La Firme con Fran Sfeir: “Cuando me dijeron que quizá no podía tener hijos, me sentí defectuosa”

Fran Sfeir es la conductora de Sin Culpa, todos los sábados a las 22.30 en TV+. Foto: Mario Tellez.

Actual rostro de TV+, donde conduce Sin culpa, programa hecho a su medida, Fran Sfeir habló largo y tendido con el diario pop para examinar paso a paso su carrera y las diferentes luchas que debió dar para sentirse, recién ahora, satisfecha. La resistencia de su familia a su veta artística, sus miedos, las ganas de tirar la toalla, su “Mono”, el sueño de la maternidad.

La mujer que acaba de tomar asiento a mi derecha, sonriendo, y que saluda, dialoga con el resto acaso con la tranquilidad de un feriado, desconoce que los siguientes sesenta y siete minutos, quizás un poco más, repasará todas las vidas que ha vivido y las que aún la ocupan.

Precisamente aquí, en el quinto piso de un edificio de Avenida Kennedy, donde se fabrica la magia de la tevé, se materializa su última —por ahora última— encarnación: cada sábado por la noche conduce un íntimo espacio de charla donde las mujeres son las protagonistas. Esto último, muy en resumen, después de bastante tiempo le permite por fin sentirse realizada. Claro, como le sinceró al diario pop, le precedieron otros muchos capítulos no tan satisfactorios que completan, lo que ella define, un derrotero de esfuerzo.

Francisca Sfeir es arquitecta de la Universidad Católica —a la fuerza y por cumplir—, atendió su sueño de ser artista —rebelándose a su familia, que prácticamente siempre se lo reprochó—, es actriz —ha participado en varias obras—, cantante —viene de estrenar un single y telonear a Luis Miguel—, hija de un recordado excandidato presidencial, fue la chica del tiempo, panelista y presentadora, encontró al amor de su vida —aunque casi lo deja partir— y pudo ser madre —cuando estaba convencida que ya no y se sentía “fallada”—.

De ahí que, aunque es probable que ahora atraviese el período más feliz de su vida, a la hora de los balances, ella prefiere remitirse al esfuerzo.

El resto, sin culpa, lo cuenta a continuación:

La firme con Fran Sfeir

Mi sueño siempre fue ser artista. Y siempre creí que lo iba a abordar desde la actuación, porque el sueño de ser cantante es mucho más desde la consagración. Nadie es cantante porque estudió canto. Uno necesita alguien que te escuche. Pero sí eres actriz si es que estudiaste actuación. Amo actuar, amo hacer cine.

Estudiar actuación fue mi primera rebeldía ante la formación conservadora de la cual yo vengo, de estudiar una carrera tradicional para poder sustentar una vida. Yo vengo de una familia de mucho esfuerzo, en la que mi abuelo fue el único que se educó para poder educar a todo el resto de sus hermanos. Mi abuelo del lado materno, también, llegó en un barco, pobre, era de la construcción y vendían cosas en la calle. Entonces, la educación era fundamental para mi familia. Como un seguro de vida. Pero la educación de una carrera en la cual yo me pudiera emplear, no una independiente.

Por eso estudié primero arquitectura. Y porque era la artista de la familia, todos lo tenían clarísimo. Pero trataban de llevarme para otro lado. Yo era matea, me iba súper bien en todo, entonces era como perfecto, después haz lo que quieras, pero estudia arquitectura. Me acuerdo que fui a la escuela de teatro, lloré... y puse arquitectura como opción.

Le cambié a mi mamá un regalo: cuando me titulé de arquitectura, ella me iba a regalar un viaje, y le dije no quiero un viaje, quiero un disco. En el camino se dieron vuelta los roles. Como nunca me abrieron la puerta como actriz, yo dije entonces tengo que cantar. Porque nadie me puede prohibir cantar, yo hago mi disco y muestro mi disco. Voy a tratar de abrirme las puertas desde el otro talento. A ver si ahí dicen, oye, acá estoy. Porque como yo estudié teatro fuera de las universidades tradicionales, lo estudié atrasada de la generación, y mi generación ya estaba dentro de todos los canales, quedé casi fuera de esta casta, de este sistema.

Cuando terminé arquitectura y me preguntan “¿cuál es el siguiente paso?” se me salió un velo de la cabeza. Sentí que ya había cumplido ante los estándares o ante las presiones sociales, familiares, todo lo heredado, y respondí a toda la inversión de lo que es una carrera. No es que me la eché o que mandé todo a la cresta, no: cumplí y ahora quería ser feliz. Así de radical. Les dije que mi sueño era ser cantante y ser actriz. Y al día siguiente me inscribí en la Academia de Fernando González.

Fran estudió arquitectura en la Católica, pero en sus palabras, lo pasó "como el pico". Foto: Mario Tellez.

Me fui de intercambio a Estados Unidos, al sueño americano, a trabajar como barwoman y que me descubrieran como artista. Mi sueño era ir a UCLA, a Los Angeles, a estudiar a escondidas actuación. Pero cuando tú postulas a University of California, de intercambio con la Católica, ellos te asignan el campus y me asignaron Berkeley. Y en Berkeley no hay una gran cuna actoral, además que la facultad está alejada de San Francisco. Entonces, ahí dije cagué, y en vez de hacer un año o dos años que quería hacer, hice un semestre y me volví a Chile. Por todos lados intentaba hacer el cambio. Pero por dentro no había ningún tipo de convalidación entre las carreras. Fue mucho tiempo de pelea.

Yo creo que recién hoy mi familia aceptó que tenía razón. Porque gracias a Dios gané varias batallas, po. Ahora soy feliz, tengo mi familia, me siento una mujer realizada y además me sostengo económicamente, que es la preocupación final de todas las aprehensiones que tienen que ver con estudiar una carrera. Lo que quieren tus papás es que te desarrolles y puedas ser libre. Pero en la generación anterior no estaba ser feliz, estaba el tener una carrera sostenible. Y yo hoy día logré todas las anteriores.

En arquitectura lo pasé como el pico. Lo saqué porque soy testaruda y quería comprobarle al mundo de que lo que hago hoy, no es porque no me la pueda en otra cosa; es porque no es lo que quiero. Porque también va a pasar eso: siempre tengo que probarme al mundo, como artista. Ah, es arquitecto, entonces la hueona no es tonta. Porque lo que pasa es que digo “soy cantante” y, al tiro, ¡saaale, esta hueona se cree cantante! Cantante de qué, cantante en la ducha. O sea, son carreras que hasta que no te consagras como un artista exitoso, premiado o de muchas escuchas, no existes, no eres.

Mis abuelos creían que las actrices eran putas. O sea, de esa formación vengo. De un abuelo que, con todo su amor, me dijo tú no puedes estudiar eso. O que en ese mundo de la bohemia, todos eran drogadictos. Obvio que es feo decirlo, pero tenemos que mirarlo con la lupa de esos tiempos, no con la lupa de hoy, ¿cachái? Y yo soy la antítesis de eso. Pero no tenía que luchar contra ese prejuicio; tenía que luchar contra demostrar que lo que me hace feliz era otra cosa.

Mi primer escenario fue Deslenguados y bipolares, con Cristián García-Huidobro y Gonzalo Robles. Digamos, ése fue mi primer escenario consagratorio, porque uno se la juega en miles de pegas por amor al arte, hacís de extra mil veces, son incontables. Y aquí fue como ¡hueón, voy a ganar 50 lucas por función! ¡Woooow! Saltando en mil patas. Le tengo mucho cariño porque tuve que ir inmediatamente contra mi prejuicio también. Yo también tenía prejuicios de hacer café concert, de usar el cuerpo como una herramienta, de usar la sexualidad, la sensualidad, eso de que la comedia es mal vista, es como la clase social penca de la actuación. Es como la risa fácil.

A mí me echaron de escuelas diciéndome aquí no hacemos lo que tú haces. El prejuicio ha cambiado poco. Me echaron del Teatro La Memoria, ponte tú. Yo venía con mi currículum, feliz, a formarme, ni siquiera a pedir trabajo. ¡A seguir formándome como actriz! A invertir en mi conocimiento para seguir generando herramientas, y me dijeron que no, que yo iba a dar bote. ¿Pero por qué? Si ya llevaba tres años actuando en todo Chile... Como que lo que te valida es el drama solamente. Cuando sabemos que en otros países, de la comedia pasái al drama, y del drama al thriller, y del thriller a la serie... ¡y la comedia es algo sumamente difícil de hacer! Pero también pasó algo, como que nos pusimos graves. Hoy día hacer comedia es tirarse al mundo encima. A pesar de que la comedia que nosotros hacíamos no era una crítica social.

Las chicas maquillando a Fran antes de salir en escena. Foto: Mario Tellez.

He tenido que entender que hay muchos sueños que ya no voy a cumplir. Eso me afectó harto. Antes dije que “no hay día en que no piense en rendirme”... pero hoy día tengo una familia. Entonces, lo que en algún momento era mi razón de levantarme, que era mi carrera, hoy son mis hijos. Si ya hay sueños que no cumplí, no importa. Voy a seguir luchando por acercarme lo más posible a ellos, pero también los he reinterpretado. Hoy soy una comunicadora por ganarme un espacio; actuar es comunicar, cantar es comunicar, es inspirar a otras mujeres, empoderar a otras mujeres, desde las posibilidades que la vida me ha otorgado.

Tuve que decirle que sí a muchas oportunidades que yo no hubiera elegido si hubiera querido seguir insistiendo en mi camino. Pero llega un mundo en que la vida también te ofrece... es como el chiste de Dios —¡Dios mío, sálvame! Dios le manda un helicóptero, y él, no, no, es que ya viene Dios. Y después le manda un bote, lo mismo. El hueón se muere, llega arriba y le dice ¿qué onda Dios? Hueón, te mandé quinientas cosas y no las aceptaste—...

A los 30 años, cuando me llega la propuesta de hacer El tiempo en Mega, se me cayó el mundo. ¡Pero se me abrió, po! Al día siguiente yo estaba ganando un sueldo, trabajando en televisión, y tuve que decirle que sí a la vida. El tiempo hubiera sido lo último que yo hubiera hecho... o sea, no me di la vuelta de carnero de arquitectura, pa’ estudiar actuación, pa’ empezar a componer música, pelearme con toda mi familia, quedar pato, en la calle, no tener nunca una independencia económica y seguir viviendo con mi mamá, no priorizar el amor, pa’ hacer el tiempo en Mega. El tiempo no era lo que yo había soñado, pero sí de alguna manera fue como decir ya, me tomo de esta balsa. Fue un antes y un después, de decir ok, la vida me está ofreciendo algo que se acerca a lo que yo quiero crear, el camino que quiero hacer, así que me subo y agradezco.

Telonear a Luis Miguel fue un sueño... fue haber sido abrazada por la industria. Ahí tú te dai cuenta: la vuelta quizás fue muy distinta y mucho más larga de lo que yo me imaginé. Uno sueña con ser tocada con la varita mágica, que te descubran y que al año siguiente estís en Hollywood. Y yo cuando me metí en la escuela de actuación, dije quiero llegar a Hollywood. No sé cómo, no sé cuándo, pero yo quiero hacer cine y televisión, quiero dedicarme a esto. Entonces, después de vivir un camino largo, largo, largo, una vuelta de carnero tremenda, a por fin sentir esa tranquilidad de haber sido aceptada por la industria... Hay una lucha continua de decir pucha, a lo mejor no soy buena, y por eso te querís rendir. O a lo mejor por algo no se me abren las puertas. Entonces cuando me dicen “Fran, quedaste, Luis Miguel, el equipo de Luis Miguel te eligió entre todos los que postularon”, es como un voto de confianza que a mí me hizo sentir que debo agradecerle a la vida y valida todo el camino que he vivido, ¿cachái?

Lo de Luis Miguel fue maravilloso, vivir una tras bambalinas con más de 150 personas, 40 camiones..., era como estar en una película. Ver el auto de él llegar con todos sus vidrios polarizados, verlo ir hacia el camarín. Ver cómo un artista, que es una leyenda viviente, te da un espacio, un lugar de su escenario con todas estas personas que te miran... era fascinante. Suenan los violines, se pasean los mariachis. O sea, lo viví en plenitud, cada segundo. Era adrenalina y agradecimiento puro del privilegio de, además, mirar ese público desde el lugar que uno lo quiere ver, po. Porque yo toda mi vida yendo a conciertos y llorando en el público, por ese sueño de decir yo quiero estar ahí en el escenario. Imaginaba lo que debía ser recibir el aplauso del público, lo que debe ser tener esa conexión con las personas, a través de tu música. Siempre sentí ese llamado.

Fran posa a la lente de la cámara en el estudio de TV+. Foto: Mario Tellez.

¿Un balance de mi carrera? Esfuerzo, autoconocimiento, desarrollar amor propio, no necesitar la validación externa, ir pa’ adelante y aceptarme. Porque muchas veces la pregunta es ¿cuál elegiríai? ¿Quién eres? Ésta soy yo: la que hace todas estas cosas. La que necesita vivir los procesos y el camino largo. Pero también la que no se rinde. La que hoy la gente se conecta con su música. La pintamonos que, a lo mejor, al principio cae mal y que después se dan cuenta las personas que es así porque ha vivido un proceso de represión en su vida, y que ahora quiere invitar a todo el mundo a ser auténtico. Finalmente mi bandera es justamente todo el proceso que he vivido.

Mucho tiempo sentí que tenía que disculparme por ser como soy. Siento que a muchas mujeres les puede chocar esa mujer empoderada, con una opinión súper fuerte, súper radical, que no se queda en los grises. Pero ya no tengo medias tintas porque viví mucho en silencio. Tengo un anillo grande, que la otra vez una señora me dijo que era súper feo, grotesco, y es un anillo que dice “Tal como soy” en el lenguaje de ciegos. Dice eso, porque quiero sentirme libre. Viví mucho tiempo ocultando quién era. Hoy me siento libre, plena, y eso choca, molesta. Quizás no estamos acostumbrados culturalmente. Antes pensaba a lo mejor hoy tengo que andar más calladita, o ponerme menos escote... y ahora me doy cuenta que es lo que me hace sentido, y que así voy a seguir siendo.

Lo de Mi amigo Alexis fue terrible. O sea, lo que menos me acomoda en la vida son los enfrentamientos. Soy una persona a la que le gusta mucho llevarse bien, y a lo mejor es un defecto mío, pero necesito eso, llevar la vida en paz. Me cargan los conflictos. Siempre digo lo que pienso y lo que siento, pero de la mejor manera posible. Entonces lo que pasó ahí fue muy incómodo, muy no-grato, me habría encantado no pasar por eso. Pero fue una gota que rebalsó un vaso. Tiene que ver con procesos en que te sientes poco valorada, te sientes menospreciada, sientes que no se valora tu trabajo, que no te consideran. Al final, era parte de lo que yo tenía que sanar. Yo venía de una familia en la que me pasaba eso, entonces sin querer construí eso en mi ambiente laboral y tuve que sanar para construir un ambiente en el que sí se me valora como soy y en el que me siento cómoda. El entorno ahí no estaba a mi favor..., no sé cómo explicarlo. No hubiera querido vivir una polémica con el canal que me abrió las puertas, pero siento que estoy de acuerdo con no aceptar malos tratos. Quizás no fue la manera correcta, pero lo volvería a hacer.

En 2015, la cantante fue al mejor concierto de su vida: Luis Miguel. Hace un mes y poco lo teloneó... Foto: Mario Tellez.

Cuando mi papá (Alfredo Sfeir) fue candidato presidencial aprendí a conocer la política. Porque yo siempre he sido de esas jóvenes o esas almas que, si no me voy a hacer cargo, ni me meto. Y era más fácil no votar o no estudiar el tema, el que lo hagan ellos... pero me di cuenta de lo importante que es la participación social en la política y el poder construir un mundo mejor. Eso es súper idealista. Y me di cuenta de lo mucho que tenemos en común los artistas, que también somos muy idealistas.

Con mi papá hoy día somos almas gemelas. En ese proceso me di cuenta de lo mucho que teníamos en común. Ese paso de él, por un momento tan expuesto, tan altruista, idealista, en el que quería poner todo su propósito al servicio de un país y tan difícil, nos unió. Nos vimos reflejados el uno en el otro. Fue de la manera más diferente que yo me hubiera imaginado, pero nos hizo darnos cuenta que teníamos muchos principios similares. Muchas experiencias, desafíos.

Para mi papá fue un proceso súper difícil. De exponer tu vida, tu familia... una vez le sacaron un parte y él casi se muere porque resulta que se equivocó en el día de la restricción vehicular, y casi que el mundo lo quería enterrar. Y te dai cuenta de lo expuesto que estamos a la crítica del otro, que te apunta con el dedo sin siquiera conocer todo el trabajo que hay detrás. Y lo más difícil para mí fue verlo no poder cumplir ese sueño. Porque yo creo que la política es un gran instrumento de mejorar el mundo, es el vehículo civil, social que tenemos, pero que está siendo muy mal utilizado en muchas ocasiones. Tener un potencial tan gigante, de entregar, y que no pueda producirse ese espacio para él, es muy parecido a lo que he sentido yo desde las artes.

Mi papá hubiera sido un presidente excelente, pero la política se mueve con otros paradigmas. Con otras estructuras de poder, que él no venía respaldado. Pero él debiera tener un cargo político cien porciento. Él tiene un cargo social, incluso mundial hoy día, en embajadas, en fundaciones. Y estamos desaprovechando un assets, un elemento de cambio sumamente poderoso. O sea, imagínate, él fue asesor del presidente del Banco Mundial, en Naciones Unidas. Estamos hablando de cargos políticos, aunque no se asocien a eso, mundiales. Desde esa vereda él tiene mucho que aportar.

Mi mamá (María Dolores Camarena) es todo el rol de la mujer que yo heredé. Con el que he tenido que convivir, mirar y que reinterpretar a mi manera. Entonces fue siempre mi espejo en la vida. Fue mi mejor amiga porque ella fue con la que yo viví la mitad de mi vida, y de vivir con ella pasé a vivir con el hombre con el que hoy estoy formando mi familia. Tenemos caracteres muy similares, ella tampoco sirve pa’l conflicto, ¿cachái? Somos muy conciliadoras, somos personas que nos gusta unir. Es muy cariñosa. Yo tengo esa potencia que quizás se ve en mi papá, ese carácter fuerte, pero también tengo el lado dulce, familiar de mi mamá.

Fran interpretó el jingle de su padre cuando fue candidato presidencial. Foto: Mario Tellez.

Estoy en una etapa en la que mi familia es mi propósito, mi bastión, mi pilar fundamental. Los otros sueños acompañan ese objetivo, que es el bienestar de ellos. Y me siento súper bendecida de haber cumplido ese sueño, porque yo estaba dispuesta a sacrificar una familia con tal de cumplir mi sueño como actriz. Hubo mucho tiempo que yo estuve dispuesta a eso, porque además mis experiencias en el amor habían sido pésimas. Y cuando empiezas a entrar en el camino de la sanación, del autoconocimiento, te das cuenta de que tú atraes a ese tipo de personas porque tú estás en la tecla equivocada. Entonces, en mi proceso de sanación llega un hombre bueno, que me sana, un hombre que me empoderó y que yo lo empodero a él.

A Juan Pablo (Queraltó) lo conocí en un momento en que fui capaz de verlo, porque estoy segura que unos años antes lo hubiera dejado pasar. Él me conquistó con su simpleza, con su humildad, con su cariño, me cuidaba... Con su admiración también, porque él me admiraba, me miraba cantar y me decía oooh, qué lindo canta...

Juan Pablo dio el primer paso: un día me dejó un regalito. Viajó de vacaciones y cuando volvió me dijo me voy pero te dejo un regalito con el guardia. Y yo me puse roja, fucsia, morada, porque me daba mucho nervio. Fue como ¡oooh me está tirando los cagaos este hombre! ¡Y no sé por qué a mí también me gusta que lo haga! Me conmovió su ternura. Y de ahí fuimos buscando momentos como pa’ alejarnos del grupo y conocernos solos, uno a uno.

No conocía a Juan Pablo... cachaba que era conocido, pero ni siquiera sabía cómo se llamaba. Fue una sorpresa total, y bacán, porque libre de prejuicios.

Como te decía, la primera palabra que me representa es el esfuerzo, porque todo lo que soy y todo lo que tengo, lo he tenido que salir a buscar. Y eso es lo que tengo en común con JP. La maternidad no está exenta de esa lucha, de ese esfuerzo, de esa dificultad, de ese dolor.

Uno de los sueños de Sfeir era ser madre, construir una familia. Foto: Mario Tellez.

Cuando me dijeron que quizá no iba a poder tener hijos, llegué a convencerme que por eso había elegido tan mal a mis parejas. Porque al tener ellos fallas, iban a aceptarme porque yo también era fallada. Me sentía una fallada si no tenía la capacidad de tener hijos. Me sentía una mujer defectuosa..., porque era una incapacidad. La maternidad era algo que yo siempre había soñado, pero había puesto mi carrera antes que eso.

Cuando me enfrento a los 30 años sin una consagración, sin un amor, sin ser mamá, era como no tengo nada, no he logrado nada. Fue una caída libre, una de mis más fuertes. De decir, ¿qué hago? ¿Por dónde empiezo a construir algo? Porque todo lo que he hecho hasta ahora es des-construirme. Entonces, la maternidad fue algo que fue súper difícil pa’ los dos. Por los dos lados veníamos con esa supuesta dificultad de tener hijos.

Cuando nos casamos tomé la decisión, para comprar nuestra libertad, de reservar óvulos, de hacer un tratamiento para comprarme ese plan B. De decir, pucha, necesito que seamos libres en esta decisión de ser papás, y no que sea forzada ni por el reloj biológico ni por nuestra supuesta incapacidad, ni que nuestra relación de pareja se vea presionada por algo social. Que lo busquemos porque realmente lo queremos y no como algo obligatorio... La decisión fue pésima. Viví un proceso casi de violencia obstétrica, en el que me dijeron que mis óvulos eran malos, que eran muy pocos, que esto no era suficiente, que iba a tener que hacer un tratamiento de nuevo y que si yo quería alguna vez tener hijos, tenía que empezar a hacer seguimiento al tiro. En vez de liberarme de la presión, me estacioné en el auto y lo único que pude hacer fue llorar. Se confirmaba que era defectuosa, aún más.

Todo esto nos obligó a hablar el tema con Juan Pablo, a decidir de qué manera lo teníamos que abordar, porque no tuvimos libertad para abordarlo. Viajamos a San Pedro de Atacama y fue hablar, hablar, hablar y hablar, hasta que desde nuestro amor surgiera la liberación y la decisión voluntaria. Y en ese viaje dijimos entreguémonos: no más tratamientos, no la peleemos, lo que queremos es libertad. Vivamos en libertad este matrimonio.

¡Quedé embarazada a la primera! Dejamos de tomar anticonceptivos... y a la primera. Ni siquiera nos enteramos. Yo empecé a trabajar en Canal 13 ahí, me contrataron en el 3x3 y yo decía esta pega no es pa’ mí. Estaba raja: subía las escaleras de ese canal a las cuatro de la mañana y no sabía por qué no me podía ni la vida. Y como no engordé nada, porque estaba trabajando en televisión, los primeros tres meses ni supe que estaba embarazada. Me entero en diciembre por haberme hecho un PAP, por estar en un control médico. Y no lo podía creer... mi menstruación no era ordenada, entonces por ahí no estaba mi guía. Y ahí me doy cuenta que tengo cuatro meses de embarazo, ¡ya estaba embarazadísima!

Mandé a una amiga a comprar unos test pa’ que no fuera Juan Pablo y no se filtrara a la prensa. Me los hice en la noche, al tiro, y fue como ¡hueón, vamos a ser papás! Y a la mañana siguiente, a las tres de la mañana, porque tiene que ser con el primer pipí, antes de irme al 3x3 me hice otro test y se lo dejé en el velador, y le di un beso... y fue como ¡yaaaa, a la vuelta hablamos! <3. Fue increíble.

Para dedicarse a la actuación, Fran prácticamente tuvo que enfrentar a su familia. Foto: Mario Tellez.

Al principio fuimos súper aprehensivos en no mostrar a Amador y Clemente (sus hijos) en redes sociales. En no entregar información sobre dónde estamos, lo que hacemos, el colegio al que van. Tratamos de protegerlos, pero también de vivir en plenitud y con el derecho que tenemos como personas antes que como famosos. Y ellos, nuestros hijos, nos ven realizados en nuestras pegas... pero en la casa. No nos ven en la tele. Y a ellos les cuesta definir qué es lo que hacemos. Me voy a trabajar y Amador me dice ¡Lúcete, mamá!, aunque no sepa lo que voy a hacer. Cuando me ve bonita, bien vestida, me pregunta si tengo que trabajar. O cuando el papá se va de viaje, pregunta por qué se va, adónde y por qué está el auto, porque se va en avión, esas cosas. Hacemos videollamadas. Entonces como que no cachan tanto, pero sí la felicidad y la cercanía que nos da con la gente. Preguntan, pero todavía son chicos. ¿Por qué ella te saludó?, pero eso.

Amador y Clemente tienen mucho amor propio desde la seguridad que les hemos construido. Nosotros somos muy de piel, muy de acompañar, de empoderarlos, de esta crianza respetuosa. Yo soy una estudiosa, tengo un blog de maternidad y crianza que se llama Primerizas, entonces a mí me apasionó el tema de no cometer los errores que se cometieron conmigo. Obviamente voy a cometer otros, pero siento que se han empoderado desde la aceptación. Les hemos desarrollado esa herramienta, entonces desde esa libertad, ellos van a poder desarrollarse en el ámbito que quieran.

El Sin culpa es todo lo que soy, tiene que liberarse con las culpas de la maternidad. Por eso se llama Sin culpa. Tiene que ver con poder dejar el traje de mamá y ponerme el traje de mujer, que les pasa a muchas personas. Tiene que ver con autorrealizarme profesionalmente, en paralelo con la autorrealización de la maternidad, que no son excluyentes. Yo misma creí eso, y por eso pensé que iba a tener que postergar la maternidad porque si no, no me iba a realizar profesionalmente, cuando van de la mano. Tiene que ver con darle espacio a la música, y hablar desde el amor y desde el cariño con las personas, y desde la persona que hay detrás de la pantalla.

A veces uno me podría decir oye, no les hacís las preguntas que todos quieren hacerle, y pucha, que pa’ eso vayan a otro lugar. En mis entrevistas no ando preguntando con quién se metieron ni en qué año se dio tal triunfo. Sino que cómo son sus vidas, su maternidad, su paternidad, si son abuelos, si son felices, cómo les marcaron estas experiencias en su desarrollo. Cómo admirar. Yo elijo admirar al otro, qué poder aprender del otro. Desde esa vereda, como ídolos, rostros, trabajadores, hombre, mujer, ante la sociedad. Siempre voy a elegir que la persona se sienta feliz.

Si no hubiera sido arquitecta y artista, me hubiera gustado ser hippie. Un sueño que no cumplí nunca fue poder irme a un país tropical, como Brasil, y caminar a pata pelada, tener mi tiendita de jugos, y criar a mis hijos con el hombre que amo en un clima exótico. En una falta de ambición absoluta.

El apodo que más me gusta es “Mona”. Es como JP me dice, y en algún minuto incluso pensé que fuera mi nombre artístico. Porque yo soy mono en el horóscopo chino y JP es mono. También es mi mono... somos dos monitos, jajaja.

Frozen es una película muy importante para la artista, porque la vio en un momento crítico de su relación. Foto: Mario Tellez.

Creo en el horóscopo y en todo lo que nos entrega capacidades de transformar nuestro mundo y crear nuestra propiedad realidad. Cualquier herramienta que te haga bien y que tú puedas llevar a tu favor, yo creo que en eso. Yo soy Cáncer y me representa que soy muy sensible, muy cariñosa, soñadora, mamona, latera... atroz. Pero tengo mi ascendente en Tauro, entonces por eso tengo una personalidad y una opinión, muy cerebral. Todos tenemos una condición y un potencial que desarrollar.

¿Sueño pendiente? Miles... ¿Uno? ¡Acostarme con Luis Miguel!, jajajaja. No, muchos. Lo que te decía. Me gustaría hacer cine, hacer teleseries, me gustaría ser J-Lo, Beyoncé, Shakira, y no tengo problema con decir que ya no los cumplí. O que los voy a cumplir de otra manera, no sé.

Y un sueño por cumplir... yo hoy me siento navegando con todos los elementos que necesito, y como que siento que ya tengo todos los elementos para seguir cumpliendo sueños, pero que ni siquiera sé cuáles son. Seguir aportando, seguir creciendo como comunicadora, seguir creciendo como cantante. Seguir desarrollando proyectos artísticos, autogestionando, acercándome a mujeres y poder aportar en el empoderamiento de otras mujeres.

No soy cabalera. Te dije que creo en todo, pero no en las cábalas. Es que es como entregarle el poder a la suerte, y yo creo que la suerte se construye.

Siempre rescato la mejor frase de las películas, como “First we try, then we trust”, de La Emboscada, o cuando la vieja dice “What have I done!” en Great Expectations... pero creo que la vida tiene muchas lecciones y si hay una frase que me identifica hoy es “Tal como soy”.

Mi picada favorita es el Teno Sandwich, camino a Ninhue, cuando voy a ver a mi papá. Ahí me pido el sandwich de palta, pero no, lo que pidái: es maravilloso. La torta de milhojas es espectacular.

¿Qué otros trabajos tuve? Fui mesera, arquitecto, anfitriona, promotora.

Mi primer sueldo real fue El tiempo en Mega y yo creo que me lo gasté en ropa, jajaja. Llevaba tantos años de austeridad, de sentirme que no tenía derecho de comprarme cosas, de darme gustos, porque estaba cambiando de carrera, viviendo con mi mamá... yo reciclé la ropa, la ocupé tanto tiempo que yo creo que sí, que me di un gusto de decir sí, pago con tarjeta.

Fran Sfeir está hace años casada con Juan Pablo Queraltó. Fruto de su relación, nacieron Amador y Clemente. Foto: Mario Tellez.

Una pasión escondida es que pinto. Pinto cuadros, también me gusta mucho la artesanía. Hacía collarcitos. Me gustan mucho las artes manuales, me relajan. Pero hace cinco años o más, que mis hobbies están absolutamente en el olvido. Ahí están empolvándose los cuadros.

Escucho de todo, pero de verdad... Con JP pura cumbia y música latina. Él no sale de Luis Fonsi, Marc Anthony, Ricky Martin. Camino a Rancagua escuchamos eso. Yo, mucho anglo: Mariah Carey, Whitney Houston, Adele, Beyoncé. Trato harto de escuchar los hits del momento, pero consagrados. Veo Billboard y todo, para estar al día. Harto ochentero y noventero.

El concierto que más me marcó fue Luis Miguel en el 2015. Estaba sentada muy adelante y por primera vez JP me invitaba a un concierto. Además de un ídolo de la infancia. Lloré tanto por estar viendo tan cerca a un hueón tan seco, tan ídolo, increíble. ¡Y después telonearlo! Cerré el círculo.

Con Titanic lloré al punto de vomitar y que me dio fiebre. Me hundí, jajaja... lo llevé a otro nivel. Great Expectations, lloré, es que te mueres. Es que es ese amor, oh, difícil. Yo viví mi vida pensando que el amor era difícil y sufrimiento, que el amor era dolor. Pero yo lloro hasta con Los Trolls, po.

La película que realmente ha marcado mi vida fue Frozen. Porque fue el minuto en que yo me di cuenta que tenía el corazón congelado porque no quería sufrir. Y con Juan Pablo, algo que nadie sabe, un tiempo como que terminamos. Y justo cuando íbamos a darnos un tiempo, vimos Frozen juntos y yo lloraba, lloraba, como diciendo perdón, yo tengo el corazón congelado. ¿Por qué no puedo entregarme a este amor que me hace bien? Yo sentía que si no sufría, no era amor. Y en ese tiempo, yo fui la que volvió. La que se saltó la regla de cuánto tiempo íbamos a estar separados. Dije, hueón, onda, sánate po. Entrégate, tírate el piquero.

No tengo tiempo ni pa’ hacer el amor, menos pa’ ver series, jajaja. La última que vi fue Elite, súper juvenil, súper de apagar el cerebro.

Tras una larga vuelta, "de carnero" dice ella, ahora la actriz se siente realizada. Foto: Mario Tellez.

Mi placer culpable es comer. Comer mucho, comidas que sé que engordan. Chocolates, la empanada frita de queso, los completos. Saber que estoy saliéndome de la dieta, po. Saber que estoy rompiendo las reglas. Honestamente creo que siempre va a ser un placer culpable, porque en mi caso, además, tengo todo un tema con eso.

Mi trago favorito es la piscola. ¿Cómo la sirvo? Primero el hielo, tres o cuatro, ni muy muy ni tan tan, pero no dos porque es muy poco. El pisco que tape los hielitos, pero no tan pa’ arriba porque si no, te fuiste al tecito. Y después una bebida recién abierta: light, Coca Cola. ¡La blanca no existe!

Si pudiera invitar a tres personas de la historia a un asado —con copete— sería a Juan Pablo Queraltó, Coco Legrand y Adam Sandler (o Seinfeld). JP sin dudas..., sí, porque quiero que viva lo mismo que yo estoy viviendo. Coco, porque me encanta reírme, cagarme de la risa y él es un seco. Y otro comediante, un Adam Sandler o Seinfeld... un hueón con el que nos caguemos de la risa. Porque al final yo creo que hay mucha autenticidad en saber reírse de uno mismo. Son personas que han pasado por todo.

Fran Sfeir es una mujer real, auténtica, en búsqueda de la felicidad. Y que hoy se acepta y es todo lo que es.

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