La gente, cuando piensa en un artista, piensa en cantantes, en pintores. Pero, en el arte del DJ, también uno se transforma en un artista, en alguien que pone su arte en pro de la gente y la gente te lo retribuye. Y eso es maravilloso. Está el típico ejemplo de los futbolistas, que cuando meten un gol, eso es lo más lindo. Acá es un poco lo mismo: uno cuando siente eso, dice: wow, es la raja esta hueá, me encanta lo que sucede, quiero hacer esto.

Fui el DJ de mi propio cumpleaños, cuando cumplí quince. Ayer buscando una foto de otra cosa, encontré fotos de ese cumpleaños y, claro, mientras todos probablemente estaban esperando su fiesta de quince pa’ agarrarse una minita, o qué sé yo, yo estaba preocupado de que llegaran mis amigos y lo pasaran bien y de yo poner la música. Lo pasé increíble, fue una fiesta inolvidable. Por supuesto que bailaba, y cuando iba a terminar la canción, me iba a poner la otra. Pero claro, es muy raro... es como ser chef y cocinarte pa’ tu cumpleaños, ja, ja, no sé si es tan lógico.

Siempre he sido como un estudioso de la música, un busquilla. Si me compro un disco, soy de leerme el libro al revés y al derecho.

Yo nunca discriminé géneros, siempre me ha parecido que la música, en general, es música: toda. Hasta un par de beats, así como percusiones, yo podría considerarlos música. Por supuesto que, como en todas las cosas, hay música buena y mala, hay música que te gusta o no te gusta. Hay cosas que a mí no me gustan y que la gente ama, no voy a decir nombres pa’ que no se me vengan los haters, ja, ja, ja, tengo varios ejemplos. Pero en general me gusta la música. De hecho, en mi discoteca hay desde música clásica hasta Rammstein, no sé, tengo de todo.

Mi primer trabajo de DJ residente fue en Troubles, en Temuco. Antes era como en fiestas de los amigos, o lo típico, oye, ¿quién conoce a alguien que ponga música? Yo conozco. Pero en esa época prácticamente iba gratis. Al principio me decían, hueón, pero no tengo plata y yo ¡no importa, voy igual! En el Troubles fue el primer trabajo donde ya me pagaban, en el ’91, ’92. Después me devolví a Valdivia y en el ’93 o ’94 fui el DJ de Scanners, la discoteca más grande de allá. También recorrí hartos lugares en Valdivia, más lo que hacía en la radio. Trabajaba pa’ un amigo, que es amigo hasta el día de hoy, que tenía amplificación en esa época, y él debe haber visto en mí, con quince o dieciséis, a alguien que de verdad le gustaba mucho el tema y empecé a hacer fiestas con él.

Foto: Gustavo Pineda, La Cuarta.

Mi papá no quería que yo fuera DJ. En una época, le decía que tenía una fiesta y no me dejaba ir, yo me arrancaba. Un par de veces me arranqué y a la mitad de la fiesta fueron a tocar la puerta y era mi papá, que me iba a buscar. Después empecé a trabajar en la discoteca y yo estaba en la universidad, y él me decía: ok, tienes permiso, pero si llegái a las cinco de la mañana, a las ocho tenís que estar en la u. Fue cediendo, pero con ciertas reglas también. Pero es algo que nos pasa a todos. Yo tengo a una hija grande ya, y uno al final se da cuenta: que no saco nada en luchar contra mi propio gusto cuando el suyo es más potente. Y segundo, al parecer yo tenía dedos pa’l piano. Probablemente si mi hijo quisiera ser futbolista y es malo, yo le diría: flaco... ja, ja, ja. Pero acá probablemente dijo: bueno, le va bien. Siempre estuve en la primera línea localmente, en Valdivia, y por ahí debe haberse convencido, entonces desistió.

Antes uno sólo escuchaba la reacción, lograba escuchar que si ponía algo, el ¡eeeeh! Había una reacción positiva, pero uno no veía a la gente. Era súper raro, y era lo que pasaba en todo el mundo, no sólo en Chile. Déjame darte un ejemplo icónico: en Studio 54, Nueva York, la gran discoteca de los setenta y los ochenta, el DJ estaba como en una especie de segundo piso, en una caseta, no estaba cerca de la gente. Así sucedía. En la primera discoteca en que trabajé, estaba en un sucucho de 1x1 con los vidrios polarizados. En una foto que subí se ve un gran ventilador, porque probablemente me cagaba de calor, y la gente sabía que había alguien allá adentro, pero nunca te veían la cara. Y ahora mutó casi a la electrónica, que el DJ se transformó en una especie de predicador y que está al centro de todo, que la gente mira hacia él.

Me encanta esa figura en la que se transformó el DJ, porque uno conecta más todavía. Ver a la gente, sentir lo que pasa. No solamente entregar esa energía sino recibir esa energía de vuelta. Y suena muy cliché, pero pasa: yo he terminado shows agotado físicamente, pero de la entrega y de lo que recibes de vuelta. Es heavy lo de las energías. Así que me encanta la figura actual. Ahora, parece que la cosa se ha ido chacreando un poco y cualquier hueón aprieta un botón y dice “Soy DJ”. En fin, está bien, es la evolución.

Se ha caricaturizado al DJ, pero entiendo por qué. Hay un poquito de desinformación igualmente. El músico, entiendo que estudió un instrumento o, bien, lo toca por conocimiento propio y siente que eso es mucho más meritorio que apretar botones. Pero apretar botones tiene toda una ciencia también. Hay musicalidad detrás de eso, ¿cachái? Si quiero ser un DJ bueno, tengo que saber contar un-dos-tres-cuatro-cinco-seis-siete-ocho pa’ saber dónde tengo que meter cada cosa. Hay mucha musicalidad en el DJ. Yo, como DJ pero también como persona que toca algunos instrumentos, entiendo cuando los músicos dicen: los DJ no son músicos. Porque, además, los DJ dicen “voy a tocar”, y, hueón, ¡es que saltan de una forma!... Una vez lo expliqué. Los músicos dicen: i’m gonna play a song, voy a tocar una canción. Y cuando uno toca, aprieta play. Y cuando uno llama a la radio dice: tócame una canción. Nadie le dice al hueón de la radio, oye, reprodúceme una canción, ja, ja, ja. Tocar: entonces tiene que ver con eso, no tiene que ver con igualarse.

Toqué batería y toco algo de teclado. De hecho, estuve haciendo música electrónica un ratito. Como PREZ, que es Pérez sin la “e”, ja, ja. También hice algunos remixes para Pedro Fernández, La Sociedad, Rafaella Carra. Hice varios y en esos cd’s dice “remixado por Cristian ‘Chico’ Pérez”. Ahí usaba mi nombre. Con PREZ fue distinto. Me puse así porque había mucho prejuicio, sobre todo conmigo que hice farándula mucho tiempo. Entonces la gente decía: puta, este hueón hizo farándula, es tonto, vacío. Y después hubo mucha gente que lo escuchaba, lo encontraba bueno y preguntaba quién era, y cuando les decía que yo, no me creía.

Yo empecé con quince años en la radio, hacía un programa que se llamaba “Bajo cuerda” en Valdivia. Estaba Gabriel Salas, que era locutor de la radio Concierto en Santiago y marcaba la radio San Sebastián allá. Estaban también los hermanos Guerrero, de Rock & Pop y Futuro. Hay mucha gente que hizo radio en el sur que terminó trabajando en la capital porque era una gran escuela.

Llegué con quince años a la radio, de barsa, a tocar la puerta con uniforme. No me dejaban entrar, porque en ese tiempo entrar a la radio era como entrar a un templo sagrado. Tú, a lo más, podíai llegar a la secretaria que estaba en la puerta, pero no había posibilidad de entrar o ver lo que pasaba en un estudio. Hoy tienen cámaras y puedes ver lo que pasa, y por eso no me gusta mucho la radio de hoy desde ese punto de vista. Pero en ese momento era meterse en un lugar sagrado. Se controlaba con cotona blanca, había una formalidad. Me costó mucho entrar, pero fui tantas veces que seguramente les caí en gracia.

Como era el nuevo, me daban los turnos que nadie quería, los domingos, y mi papá un día me dijo: hueón, ¿por qué vai? Le contesté que me gustaba. Y me pregunta: ¿cuánto te pagan? Me pagaban sesenta lucas en esa época y me dice: yo te paso las sesenta lucas, no vayái. Pero yo le explicaba que no era por la plata. Claro, eran sesenta lucas que me servían pa’ comprarme mis cosas, mis discos y hueás, pero no tenía que ver con eso.

Estudié Ingeniería en ejecución en electrónica mención en telecomunicaciones, ja, ja, ja. En la Austral. Postulé a Ingeniería acústica y no me alcanzó, quedé en la segunda que era esa. Con la idea de cambiarme, porque había plan común en el primer año, entonces se podía uno cambiar. Pero nada, era muy difícil la carrera. Geometría vectorial tenía... los “Cálculo”. Piensa que de esa generación, que éramos sesenta y tantos, creo que terminaron veinte, muy poquitos. Yo estaba chico también, trabajaba de noche y tenía ganas de huevear. Hacía todo al mismo tiempo, entonces al final me terminé echando un ramo dos veces, “Cálculo”, y pa’ afuera. Ahí estudié Administración de empresas al año siguiente. La terminé acá en Chesterton, en el Inacap.

Llegué a Santiago un miércoles, grabé ese miércoles, el jueves me dieron la respuesta y ya el lunes estaba aquí. Así de potente. Volví el viernes a Valdivia, fui a buscar mis cosas, un carrete con mis amigos y me vine. Daniel Guerrero, de La Sociedad, era vecino mío, y Carlos Salazar, vecino mío también. Daniel Guerrero se vino chico a Santiago, porque su papá se vino a trabajar a la EMI, y ahí comenzó a hacer carrera de cantante. Y él se trajo a Carlos para trabajar en la EMI, y años después, Carlos, trabajando ahí, es el que me llama a mí: me cuenta que vienen los colombianos con un radio y que estaban buscando a alguien que pudiera hablar y que pudiera controlar. El sistema americano. Y no existía, po, hueón. Entonces toda la gente que iba a hacer el casting hablaba muy bien y controlaba muy mal o controlaba muy bien y hablaba muy mal. Ahí Carlos me dijo que yo estaba pintado y me vine a hacer una prueba. En cinco días cambió mi vida completamente.

Cuando llamé a mi mamá pa’ decirle que me había ido bien, se puso a llorar al tiro. Le dije: pero ¿por qué? Y me decía: porque te va a ir bien, no sé qué, ya no vas a volver. Es que, además, yo ya me había ido tres años pa’ Temuco, entonces yo ya le había roto el corazón. Cuando me tenía de vuelta en el nido, me fui de nuevo. Mi mamá lloraba y mi papá me decía: no, todo bien, vos dale.

Foto: Gustavo Pineda, La Cuarta.

Celebré hace poco los veinticinco años de la fiesta retro que hago ahora. Esa parte el 2000, pero como te decía, yo vengo de antes. De hecho, en mi casa hay un poster que es celebrando mis veinticinco años como DJ, que esa vez fue en el 2013. Entonces, hubo veinticinco años como DJ y ahora, en Monticello, fueron los veinticinco de la fiesta.

Desde el año 2000 hasta ahora, sacando la cuenta, he hecho más de dos mil fiestas. En promedio son seis mensuales... y el peak fue entre 2006, 2007, que fue el peak de los ochenta. Ahí algo pasó que era toda la hueá ochentera. Las canciones nuevas tenían puros samples de los ochenta, ¡era todo ochentero! Y ahí yo hacía, no sé, Espacio Riesco con cuatro mil quinientas personas. Tú poníai cualquier hueá de los ochenta y llegaban todos los hueones. Hoy día sigue, pero no es tan masivo como antes. Porque, además, este público está más viejito. Piensa que a mí un hueón que me vio el año 2000, en la primera fiesta de los ochenta, tenía cuarenta, ahora tiene sesenta y cinco. Está viejito ese público, sale menos, ja, ja. Pero, por suerte, yo sigo vendiendo y funcionando con ese show. No para. Yo hoy día ya estoy vendiendo marzo.

He llegado a un momento en mi vida en que hago lo que quiero. Y he aprendido mucho en la vida a decir que no. Entonces me invitan a hueás, por ejemplo alguna entrevista a las tres de la tarde y digo, pucha, no. Yo hago esto (el programa) y a la una de la tarde me voy a mi casa. Y a pesar de que me han ofrecido cosas en la tarde, no. Privilegio mi vida también. Trabajo hasta la una de la tarde, me voy a mi casa, así que tengo harta vida en casa. Y los fines de semana desaparezco.

Si me hubierai preguntado hace diez años, te decía: ¿a los cincuenta años seguiré? Lo más probable es que no... pero aquí estoy y la hueá sigue, sigue, sigue. Es difícil estimar. Los grandes DJ del mundo son cincuentones. Están entre los cuarenta y los cincuenta y cinco.

No tengo un gran referente, porque generalmente los DJ famosos son, en un 100%, de música electrónica. Que me gusta, pero no tiene mucho que ver con lo que yo hago. Yo fui el primero que hizo una fiesta retro e itinerante, entonces en el fondo yo construí un poco este negocio. Desde ahí, uno se transforma en referente pa’ otros. Me lo han dicho, he llegado a discotecas y los DJ me dicen: hueón, yo te escuchaba en la radioActiva cuando era chico.

La radio me trajo a la tele. Nosotros hacíamos un programa de radio en 40 Principales, que se llamaba originalmente Qué dicha la ducha, luego Salvados por la campana, que era un divertimento toda la mañana. Yo tenía veinticuatro o veinticinco años, y era un cagadero de risa: hacíamos pitanzas, había secciones chistosas. Nos reíamos tanto, tanto, que yo llegaba a mi casa con dolor de mandíbula. Era muy chistoso pero, a la vez, muy zafado. Tallas medias pasadas pa’ la punta, medias pesadas también. Hacíamos pitanzas bien horribles que ahora veo con el tiempo…, cebadas. Mauricio Correa escuchaba este programa y le encantaba, se cagaba de la risa con la dupla que hacíamos con el Álvaro (García). Él había llegado por un casting, nos gustó y se sumó a este proyecto, hicimos el programa juntos y teníamos química. Y bueno, Mauricio cuando se iba temprano al canal, nos escuchaba y se le ocurrió la genial idea de que en el verano, como Pato Frez se iba de vacaciones, nosotros lo podíamos reemplazar como dupla en off. Yo nunca había ido a la tele, nunca había hecho un casting. Vinimos y por supuesto que no funcionó, porque nosotros estábamos pasados como tres o cuatro pueblos en términos de humor. Mauricio ahí entendió que no era tan buena idea, pero no sé por qué dijo: me tinca que el Álvaro se quede haciendo off y que yo me quedara con él de noteros. Ese fue nuestro primer trabajo, éramos noteros, hacíamos backstage.

Nunca le agarré tanto cariño a la tele, porque yo decía: esta hueá, así como llegó muy fácil si lo ves desde el punto de vista de la gente que sueña, se podía ir muy fácil. Nunca me aferré. Me dio lo mismo, decía: si se acaba esto, tengo la radio. De hecho, fue tan así que, a los ocho meses, la Jennifer Warner se va de TVN y me dice, oye, están ofreciendo esto, ¿te querís venir conmigo? Y yo le dije ya, vamos. Otra persona hubiera dicho: ¡hueón!, ¿dejar TVN por un proyecto incierto? ¡Ni cagando! Pero mi postura fue como: vamos, si no resulta, vuelvo a mi radio, ja, ja, ja.

Sin querer queriendo, porque estas hueás pasan, fui fundador de radioActiva, de 40 Principales, de SQP, de En Portada. Siempre era como de los primeros que estaban ahí.

En Buenos días a todos lo pasé bien, pero ahora miro pa’ atrás y digo: claro, no era experto. Lo pasé bien en general, pero uno era cabro también, po. Era chico, no entendía mucho los códigos de la tele. Es como cuando uno dice me encantaría tener veinte pero con la experiencia hoy día, que tengo cincuenta, y eso no va a suceder nunca, ja, ja. No tuve malas experiencias, pero de pronto uno se ve y dice: pude hacerlo mejor.

Foto: Gustavo Pineda, La Cuarta.

La farándula no existía en ese momento, no había un referente, nosotros hicimos algo nuevo. No tenía un referente para decir: ah, estos son los programas que son pesados y que la gente no quiere. No, eso no existía. Yo pensaba: esto es una nueva propuesta, vamos a hacer nueva tele, algo que no existe en Chile. No existía ese prejuicio. De hecho, cuando yo me fui de aquí, Mauricio Correa me dijo: hueón, no te vayái, ¡¿cómo te vai a ir?!... y me fui, ja, ja, ja. Pero tampoco me equivoqué, ¿cachái? Yo estuve nueve años en SQP.

Yo hoy día no haría farándula de nuevo, no quiero hacer. Me han ofrecido y todo, pero ya lo hice, ya fue. Pero tengo súper buenos recuerdos del SQP. Lo pasé la raja haciendo el programa. No sé si habrá gente así, pero yo no digo: ay, no, no debí haber hecho ese programa. Incluso hay un libro que recoge los cincuenta años de la televisión, cuando se cumplieron los primeros cincuenta años, y hay un capítulo para SQP, y hay una foto donde salgo yo entre todos. Y digo: ¡hueón, yo soy parte, de cierta forma, de un hito de la televisión! Porque SQP después se va a transformar en una especie de Festival de la una con los años. Un programa que todos recuerdan, que todos vieron. Desde ahí, me parece bien haber estado ahí en ese momento. Luego la farándula mutó. Yo ya no estaba, pero empezó a ponerse mucho más aggressor y ahí ya no me gustó tanto.

Siempre tuve que lidiar con el prejuicio, todo el rato. La gente pensaba que uno era tonto o liviano, hasta mala leche, y nunca fue mi papel: yo siempre fui el panelista que tiraba la talla. Cuando estaba Felipe (Avello), están los videos por ahí, siempre estábamos bandejeando. Y era pensado, ¿no? ¡Pero Felipeee, salga de acá! Era como un Jappening, todo actuado, nos hacíamos los enojados para que él luciera. Hay gente que todavía no lo entiende, que te dice: hueón penca, nunca entendieron a Felipe. Y nosotros en realidad estábamos todos haciendo un show para Felipe. Siempre mi mirada fue desde ahí, incluso antes de que llegara Felipe, de echar la talla. Nunca fui yo el hueón que andaba reporteando, ni el del golpe, ni el que decía las hueás más pesadas. Siempre ese fue el papel de otros, nunca me interesó a mí. Yo tenía compañeros que no dormían, que tenían el teléfono toda la noche prendido por si llegaba algo. Yo terminaba el programa y me iba a mi casa, a la radio y chao.

No tuve ninguna polémica importante, ¿que yo recuerde hoy fácilmente? No, hueón. Como te digo, esa no era mi tecla. Lo que pasa es que, con el tiempo, empiezan a meter a todos en el mismo saco. Empiezan como a apuntar ¡SQP, SQP! Y yo digo, hueón, SQP era un programa de divertimento. Tú ves compactos de SQP y era puro reírse. Perdón, pero ¿dónde está el programa agresivo que hacía mierda a la gente? ¿Dónde está? Lo que pasa es que se empieza todo a mezclar, cuando estaba Mira quién habla, Intrusos. Al final todos en el mismo saco: la farándula. Yo creo que se ha sido un poco injusto con SQP.

Nunca me sentí haciéndole daño a alguien. La gente dice que en las reuniones de pauta de SQP se inventaban cosas. Yo nunca estuve en una reunión de pauta en que dijeran “ya, vamos a inventar”... O si había un tema que tuviera que ver con niños, o sacar a alguien del closet, jamás se hizo. Nunca, nunca.

Nadie niega su historia y yo no estoy arrepentido de la mía. Si volviera el tiempo atrás, seguramente haría todo igual, sería parte de los mismos programas, porque además eso me construye hoy día. Yo soy el yo de hoy porque pasé por todo eso. Pero hay días en que... depende también de la intención. El otro día subieron un posteo en una radio, que era como: estudio de la Universidad de Málaga, un estudio penca, dice que la gente es copuchenta, no sé qué, y en la foto aparecían todos los de la farándula, ¡y salía yo al medio, en grande! Y es como gratuito, porque yo estoy alejado hace rato de la hueá, en otra vereda. Ahí como que no me gusta tanto. Me pasa, de pronto, que lo siento como un ataque.

No tengo relación actual con la farándula. Sé que existen los programas que existen, conozco a los personajes que están metidos, pero no veo. Creo que ahora está menos aggressor que hace algunos años. Principios del 2010, 2011, 2012, la cosa estuvo súper power... creo que en un momento estuvo muy agresiva y luego bajó de vuelta. Vino la pandemia, eso desapareció, y ahora encontró como su nivel. Igual está un poquito más agresiva de lo que a mí me gustaría. Pero quién soy yo, ja, ja, ja.

Hay mucha gente que no entiende el negocio de las comunicaciones, entonces cree que decir en la tele “z” provoca el mismo efecto que contárselo a un amigo en un cumpleaños. Y no, po: frente a una cámara no podís decirlo. Eso hoy día no está medido. He visto en unos podcasts a hueones diciendo una hueá que pienso: flaco, ¿estái seguro de lo que estái diciendo? Y no porque sea mentira, sino que tú cachái que no se puede decir una hueá así. Imputar a veces delitos y decirlos como factos, “yo sé que…”. Y después, no, no era…, y no pasa nada. Antes era mucho más complejo: estabai en un canal, estaban los abogados encima. Todo era “habría”, “se dice que”, todo era mucho más cuidadoso. Hoy, hueón, no.

No creo que se vaya a acabar la farándula. De hecho, cuando “se acabó”, no se acabó: no había programas, pero los noticieros decían “Shakira se acaba de separar de De La Rúa”. Y yo decía, pero flaco, eso es farándula, ja, ja, ja, ¿a quién querís engañar? “El rey de España se separa porque andaba con la amante en África”. Todas esas noticias, ¿te acordái? O Vértigo, PH, ¡farándula, po!

Foto: Gustavo Pineda, La Cuarta.

El personaje televisivo, no tengo dudas, le ganó al personaje musical. En el fondo llegó un punto que era: ¿este hueón hace radio? ¿Pone música? ¡Ohh!... Y todavía me pasa. El sábado estuve en Puerto Natales, y un señor que estaba ahí limpiando me dice: oiga, ¿y usted pone música? Sí, le dije yo, hace como treinta y ocho años, ja, ja. ¡Ah, no sabía! Entonces, claro, hay que revalidarse de vuelta. Hay un mundito, más underground, que sabía perfecto quién era yo, que te respeta y todo, pero hay una gran masa que cree que soy un hueón de la tele que se cree DJ o un hueón de la tele que llegó a la radio. Y la historia es toda al revés.

Te aseguro que muchas radios querían tenerme y no lo hicieron porque hacía farándula. No tengo dudas de que eso sucedió. Igual, radio en general no dejé de hacer, siempre estuve. Pero cuando quería hablar de música en serio, había alguien que decía: pero qué sabe este hueón. Me miraban en menos, sobre todo los periodistas musicales, los “expertos”. Me he tenido que ganar ese espacio de vuelta. Porque al mismo tiempo que yo hacía SQP, tenía una carrera muy musical y sabía mucho de música en ese momento, pero la farándula lo cubrió. Luego, cuando quise retomarlo, decir: hey, yo también puedo opinar o puedo ser aporte, claro, tuve que pelear con ese prejuicio y reconstruirme, en el fondo.

Me da un poco de lata tener la necesidad de explicar lo que he hecho, que me ha pasado antes. Cuando dicen: y este hueón no sé qué... me dan ganas de contestar, oye, flaco, pero mira, yo hice esto, esto. Pero en realidad es feo andar diciendo todo eso, como tirar el currículum, ja, ja, ja. Me da lata esa cierta ignorancia, pero hoy día estoy como reconciliado con eso.

En el momento en que Jorge González me manda un mensaje y me dice “te admiro”, ”admiro lo que has hecho”, “eres necesario”..., que piensen lo que quieran, que no sé nada, que soy un hueón de la farándula. Ya me da lo mismo.

Mi camino de construcción ha sido bien largo, Maxivinil cumple trece años ahora. Es largo, me demoré mucho tiempo. Hasta que empecé a encontrarme gente en la calle: oye, veo tu canal, ¡qué bueno!, tu colección se pasó. Y empezaron a cachar: oye, este hueón es más que lo que nosotros creíamos. Entonces se empezó a abrir un abanico ahí. Luego vino lo de El cuarto de música. Ha sido una construcción bien lenta, pero pisando fuerte. Hace algunos años, CNN hace una nota de que se murió, no sé, George Michael y me llaman: Cristian, ¿podís dar una notita? Ahora en el Dale Play me llamaron de vuelta. “Eres una leyenda”, me decían, ja, ja, ja. Eso también ayudó, po.

Una vez fui a un programa de televisión con un periodista de música, nos invitaron a los dos, y me miraba con cara de: no sé por qué comparto yo el espacio con este hueón. Y, puta, yo dije un par de cosas. De hecho, no sé por qué estábamos hablando de “Fiebre de amor”, de Luis Miguel, y dije: hueón, “Fiebre de amor” perfectamente podría ser una canción de Barry White, los arreglos de cuerda, escrita por el papá de Luis Miguel además. Y el hueón me mira con cara de: la hueá que está hablando... Años después, el hueón me dijo: maestro, sigo tu hueá, soy tu fan. Entonces, en ese momento el hueón tenía un prejuicio conmigo. Ahora, yo no seguí haciendo cosas pa’ taparle la boca a él. Digamos, no era mi fin. Pero tenía un prejuicio. Y ejemplos como ese hay un montón. Fue un tema, hoy menos.

Foto: Gustavo Pineda, La Cuarta.

Me habla Emiliano Aguayo, que había escrito unos libros de Jorge González y me dice: Cristian, te quiere ubicar Jorge, ¿le puedo dar tu teléfono?... “¿Jorge González?”, le pregunté. . “Hueón, ¿pa’ qué?” No sé. Dije, hueón... puta, es mi ídolo de la vida, po, hueón. Uno de los. Y le dije, “obvio, dale mi teléfono”. Y me quedé pensando todo el rato pa’ qué, qué será. Además, cacha las vueltas de la vida: yo estaba animando SQP y transmitimos en vivo cuando él bota los micrófonos. Yo referente de la farándula, él odia la farándula. No me calzaba nada. Pero cierta parte de mí decía: debe ser por El cuarto de música, porque ya tenía tres temporadas al aire y estaba bonito, ya los músicos me llamaban para querer estar. Voy manejando y me llega un mensaje. ¿Cachái cuando el teléfono te muestra sólo el enunciado arriba, no el mensaje entero? Y logro leer: “hola, soy Jorge González”. Y, oh, chucha, me puse muy nervioso. Llegué acá al canal, me estacioné, abro el mensaje, un mensaje muy largo, que de hecho lo enmarqué, lo tengo enmarcado, y onda, se presenta: “hola, soy Jorge González, yo comencé mi carrera en un grupo que se llama Los Prisioneros”. ¡Cacha! Y, puta, “quiero decir que te admiro mucho, hueón, que soy tu fan. Encuentro que sabís mucho, me gusta lo que estái haciendo, eres necesario. Usted siga”. Una hueá así me pone... ¡yo no podía creer esa hueá! Es una locura. Un sueño. Yo le contesté un mensaje largo también, le agradecí. Y una de las cosas que me acuerdo que le puse en el mensaje fue: uno nunca se imagina que tus ídolos te están mirando. Y me pasó, po, hueón.

Ahí nos juntamos a conversar con Jorge, me invitó a su casa y nos tomamos un café. Nada de la entrevista, no fue que yo llegué y le dije, hueón, ¿te puedo entrevistar? No, no. No es mi estilo, fui súper respetuoso. Y estuvimos hartas horas conversando de música, nos cagamos de la risa y todo, y ahí surgió de él: oye, podríamos hacer la entrevista. Y la rompió.

Hablo mucho con Jorge, nos mandamos mensajes, nos mandamos música. En la entrevista que yo le hago, él habla de un par de escritores chilenos que le gustaban, entonces me contactaron de la editorial y le mandaron unos libros. Yo se los tengo, así que se los voy a ir a dejar. De hecho, nos íbamos a juntar la semana pasada y yo no pude. Pero tengo pendiente una visita. Hablamos harto de música. Al final, encontró un nerd de la música. Me dice: oye, ¿y te acordái de esta hueá? Hueás que nadie se acuerda, ¿cachái?

Me gusta mucho la entrevista que le hice a Pancho Puelma. Por su historia, ¿no? Porque estuvo en el fango y porque, además, contó cosas bien personales, que no había contado nunca. Me impresionó mucho la capacidad que tuvo de salir. En fin, él es uno. En general, a todos los que entrevisté tienen su sustancia, cada entrevista tiene lo suyo. Me encanta mucho la de Florcita Motuda, la de Alberto Plaza.

Entrevisté al Negro Piñera antes de que se fuera, un año antes. Y claro, son personas que tú creís que nunca se van a morir, po. ¡Es gente que es como eterna! Me impactó su muerte, porque yo lo conocía de hace muchos años, teníamos una relación cercana. Con su muerte, ese capítulo tomó otro cariz.

Me preguntaron ¿hay algún entrevistado con el que sueñes? y mi primera respuesta fue “ya lo tuve”: a Jorge González. Y fue maravilloso. Yo creo que cualquiera que hace un programa de música chilena quiere hablar con él. Así que sí, siento que ya lo tuve. Pero claro, siempre hay gente que uno quiere entrevistar, que falta. Me falta el Beto Cuevas, Buddy Richard, la Myriam (Hernández), Álvaro Henríquez, mucha gente todavía. Y me hubiera encantado tener al Zalo (Reyes) y a Lucho Dimas.

No lo inventé, pero yo fui el que hizo el “¡chan!” de SQP. El original es argentino, lo usaban en Duro de domar. Cuando nace la idea de hacer SQP era una copia, un poco trayendo lo que pasaba en Argentina, y en Argentina tenían este sonido que era como un “¡chan!”, pero son unas trompetas. Lo usan hasta el día de hoy. Y como yo en esa época hacía música y hacía cosas, el productor de esa época me dijo: hueón, ayúdame, necesito replicar este “¡chan!” argentino, pero es muy feo que hagamos el mismo. Entonces fue: ¿cómo lo replicamos? Y lo que hice fue tomar esta idea y buscar un sonido distinto, que no fueran las trompetas. Y ese es el que anda por todos lados. De hecho, me acuerdo que en esa época estaba en la fila del banco y a la gente le sonaba el “¡chan!”, como mensaje, ja, ja, ja. El teclado con el que lo hice aún lo conservo. He ido vendiendo mis teclados, pero ese no lo he querido vender porque encuentro que es como un pedazo de la historia.

Encuentro notable lo que ha pasado con Felipe (Avello), porque en un momento nadie lo entendía. A nosotros incluso nos costó un poco. Yo tengo un humor bien desarrollado y yo creo que uno de mis sellos es siempre tener humor, verle el lado divertido a las cosas, y me costaba menos entenderlo. Pero en esa época, a mí en reuniones sociales la gente me preguntaba: oiga, ¿y él es así? O las señoras de edad me decían: no me gusta ese gallo, ese de bigote, no lo entiendo. Ese era el discurso de la gente en ese momento. Tuvo que pasar el tiempo pa’ que la gente lo entendiera y lo amara y lo idolatrara como nosotros lo hacíamos en ese momento. Nos adelantamos un poco a entender a Felipe. Así que después de lo que pasó, y del fenómeno que fue, a mí me encanta.

Entiendo el cambio de Felipe, uno va cumpliendo etapas también. Yo probablemente no tiraría tallas que tiraba al aire cuando tenía veintitrés o veinticuatro años, que igual éramos cebados. Uno también va creciendo, tiene otros intereses.

Hay poco material de nuestra época con Felipe en SQP. Cuando Rodrigo Danús, que era el dueño, vendió SQP a Chilevisión, lo vendió sin el archivo. Y todo el archivo que abunda es con Cristián Sánchez, porque es el que tiene Chilevisión. Todo el archivo para atrás está guardado en cajas, en cintas. Entonces abunda mucho archivo de Felipe en la época con Cristián, con la Marcela (Vacarezza), con Coloma, pero de ahí pa’ atrás hay un mucho material que es notable. O sea, toda esa época en que Felipe le iba a pegar a René Naranjo, ¿te acordái?, todo eso sucedió antes. Eso está guardado.

La pandemia nos quitó mucho. La pandemia, y más que nada el Estallido Social, hizo que estuviera malo reírse. Era un pecado si tú te estabai divirtiendo. Y ahí desapareció Morandé con compañía y todo el divertimento, y los matinales se transformaron en análisis políticos todas las mañanas. Yo encontraba que era una estupidez. Así que ahora, en el fondo, estamos volviendo a nuestro equilibrio. Está bien que exista todo.

Yo coleccionaba música grabada de la radio. Esa era la forma en que coleccionábamos los que nos gustaba la música en esa época, ja, ja, porque comprarse casetes originales era plata. La gente que tenía plata, una situación más o menos cómoda, tenía la opción de hacerlo. Yo no podía, así que partí coleccionando de la radio, hasta que de pronto por ahí me pude comprar mi primer casete y ya era distinto el sabor, po. Era distinto tener La voz de los 80 grabada de la radio que tener La voz de los 80 en el casete, ¿no? Y ahí me picó el bichito de empezar a juntar la música que quería tener, la que me gustaba, en casetes originales. Así parte mi coleccionismo: primero con casetes, luego compact disk, paralelo el vinilo. Y es un vicio que no paró. ¿Colecciono o tengo el mal de Diógenes? ja, ja, ja.

En total, entre todos los formatos, compact disk y vinilo, tengo 12 mil álbumes. Sí, un poquito más de 12 mil.

Compré la discoteca completa de radio Pudahuel. Quedé loco cuando la vi, pero igual el precio... había que vender un riñón. Me llamó un tipo con el que yo había trabajado, yo no me acordaba, y me dice: hola, soy tanto, trabajamos juntos hace años…, yo era el contador de la empresa. Y me dijo que estaba trabajando con el primer dueño de la radio Pudahuel y que él la vendió a Iberoamérica, que es el consorcio, que vendió el dial y el nombre, pero no vendió los discos y los tiene en unas cajas, en bodegas, hace veinticinco años, llenándose de polvo. Me dijo: él te vio en un programa de televisión donde hablaste del coleccionismo, que tú coleccionabai, y quiere juntarse contigo, porque le encantaría que te quedaras con ellos. Y así partió esto. Nos juntamos un par de veces, tuvimos un par de reuniones. Al final llegamos a un acuerdo, eran seis mil discos y me quedé al final con mil quinientos. Muchos los tenía y otros no me interesaban, así que hice una pega de revisar disco por disco, y el resto lo vendí.

No tengo un disco favorito en mi colección, pero hay varios que nunca pensé que iba a tener. Tengo, ponte tú, un disco del primer concierto que hizo Depeche Mode en Chile, en vinilo, eso no salió nunca oficialmente. Lo conseguí hace muchos años y hasta el día de hoy me dicen: “¡wooh, ¿y esa hueá?!”. Tengo por ahí un maxisingle de Los Prisioneros de “Estrechez de corazón”, que lo busqué por muchos años. Hay varias cosas.

Foto: Gustavo Pineda, La Cuarta.

Me pasa en El cuarto de música que ningún artista tiene nada, por eso es tan bonito el momento en que yo les muestro sus discos. No sé, me dicen: lancé La voz de los 80, y les digo: ¿es este? Y, ¡waaah! Porque la mayoría no tiene nada. De hecho, me acuerdo que entrevisté a Miguelo, me preguntó si tenía algo suyo y le saqué un turro como de treinta discos. Me dijo: hueón, ni siquiera yo sabía que tenía como treinta discos, ja, ja, ja.

Lo que más he gastado por un disco creo que fueron 450 lucas. Sí, fue el disco más caro que pagué alguna vez, por ahí. Pero es una excepción, ah. De pronto hay algo que quieres, aparece y, hueón, ¡es ahora o nunca! Y ese disco vale el doble ahora.

La gente cree que uno tiene todo, sobre todo cuando saben que tenís más de 12 mil discos, pero siempre falta algo. Siempre hay algún disco… de música chilena hay algunas cosas que estoy buscando. Tengo una lista de discos que me faltan: algunos que son conseguibles y que no los he comprado porque soy de la idea de que los discos te encuentran, y a veces porque están muy caros, ja, ja, ja. Los imposibles ya los tengo. Todos los que yo alguna vez dije: esta hueá no la voy a encontrar... de esos no me ha ido quedando ninguno, ya los tengo. Los que busco ahora son gustos más que desafíos.

Maxivinil nació porque yo hacía farándula y tenía esta idea que hablamos antes: de decir, oye, me muevo en otras lides también. Tenía esta gran colección y dije: si hay radios que no me quieren o nadie me toma en serio por el lado de la música, bueno, voy a hacer un canal donde soy mi propio jefe y mi propio editor y voy a empezar a hablar de música. Y empecé a mostrar vinilos y las historias detrás de las canciones. Al principio un capítulo a la semana, ahora vamos en dos capítulos a la semana, y estamos llegando a los mil capítulos yo creo que el otro mes ya.

Hay una estadística inglesa que dice que el 60% de la gente que compra vinilos nunca los abre. Y un gran porcentaje nunca los escucha. Gente que ni siquiera tiene tornamesa. Claro, el vinilo se transformó en un objeto cool, como que te da onda. Yo encuentro que está bien, nomás. Uno tiene que saber diferenciar entre quién es el coleccionista, al que de verdad le gusta, lo escucha y le tiene cariño al formato, y al que colecciona porque... es como tener una polera de Ramones sin en tu vida haber escuchado a tu vida Ramones.

Yo creo que al canal le fue bien porque salió en el momento justo: creció de la mano con el auge del vinilo. Entonces, cuando la gente empezó a buscar “vinilo” o “historia del vinilo” salía Maxivinil, ¿cachái? Y no fue pensado, fue de esas magias que suceden, nomás. Salimos en el momento justo, nos desarrollamos en el momento justo y nos transformamos en referentes sin buscarlo. Es un poco lo que me pasa con ser DJ de los 80s: cuando alguien de una empresa dice, oye, hagamos una fiesta ochentera, ¿a quién llamamos? Por supuesto que el primer nombre que aparece es el mío. Y eso es una construcción. Ahora, ¿quién habla de vinilos? El primer nombre que aparece es el mío. Los astros se alinearon, ja, ja, ja.

Participar en Mi nombre es fue una experiencia aterradora. Lo pasé muy bien, pero es muy aterrador hacer algo que no es a lo que te dedicas. Uno puede cantar más o menos bien, ser relativamente afinado, pero te estás metiendo en un mundo que no es el tuyo, públicamente, en vivo. Entonces es súper aterrador porque da miedo. Yo como DJ lo hago: presentarte a un público, en vivo, con toda la opción de cagarla, pero cantando es distinto, porque te expones. En ese momento no había tantas redes sociales, pero la gente es súper crítica, po. Me metí con la idea de que tan mal no lo hago, que fue la seguridad que me dio pa’ hacerlo, pero el nervio que había detrás de cada capítulo... es como, hueón, no sé si lo volvería a repetir.

Me llamaron pa’ otros programas de canto y siempre dije que no. Porque me parece que ok, lo hice, lo hice relativamente bien, llegué a la final y está bueno pa’ contarlo como historia. ¿Pa’ qué echar a perder eso que quedó bien? Sólo repetí cuando me llamaron pa’ ¿Quién es la máscara?, que era cantar con una máscara. Lo que me acomodaba mucho, porque era cantar sin la presión de la gente, es como cantar detrás de un biombo. Te daba el anonimato perfecto.

Con el “Huevo” Fuenzalida ya habíamos trabajado juntos en la radio y en la tele un par de veces, pero nunca tuvimos una relación tan cercana. Éramos como de encontrarnos y ¿cómo estái, perrito?, bien, ¿y tú?, pero eso. Y nos encontramos en un estacionamiento a principios del año pasado. Yo estaba presentando un proyecto acá en el canal, donde invitaba a un famoso a comer ají, Red Hot Chico Pérez, y le conté. Parece que vamos a hacer el Red Hot en TVN, y me dijo: ¡qué bueno!, yo parto con El medio día, y le dije, puta, hueón, invita, sí, ya, que te vaya bien, chao, chao. Y me llamaron después, cuando partió el programa: oye, podríai venir. Y vine de invitado dos o tres veces, me quedé y, al mes siguiente, ya me dijeron que me quedara de panelista. Llevamos desde marzo y llegamos a acuerdo pa’l próximo año. Lo dije el otro día: me gustó volver en este programa y en este formato, con los temas que hablamos.

Yo seguía haciendo telecable y había tenido la posibilidad de volver a la tele abierta, pero eran cosas que no quería volver a hacer. Ya fue, y fue bueno mientras duró, pero no volvería a hacer eso de vuelta... Y aparece esto que, hueón, ¡perfecto! Me encantó volver haciendo esto. Porque no hay ninguna presión. Yo no soy el conductor, ¿cachái? ja, ja, ja, que te libera de todo. Así que ha sido maravilloso.

Con Roberto Dueñas, antes de conocernos, nos odiábamos. Porque él trabajaba en un programa de Mega y siempre me tiraban palos. Se reía de mí, me hacía pico. Y yo, por el otro lado, en el SQP, también le tiraba. Bueno, llegó a trabajar a SQP y nos hicimos grandes amigos. Después nos reíamos de lo que hacíamos ambos, po. Pasa mucho en este negocio: el yo creí, yo pensé, yo imaginaba que. El prejuicio aquí es fuerte, ja, ja, ja. Con Jaime Coloma, que no lo conocía, también trabajé harto y nos hicimos súper buenos amigos. En general tengo un par de historias, pero yo no tengo muchos problemas con la gente. Soy un tipo con un trato muy liviano, y con toda la gente que he trabajado, cada vez que me encuentro, todos son muy cariñosos conmigo. No hay nadie que me salude de mala cara o que me haga el quite.

Probablemente la vida, pa’ mí, no ha sido tan dura como pa’ otra gente, así que me da un poco de pudor decir que lo pasé mal. He tenido algunos momentos complicados, como esa vez que me tuve que ir a estudiar afuera, tenía quince años, era súper chico. Y uno como que ahí cacha y dice: chucha. Es duro no estar en tu casa, como que la anduve cagando un poco, ja, ja. Falleció mi hermana hace tres años, mi única hermana, más chica. Son momentos súper duros, pero son momentos duros que no me hacen especial. Son cosas que le pasan a todo el mundo. Sí he tenido momentos duros, pero como todo el mundo, nomás.

Mi familia es mi mayor satisfacción. Hay gente que sueña toda la vida con tener una familia, yo tengo una que construí desde la nada. Y también es una satisfacción todo lo que he conseguido en términos profesionales. De pronto el transformarte en un referente, pa’ cierta gente, de algunas cosas. Eso yo encuentro que es súper gratificante. Es como sentir que te vai a morir, pero que la gente va a decir: ah, este hueón sabía mucho de esto. Que alguien te recuerde. Finalmente, dejar huella. Es lo que le dijo a mis hijas: independiente de lo que quieran hacer, tratar de dejar huella en las amistades, en la opinión pública, en el resto. Dejar huella, la que sea.

Chico Pérez nota vinilos

Ninguna de mis hijas se ha pegado mucho con la música. Mi hija mayor sí es muy música: canta increíble, tiene una afinación que yo a veces me sorprendo. Era chica y yo le enseñaba a hacer segundas voces en el auto. Le cantaba la segunda voz, y ahora me sorprende: hace unas segundas, terceras... ¡es seca! Pero lo suyo va por la ciencia, eso quiere estudiar. Y la otra, no, tampoco, ja, ja. De hecho, los discos están en mi casa y nadie los pesca. El otro día mi hija vio una película bonita, la fui a ver y estaba llorando. Le pregunté qué estaba viendo, me dijo la película. Ayer llegó al estudio, y le dije: mira, anda a la repisa y saca el disco 2.124. Te invento, porque los tengo con número. Y fue y era la música de esa película. Y fue como: ¡oooh!, ja, ja. Ahí como que conectan con que en esa pieza está todo, ¿cachái? ja, ja, ja.

Cuando uno ve con el tiempo la pega pa’ atrás, de pronto dice: hueón, a lo mejor no debí haber dicho eso. Pero también tiene que ver con la inexperiencia, con la juventud. O sea, si yo me arrepiento de algo que hice cuando tenía veintiún años... ya, pero hueón, no sabía. O eran otros tiempos, otra tele, otro Chile. Pero, en general, no hay nada en particular que yo diga: puta, me equivoqué aquí. Todos tenemos errores y cosas que hubiera hecho de distinta forma, pero siento que uno aprende de los errores también. En alguna entrevista quizás dije lo que yo pensaba pero a lo mejor lo dije mal, ese tipo de cosas. Pero si no me hubiera pasado eso, probablemente ahora estaría cometiendo un error diciendo cosas que no debo.

Si no hubiera sido DJ y comunicador, me hubiera gustado ser músico, cantante o productor. Me hubiera encantado grabar discos, producir discos. ¿Qué hubiera cantado? No sé... es que es tanta la música que me gusta, que me acomoda la balada, el rock. Me hubiera gustado expresar, nomás. Y me hubiera encantado ser productor de discos. Ahora que me lo preguntái, no me veo de médico, doctor, arquitecto, no. Pero, de cierta forma, siento que hago lo que me gusta. No tengo esta sensación de “me hubiera gustado ser y no soy”.

¿Apodo mío que no se sepa? Es que ahora se va a saber, po, ja, ja. Ya tengo suficiente con el que tengo. No me molesta…, depende la forma. Uno sabe cuando está dicho con malicia y cuando es con cariño. Cuando mis compañeros me dicen “Chico”, uno entiende que es con cariño. De mis cercanos, mis amigos de la vida, nadie me dice Chico, todos me dicen Cristian. Pero entiendo que tiene que ver con el personaje televisivo. Pero con ese tengo suficiente, ja, ja, ja.

Me quedan algunos viajes pendientes. Con mi familia, con mis papás. Van por ahí mis sueños pendientes.

Soy nada cabalero, cero. Aquí de pronto hablamos así como de las cábalas de la luna roja, por decirte, y todos hacen cinco, seis, siete cosas, y yo me doy cuenta que, hueón, ¡ni una! Que usar no sé qué, y en la puerta la planta de no sé qué, y entrar con el pie derecho... ¡y yo no he hecho nunca nada, hueón! Y puta, me funcionó igual, ja, ja, ja.

¿Una frase favorita? Ayer ordenando mi estudio, encontré una carta de mi hija pa’l día del papá, que decía mis frases típicas. Y una de esas era: ¡me encanta esta canción!

Mi picada favorita es Los Deportistas en Valpo, me encanta. Y La Valdiviana, en Valdivia. Ahí te dejo dos.

Mi comida favorita es… cualquier hueá que tenga papas fritas.

Con el trago dependo de la época. De repente soy piscolero y de repente una whiscolita, y de repente me da con el tequila. Me da por temporada, pero no le hago asco.

Foto: Gustavo Pineda, La Cuarta.

Vendí carrier... ¡la caída de carnet!, ja, ja. Pa’ llamar al extranjero teníai que tener un carrier, como el 188, y si tú te hacías socio del carrier, te salía más barato. Tu casa, no sé, estaba casada con el 133. Si queríai llamar, marcabai el 133 porque eras socio. Entonces yo iba casa por casa, debo haber tenido dieciséis o diecisiete años: “hola, ¿se quiere inscribir?”. A mí me pagaban por cada inscrito que conseguía. Trabajé en eso y con mi papá, lo ayudaba en el negocio. El resto se sabe, empecé a trabajar en radio muy chico.

No me acuerdo en qué gasté mi primer sueldo, pero me debo haber ido a comprar música. Sin duda me debo haber ido a la disquería en Valdivia, de mi querido Samuel Guerrero, y me debo haber gastado, si no todo, la mitad en música.

Cocino harto, me encanta. Pa’ la Navidad hice paella, ahí, piola, ja, ja. Cocino de todo. Y canto, que es una cosa que no toda la gente sabe. Se sorprenden, de pronto hemos hecho cosas aquí y me dicen: oye, qué afinado. Esas cosas no se saben mucho de mí.

Me da por época, pero ahora estoy escuchando mucho a M83, que es un grupo francés, a un gallo que se llama Syml y me gusta escuchar música nueva. En Spotify, no sé si cachái, que hay una lista que se llama radar de novedades, descubrimiento semanal. Ahí voy todos los viernes. Siddhartha me gusta mucho también, es mexicano. Por ahí voy.

El mejor concierto al que fui fue el de Kraftwerk. El primer concierto que dio en Chile, en el estadio Chile.

Probablemente no es conocida, pero esto va a servir para que la gente la vaya a descubrir: “El chico”, de Siddhartha, es mi canción. Me apareció en estos descubrimientos semanales y la letra parte diciendo “El chico vuela con la música”. ¡Uf! Fue como si no hubiera nadie más y el hueón me estuviera diciendo: esta canción es pa’ ti.

¿Película con la que lloré? Buuu, ¿tenís tiempo? Soy llorón y me he puesto más llorón ahora de viejo. Me imagino que son con las que ha llorado la mayoría del mundo, pero The notebook, Leyendas de pasión. Una de mis películas favoritas en la vida, que se llama Powder. ¡Tenís que verla, es hermosa! De un niño que nace completamente blanco y que tiene ciertos poderes. Su madre recibió un rayo el día del parto. Es maravillosa.

De series, uno se queda con las que vio más recientemente... pero me gustan las típicas: Breaking bad, Stranger Things, que la terminé de ver ayer. Y así como desconocida, Severance, Silo, Task. Hay varias que me gustan.

No creo en el horóscopo... pero igual me interesa cuando estamos aquí en el programa, y pregunto qué pasa con escorpio, quiero saber, ja, ja, ja. Pero saliendo se me olvidó. De repente hay cosas que calzan, otras que no. Dicen que escorpio es súper vengativo... y yo digo: hueón, ¡no!, next, ja, ja. Yo dejo ir, nomás. Entonces, unas sí y otras no.

Si pudiera tener un superpoder sería poder volar, hueón. Tengo una hueá con volar, sueño cada cierto tiempo que vuelo. Y la sensación es increíble. Yo creo que ese sería.

No creo en los placeres culpables. Si es un placer, no debería ser culpable... no tengo eso como: ay, yo escucho a Cristián Castro... y lo escucho, ja, ja. No, no tengo ningún placer culpable. Puros placeres, nomás.

Si pudiera invitar a tres personas de toda la historia a un asado, con copete, sería al Negro Piñera, al “Huevo” Fuenzalida y a mi papá. Al Negrito, puta, porque creo que el asado con él sería un gran asado. Daniel, porque tiene más historias que… puta, ese hueón sí que tiene historias, ja, ja, ja. Y mi papá, porque también es divertido, tiene sus historias y sería bonita esa junta.

Cristian Pérez es un tipo simple que va sin peso ni cargas por la vida, que encuentra que lo bello está en las cosas más sencillas y que cree que la vida sin música no tiene sentido.

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