La Firme con Matías Oviedo: “No es que yo sea tan huevón, pero confío en la gente, y a veces no hay que confiar en toda la gente”
Terminó de grabar El Jardín de Olivia, se alista para la obra Close To Me y debutará en el estelar Fiebre de Canto, así que es momento para que el actor haga un repaso de su historia y presente, hoy comprometido y de papá: “Estoy construyendo una familia”, cuenta.
Matías Oviedo Salinas (46) parece cansado. O quizá aburrido. Tal vez chato. Puede ser que exhausto. Acaba de terminar una mañana de ensayo en una de las subterráneas salas del Teatro Municipal de Las Condes. Sin embargo, al encontrarse con La Cuarta, de buena gana posa ante la cámara y ayuda con alguno que otro angulo para ser retratado ante la falta de luz.
El jueves 6 de agosto a las 19:30 horas debuta en este mismo teatro con la obra Close To Me: el musical pop de los 90 — de Cultura Capital—, destinada para fanáticos de hits anglo-noventeros. “Todo los 90 fueron, quizás, lo que más me marcó en mi vida”, recuerda el actor sobre aquella década, periodo en que se ambienta la historia co-protagonizada por “Pedro”, el dueño de una disquera de rock, envuelto en un pololeo y rutina poco estimulante, cuando contra todo pronóstico nace un romance con una destacada artista pop internacional, encarnada por Francisca Walker.
—Es tímido, por supuesto, pero no es un imbécil —dice Oviedo entre risas sobre su papel—: tiene un mundo, es muy querible, profundo y que tiene cuento.
“Lo que pasa es que no es un canchero”, agrega quien de hecho se anima a decir sobre sí mismo, ya fuera del plano de la ficción. “Yo, Matías, soy más canchero”.
Close To Me se presentará jueves, viernes y sábado a las 19:30 horas, domingo a las 18:30 hasta el 6 de septiembre, con un elenco que lo completan Norma-Norma Ortíz, Francisca Armstrong y Carlos Donoso. Las entradas las puedes adquirir ACÁ.
Sin embargo, aquel es sólo uno entre los temas que abordó Oviedo en entrevista para La Firme, que habló desde sus años escolares en el Verbo Divino, y sus inicios deportivos, cuando compartió camarín con Milovan Mirosevic y, antes, jugó tenis con el gran Fernando González. Pero ya hacia la adultez la música y el teatro lo flecharon: “Encontré un poco mi lugar en el mundo, cuando entré a estudiar”, cuenta.
Luego vino la fama y un periodo de excesos, con carrete, drogas “blandas y duras”, según recordó con humor en Vértigo (Canal 13) el 2016: “Me empecé a perder, a hacer puras cagadas”, dice ahora quien además se define como un persistente buscador del amor: “Soy romántico un poco”, comenta y además analiza sobre su personalidad: “Tengo un alto grado de ansiedad que se transforma en intensidad”, admite. Pero actualiza que la paternidad lo ha aterrizado. También, emocionado, recuerda la muerte de su padre en el 2018 tras cuatro años en coma por un accidente a caballo: “Me quedó la angustia del azar”, sinceró.
Matías, tras haber terminado de grabar El jardín de Olivia (Mega), también habla de lo que será su participación en Fiebre de canto (CHV), donde pondrá a prueba su faceta musical, la cual incluso la ha convertido en una suerte de embajador de Gustavo Cerati en la tierra. Pero que partió con su grupo —y alter ego— Julio Pino, y hoy en solitario: “Busco el éxito, obviamente, que a mi música le vaya bien, que la escuchen y sean hits”, comenta, y agrega con humor: “Que nunca haya sucedido no significa que uno no lo busque”.
Hoy el intérprete se sienta más maduro, dice, emparejado con la abogada Macarena Sarras, con quien comparte dos retoñas, Malú y Gala. De eso y más, habla a continuación...
LA FIRME CON MATÍAS OVIEDO
¿Un recuerdo de cuando chico?... No sé, caballos, fútbol... Esa infancia. Tuve una infancia linda y normal: jardín infantil, colegio hermanos y hermanos. Mi papá era equitador y mis hermanos también. Me gustaba mucho el fútbol; mi hermano era futbolista, y a mi papá también le gustaba. Por ahí andaba mi vida.
Somos cinco hermanos y una mujer. Soy el del medio. Me imagino que marca de alguna manera, pero nunca sentí esa cosa de los “del medio” y que “nadie los pesca”. Nunca. Mis papás se las arreglaban para pescarnos a todos. Cada uno con sus diferentes intereses. Hasta hoy, todos trabajamos en cosas distintas, los cinco; pero seguimos siendo familia, hermanos. Sólo yo me dediqué a algo más artístico.
Siempre fui “rebelde” en el sentido que yo era... no rebelde, pero era más artista, me complicaba mucho la disciplina entendida como disciplina militar, por ejemplo, de hacer la fila, cortarte el pelo y llevar la camisa adentro. Con todas esas cosas que eran más de formalidades era bien rebelde.
Jugué tenis con Fernando González, pero era muy chico. Jugábamos con mi hermano en Dragones en la Reina. Yo tenía seis años y “Fernandito” (le decían en esa época) tenía cinco. Era una máquina. Me acuerdo. Me acuerdo poco, pero me acuerdo que no le podía responder ni un tiro, ¡a un niño de cinco años!, que tenía una raqueta chiquitita y ya era un bombardero. Y mi hermano era tres años mayor, pero eran parejos... A Fernando me lo he encontrado en eventos y cosas, y le he contado esa historia. No se debe ni acordar.
Jugué en la divisiones inferiores de la U. Católica, de los once a los quince. Jugaba de lateral izquierdo. El fútbol era muy importante, me encantaba —y me encanta—, pero ya a los catorce o quince tienes que tener más o menos claro si querés ser profesional, o sea, dedicar tu vida a eso. Y yo ya tenía otros intereses y me retiré. Pero recuerdo que fue una de las decisiones más difíciles que tomé en mi vida, si era chico... Uff... Un momento que todavía recuerdo, esa angustia y ese vacío que me quedó de retirarme. Pero no porque me arrepintiera, sino porque durante cuatro años había hecho eso todos los días y todo el día.
Soy de Colo Colo. Lo que pasa es que mi hermano dos años mayor jugaba en la Católica, y él era como “el weno”, y yo fui porque era el hermano de... tampoco era malo, pero siempre él era el capo de la familia. Tampoco se dedicó al fútbol, pero sí se dedicó al deporte: es entrenador de fútbol y profesor de educación física
¿Tenía materia prima para ser futbolista? Yo creo que sí, pero no sé si de los mejores. Veo que lo más importante es el trabajo, el entrenamiento. Compañeros que no eran tan buenos cuando éramos niños después fueron cracks, o jugaron en profesional. En mi generación yo jugaba con Milovan Mirosevic, que era el “crack de la generación”, con los hermanos Álvarez (Cristián e Iván), “Pato” Ormázabal, Rafa Celedón (que se fue a Cobreloa) y varios que llegaron arriba. No volví a tener contacto con ninguno. A veces me los encontraba en aeropuertos.
Me sabía muchos pasajes de La Biblia, jajaja. Me interesaba La Biblia y la religión por una “dimensión histórica”, más que una dimensión de fe. Me gustaba y quizás tenía buena memoria. Y gané un concurso pichiruchi. Era muy divertido que el que menos se interesaba por la religión ganara el concurso. Pero era porque yo hacía las tareas y leía lo que había que leer porque me interesaba lo histórico.
No soy católico ni nada, y en el colegio tampoco era muy engrupido con la religión. No tengo el don de la fe, ojalá lo tuviera, de hecho hice la Confirmación y yo creo que fue la última vez que fui a misa. Me confirmé por una cosa familiar, una tradición familiar. Mi mamá es súper católica y no le quise llevar la contra.
Igual era un alumno un poco problemático, en el sentido de que era desordenado y le hice pasar muchas rabias. Sentí que tenía que hacerlo. Probablemente estuve cerca de que me echaran. Mi mamá era profesora del colegio y estábamos becados, entonces había una cierta presión. A veces se puso más peliaguda la cosa. Tenía buenas notas y eso me salvaba un poco.
Después, ya más de grande, encontré un poco mi lugar en el mundo, cuando entré a estudiar Teatro . Uno es rebelde cuando está en un lugar que no es acorde a sus intereses. El colegio, para mí, era complicado. No es que no me gustara, pero era colegio de hombres (Verbo Divino) y sentía que la vida era más allá del colegio. Quería abrir ese espacio. En ese sentido era rebelde. No era que ponía bombas molotov. Tampoco era una rebeldía política. Era una rebeldía más “de joven”.
Fui adolescente en una época muy política (régimen de Pinochet y transición). Me involucraba. Me cuestionaba mi lugar y mi entorno. Yo tenía once años en 1990. Pero todos los 90 fueron, quizás, lo que más me marcó en mi vida. Los 90 para mí fueron de los once a los 21, que se forman muchas cosas en una persona. Y me marcó mucho la música e los ídolos del rock. Yo era muy de tener ídolos de rock. Me marcó eso y el fútbol. Finalmente el lado artístico fue ganando terreno y yo me dediqué al teatro y a la música.
¿Haber estudiado en el Verbo Divino influyó en no sentirme en “mi lugar”? (Pregunta reportero)... Puede ser, porque es más exigente y frío en ese sentido. No era que lo odiara, pero estaba chocando constantemente. Me pasé toda la vida escolar chocando —igual tenía buena onda con algunos profes y con mis compañeros—, pero íbamos para otros lados de la vida.
Habiendo estudiado en un colegio de hombres, no era tan entrador, era más tímido (con las damas). Pero como era el que tocaba la guitarra en la fogata, tenía algo de qué agarrarte. Pero de buenas a primeras me complicaba.
Entré a estudiar Música en la U. Católica, en Campus Oriente, y Teatro, las dos cosas al mismo tiempo. Entré primero a Música porque no necesitaba prueba ni nada. Cuando estudias en un conservatorio los niños empiezan a estudiar en el colegio, y hay todo un ciclo básico; depende del instrumento, pero en contrabajo —lo que yo estudiaba— eran cuatro años, y después venían cuatro años del universitario. Entonces entré haciendo el ciclo básico que los niños hacen en el colegio, y tenía dos ramos: clases martes y jueves. Dije: “Estudiaré otra cosa para llenar (mi horario)”, y tenía muchos amigos que estudiarían Teatro, entonces di las pruebas con ellos en la U. de Chile y la Católica (había ido a ver teatro, pero nunca había actuado), y me convencí.
Hice las pruebas para Teatro, quedé y descubrí una parte de mí que no había descubierto hasta ese entonces, un lado expresivo y todo este mundo más sensible e intelectual. Con el teatro sentí que descubrí mi vida. Logré estar dos años haciendo las paralelas, y también me di cuenta que esto de tener dos ramos (en Música) no era que tuviera mucho tiempo libre: era porque el profesor te veía una vez a la semana, pero yo tenía que estar estudiando todo el otro tiempo porque así funciona el estudio; es más solitario. Y me aburría, derechamente. Era muy árido. Estaba encantado con el teatro y dejé Música. Sentí que también la música podía hacerla dentro del teatro. Y hasta hoy me dedico a esto.
Con el teatro sentí que encontré mi lugar en el mundo. Sentía: “¡¿Por qué no descubrí esta huevada antes?¡ ¡Por qué no hice esto antes!”. Hice lazos súper profundos con mis compañeros. Con los compañeros de colegio, si bien no tengo una relación tan fluida y no nos vemos mucho, tengo buena onda. Pero donde realmente encontré mi lugar fue en la Escuela de Teatro. De ahí me quedaron los amigos de la vida.
En nuestra época de estudio los maestros igual eran rudos. No había esto de ahora del maltrato. O sea, si lo pienso, había maltrato disfrazado de crítica. Las cosas se decían con mucha más dureza. Y yo veía a compañeras o compañeros que quedaban llorando. Ahora es mucho más bacán, porque te dicen lo mismo, pero amable o constructivamente. Antes era más difícil. Por eso uno se ha hecho cuero de chancho. O te toca actuar o cantar en un lugar donde no hay nadie, y tienes que cantar igual. Todo eso te va haciendo cuero de chancho. Si estás demasiado seguro, es sospechoso.
Me ofrecieron al personaje de Pablo Díaz en Machos (Canal 13). De eso no me arrepiento, porque en en TVN me ofrecieron contrato tres años. Y como yo soy malo para los cambios, sentí que era lo mejor.
Tuve pololeos largas, de tiempo, de cinco años o cinco y medio. Siempre fui de pololeos largos, ¿por qué? Se da nomás... Me cuestan los cambios, en todo orden de cosas. Soy conservador en ese sentido, poco arrojado. Creo que eso algo tiene que ver. En ese momento estoy en pareja y estoy medio establecido, con dos hijas.
¿Alguna vez me ha pasado que digan “este lo hace pésimo”? Nunca me ha pasado que me digan algo tan lapidario, pero sí he tenido trabajos en que no le ha achuntado tanto. Muchas veces no le achuntaré. O le achunto poco, y otra parte que sale más o menos. Y a veces te lo dicen.
Creo que en este oficio del teatro uno tiene que tener cuero chancho, porque a uno le dicen cada barbaridad a veces, desde la escuela hasta ahora. Barbaridades en el sentido de que a veces no se da cuenta y dice cosas que a uno le hieren como: “Fome la hueá”. Y te sacaste la cresta para hacerla. Pueden ser palabras que no son tan hirientes, pero que para uno son duras. No por eso tienes que echarte a morir; o sea, es la opinión de una persona. Pero yo por lo menos siempre tengo una inseguridad.
Partí haciendo música como “Julio Pino”, ya grande. En el 2008 yo tenía casi treinta años y lancé mi primer disco. Me daba vergüenza mostrar mis canciones, entonces inventé este personaje; mostraba las canciones, pero decía que eran de un amigo mío: “Julio Pino”. Al final “Julio Pino” quedó e hice tres discos con este “alter ego”. Armé banda, teníamos músicos y éramos la banda Julio Pino. Después hice mi primer disco solista, tres en total, y después un EP. Esa ha sido mi carrera musical original.
¿Por qué me daba vergüenza mostrar mis canciones? Pensaba que la iban a encontrar malas. Las canciones hablan de mí, pero no todo el rato; uno inventa. Pero me daba vergüenza y (tenía) un poco el miedo a la crítica, que igual siempre estará, hasta hoy que estrenaré una obra y tengo miedo que al día siguiente digan: “Este hueón es lo peor, actúa pésimo”. No es que uno lo vaya a hacer mal e ir todo mal. Pero la crítica igual es dura. Y no es que uno tenga miedo y trabaje para eso, pero siempre te da un poco de inseguridad.
Tuve un carrete muy desenfrenado en Buenos Aires, que terminó en un avión, jajaja... O sea, no es que terminó en un avión: en el avión ya tuve que matar. Fue que fuimos a tocar a Buenos Aires con los Julio Pino, o en realidad era yo ya solista, pero con la misma banda; a una cuestión de la embajada de de Chile allá. Y tocaban Los Jaivas, que era el “grupo grande”. Tocamos, me fui a carretear, pasamos de largo y el avión salía a las 8 de la mañana. Llegué a las 5 o 6 AM a buscar mis cosas y me subí el avión arriba de la pelota. Y me dormí, ¡por suerte!, porque no me quería dormir al principio. Pero ya en un momento llegó me llegó el guadañazo.
A los 27 años tuve un cambio porque pasé una etapa de excesos (Según pregunta reportero de una faceta que contó en Vértigo, 2016). Carreteaba harto hasta los 27 y me chanqué un poco, porque desde los 24, 25, 26 y 27 de repente me empecé a perder, a hacer puras cagadas. Y me pegué un chantazo firme como de cinco años. Fue un poco para no perderlo todo. Perdí parejas, amigos y ya iba a perder la pega, y me pegué el alcachofazo.
Había hecho mis primeras teleseries, estaba joven, con trabajo, plata y conocido. No es que me creí el cuento, ni mucho menos, pero me excedí, jaja. Me daba lo mismo que la gente me reconociera en la calle: buena onda, hasta hoy. Yo creo que fue el exceso de verme “exitoso” y joven. Pero creo que lo pude manejar, a tiempo... Porque sino no estaría aquí, probablemente.
Empecé a desaparecer un poco, de cuerpo y alma. Uno hace tonteras básicamente, cuando no está lúcido, e hice muchas tonteras. Y volví a un poco a la vida... ¿Alguna tontera que recuerde? (Pregunta reportero)... No, ¿qué puedo contar? Tampoco son cosas tremendas, son cosas de jóvenes... No, ya, eso… ¿Qué me hizo cambiar? Un amor.
Soy enamoradizo. Me enamoro. Puede ser que a lo largo de mi vida he estado siempre buscando el amor. Soy romántico un poco, con esa mente media adolescente-romántica de encontrar al “amor de tu vida”. Siempre ando con eso. Hasta que ya estás en pareja y dejas de estar buscando.
Peco de ser bueno, al punto que llego a pegar de huevón. Pucha, es que yo creo en la gente. Ese es mi problema. Y la gente a veces se aprovecha... ¿Me han estafado? (Pregunta reportero). Sí, me han estafado; no en grandes cantidades de plata, no he quedado arruinado, por supuesto, pero sí me han estafado, me han cagado... Vas a algún lado, confías en un gallo que te dice: “Te pagaré la otra semana”, y no me pagan nunca y hay que hinchar.
Se aprovechan de mi nobleza, como dice el “Chapulín”. No es que yo sea tan huevón, pero confío en la gente, y a veces no hay que confiar en toda la gente. Esa es la lección, jaja. Confianzas que das y son traicionadas. Es porque soy ingenuo, quizá, en todo sentido, en los viajes, en las pegas, con las parejas. Pero trato de aprender de los errores... ¿Me he vuelto desconfiado? Sigo creyendo como los hueones.
Siempre he estado cantando como intérprete, repertorios, distintas cosas y qué sé yo, hasta el homenaje a (Gustavo) Cerati, que era un ídolo al que podía ver; fui a Soda Stereo varias veces. Eso era bacán. Pero mi ídolo máximo de la vida era Duff McKagan, el bajista de Guns N’ Roses, que ya lo he visto; pero en esa época, en 1992, cuando vinieron, era impensado tener una foto o qué sé yo.
Con Cerati, por suerte, tengo un aire físico, no sé. Me lo han comentado, a veces, cuando ando más parecido en el pelo. No es que yo haya dicho “tengo un aire a Cerati”. De hecho esto empezó con una obra de teatro musical, de Cultura Capital, que a me llamaron (no fue una idea mía) para hacer a Cerati en esta obra, y funcionó muy bien; después no pudimos hacer la obra, por una cosa de derechos, y seguimos tocando y hasta hoy lo hago de repente.
En el 2016 quise ser solista y fui a Argentina a grabar mi disco con los productores Tweety González y Cachorro López. Julio Pino ya había tornado en una banda. También era confuso: “Julio Pino” y “Matías Oviedo”. Lo hice más transparente, y también para que todas las decisiones fueran mías. Julio Pino se transformó en una democracia y yo quería que fuera una dictadura, jajajajaja. No, quería tener todas las decisiones finales, incluida cambiar músicos. No quería depender de los otros músicos; quería que si me faltaba uno, poner otro. Tener ese poder. Era una cosa más logística, y también de marketing: dejar de esconderme detrás de un personaje.
Cuando terminé con TVN o Verdades Ocultas me generó un vacío total, como cuando termina un Mundial, jajaja. Y hay un pequeño tiempo de “acomodación”, como de: “¿Qué hago ahora?... Listo, haré esto y esto”. Pero hay un shock primero. Mi oficio es de mucha incertidumbre, entonces era raro haber estado en algo tan estable. No era lo normal: catorce o trece años en TVN, y que después una teleserie durara cinco años (nunca se había hecho). Fue un remezón, pero después hay que armarse.
Me cuesta harto cambiarme de pega, pero en este rubro hay que hacerlo. Lucho contra eso. Empecé y estuve catorce años trabajando en TVN. Me acostumbré a eso. Después estuve cinco años haciendo una teleserie (Verdades Ocultas). Y después ya he tenido más cambios. Pero no he tenido taaaantos cambios en mi vida.
Me he descrito como intenso, porque, no sé en qué sentido lo puedo decir... ansioso. Tiene que ver con la ansiedad. Tengo un alto grado de ansiedad que se transforma en intensidad; y también de una cosa media adolescente, de esos sentimientos que a veces uno cree que son MUY terribles, y que “con esto se acaba el mundo” y la cuestión. Me pasa muchas pocas veces eso; y después: “Ya, uff, me calmo... Y ya, vamos”.
Al ser papá no es que pases a segundo plano, porque obviamente uno vive su vida y estás en primer plano todo el rato, pero tengo dos personas de las cuales soy responsable. Trato de ser un guía también, y el guía no puede andar ansioso y desesperado por la vida. La vida sola te va sacando esas cosas. Ya no estoy tan ansioso porque, ella (mi hija) está mucho más ansiosa que yo, y tengo que calmarla. Vas cambiando el rol y foco nomás. Totalmente siento ese cambio. El foco ya no está en mí todo el tiempo, de uno preocuparse por uno y vivir por uno. Ahora yo vivo por otras dos o tres personas, aparte de mí. Es distinto y es bacán.
Soy inestable emocionalmente, pero lo tengo ya más manejado. Tiene que ver con la ansiedad. Soy más mayor. Ya tengo una vida un poco más estable también. Aunque los trabajos no sean estables, yo igual mantengo una estabilidad que tiene que ver con mi familia, como el colegio de mis niñas. Hay una cierta rutina, u orden, que tiene que funcionar. La rutina me estableció.
Mi “madre televisiva” es la Quena Rencoret. Estaba el elenco de Vicente Sabatini, y yo era del de la Quena, hasta que se fue de TVN. Pero en un momento éramos un equipo en TVN, por años, ¡catorce! Y fue la primera que me llamó a una teleserie, que fue 16, la teleserie.
¿Mi teleserie favorita ?... Así como “favorita”, no. A unas que les tengo más cariño, como al Señor de la Querencia, porque fue mi primera nocturna. Había hecho más juveniles: 16, 17 y después Versus. Y después hice esa, en la que tocaba temas más adultos. Y otra es 16, por “Perno Pablo”, que hasta hoy me lo dicen, y han pasado 23 años. A “Carvacho” (Vuelve temprano) también me lo recuerda la gente, con (Pancho) Melo, que éramos policías. Y Verdades ocultas (“Tomás”), que fue una súper teleserie para mí. Fue una vida, cinco años. Le tengo mucho cariño a ese proyecto.
Me gusta la teleserie. La teleserie tiene una cosa muy dinámica chora. Es un arma de doble filo, no en el mal sentido, de que la tele es más desechable. Es así: 90 capítulos en los que grabas entre 15 y 20 escenas al día, entonces estás todo el rato actuando, actuando, actuando, y van pasando cosas. Es bacán. Como training actoral me encanta. Me gusta mucho hacer tele porque es actuar mucho.
En El Señor de la Querencia, Hijos del Monte y en Conde Vrolok tuve que andar a caballo. No por la relación de mi familia con los caballos; de hecho, no aprendí a andar a caballo con mi familia. No me gustaba. Yo creo me daba miedo, de chico. Y aprendí para las teleseries. Es rico andar a caballo, pero no es lo mío. Tengo dos hermanos que eran equitadores y mi papá. Pero ya no.
Mi padre era equitador y tuvo un accidente en el 2014 y quedó en coma hasta el 2018. Mi papá se murió. Cuatro años en coma y murió. Por eso con mi familia nos alejamos un poco del mundo del caballo, aparte de que mi papá era el líder de eso. Fue traumático.
La muerte de mi padre es un duelo constante... Yo creo que toda la gente que ha tenido un accidente, o una muerte así, lo dice, pero es como: lo frágil y azaroso de la vida. Porque fue súper azaroso el accidente. Me quedó la angustia del azar: puedes salir a la calle, te atropella una micro y cagaste; pero si no hubieras salido tan rápido quizás no te atropella. Me quedó como que “la vida es más bien azarosa”. No sé si es angustiante, pero sí da un punto de vista.
Mi mamá o mis otros hermanos lo toman de otra manera el accidente de mi papá, porque son más religiosos o creen en el destino. Yo lo veo como que la vida se termina, y azarosamente; o si mi papá hubiera caído ahí (en una parte lisa) y no aquí (en una esquina), se salva. No hay mucho que explicar. No hay ninguna explicación.
Tenía una buena relación con mi papá. No éramos amigos, o sea, amigos en el sentido que no teníamos los mismos intereses. Mi papá no tenía nada de artista, pero siempre me apoyó, en todo. Siempre estuvo ahí, para lo que yo necesitara en este mundo que vivo, que es otro mundo del que él vivió. Nuestra relación mejoró desde que no vivimos juntos, que me fui como a los 22 o 23 de la casa. Nos hizo convivir mejor. Éramos de intereses muy distintos, pero de personalidades muy parecidas, viviendo en la misma casa, y eso nos hacía a veces (chocar).
Con mi papá éramos parecidos en la ansiedad y un poco explosivos. Yo tengo un defecto —que combato—, que es ser muy impulsivo. Y eso a veces provoca reacciones no adecuadas, como decir cosas hirientes. Y él era igual. Entonces a veces chocábamos, no siempre, pero teníamos esos choques. Cuando dejamos de vivir juntos era todo más buena onda. Con el tiempo uno empieza a encontrar los parecidos que antes rechazaba, y después los vas aceptado, y lo vas aceptando a él, y él te va aceptando a ti. Estábamos en una buena relación y etapa cuando tuvo el accidente.
No tuve un cierre con la muerte de mi papá, como nadie lo tenía previsto. No me quedó nada “abierto” (Sobre pregunta de reportero). Por ejemplo, la noche antes del accidente me fue a ver tocar, con Julio Pino. Estábamos tocando en el Patio Bellavista. Me fue a ver, con mis sobrinas y mi mamá, y fuimos a comer. Después, a la mañana siguiente, él salió, se fue a trabajar en su rutina y después a montar en la tarde. Y ahí fue... Tampoco fue como que no lo veía hace tiempo. Lo había visto la noche anterior, y compartimos y estuvimos juntos... Esos momentos agarran un tremendo significado: fue la última vez que lo vi como era realmente. Después lo vi enfermo.
¿Cuál fue me peak mediático? Yo creo que con Verdades ocultas, que la gente se me acercaba. La gente ahora se me acerca por el detective de Olivia. Es muy contigente: Si no estás en teleseries un año, baja caleta esta cuestión de la calle. Pero parece que Verdades ocultas la veía mucha gente.
Con Verdades Ocultas viví una pandemia y terminé una relación (Camila Hirane), que entremedio volvimos y terminamos (Según le recuerda el reportero). Fue complicado porque había terminado con la Camila y teníamos que seguir trabajando juntos... No diré que fue fácil, pero lo superamos. O sea, al principio fue complicado. Había un poco de tensión en el ambiente. Pero después tuvimos que sobrellevarlo; teníamos que sacar adelante en la teleserie y ser profesionales.. Hoy en día, todo bien.
¿Logro separar lo profesional de lo personal en la cabeza? En algún momento sí... Es que depende. Pero tienes que separarlo obligadamente, porque hay una escena y producción que hacer, y no puedes quedarte pegado: tienes que producir, hacerlo y te dicen “esta escena tenemos que hacerla, y tenemos que hacer diez más”. Y hay que hacerlas... Que después te afecte en tu vida personal, obviamente te va a afectar. Pero lo vas superando. Y fue lo que pasó. No era que peleáramos en el set ni mucho menos; hacíamos nuestras escenas, pero cada uno se iba con su corazón complicado. Cada uno en su complicación. Después se fue pasando.
Terminé pololeando con otra persona; ella (Hirane), también. Prueba superada... Ahora no tenemos mucho vínculo. No me ha tocado trabajar con ella.
En la pandemia conocí a la mamá de mis hijas (Macarena Sarras), que es palestina y colabora con la fundación Belén 2000, y yo también. Así nos conocimos: me llamó a hacer unos videos y qué sé yo, con mascarillas entremedio. La pandemia me cambió un poco, porque me puse a pololear con la Maca, después nos fuimos a vivir juntos y después tuvimos hijas. Pero fue un cambio buscado... ¿Me casaría? Yo creo que me voy a casar pronto.
Que mis parejas hayan sido actrices (Juanita Ringeling e Hirane) se dio nomás, no es algo que haya buscado. Y está bueno. No creo que tenga que ver con la profesión, pero sí es una persona más normal, JAJAJA, en el sentido de que (¿qué es normal?) a veces uno se encierra mucho en el mundo del teatro, el arte y la cuestión. Y eso puede ser muy intenso, y muy falso también, ¡muy dramático todo! Y yo también soy así: soy actor y SOY DRAMÁTICO. Y me gusta porque esto es un contrapeso, una persona más resuelta, con los pies en la tierra y práctica. Nos ha ido bien.
Ahora es distinto a todas las parejas que yo había tenido: estoy construyendo una familia. Nunca había construido esto. No siempre tuve la intención de ser papá. Como a los 40 más o menos, empecé con esta onda: como los 40 me aburrí de mí, jaja. Quería esa sensación de que mi vida tuviera un foco más afuera, más en alguien, en otra persona.
Fui papá a los 42 años. Justo me encontré con la Maca y nos conocimos. Ella es menor que yo, pero también estaba ya en en la misma volada. Pasaron dos años, tuvimos una hija, pasó uno y tuvimos otra. Mi primera reacción al saber que sería papá fue que me emocioné porque lo andábamos buscando. Fue bacán.
Siento padre cambié como ser humano. Yo creo a uno se le abre un espacio en la mente y el corazón que no existía antes. No digo que la gente que es papá es mejor persona. No. Pero hay un espacio en que uno entiende muchas cosas, de uno (mismo). Hay, también, una forma de amor que es nueva. Es es un amor nuevo que, yo creo, enriquece.
Como papá soy relajado. Confío en mis hijas, cosa que me ha traído muchos problemas, jajaja, porque son chicas, guaguas, tienen 2 y 4 años. Pero no soy de esos aprensivos y “¡no, que se va a caer!”. Soy presente.
Se puede hacer dos cosas a la vez, pero no tres (música, teleseries y teatro). La paternidad también es un tema, pero tengo red de apoyo, mi señora, digamos. Lo que pasa es que ahora no hay teleserie, jajaja, entonces estoy full teatro y música. Cuando estuve grabando Olivia no estaba en teatro. Pero hay algo: las tres cosas al mismo tiempo es difícil, se topan, en los tiempos más que nada.
Sigo un poco como de día y rockero de noche. Por eso igual tengo tiempo de estar con mis hijas. En general mis pegas, excepto de algunos ensayos en la mañana, son en las noches.
Ahora estoy trabajando por proyectos y estoy súper bien. Terminamos recién el Jardín de Olivia, la teleserie; y estoy en este proyecto Close to me. Y tengo otros proyectos para adelante también. Estoy tranquilo.
El disquero que interpreto en Close to me, “Pedro”, es un poco un ratón de biblioteca; pero en este caso, de disquería: un tipo que sabe mucho de música —y es músico también—, y que está más cómodo en el mundo de la música y de los discos que en el mundo real. No es que sea un no es que sea un tipo antisocial, pero sí le cuestan un poco más las relaciones; es tímido, por supuesto, pero no es un imbécil, jajaja; tiene un mundo, es muy querible, profundo y que tiene cuento. Lo que pasa es que no es un canchero (nada contra los cancheros). Yo, Matías, soy más canchero que él... Es canchero si estás hablando del disco que se hizo en 1943... Lo sacas de ahí y se le complica un poco más; pero no es un estúpido, sabe relacionarse y comportarse.
Con la Fran Walker hice una obra que se llama Las gratitudes, dirigida por la Bárbara Ruiz-Tagle, y que actuaba la Fran Walker, la Ana Reeves (protagonsita y hacía un súper personaje) y yo. Tenemos buena onda con la Fran, nos conocemos hace mucho y hemos cantado juntos más que actuado. Podríamos decir que somos amigos. Y tuve una época más de amistad con el “Tito” Horton, su marido, y seguimos siendo amigos, pero por distintas cosas hemos estado más separados. Nos conocemos, nos llevamos súper bien y tenemos confianza. Ha sido bacán trabajar con ella.
Me llamó la atención lo creativa que es (la Fran Walker). Está siempre en estado de creación. Y está bueno eso, porque, si bien no todas las ideas se usan: hay ideas. Y si a ella se le ocurre una idea, a mí se me ocurre otra, y es una “cadena”. Es distinto cuando no se ocurre nada a nadie. Con la Fran todo fluye.
En Chile creo que hay un auge del musical, pero de hace unos cinco o más años; y de este tipo de teatro musical. Close to me no es un musical propiamente tal, o sea, es una obra con canciones conocidas. Y creo que es súper buen formato. Este apela a la nostalgia, porque se trata de los 1990; pero no todos son así. Para mí, que crecí en los 90, es mi época, jaja, cuando era adolescente joven. Y son canciones que se siguen escuchando hasta hoy. Hay una fiesta y por lo menos vas a escuchar cuatro de este repertorio.
No he hecho teleseries verticales. No he visto ninguna. Soy malo para ver todo, no sólo las verticales. No veo muchas huevadas, JAJAJA; teatro sí, pero veo pocas series, películas y teleseries. No por algo. Simplemente veo poco. Hay gente que ve más series, pero da lo mismo. Nunca he sido tan cinéfilo... ¡y menos verme a mí!, jajaja. Me veo para estudiarme y estaríamos... Pero feliz haría una vertical. No tengo ni un prejuicio... Creo que es lo que la lleva un poco ahora.
Una vez dirigí una obra de teatro y nunca más dirigí. Ahora hago unos talleres de teatro y ahí dirijo. No se ha dado, más que nada, porque siempre he estado con pega de actor, y me gusta actuar. Nunca me di el tiempo, ni el espacio, de dirigir. Eso no significa que alguna vez no lo vaya a hacer.
Participaré en Fiebre del canto (CHV). Es semanal, o sea, me pueden echar la primera semana. O puedo seguir. Me entusiasma porque es cantar, y lo otro lo puedo sobrellevar (lo farandulero). Me lo banco... No me enamoraré de la no sé quién. De cahuín tengo poco. Pero en el concurso de canto jugaré, y jugaré también al show. Es un programa de televisión, o sea, no iré a un programa de televisión a no hacer televisión, digamos. Estoy entregado. Me gusta, me entretiene y pone nervioso porque nunca he participado en un programa así. Pero, también, es lo que hago. Si fuera Fiebre de baile estaría más nervioso.
Para Fiebre de baile me habían llamado, pero no lo logramos; yo estaba en la teleserie.
Estoy preparando canciones para un show que se llama Mundo kitsch, y son canciones de la onda Emmanuel, Yuri, Mijares, José José y Roberto Carlos. Lo estoy armando para estrenarlo pronto, y es mío proyecto, con Eduardo Silva de productor y director musical. Pretendo tenerlo listo en septiembre; máximo, octubre. Y estoy tocando el homenaje a (Gustavo) Cerati, que corre solo. Siempre estoy haciendo eso.
¿Persigo el “éxito” en la música? Ahora el éxito lo puedes ver en las reproducciones, pero, cuando hice “Los muertos celebrando”, siempre era la que a la gente más le gustaba. Busco el éxito, obviamente, que a mi música le vaya bien, que la escuchen y sean hits. Que nunca haya sucedido no significa que uno no lo busque, jajaja. Pero no es algo que me atormente o frustre. Es difícil para uno como artista independiente lograr el ÉXITO: tienes que pegarle al palo al gato, tener un hit muy bueno, y yo no lo he tenido. Y bueno, aquí estamos.
No sé hacer otra cosa más que actuar y música, jajaja. Me gustan las dos cosas y andar siempre en esta carrera paralela siempre me gusta. Y hay veces que alguna tiene más éxito y te dedicas más a eso; o al revés. ¿Pero decir algo así como “no cantaré nunca más”? No.
No cocino NADA. Cociné para La Divina Comida con mucha ayuda. Soy malo para cocinar.
¿Me siento actor o músico? Me siento, no sé, actor.
Los actores no se retiran nunca. Tendré que trabajar hasta que me muera. Pero me gusta igual trabajar.
No soy acomplejado con el físico y envejecer. No es que no pesque, porque uno tiene que pescarlo; pero me lo tomo un poco más relajado. No me he puesto bótox todavía, jajaja. No escupo al cielo, pero no soy alguien que esté muy preocupado siempre de eso. No hago deporte tampoco, por ejemplo. Pero debiera ser. Hacía. Pero hace tres años que no hago nada.
No tengo ningún secreto de juventud, ¿qué voy a tener?...
Me siento en un momento de madurez.
Cuestionario Pop
Si no hubiera sido actor habría sido músico.
En mi época de estudiante en la U. Católica era estudioso, pero estudioso de teatro: vivíamos en la escuela de teatro. Era engrupido, podríamos decir, jaja.
Un apodo que tengo es “Mati”. Todo el mundo me dice así.
Un sueño pendiente es terminar de estudiar Música.
No tengo cábalas.
Una frase favorito es “hacia atrás ni para tomar vuelo”.
Un trabajo mío que no se conoce es que fui garzón en la época del colegio.
Mi primer sueldo lo gasté, jaja, en el arriendo. Me fui a vivir sólo al año de trabajar, cuando empecé con las primeras teleseries, 16.
Algo de lo que me arrepiento es de no haberme cambiado al Mega con la Quena Rencoret. Tuve la posibilidad de irme y me quedé en TVN, porque estaba contratado ahí y sentí que era TVN la estabilidad, no la Quena. Partieron con Pituca sin lucas y habría partido ahí... Mala decisión, jajajaja.
Un actor chileno que es mi amigo es la Antonia Santa María.
Un actor que admiro es Pancho Melo. Me gusta.
Un talento o pasatiempo oculto es la jardinería. Me gusta.
Una canción que me hace llorar es “Pictures of you”, de The Cure, que es mi banda favorita.
Una canción mía favorita es “Los muertos celebrando”, porque le gustaba a mi papá. Era la que más le gustaba. Y es la que más tuvo un cierto “éxito”, por decirlo de alguna manera.
Un miedo es a la muerte, a mí muerte. Me da miedo la muerte porque no creo que pase algo después, entonces me da más miedo.
No creo en el horóscopo. Soy Virgo.
Si pudiera tener un superpoder me gustaría volar.
Un placer culpable es fumar cigarro. Y fumo pito, pero a veces… Ahora no tomo alcohol. O sea, tomo, pero muy poco. Es algo, quizá, social. No consumo nada en particular.
Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a un asado, serían Keith Richards, Kurt Cobain y Bob Marley.
Matías Oviedo es un actor, músico chileno, padre de dos niñas y emparejado con Macarena Sarras.
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