Espectáculos

La Firme con Luis Dubó: “Hay mucha gente en la gobernanza que no conoce la vida, que está siempre lejos de la realidad”

Mientras prepara el estreno de Mawün, secuela de otra exitosa obra de Roberto Cayuqueo y el colectivo Epew, Luis Dubó le concedió algunos minutos al diario pop para sumergirse dentro de los highlights de una carrera profundamente arraigada a los actos políticos y la memoria popular. Mapa vivo de la chilenidad, el actor aquí además lamenta los dramáticos recortes en materia cultural: “Es un acto impúdico, absurdo, estúpido, que no tiene ninguna posibilidad de sostenerse en el tiempo”.

17 Junio 2026 Entrevista a Luis Dubo, actor. Foto: Andres Perez Andres Perez

Afuera es gris. Adentro los focos iluminan el centro del escenario. Allí, bajo una mata de cabello plateado, las cejas gruesas algo más oscuras, Luis Dubó —chuquicamatino, dignificador de personajes marginales, hacedor de actuaciones magnéticas— advierte que hace rato el Teatro Comunitario Novedades acusa los golpes en silencio. Pero que resiste.

—En una sociedad tan distópica como la que estamos viviendo, se pone en discusión una actividad tan noble como el arte. Es como si nosotros quisiéramos apagar la música. O sea, que nadie escuche música.

Inaugurado en 1913 por el Círculo Español y reinaugurado en 1931 después de un incendio, este trozo de historia en calle Cueto es ahora —recalca Dubó— un espacio de resistencia cultural y participación comunitaria. Cuenta que los vecinos del barrio Yungay afortunadamente descubrieron a tiempo un valor que el ministerio y la gobernanza no, y que se comprometieron a preservar sus recuerdos, sus posibilidades. Gestionado entonces por el trabajo voluntario, con una lógica horizontal, para el actor es poco menos que vital hablar de lo que sucede acá: el Teatro Comunitario Novedades es, a fin de cuentas, un vivo ejemplo de que la actividad artística puede, y debe, defenderse.

—El arte es nuestro bálsamo, el que nos permite sostenernos en esta vida de tanto esfuerzo —espeta el intérprete—. Y este es un espacio bien cuidado, bien protegido, así que obvio que vamos a estar acá. Bajo ningún punto de vista permitiríamos que se detenga. Porque el edificio está para poblarlo.

De hecho, dentro de una hora, cuando terminemos de repasar una carrera definida por su profunda conexión con la identidad popular, Dubó se despojará del conjunto de chiporro negro que lleva encima y subirá hasta el tercer piso del teatro para arrancar junto a Rallen Montenegro y Daniel Antivilo uno de los últimos ensayos de Mawün, nueva propuesta de Roberto Cayuqueo y el colectivo Epew.

Secuela de la exitosa Fillke Pewma (Sueños), la obra forma parte de un proyecto que tiene al actor especialmente entusiasmado.

Los porqués, en sus palabras:

—Ojalá podamos llegar a una trilogía. La primera parte, Fillke Pewma, con la cual viajamos a Barcelona, es una creación artística que considera también el entorno del lugar en donde presentamos la obra. El site specific es un ejercicio en que el espectador no sólo se adentra en la profundidad de la obra dramático-teatral presentada, sino que también descubre, en el entorno, claves que lo ayudan a comprender de lo que estamos hablando. Entonces, esta obra actual, Mawün, viene a concluir el espacio generado por Fillke Pewma. Y es una historia que nos habla de un planeta que se está ahogando, por decirlo de alguna manera. Hay un desorden climático que ha generado un diluvio en donde las personas que están quedando se relacionan con una radio, que es una radioemisora que está funcionando en uno de los últimos reductos que van quedando, en donde hay gente que está viva. Y en esta radio, las personas que la escuchan hacen llegar sus sueños, sus pewmas. En el fondo, es como una antena que está recibiendo los últimos sueños de una sociedad que está diezmada por el diluvio. Y yo —cierra con una sonrisa larga y ancha— soy el que transmite la radio.

Su entusiasmo guarda también estrecha relación con el trabajo que desarrollan con Epew. Formada en 2015 en Wallmapu, la fundación se trazó como objetivo promover y difundir la cultura de los pueblos originarios, y para Dubó, que estaba en búsqueda de su origen familiar, se presentó casi que como una respuesta:

—En este tiempo convulso, tan tremendamente contradictorio, en donde lo material está por sobre lo espiritual, creo que esta juntura que se está desarrollando a través del colectivo Epew, y este acto creativo, nos viene a confirmar que la riqueza está con nosotros. No tenemos que escapar de lo que somos y seguramente allí vamos a encontrar el consuelo que necesitamos para soportar esta sociedad que está tan perdida.

—Con Fillke Pewma, contabas, llegaron a Europa. Es un objetivo también de Mawün, ¿no?

—La recepción que tuvimos en Barcelona fue muy potente. Entonces, creo que tenemos la posibilidad de retornar. Y aparte de eso, el colectivo Epew está seleccionado para un evento muy importante en Praga, que es la Feria Internacional del Diseño y el Arte. Probablemente vamos a luchar para poder presentar nuestros dos trabajos. Y estamos pensando ya en el tercer montaje que vendría a constituir la trilogía en la que estamos pensando.

—¿Confirmada ya la tercera parte?

—Estamos ahí navegando en contenido y al parecer está a punto de confirmarse. Lo que pasa es que es un acto creativo que ha ido constituyéndose en sí mismo. Eso ha sido muy grato porque es una dramaturgia muy viva. Roberto Cayuqueo está escribiendo y nosotros, desde el escenario, vamos proponiendo. Y de alguna manera es un cuerpo que está empezando a tener vida propia. Entonces, tenemos que responder a él. Lo más probable es que tengamos esa tercera parte que viene a contarnos qué va a pasar después del diluvio.

Foto: Andrés Perez, La Cuarta. Andres Perez

A la espera del estreno de Mäwun (Lluvia), a contar del viernes 26 de junio y hasta el domingo 5 de julio en el teatro Puente, Luis Dubó atendió a La Cuarta para hablar también del resto. Esto es: sus años en el campamento obrero, su precoz actividad como titiritero, la carnicería familiar en Quintero, los estudios de programación y cómo se decidió a cambiar sobre la marcha un destino en Codelco para ingresar al mundo del teatro. Sus películas, la televisión, la influencia del circo. El polémico recorte del Estado en Cultura.

Luis Dubó por sí mismo, a continuación.

La Firme con Luis Dubó

Descubrimos con mi familia que nosotros tenemos un arraigo profundo con los pueblos originarios ya que somos diaguitas. Por parte de mi madre tenemos el apellido Liquitay. Entonces mi hermana aceleró el proceso y ella ya tiene su certificado de ser parte de los pueblos originarios. Y yo estoy en ese proceso también.

Con el colectivo Epew estamos luchando por rescatar nuestros orígenes. Nuestro encuentro fue bien espontáneo, cuando justamente estaba en términos familiares buscando eso. Y en ese sentido esta unión que hemos conseguido tiene que ver con personas que tienen orígenes, digamos, de los pueblos originarios. Así que en ese sentido estamos felices porque ha sido una juntura muy natural que se ha dado. Y vamos a seguir constituyéndonos como, de alguna manera, rescatadores de las personas que tengan relación con los pueblos originarios. Y desde allí poder construir una memoria que resalte los valores de estas culturas tan poderosas, ¿no?

Yo nací en Chuquicamata y viví en el campamento obrero que se llamaba Los Latas, que era el campamento más precarizado que existía como organización de vivienda. Era una vivienda muy precaria donde se hacinaban las familias de los obreros, como mi padre. Entonces, conocí Chuquicamata en toda su dimensión y, desde allí, uno se da cuenta de cómo se ha organizado esta injusticia, en donde la mano de obra que hace que evidentemente los metales se derritan, vivan en condiciones tan precarias. Vivimos esa división. Y claro, para el golpe militar también está este daño colateral que ha dividido nuestra sociedad y que hasta el día de hoy no se ha recompuesto, no se ha sanado. Como daño colateral, a mi papá, que era minero, lo despidieron de Chuqui y comenzó un peregrinaje familiar hasta que nos asentamos en Quintero y de ahí cambiamos nuestra actividad: nos convertimos en comerciantes, tuvimos carnicería.

Aprendí el oficio de carnicero, cecinero. Llegamos a la costa. Quintero era (costa), porque ya es una zona de sacrificio actualmente. Y entonces me encontré con muchos oficios distintos y, entre ellos, también trabajé en la mar, fui buzo, mariscador, salí en faenas de pesca también. Entonces me encontré con una realidad totalmente distinta a la que vivía, porque estaba en el desierto y de pronto estaba frente al mar.

Foto: Andrés Perez, La Cuarta. Andres Perez

Antes, en Calama, desarrollé la actividad de hacer presentaciones y guiones con títeres. Fue con mi profe, Pedro Villafaña, cuando tenía siete años y fue un descubrimiento para mí. Vino a llenar el mundo imaginario que siempre tuve con mi hermano Pedro. Mi hermano Pedro es pintor también. Y siempre teníamos un mundo imaginario muy, muy, muy desbordado. Éramos los locos del barrio, ja, ja, ja.

Mi primer sueldo lo gané en el teatro de Títeres de Calama y me lo quitó mi hermana Amelia, ja, ja, ja. Se compró unos pantalones amasados y se creía el hoyo del queque.

El teatro de Títeres empezó a crecer y después ya era una caja de ilusiones, una caja de Pandora. Le metíamos lluvia, le metíamos viento, le metíamos humo y contábamos historias fascinantes. Y nos fue muy bien. De hecho, hacíamos funciones en Calama en un gimnasio grande. Hacíamos funciones y se nos llenaban. Entonces, esas fueron mis primeras experiencias. Y después, cuando llegué a Quintero, traté de replicar el teatro de Títeres pero me fue súper mal, ja, ja, ja. No me pescaron.

Estudié Programación de Computadores en el AIEP de Viña del Mar. Desde los dieciocho a los veinte, de perdido que andaba. Pero igual en esa carrera descubrí cosas que, digamos, me han servido para posteriormente desarrollar mi trabajo creativo. Porque en la programación hay un área en que yo era capo, que era diagrama de flujos. O sea, yo sabía perfectamente construir un camino para llegar a solucionar un problema. Y eso me ha servido muchísimo en la vida.

Yo estaba listo para irme a Chuquicamata a hacer la práctica como programador, pero justo en ese verano hicimos una obra. Con mi amigo Hugo Pinto y el David Pino hicimos una obra que es muy difícil, de un dramaturgo argentino, un creador argentino, que es Dalmiro Sáenz. Hicimos Quién, ¿yo? Y yo interpretaba al personaje central, era el protagónico de esa obra. Con unos chorizos gigantescos, unos monólogos enormes, una obra que duraba como dos horas. Y éramos los tres locos de Quintero que la hacíamos en verano. Y también nos fue muy bien, se nos llenaba y funcionaba muy bien. En ese tiempo funcionaba el teatro Itinerante y un grupo de actores fueron a ver la obra y pensaban que éramos un grupo de profesionales del teatro. Que hacíamos el oficio desde, digamos, haber estudiado. Y éramos totalmente amateurs, pero lo hacíamos con tanta pasión que parecía un acto creativo. Así como rupturista. Ellos nos veían como si fuéramos muy modernos, y nosotros no teníamos idea, ja, ja, ja. Entonces nos dijeron: ¿pero en serio? Sí, no teníamos idea, la hicimos como pudimos… Y los ñatos nos dijeron: noooo, entonces tienen que estudiar teatro. Así que ahí en vez de irme a Chuqui, le dije a mi papá: oye, viejo, no voy a ir a Chuqui porque me voy a Santiago. ¿Y a qué se va, hijo? A estudiar teatro. ¿Y qué es lo que es esa hueá?, dice. Puta, no sé, para aprender, pues. ¿Y va a hacer películas?, me pregunta. No sé, papá, se ve después. Bueno.

17 Junio 2026 Entrevista a Luis Dubo, actor. Foto: Andres Perez Andres Perez

No hubo resistencia porque a mi padre le encantaban las películas. Siempre íbamos al cine. Para él las películas eran como su vida. Él esperaba el día domingo, se ponía terno, compraba toffee de menta, chocolatines y partíamos a las películas. Y pasábamos todo el domingo. Porque en ese tiempo en el cine Pratt de Quintero, como en muchos cines a lo largo de todo el país, te pasaban tres películas. Entonces proyectaban una de kárate, una comedia erótica italiana y una película, no sé…, yo vi Apocalipsis Now, vi el cine de Italia, el cine de Ettore Scola. O sea, la programación era muy variada. Entonces disfrutábamos mucho las visitas al cine.

Mi padre me dejó el valor a lo imaginario y el gusto por el cine, por el mundo no real. Y por el lado de mi madre, la cocina. Mi mamá era una cocinera extraordinaria. Entonces de allí aprendimos todos los hijos a valorar y a querer ese rito. La cocina es como el centro neurálgico de un grupo de personas.

Mi profe de filosofía me ayudó también a tomar el camino del teatro. En ese tiempo, los estudiantes de enseñanza media, en tercero medio, teníamos filosofía. Y el profe Jaime era una persona con una formación académica muy potente, entonces le sacaba mucho provecho a nuestras clases. Y dentro de sus clases de filosofía también íbamos al cine. El cine en Quintero era como mi lugar de fantasía. Mi amigo era hijo del administrador, entonces teníamos acceso libre. Y con el profe de filosofía hacíamos una parrilla en el cine y veíamos películas y las analizábamos. Entonces esa llave del juicio crítico, de establecerme como un ente creativo y crítico proviene del profe Jaime de filosofía, porque me enseñó a pensar.

Las rutinas en el circo fueron un cambio fundacional en mi trabajo. Nosotros, con Andrés del Bosque, con Sergio Piña, un grupo que teníamos con Jenny Mayorga, estábamos investigando la tradición oral. A partir de la tradición oral habíamos construido una obra que se llamaba El Medio Amigo. Y fue una obra de teatro con la que nos fue muy bien, digamos, tuvimos muchas funciones, viajamos mucho y nos dimos cuenta que ahí había una verdad que investigar. Y cuando comenzamos a investigar, nos dimos cuenta que en las rutinas clásicas del circo chileno se complementan muchas áreas de nuestra identidad que existen y que están, de alguna manera, ocultas. Que conviven con la realidad que siempre es distante a los centros hegemónicos, ¿no? El circo siempre está como deslizado, desplazado de los centros hegemónicos culturales. Y allí encontramos un tesoro increíble porque todo el repertorio de las rutinas clásicas del circo chileno de alguna manera están contenidas en la familia Lillo Machuca, Tony Caluga. Porque el número máximo eran las rutinas, eran los payasos, no era el trapecio, no eran los animales como en el circo de Los Maluenda: era la gracia de la identidad chilena representada por los payasos.

Foto: Andrés Perez, La Cuarta. Andres Perez

Me molesta cuando ocupan el “payaso” como algo despectivo, porque esta cultura dominante, que quiere ser dominante y que no lo es, no comprende que el oficio de un payaso chileno es muy complejo, muy respetable y que habla de nuestra identidad. Establece un punto crítico a través del sentido del humor. Imagínate tú que en el teatro Caupolicán, que fue el momento más épico de esta troupe de payasos, tenían cinco funciones y cada función eran, no sé, doce mil personas. O sea, en el día eran setenta mil personas que iban al circo a ver a los payasos. Entonces tenían que renovar el repertorio. Y allí había un acto creativo muy veloz y muy oportuno. Además, cuando se asienta una rutina es como una partitura que ya funciona por sí misma.

Las rutinas clásicas o el payaso chileno es tradición oral, entonces no hay guión. Lo que se activa allí para un intérprete son memorias, memorias corporales, la memoria del uso de objetos, las habilidades, y una cuestión que es vital, que nos hace mucha falta, que es el desarrollo de la escucha activa. Porque el payaso que no escucha no puede rematar. Entonces es casi encontrar como una habilidad oculta que después te puede servir. O sea, para el cine es muy potente porque puedes armar tu propia continuidad, estableces una relación con tu memoria corporal que en otras circunstancias cuesta más desarrollar. Porque es efectiva. Se constata con el encuentro con el público. Y hay que pensar que esas rutinas están desarrolladas para trabajar en la totalidad de tu entorno, porque el circo es grande. Tienes que llegar a la galería, al último de la galería. Allí hay un trabajo también interesante desde la proyección de tu energía, el manejo de tu energía, el autocuidado y también la escucha activa, que te ayuda mucho para después poder desarrollarte, por ejemplo, en el área audiovisual.

Llegué a la televisión porque tuve la suerte de que una productora fue a ver una obra de teatro. Y desde allí me invitaron y después vino la primera teleserie que hice, Playa Salvaje, de Canal 13. Y bueno, ese trabajo era bien agradable y además tuvo una presencia como en sintonía, le fue muy bien. Y entonces descubrí un grupo de trabajo muy cariñoso, nunca tuve problemas de convivencia o de maltrato. Al contrario, siempre me sentí muy respetado. En ese tiempo Oscar Rodríguez, que dirigía, era un señor, entonces era todo el mundo muy grato. Y también con una exposición súper contundente, porque fue una teleserie a la que le fue muy bien. Entonces tuve una llegada muy amable para un formato que yo no conocía.

Foto: Andrés Perez, La Cuarta. Andres Perez

Mi llegada al cine, en Coronación, fue bien fortuita también. Yo llegué a ser un extra y finalmente me quedé con el personaje que interpreté en la película. Entonces de alguna manera también hay que entender que también está la fortuna de poder estar en el lugar preciso a la hora exacta.

Entrar al mundo del cine fue un agrado. Me tocó partir con Don Silvio Caiozzi, que es un señor que ama tanto lo que hace que siempre sus espacios creativos y donde se instala para hacer sus películas es un espacio muy grato. Entonces tuve la suerte de llegar desde esa perspectiva a un trabajo muy comprometido, muy complejo y con mucho amor. De ahí en adelante, después trabajé con Andrés Wood, que hice La fiebre del loco, después con Ricardo Farfán, que hice Negocios redondos y de ahí, bueno, no he parado ya. Claro, de los años noventa hasta ahora que he desarrollado mi trabajo en el cine y ha sido bien contundente.

Para mí fue bien importante recibir el Altazor por Dawson Isla 10. Fue un reconocimiento bien potente para una película también muy potente y para un director tan potente como Miguel Littín, que es mi amigo del alma. Junto con él construimos este Sargento Figueroa, Sargento Malacuea, que es un punto dentro del trabajo creativo muy interesante. Porque la presencia de este militar, que es un sargento, que no logra superar los ejes del poder, le otorga humanidad en un momento muy importante para el desarrollo de nuestra democracia. Además, competí con un actor que es Pablito (Krögh). Y fue interesante porque yo también en Isla Dawson hice el casting, entonces yo mismo convoqué a Pablo y después los dos estábamos compitiendo por el Altazor. Yo quería que se lo ganara él y él quería que me lo ganara yo, y al final me lo gané yo, ja, ja, ja.

Foto: Andrés Perez, La Cuarta. Andres Perez

Desde que me encerré en la cárcel en el Mercado Central (para promocionar El año del tigre) que soy amigo de todos los viejos allá, me tienen de regalón, ja, ja, ja. Fui regalón esas tres noches, además pude conocer la noche así en su profundidad. Y tenemos material, mucho material grabado. Con Sebastián Lelio nos conocemos, éramos jóvenes..., entonces también esta producción, esta película, fue un desafío que abordamos y le buscamos por todos lados. O sea, desde la tragedia que significó el terremoto terrible, hicimos un acto creativo que de alguna manera funcionó casi como terapéutico para mucha gente que hasta el día de hoy lo recuerda. En Iloca, en Constitución, en todos los lugares que visitamos y que estuvimos y que ocupamos como locación para esta película. Y también tuvo un premio súper importante: le dieron el premio como aporte a la humanidad en el Festival de Locarno. Entonces es una película que yo creo que estaba adelantada a su época porque, de alguna manera, era como una película testimonial, como un falso documental. Y que tenía este entorno de producción, esta línea de cine de catástrofe, que es un estilo, una manera de abordar el terror hacia las catástrofes naturales. El año del tigre es bien interesante desde esa perspectiva porque se adelanta a la época.

Para construir el personaje (Manuel) trabajamos con personas privadas de libertad reales. Yo ya había trabajado en la cárcel, hice clases mucho tiempo, entonces conocía más o menos el mundo que bordea hacia todas las personas privadas de libertad. Y claro, este personaje junto con Sebastián (Lelio) lo construimos desde encontrar la humanidad donde la misma humanidad castiga. Es como una película que envejece muy bien. Actualmente se ha proyectado nuevamente El año del tigre y se recepciona desde otra perspectiva.

Que aún haya gente que se sienta identificada con mi escena de Machuca habla de una sociedad que no se renueva, que no corrige los errores sociales. La mayoría de los activos en los cuales yo he trabajado tienen que ver con un compromiso social también y político. Y de alguna manera es un poco triste que sigan teniendo pertinencia con temas como la educación. O sea, que en Machuca sea el papá de Machuca el hombre que de alguna manera es pitoniso en cuanto a la injusticia duradera y permanente en contra de la necesidad de aprender, de educarse… Actualmente tenemos el problema con el CAE, tenemos problemas serios en la estructura educacional de nuestro país, la orientación hacia donde se quiere, digamos, guiar a las jóvenes generaciones para poder construirse como profesionales. ¿Qué estudiar? ¿Dónde están las vocaciones? Entonces la pregunta es muy contundente y es una pena que siga existiendo.

Foto: Andrés Perez, La Cuarta. Andres Perez

Como soy optimista, frente a los recortes en Cultura, yo creo que va a venir una respuesta creativa muy contundente. Confío y sé que la actividad creativa no se puede detener porque nuestra actividad es nuestro trabajo, porque nosotros trabajamos todo el día, todos los días, todo el rato. Una idea creativa no tiene horario. No hay horario para la actividad creativa, entonces trabajamos todo el día siempre y vamos a encontrar la manera de hacerlo. Creo, también, que es un error fundacional, fundamental no entender el valor de la actividad artística creativa, pero es imposible educar a quienes nos gobiernan. Ya son personas que tienen una manera de pensar anquilosada y, desgraciadamente, están precarizándonos mucho más de lo que ya estábamos precarizados. Pero no dudo en que la respuesta va a ser contundente y que a los creativos y a los locos no nos van a detener.

Creo que hay mucha gente que está en la gobernanza que no conoce la vida, no sabe cómo es la vida realmente. Están lejos de la vida, viven lejos, están siempre lejos de la realidad. No sólo, digamos, en términos del Ministerio de la Cultura, sino en términos generales. La realidad respira y se representa por sus oficiantes, y los oficiantes somos personas que no vamos a parar de trabajar, porque de eso vivimos. Entonces lo de los recortes es un acto impúdico, absurdo, estúpido, que no tiene ninguna posibilidad de sostenerse en el tiempo.

El gobierno pierde el tiempo, porque también es temporáneo, es temporáneo que un país como el nuestro, que está lleno de riquezas, sea explotado por una potencia que también está en decadencia. Entonces es como que este país se cuelga de algo. Yo en el año 2012 escribí una obra, que se llama La gallina de los huevos de oro, en donde ya en el 2012 planteaba una premisa que era que este gigante, que es el imperio de Estados Unidos, un gigante muerto, está cayendo por sobre sociedades que están llenas de riqueza. Entonces es temporáneo, es absurdo, es estúpido seguir en esa senda.

Foto: Andrés Perez, La Cuarta. Andres Perez

¿Si alguien tuviera que interpretarme a mí en una película sobre mi vida? Yo no más, po. Porque yo estoy haciendo a Carlitos Marx, ja, ja, ja. No, pero es muy difícil. Es muy difícil que uno mismo trate de invocar un avatar. Tendría que haber ahí un trabajo. Ahí está el casting, por eso es tan importante la elección de las personas que van a interpretar roles. Ahí hay un trabajo potente que hay que mejorar.

Soy malo para el macho. Siempre estuve rodeado de grandes mujeres. Mi madre era muy potente, mi hermana. Siempre he estado rodeado de niños femeninos. Me acomoda mucho.

La mayor satisfacción de mi vida es cocinar… y que me quede bueno. Tengo muuuuchas recetas. Ahora descubrí un lugar donde me voy a poder surtir de mis gustos. No sé, po: una codorniz a la rosa roja. La trufa también he descubierto…

Estoy haciendo un Taller de Perfeccionamiento Actoral frente a Cámara y ha sido una experiencia muy positiva, muy potente, bella. Porque podemos poner en práctica todo lo aprendido. De alguna manera es como entregar el recetario y los secretos de cocina a un cocinero desde la perspectiva de lo que resulta, de cómo colaborar para que nuestras compañeras y compañeros puedan encontrar herramientas interpretativas que mejoren su trabajo frente a la cámara. Y luego del taller, las personas quedan con una escena bien construida, bien filmada, vivimos la experiencia y el proceso de filmación. Ha sido hasta el momento muy potente el resultado. Ya tenemos ocho versiones de nuestro taller y ahora, en enero, vamos a realizarlo nuevamente. Lo hacemos con Renata Casale y Pablo Barbatto y con la colaboración de un joven cineasta de San Antonio, Vicente. Hacemos un trabajo de laboratorio cinematográfico y el objetivo mayor es que los talleristas puedan quedarse con una escena a la cual le tengan muchas ganas.

Ha sido súper potente el cariño que recibo en redes sociales. Y ahora, que estoy en Reunión de Superados (Mega) con este personaje que estoy interpretando, Hingilberto Nepomuceno Núñez Núñez, ha sido muy potente el encuentro con las audiencias, con el público.

Foto: Andrés Perez, La Cuarta. Andres Perez

¿Mi interpretación más desafiante? Yo creo que el trabajo con animales, con los caballos y todo lo que significó el Negro Chávez (El último disparo del Negro Chávez, 2004).

Lo más difícil de mi vida ha sido hablar inglés, ja, ja.

En cinco años más me veo acá, en el teatro Novedades. Haciendo funciones.

Si no fuera actor, me hubiera gustado ser buzo. Me quedó gustando el mar.

¿Un apodo mío que no se sepa? Carenoche, ja, ja, ja. Se fueron al chancho ahí.

Un sueño pendiente en mi vida es ir a la India. Me invitaron al festival de Goa y no pude ir. Me quedé con la maleta hecha. Tenía tantas ganas…

Tengo cábalas, soy cabalero. ¿Una? Comer anís estrellado.

Mi frase favorita: “¡Sí se puede!”.

Foto: Andrés Perez, La Cuarta. Andres Perez

Trabajé de todo: buzo, pescador, carnicero, garzón, barman. Y actor.

No me acuerdo en qué gasté mi primer sueldo, pero soy derrochador… ja, ja, ja. Me gasto la plata y no me doy cuenta. Soy malo pa’l billete.

Mi pasión es la cocina. Se sabe, ja, ja.

Mi hijo es músico, el Vladimir, es trompeta. Toca en El quinto atrake, que es una banda de ska, y tiene otra banda que forjaron junto con sus compañeros de música que se llama Calibre 67, y ahí hacen salsa psicodélica. He estado ligado a la música muchísimo. Estuve trabajando en las escuelas de rock, hacía improvisaciones, así que siempre la música para mí es el lugar donde soy feliz.

Si pudiera tener un superpoder sería… hablar inglés y tocar las cornetillas, ja, ja, ja.

No creo en los placeres culpables.

Foto: Andrés Perez, La Cuarta. Andres Perez

¿Trago favorito? Camión petrolero, vino. Y ojalá a temperatura ambiente.

Comida favorita, todo lo que me preparo me dan ganas. Por ejemplo, hoy día me comería un conejo escabechado. ¡Ufff!

Si pudiera invitar a tres personas de toda la historia a un asado con copete sería a Carlos Marx, Nietzsche y a Salvador Allende. A Carlitos porque me gustaría conocer más su poesía. He conocido ya parte de ella y es impresionante. A Nietzsche para saber por qué le duele tanto la cabeza… y al Chicho, porque es el Chicho.

Luis Dubó es… una criatura en desarrollo.

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