Por Guido Macari MarimónLa Firme con Gonzalo Robles: “Mi papá murió a los 60, mi hermano a los 48 y mi mamá a los 67... Voy en los 74 y todavía tomando café y hablando huevadas”
Quien encarnó a recordados personajes como “Caroca” o “Hermosilla” hace un repaso de su historia personal, laboral, y cuenta su presente. Por estos días actúa en una versión de la mítica Hamlet. “Lo peor que puede hacer uno es dejar de trabajar”, advierte.

—¿Quién es Gonzalo Robles?
—El que está hablando contigo.
—Pero alguna cosa ingeniosa...
—No, no tengo hueás ingeniosas —contesta Gonzalo Robles García (74), tajante—. Hace mucho rato que no soy ingenioso.
Sentado en un café entre los pasillos del mall de Plaza Egaña, bajo la luz artificial y los ecos que dejan los paseantes del centro comercial, el intérprete —aunque trata de hacerlo a través del humor— habla sobre sí mismo con cierta soltura, casi sin eludir aristas; y cada vez que tiene la oportunidad, saca a relucir algún dato que maneja, histórico o de contigencia, o alguna curiosidad que lo impresiona:
—¿Sabías que la mente es infinita? —plantea Robles al reportero de La Cuarta—. El cerebro es una hueá que va para miles de lados. No han averiguado todavía cómo funcionamos... O sea, saben, pero esto de que uno de repente tenga chispazos de su vida, que son conexiones mínimas que se juntan...
También, mientras mira alrededor, a otros clientes y gente sentado en torno al local, se pregunta: “¿Qué haría la gente sin celular?”, ya que, en efecto, muchos transeúntes —varios de ellos ya de la tercera edad— están pegados a sus teléfonos. Rato antes, mientras afuera del mall se tomaba la fotos que acompañan esta entrevista, le compró un par de paquetes de pañuelos a un sujeto en silla de ruedas: “¿Cómo te ha ido?”, le pregunta al sujeto de boina tras la transacción.

Por estos días, Robles es parte del montaje Hamlet-Multitud —dirigido por Claudia Echeñique— una versión contingente de una de las grandes tragedias escritas por William Shakespeare, y el actor interpreta a Polonio, consejero del traicionero rey Claudio, siendo parte de un elenco que además incluye a figuras como Julio Milostich y Ximena Rivas. El montaje se exhibe en el Teatro UC, Ñuñoa, de miércoles a sábado hasta el 30 de mayo a las 19:30. Entradas, ACÁ.
En entrevista con La Firme, él no sólo habla de la obra, sino que hace todo un recorrido por su historia personal y laboral, desde su “feliz” infancia, hasta su ingreso medio que sin mucho pensarlo a la actuación; su etapa más política, incluso trabajando en las sombras contra el régimen de Pinochet; la serie de muertes que marcaron su existencia, padres, hermano y su amigo Rodolfo Bravo; personajes más memorables, como “Caroca” en Los Eguiguren, o “Hermógenes” en Hermosilla y Quintanilla; su historia en el amor, hoy casado con la directora Tatiana Gaviola; su faceta de padre; mirada política; la parálisis facial que sufrió en el 2023; el paso de los años; entre varias otras cuestiones.
—Estafé al hueón más querido de Chile, ¡lo dejé en la ruina!, a “Juan Herrera”, jejeje —recuerda entre medio sobre su rol en Los 80 y alude al papel de Daniel Muñoz—: Al hueón más querido lo hice chupete. Y la gente me reclamaba… en buena, sí.
LA FIRME CON GONZALO ROBLES
¿Un recuerdo de mi precoz infancia? Viví un tiempo, cuando era bien chico, cerca del cerro Calán, en Los Dominicos. No entré a kindergarten porque quedaba lejos el colegio y mi mamá no quería llevarme. Me iban a hacer clase a la casa unos profesores; llegaban y me arrancaba para el cerro, pa’ esconderme, JAJAJA, e iba a jugar allá. En ese tiempo era un peladero. Después entré a la primera (primero básico). Fui muy feliz. Siempre he sido tira pa’ arriba y buena onda. A los 14 años me encontré con la realidad, pero igual seguí siendo feliz. No tuve traumas tremendos en mi casa; cambios de colegio, nomás.
Es una historia muy antigua: me echaron del San Ignacio Alonso Ovalle porque tuvimos un problema con el libro de clase, que desapareció. Nos llevamos el libro. Yo no quería llevarme el libro de clase, pero me dejé llevar por los otros cabros e hicimos un pacto de silencio, y lo rompieron los dos y cagué yo... No aguantaron ni 24 horas.

Jugué rugby como juvenil en el Stade Francés con mis amigos que vivían por ahí cerca. Lo pasé muy bien. En la universidad me metí en otra onda. Pero me gusta. Fue una época re linda. Y jugamos un campeonato con los argentinos, que eran bien chanchos los huevones. Era un deporte rudo, había que ser fuerte.
Me metí a estudiar Construcción civil en la Universidad Católica y duré un mes. No me gustó. No era lo mío. Me había metido porque un amigo mío me dijo: “Oye, métete pa’ acá, lo pasamos bien”. Me fui a meter a la Escuela de Comunicaciones de la U. Católica y estaba cerrada (la abrían cada dos años), y de ahí me metí a Teatro, y me quedé para siempre. Otro compañero del San Ignacio me dijo: “Métete (conmigo) a Teatro, ¿qué estás hueveando en Construcción?”. Me entusiasmó y me metí. Mi compañero tuvo un problema el segundo año y yo seguí en la escuela de la U. de Chile, feliz, en 1972 y principios 73. Lo pase muy bien en esa época, la Coca Guazzini era mi compañera, la Rebeca Ghigliotto y varias más.
Para nada tenía el sueño de estar en la tele. Cuando estudiamos Teatro nunca pensamos en el cine ni la televisión; había re-poco, pero igual no era lo mío. Para mí era el hacer teatro, de vanguardia y social. Fue lo que hice en mis primeros años.
Yo en la secundaria no era político; me puse en la universidad. A los 18 años estaba metido en la onda política, que me interesaba, el gobierno (de Allende), “el hombre nuevo” e íbamos a construir un “mundo diferente”. Yo venía más bien de la onda hippie; me llamó mucho la atención y me sentí interpretado. Lo pasé muy bien en la Unidad Popular, que ha sido de los años más hermosos que he vivido. Fue por amigos de esa infancia que seguí esa onda, Woodstock y todo. Tenía 20 años y había abrazado la causa de la UP y socialista, y nos pilló este golpe, que nunca lo esperamos. Fue muy fuerte para toda la generación.
Estamos en un mundo complicado. La gracia de la Unidad Popular era que uno podía decir lo que se le paraba la raja. Me acuerdo de unos ejercicios en la Escuela de Teatro, con respecto a la Iglesia, y nadie te decía nada. Por eso era un mundo muy ideal para uno, porque criticabas y el otro opinaba otra cosa. Era muy interesante. Incluso había un radio mural anarquista, jaja, y estaba el de los comunistas, socialistas y miristas (yo siempre me he identificado como socialista)... ¡Había de todo!
Mi familia era más bien de derecha. A mi padre, de repente, le dio por irse a la izquierda, y ahí más me gustó la cuestión. Es que era una huea popular, era muy bonito. Mi padre era ejecutivo de una empresa, pero igual. La familia, por el lado de mi papá y mamá, eran totalmente de derecha, los hermanos y todo los huevones. Yo no era oveja negra de la familia, sino la roja, jajaja. Incluso a unos matrimonios de unos primos míos no fui, porque había mucha gente, y en uno estaba hasta la Lucía Hiriart. Hablo con ellos. Pero poco. Casi nada, jajaja. Pero tengo buena onda si me junto. No tengo problema de conversar y los agarro para el hueveo cuando puedo.

Siempre ha sido mirada en menos la comedia, desde los griegos. Aristófanes, que es un tipo que escribía comedia, era muy mirado en menos en tiempos de Aristóteles; e incluso en los romanos también, Plauto. La comedia siempre ha sido mirada menos, porque lo otro es “más trascendental” y es “más profundo”... y la comedia es lo mismo: también miras la realidad, y las primeras comedias también eran críticas. Me gustaba la comedia porque me gustaba vivir, pasarlo bien. Pero mis primeros años fueron súper serios; tuve ese complejo con la comedia.
Con un compañero hicimos un show que se llamaba Molière, y estaba la Elsa Poblete y Emilio García; hacíamos varios pedazos de Molière. Después ya entré al Teatro Imagen, con mi profesor Gustavo Meza, que me había hecho clases en primer año — y lo echaron después— . Ese semestre que lo echaron lo ayudé porque lo llamaban para hacer propaganda de la televisión, y hacía entre de productor, extra y de todo. Y en Teatro Imagen empecé a hacer teatro-teatro, durante ocho años, de 1976 a 1983.
Me llamaron para hacer teleseries, y era de galán, que era joven po’, en 1976. Entré como avión porque entré al teatro profesional y la televisión. Hice dos o tres teleseries, en blanco y negro, Sol tardío, La colorina, La familia de Marta Mardones, La madrastra y varias cuestiones. Era galán, villano y de todo. Después empezamos a hacer comedia.
¿Fui galán fuera de la pantalla? No soy de esa onda. Pero seguramente deben decir por ahí que alguna vez fui seductor... Yo a través del humor me conecto con la gente, de niño. Tengo compañeros de barrio con los que seguimos siendo amigos desde los 9, como Juan José Figueroa y Patricio Brown, y con ellos chacoteamos y lo pasamos súper bien. Conservo esas amistades de hace muchos años. Nos juntamos de repente a pasar el tiempo, las enfermedades, y seguimos siendo amigos.
Andrés Rillón fue profesor de nosotros, y con él hicimos el egreso en la U. de Chile (era brillante y MUY especial) —una improvisación que se llamaba Cachito pal ciego—, y agarramos buena onda, y me llamó para ir a trabajar en programa con (Jaime) Celedón, y después al Vamos a ver, con Raúl Matas. Ahí empezemos a hacer comedia. Venían artistas importantes, como Camilo Sesto, Grace Jones y Pedro Vargas; y nosotros, dentro de todo eso, hacíamos unos sketchs, con Rillón, que era el que los inventaba y dirigía.

Una vez me rompieron el auto a hachazos en los tiempos de “Pinocho”. Yo ya había hecho la teleserie La madrastra, y ya trabajaba en el Vamos a ver en el canal 7 (TVN), en plena dictadura. Pero también, por otro lado, trabajaba en contra del gobierno, entonces me cacharon estos huevones y un día me rompieron el auto nuevo que tenía, un Volkswagen escarabajo, en la puerta de mi casa, ¡a hachazos!, los conchesumadres... Sentí ¡TA-TA-TA! Miré por le ventana, vi algo, pero no caché mucho, y seguí durmiendo... la típica del hueón irresponsable... Y me levanté en la mañana y estaba la cagada, en el techo y el capó. Nunca supe quién fue.
Una vez me preguntaron en Vamos a ver: “Oye, Te vieron en una reunión, hueón, el 19 de abril, en el aniversario del Partido Socialista”. Y yo había ido a al Cementerio General, por Gerardo Espinoza, un dirigente socialista. “¡¿Cuándo?!”, respondí. “En abril”, me dijeron. “Ah, no, era mi cumpleaños, que es el 22 de abril”, contesté. Me la saqué diciendo que toda esa gente estaba reunida por mi cumpleaños. Los hueones tampoco le dieron mucho color... ¡hueones también!, jajaja.
Era socialista y activo en esa época, entonces tenía esa doble (vida). Y trabajaba en las juventudes del partido, y fuimos a un congreso. Originalmente tenía que ir a la RDA (Alemania oriental), y fuimos una delegación a hablar con (Carlos) Altamirano. Esa es la parte seria. Después pasamos por La Habana y trajimos algunos dineros, que las traía en la billetera para agrupaciones de detenidos desaparecidos, ¡en la billetera! ¡Como cuatro mil dólares! Fui al baño en el avión, salí y sentí: “¡Conchetumadre, no tengo la billetera!”. La típica. Fui al baño, ¡abrí la puerta!, y había una vieja sentada, ¡y estaba la billetera en el piso! Me la metí, me fui y me hice el dormido, para que no me huevearan, jaja. Pasé muchos sustos, pero tuve mucha suerte. Nunca me cacharon. Después, más público, estuve en una cuestión que se llamaba Convención de Derechos Juveniles.
Tengo ganas de volver a Praga, que fui en la época en que era Checoslovaquia. Ahí caché que la cuestión estaba media mala. Estábamos fondeados, clandestinos, y nos fuimos a tomar cerveza a un local; y yo no cachaba que la cerveza checoslovaca tenía 12 grados... ¡chuta! Y habían unos trabajadores, unos obreros, con los que tratamos de conversar, de entablar conversación, en la buena onda. Y llegó la policía y los alejó. “Algo anda mal aquí”, pensé, porque les podíamos decir cosas. Caché que el socialismo era más complicado. Es difícil.
Hernán Larraín nos canceló una obra, Lo crudo, lo cocido y lo podrido, de Marco Antonio de la Parra —que fue la que lo consagró—, que fue en el Teatro UC. El día antes del estreno, Larraín, que era director de comunicaciones de la Universidad Católica, la vio y dijo: “Esto no se dará”. Y Gustavo Meza dirigía la obra, entonces avivamos y dijimos: “Tenemos que hacerla nosotros en el Teatro Imagen”. Y me conseguí plata afuera con el Partido Socialista. Montamos esa obra y nos fue el descueve; demostramos que la obra era brillante, y estuvimos mucho tiempo con ella: se podía hacer ese tipo de teatro.

La Coca Guazzini con Cristián García-Huidobro hicieron los papeles de los “Valverde”, entonces les dije “¿por qué no hacemos familias?”. Fueron al Norte a hacer un café concert, yo estaba casado con la Coca, y me integré; pero no tenía personaje, entonces, rascando por todos lados, inventé esta cuestión del “Caroca”. Era una aparición, empezamos a huevear y nos gusto. El “Caroca” era parecido a un gásfiter que iba a la casa, que se las sabía todas, jaja, el “Piroca”, que era divertido. Después se sumó la Malucha (Pinto). A “Los Eguiguren” en Sábado Gigante le fue súper bien, ¡al tiro! Enganchamos.
En “Los Eguiguren” al principio todos (los colegas) nos miraban así: “¡¿Cómo están en Sábado gigante?!”, como de “segunda clase”... Y después, como nos iba tan bien, todos querían trabajar con nosotros; se fueron cambiando los roles. Estuvimos harto tiempo hasta que quisimos agrandarnos e hicimos De chincol a jote, que nos fue el descueve. No nos dejaban ir, y con una conversación pudimos salirnos de Sábado Gigante.
Don Francisco no quería que nos fuéramos. Nos quería más que la cresta y nos invitaba pa’ la casa. Y fuera de que nos quería mucho, nos iba muy bien, servíamos al rating... Nos hubiera ido mal y nos echaba cagando para afuera... Ya no tengo ninguna relación con él, pero me cae muy bien, fue una gran persona con nosotros. Re buena onda, no tengo nada de qué quejarme.
En Sábado gigante teníamos hartas restricciones, que igual era la gracia. En esa época Canal 13 era de la Universidad Católica; no se podía hablar de política, ni decir garabatos y en doble sentido casi nada. Por eso le gustaba a la gente porque buscábamos por aquí y allá para darle la vuelta. Era difícil, pero eran las reglas, y nosotros nos adaptamos y las sorteábamos. En Na’ que ver con Chile me acuerdo que ahí teníamos censura; veían el capítulo antes de que saliera al aire. Y en “Los Eguiguren" íbamos en directo.

Con la Coca Guazzini seguimos siendo amigos. Hace uno tiempo hicimos a “Los Eguiguren” después de muchos años.
En 1981, En La madrastra yo hacia al hijo de Arturo Moya Grau, que se llamaba “El Langosta”, que era el malo, entonces yo estaba acostumbrado a hacer de malo. Después, en el 2007, hice a “Ricardo Assad”, el que estafó a “Juan Herrera” (Daniel Muñoz). He sido de galán, característico, malos, buenos y de todo. La gente antes me decía cosas. Después, cuando hicimos a “Los Eguiguiren” y De chincol al jote, no me huevearon más por malo.
La gente todavía me huevea, como todavía repiten cosas antiguas en REC (Canal 13) y qué sé yo. Parece que estos personajes quedaron grabados en la retina de los huevones... en la retina de la gente, quise decir, jejeje... Los que más siento que quedaron en la retina son el “Caroca” y “Hermosilla”. El otro día fui a Impuestos Internos y era como estar con “Hermosilla y Quintanilla”, que eran los típicos empleados públicos sacadores de vuelta, usando todas las posibilidades y más que te dan... Eran divertidos esos personajes. Fue una época bonita.
He hecho cine, teatro y televisión. Un personaje mío regalón es “Hermónes Hermosilla” y “José de Jesús del Carmen Caroca”, que van con mi personalidad.

Yo tenía 24 años. Mi papá murió en 1976. Tuvo un derrame cerebral, muy inesperado. Igual que mi hermano, que murió de lo mismo, a los 48, ¡joven po’!... Pensé que yo no iba a pasar, que llegaría hasta cierta edad nomás, porque mi papá murió a los 60, mi hermano a los 48 y mi mamá a los 67... Y ahora voy en los 74 y todavía tomando café y hablando huevadas, JAJAJA.
Mi mamá tuvo un cáncer, que se le fue y le volvió. Fue diez años después que mi papá. Y mi hermano, otros diez años después. Se fueron en veinte años... Pensé que en el 2017 me iría cortado, pero no me fui. Voy a seguir para allá. Háganme caso, cabros, sigan viviendo que es muy entretenida esta huevada, jejejeje.
Nunca me sentí huérfano, ¡aunque estaba!, pero no me sentía porque pensaba: “Hay que echarle para adelante”. Igual tengo mis bajones, no todo es sobre rosas, a veces es todo para abajo. Pero trato de tirar para arriba. Trato de combatir los bajones.
Hace tiempo que no lloro, pero he llorado... ¿Cuándo fue la última vez que lloré? (Pregunta reportero)... Ahora (Hace como que se larga a llorar), JAJAJA.
Estas muertes son golpes fuertes en la vida... He tenido golpes de esos: madre, padre, hermano y amigo muy querido, Rodolfo Bravo —que era como mi hermano—. ¡Todo fue súbito! Mi mamá nomás tuvo cáncer. Pero mi papá, hermano y Rodolfo se fueron cortaos. Queda esa sensación de no haberse despedido. Con Rodoldo fue muy fuerte, porque estábamos juntos, conversando, nos separamos, y ¡TÁ!... Cagó…

Mi padre era bien presente, pero tampoco conversaba mucho en la profunda. Teníamos una relación buena. Yo, de repente, conversaba más en la profunda con Rodolfo, que justamanente él estaba pasando un momento semi depresivo, ¡y chocó po’! Con él podía conversar cosas más profundas. Tenía más historias que la cresta... Amigos po’. “Tengo mis serios problemas emotivos, me cuesta darme, entregarme; soy bien reservado para mis cosas”, dije en el 2012... Ya no he ido al psicólogo o psiquiatra, jaja, debería ir, ¿ah? Yo cacho que uno ya sabe lo que tiene que hacer... y hay que hacerlo, nomás. Los psicólogos son súper buenos, aportan mucho a la sociedad y son muy importantes en la vida de los seres humanos.
Gracias al humor he salido adelante con todo. Mi papá era un hueón muy simpático. Era una familia de sentido del humor. Con mi hermano me llevaba bien, pero estábamos medios distanciados, o nos habíamos visto poco el último tiempo. Pero lo quería mucho. No tenía ninguna tranca con él. “Pudimos habernos visto más”, pensaba yo... igual, cuando uno tiene hijos, piensa: “Conversar más con los hijos”.
Me cuesta conversar, de mis cosas, en la profunda. Me cuesta, de hueón nomás que es uno... Pero me cuesta. No soy tan de esos gallos que conversan, de sus psicólogos y todo. Soy conversador y todo, pero, así de irme en la personal, no, así como “estoy medio achacado, me pasan cosas”. No. Es una coraza que tengo que me ha servido, porque tampoco me cuestiono muchas cosas... Hay que seguir con la vida nomás, y echarle para adelante, ¡qué diablos! Tirar para arriba. He tenido separaciones fuertes, y hay que tirar pa’rriba po’. Seguir viviendo. Son las cosas que pasan.
Tengo mi niño interior que es básicamente un cabro optimista, un optimista de la vida. Cuando está la cagada siempre le trato de buscar la parte buena... trato... a veces es difícil; pero trato.

Estafé al hueón más querido de Chile, ¡lo dejé en la ruina!, a “Juan Herrera”, jejeje, en Los 80. Al hueón más querido lo hice chupete. Y la gente me reclamaba, en buena sí.
La última teleserie que hice fue Un diablo con ángel (TVN), hace más años que la cresta, en el 2017… No tengo ni una etapa cerrada en mi vida de trabajo. Estoy ahí nomás. Estoy con proyectos con los que no me proyecto más allá de un año, y espero tenerlo ocupado completo el otro... así que no cuenten conmigo para nada, JAJAJA, ni este ni el otro.
Me casé hace ocho años y llevamos diez años viviendo juntos. Estuvimos harto tiempo emparejados antes de casarnos. Con la Tati (Gaviola) nos conocemos hace 40 años, fuimos re amigos, y ella estaba casada y yo también. Nos reencontramos y nos enamoramos. Cuando en la vida te encuentras con una persona que tiene intereses parecidos, y empiezas a enamorarte de esas cosas, es muy lindo y bello.
Estoy felizmente casado... Tengo que comprar anillo, ¡porque no tenemos anillo! Nos casamos sin anillo, en la casa, con los hijos, y un amigo por lado —que Cristián (G-H) fue el mío—. Es muy bello el amor desde la amistad, porque nos conocemos, nos entretenemos mucho, lo pasamos siempre bien.
Es muy diligente la gente de Chile Actores. Para pandemia ayudó a muchos actores. Es una organización que tenemos el descueve, y MUY buena; y dirigida por una gran persona, la Esperanza Silva. ¿He dicho que la pasé bien en la pandemia? (Pregunta reportero). Lo que pasa es que como uno en la pandemia no puede salir, me dediqué a ver películas, a comer rico, y cuando podía me juntaba con mis hijos, ¡y no hacíamos nada po’! Tuve la cueva de ser un privilegiado, en cierto aspecto. No se podía trabajar, (pero) tenía unos ahorros y nos dieron unas lucas que estamos pagándolas ahora.

Tuve una parálisis facial en el 2023. Hasta el día de hoy no sé por qué. Esa semana yo había trabajado y hecho un comercial como “Caroca”, y me había pagado más bien. Estaba feliz, trabajando. Y me levanté a las 5 de la mañana, medio mareado, y tenía toda chueca la cara. Me asusté po’. Fuimos a la clínica y me dijeron que podía ser “muchas cosas”: resfrío, estrés, virus y cuánta cosa que no tenían clara. Ahí quedé, haciendo ejercicios y todo. Y gente me está ayudando; Andrés Gaete, que tiene una escuela orofacial. Ahora estoy bastante mejor. Antes no podía cerrar el ojo. Después de la parálisis fuimos a Europa con la Tati, a un festival de cine, que se ganó un premio en Trieste; y andaba con un parche, pa’ la cagada.
La mirada incendiada es una linda película sobre la historia del Rodrigo Rojas de Negri, del Caso Quemados, fotógrafo, un cabro de 19 años que lo quemaron en la época de la dictadura, que de Estados Unidos volvió a Chile, y en una protesta los pillaron junto a la Carmen Gloria Quintana; el murió y ella se salvó... Los milicos po’... Esa película — que he hecho como dieciocho— es sobre eso. Ahí también trabajé.
Tengo tres hijos, Camilo (con la Coca), Concepción y Antonio. Ninguno se dedica a la actuación. El mayor es arqueólogo; mi hija es artista manual, hace cerámicas y cosas así; y el menor está estudiando habilidades especiales. He tratado de ser lo más cercano posible con mis hijos. El mayor ha tenido que salir fuera de Chile, estuvo haciendo un doctorado en Australia. Ahora, en arqueología, trabaja mucho en consultoras y viaja mucho al Norte, y no lo he podido ver. Pero a la menor provocación nos vemos, y con mis otros dos hijos también... ¡Me encanta estar con ellos!
Como papá soy más de tirar la talla con mis hijos, ¿y conversaciones profundas? A veces. Pocas, porque mi temperamaento me lo impide, jejeje.
Tengo un nieto, que es maravilloso; que es del hijo de la Tati, Julián. Ha estado con nosotros de chico. Lo quiero mucho. Es un encanto.
Estoy feliz. Mis hijos son maravillosos y mi señora está el descueve. No tengo problemas.

En Hamlet-Multitud interpreto a “Polonio”, consejero del “Rey Claudio”. Son textos de Shakespeare, en un 90%, y un poquito más. Es la historia de Hamlet, la traición y los amores, que son las grandes pasiones de de Shakespeare; y las tradición tremenda de Claudio, que envenena al papá de Hamlet; y mi hija, Ofelia, que se vuelve loca de amor por Hamlet (Vicente Almuna). A la reina la hace la Ximena Rivas y al espectro del padre lo hace Julio Milostich, el de El señor de la querencia (TVN).
En la escuela de teatro hicimos Sueño de una noche de verano y presentamos a Shakespeare. Después vi Hamlet en el teatro de la U.Católica hace muchos años, que la hizo Tito Noguera. Pero no tenía mucho acercamiento yo más que lo que hicimos en la Escuela de teatro.
Leo harto. Una de las cosas que me gusta es leer, siempre, de chico; de hecho, a veces me quedaba en la casa leyendo y los otros hueones andaban jugando afuera. Me gustaba mucho leer. Es una pasión. Leo de todo. He estado leyendo cosas políticas ahora y novelas históricas también. Lo tengo todo leído a Murakami, incluso hasta el último que sacó. Japoneses estoy leyendo. Ahora estoy leyendo Doble juego: la historia secreta del dirigente socialista Jaime López, de Juan Azocar, una historia de traiciones.
La traición está muy de moda, porque hay traiciones grandes. En la política en general hay traiciones muy grandes, a nivel mundial. Este hueón de Trump es lo más traicionero que hay. La política nunca ha cambiado, desde siempre, desde China desde los antiguos, de Lao-Tse, Confucio y la India. Siempre se ha hecho política de diferentes formas, ya sea con reyes, sultanes, emperadores o faraones, ¡y ahora! Este hueón se cree faraón, y está dejando la cagada. ¿Está más de moda ahora la traición? (Pregunta reportero). Ahora se saben más las cosas, con las redes sociales, la inteligencia artificial y todo lo instantáneo, por mucho que se escondan. El juego sucio siempre ha existido.

Un fragmento que me ha resonado de Hamlet es uno que digo como Polonio: “El amor tiene la cualidad de causar grave daño a quien padece ese mal, porque anula la voluntad y lo lleva a cometer acciones desesperadas”. El amor es una “enfermedad”. Y un poco el enamoramiento es eso. Uno se enamora y pierde la voluntad de repente, y comete acciones desesperadas.
Yo tenía un amigo que decía: “Yo siempre he sido fiel. Siempre... porque las putas no cuentan”, JAJAJA... ¡El hueón fresco!... Yo me portado bien... Están muy equivocados conmigo: yo he sido fiel.
Estoy con Hamlet-Multitud todo mayo, y después estaremos en el Matucana 100. Y estoy preparando algo con mi amigo Cristián García-Huidobro. Somos amigos de la infancia con ese hueón. Teníamos un amigo en común y nos conocimos a los 15 años. Hemos hecho muchas cosas juntas, y hasta construimos un teatro juntos. Y estamos viendo una alternativa con nuevos personajes... Ahí la dejo.
Vamos a hacer una serie, que la dirige mi señora, Tatiana Gaviola. Se ganó un fondo del Consejo Nacional de Televisión y son cuatro capítulos. Ahí estaré. Es un trío de amor y traición político, socialista, de izquierda, de la época del golpe de Estado y después. Ahí tengo un rol. Para mí todos los roles son importantes, que así dicen los hueones a los que les dan papeles chicos: “Para mí son todos importantes”, jejeje. Espero tener un rol importante. Pero ahí estoy. Me conozco la historia de memoria, soy parte, conozco qué pasó. Es basada en hechos reales. Súper fuerte.

Me considero concertacionista y socialista, fundamentalmente… Soy militante, pero no estoy muy activo en este momento... Voy a preguntar si no me han borrado, jejeje.
Me tentaron para ser candidato a diputado y alcalde, porque dije: “Soy actor”. Casi me lo tomé en serio, y me eché para atrás. Fue hace años... Tengo amigos políticos, pero no los nombraré.
Voté por Gabriel Boric. Su gobierno pudo haber sido mejor. Es el gobierno que uno eligió: voté por él y estuve apoyándolo. Creo que la cagamos en lo de la Asamblea Constituyente; las cosas que se dieron fueron muy exageradas; pero igual la apoyé. Soy de los duros. Pero igual uno tiene autocrítica tremenda. El mismo Boric dijo que había que hacerse de responsable Constituyente que no fue muy buena. Creo que Boric tiene un gran futuro futuro político, con recién 40 años.
Boric en su gobierno le dio mucha pelota a lo cultural, que creo que es muy bueno; al contrario de este que está cortando todos los aportes, y de hecho (Kast) dijo lo de las investaciones y los libros que quedan en las bibliotecas; es como no pescar a Newton o Einstein. La ciencia dura lleva a muchas cosas más; estamos llegando a la Luna y quizá a donde mierda llegaremos. Con este gobierno tengo muy pocas expectativas. Vamos mal.

La izquierda ha cometido errores. Aquí hay mucho populismo. No es que toda la gente sea de ultra derecha. Parisi sacó un 20% y es el populismo mismo, y (en segunda vuelta) se fueron con Kast. Pero la derecha en Chile no pasa del 23%, que fue lo que sacó Kast en primera vuelta; y la Matthei sacó otro resto. No toda la gente que votó por Kast es de ultra derecha. Creo que hay muchos preocupados con los recortes que está haciendo, en salud sobre todo. Es grave. Y cada vez la caga más. Espero que salgamos bien de esta cuestión.
Pusieron ahora a Bernardo Fontaine a cargo de Codelco, que siempre lo he encontrado un poco hueón. Pero hay que darle la oportunidad. Vamos a ver. Tengo una confianza absoluta en el ser humano y la capacidad de nosotros de reaccionar.
Casi no uso redes sociales. Veo noticias, para ver qué pasa en el mundo. Veo los diarios, que son todos de derecha, además, jaja. Me mantengo informado, me gusta saber lo que está pasando aquí y afuera, la guerra de Irán; Trump con China, que están hasta ahí nomás, porque Xi Jinping no quiere que lo hueveen en Taiwán. Además, esta guerra hueona que Trump puso, supuestamente porque estos huevones (iraníes) iban a inventar una bomba atómica, junto con los israelitas, que sido pelea a muerte de siempre con los musulmanes (se ha portado pésimo el gobierno de Netanyahu). No creo que vaya a llegar un hueón más de ultra derecha que Trump, y además ahora vienen las elecciones parlamentarias, y él ha ido decayendo... ¡Subieron los precios de todo! ¡En Estados Unidos también!

¿Cómo he sido con la plata? He sido de todo con la plata, ahorrativo y despilfarrador. Pero estamos viviendo. Vivo bien. Tranquilo. Podría haber tenido más cosas, pero también me he dado muchos gustos. Ahora, por la edad, me llega la PGU... ¡y además trabajo po’! Nunca he dejado de trabajar, que lo peor que puede hacer uno es dejar de trabajar.
Estoy jubilado, pero los hueones que jubilan y dicen “no hago nada más porque estoy jubilado”, van derecho a un precipicio. Lo he visto en otras personas que han tomado ese camino. Creo que a los actores y actrices no nos pasa porque seguimos trabajando siempre. Es eterno, sin fin, porque vas cambiando con la edad. Obviamente no haré a un joven, pero puedo hacer otros personajes, ¡como la vida! Además, en este mundo de ahora, los viejos son la mayoría. Chile está envejeciendo.
La memoria hay que ejercitarla. Repaso mis textos, me los sé de memoria. Hay que estar ejercitando la memoria de actor. La otra vez estaba leyendo sobre El padrino, sobre Marlon Brando, que decía “no hay que saberse tanto, al personaje hay que interpretarlo”; y salía una foto con el consigliere con una chuleta con todo el libreto, y Marlon iba leyendo. Hay otros actores, como Anthony Hopkins , que dicen que hay que leer como 200 veces el texto y se aprende... ¡depende!. Pero lo mejor es ejercitarla.
¿Un secreto de juventud? Hay que vivir la vida entretenida nomás, y tratar de pasarlo bien, de ver positivamente las cosas. Hay hueones que amanecen ya amargados y que todo es tremendo. Esa cuestion te lleva más al precipicio. Hay que andar positivo.
Ya no tomo alcohol, soy abstemio. Tomé harto, sí. Lo dejé porque no me hacía muy bien. No tenía resaca. Ese era el problema
Mi papá era pelado y yo tenía una entradas y dije: “Ah, ya, seré pelado”. Y no me preocupé más del pelo... Y no quedé pelado... Y mi hermano, que se preocupaba del pelo, iba para pelado (hasta que murió). Las mismas vueltas que te das te juegan en contra.

Me veo trabajando hasta el resto de mis días. Hay que estar ocupado, haciendo cosas, porque sino uno se pone huevón nomás. Aunque yo me entretengo solo; o sea, estoy felizmente casado, pero no me aburro.
Tengo una parcelita en el Cajón del Maipo, y nos arrancamos para allá el fin de semana. Estuve viviendo allá, a principios de los 2000. Tenía un amigo, Vícto Roco, un actor —que ahora está con Alzheimer—, mayor que yo, que me convenció: “Oye, venden unos terrenos en el Cajón del Maipo”. Y compré, po’. Y después me dijo: “¿Por qué no te haces una casita?”. Me la hice y me fui a vivir allá. Después me vine, porque tenía muchas cosas que hacer en Santiago y era poco práctico, iba y volvía. Hicimos Na’ que ver con Chile (1997), un programa re bueno de humor que hacíamos en Canal 13. Me acuerdo que viajaba todos los días. Y ahora la arreglé. Cuando puedo voy, porque ME ENCANTA, estoy a la orilla de un estero y es súper lindo; con una casa que los vecinos están lejos.
Me tomo poco en serio a mí mismo, porque uno pasa por este mundo y viene a vivir, no soy como de decir “vine a dejar una cosa importante”. Fui actor, tuve familia, lo pasé bien, sufrí, lloré, pero fui fundamentalmente feliz.
Lo que tenemos claro es que nos vamos a morir. He tenido la muerte alrededor mío muchas veces. No me he puesto a pensar qué pasará cuando me muera, si me arrepentiré de cosas... Creo que llegaré a un estado más lindo nomás.
Me siento bien. Tengo 74 años. Veo compañeros míos o amigos, que están bien para la cagada (deprimidos), y yo soy un afortunado. Me tomo mis pastillitas también, recetadas por el doctor, que hace tiempo no voy. Tomo pastillas para la presión y para el estado de ánimo; aunque no sé si la seguiría tomando, porque me la dio el siquiatra hace mucho tiempo, cuando estuvo supuestamente medio bajoneado. Me siento estupendamente bien.

Cuestionario Pop
Si no hubiera sido actor, no sé qué habría hecho.
En mi época universitaria era buen alumno. Entré muy lanzado, pero me puse serio. Me lo tomé muy en serio.
¿Un apodo? Me dicen “Guatón”. Otros, cuando chico, me decían “Loco”, mis amigos del barrio, porque todo el día estaba hablando huevadas.
Un sueño pendiente es que volvamos a tener un gobierno decente.
¿Una cábala? No tengo... Aunque no lo crean, me siento bastante cerca de la Iglesia, porque estuve en el San Ignacio... pero de la Iglesia hecha por Cristo (con los seres humanos las cosas son más complicadas). Me siento católico, a mi manera, my way.
Una frase favorita es “hay que echarle para adelante”.
Un trabajo mío que no se conoce es que, cuando estudié Teatro, las torres San Borja estaban recién hechas, y una era para extranjeros que iban a participar en una conferencia de la Unctad, en lo que hoy es el GAM. Y un amigo me consiguió ser ascensorista... Y yo trabajaba toda la noche, y en la mañana me iba a la escuela, dormía la siesta y volvía... Dure un mes, ¡estaba raja!
Con mi primer sueldo seguramente invité a amigos a comer, a “los chinos”, que eran baratos en esa época.
¿Algo de lo que me arrepiento?... No me arrepiento de nada, como decía la Édith Piaf.
Un actriz a la que admiro es a la Coca Guazzini, es muy buena.
Un actor que es mi amigo es Cristián García-Huidobro.

¿Un libro favorito?... Tengo varios... Los de Santiago Posteguillo sobre Roma: Roma soy yo y La traición de Roma. Y ahora viene uno que es un poco la historia de Julio César. Pero Posteguillo tiene toda la historia del Imperio romano. A Murakami lo descubrí por casualidad. Alguien me lo recomendó —no recuerdo quién—, y me llamó mucho la atención esto de que siempre hubiera un pozo, que cocinara en la mañana temprano y que hubiera un gato. Es más entretenido que la cresta.
Un pasatiempo, no sé si oculto, es leer.
Una película que me hace llorar, aunque no tanto como llorar, algunas maravillosas que he visto son: París, Texas y Los puentes de Madison.
¿Un miedo?... En esa momento no tengo miedos... El único es que a mis hijos no les vaya bien, al menor sobre todo.
Creo poco en el horóscopo. Soy Tauro y Dragón.
Si pudiera tener un superpoder que me gustaría tener es hacer una sociedad más justa.
Un placer culpable es “Dulce Luna”, que tienen buen café y unas medias lunas rellenas con manjar que son espectaculares.
Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a un asado, invitaría a Murakami, Jack Nicholson y Santiago Ponteguillo.
Gonzalo Robles es un simple actor de la República, con muchas ganas de cambiar algunas cosas, y muy feliz con lo que hago.
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