Espectáculos

La Firme con Ramón Ulloa: “Me siento cómodo comunicando noticias, pero no tanto hablando de mí mismo o mi vida personal”

Con casi tres décadas en noticieros, el periodista sureño hace un repaso de su historia, marcada por una infancia de fragilidad, un oficio riguroso y el resguardo de su privacidad. Y vislumbra su futuro: “La televisión no es toda mi vida”, dice hoy en T13 Central.

Entrevista en profundidad a Ramón Ulloa, conductor de Teletrece. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Un cuadro en la pared despierta la curiosidad de Ramón del Tránsito Ulloa Contreras (57). Es una foto en blanco y negro, del Mundial de 1962, donde posa el once titular antes de un duelo en el Estadio Nacional por la máxima cita que se disputó en Chile.

Con el mismo temple con que ha sobrellevado más de una emisión en pantalla en medio de un fuerte remezón, trayendo las manos en los bolsillos, el conductor de noticias acerca su mirada, apunta con el dedo, y reconoce uno por uno a algunos de los ya fallecidos cracks de la época:

—(Alberto) Fouillioux, (Leonel) Sánchez y (Misael) Escuti… —enumera a La Cuarta.

El periodista, luego, toma asiento y, tras revisar su celular, se acuerda:

“Hoy día está de cumpleaños Carlitos Zarate”. Su mente pareciera estar en varias partes a la vez, y aparentemente de manera bastante eficaz, a la espera de su hora de almuerzo y del programa de la tarde en T13, siendo este parte de una rutina que comienza cuando se levanta a eso de las 8 AM y termina tarde: “Cuando llego a mi casa ya es casi medianoche”, asegura, y agrega que de ahí se pone a cocinar, sin importar la hora.

"No soy cabalero", dice Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Ya son treinta años conduciendo noticieros de manera interrumpida, por las noches pelea con la competencia en T13 Central junto a Soledad Onetto, noticiario que, por ejemplo, en noviembre logró 501.590 personas promedio por minuto y un alcance de más de 7.700.000 personas, o sea, el primer lugar durante ese mes.

Tras un año noticioso, que incluyó elecciones presidenciales y algunos golpes noticiosos —como la errada alza en las cuentas de luz—, se irá de vacaciones hasta principios de febrero.

En conversación con La Firme, Ulloa revisa su historial personal y profesional desde una infancia marcada por Chiloé y Puerto Montt, y una compleja enfermedad que pudo costarle la vida; su “familia extendida”; el fútbol como escuela emocional y social más que como destino; su ingreso fortuito al periodismo; llegada precaria a Santiago, de la que derivaron relaciones cercanas como el fallecido doctor René Orozco; el giro decisivo que le significó la Guerra del Golfo en su salto a la pantalla; su periodismo explicativo; el religioso cuidado de su privacidad; su faceta docente; y su presente, definido por la “tranquilidad”, el amor por el oficio y cierta inquietud, por en algún momento, regresar a sus raíces sureñas.

Hacia el final, consultado sobre su segundo nombre, el también reportero se sincera sobre el único punto de su biografía que no le agrada:

—Mi nombre es “Ramón del Tránsito” —evidencia y admite—: Horrible. Ese tal vez ha sido el único trauma de cabro chico. Pero ya lo asumí. En algún momento me dijeron que me lo cambiara. Pero no.

LA FIRME CON RAMÓN ULLOA

Un recuerdo de mi infancia es jugando a la pelota hasta que anochecía afuera de la casa, en la calle, con mis amigos, y con mi mamá llamándome a cenar.

Nací en Chiloé, ahí estuve hasta los tres meses en una isla llamada Voigue, la de mi familia, desde el mar al interior de la isla grande, que queda más o menos a dos horas y media en lancha desde Dalcahue. He vuelto a ir, hemos hecho encuentros multitudinarios de la familia durante el año; pero cada vez se vuelve más difícil juntarse: las familias se van haciendo más grandes y la gente empieza a hacer sus cosas. El último encuentro fue hace dos años, pero no en Voigue: lo hicimos en la isla grande, en Puerto Elvira, cerca de Ancud.

"Cuando era chico era muy enfermizo", recuerda Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Los puertomontinos dicen que se creen chilotes y los chilotes dicen que los puertomontinos no son chilotes. Pero yo comparto la nacionalidad, me siento las dos cosas y creo que tienen una una ligazón muy importante; porque además, como uno viene de la isla a Puerto Montt (algo que ocurre con mucha gente), uno se adapta a las oportunidades que tiene una ciudad más grande, pero mantiene todas las tradiciones propias de Chiloé. Para mí Puerto Montt es una extensión de Chiloé.

Tengo una hermana melliza, Rosita. Físicamente yo creo que nos parecemos; en general entre todos los hermanos nos parecemos bastante en el físico. En cuanto a personalidad, compartimos ciertas cosas, pero nos diferenciamos.

Éramos nueve hermanos originalmente, pero soy parte de un núcleo familiar extendido; si bien nací en la isla, en el Hospital de Castro, no crecí en la isla junto a mis hermanos sanguíneos. Mi mamá estaba muy grave cuando Rosita y yo nacimos y estuvo a punto de fallecer. Era muy difícil porque éramos nueve hermanos, y nosotros fuimos los últimos: cuidar en esa circunstancia, en una isla que no era la misma que ahora, sin comunicación, sin medios de transporte rápidos para llegar a algún lado, era muy difícil. Ahí mis tíos se ofrecieron a cuidarme por un rato y se transformó en algo permanente. Fue siempre la extensión de una familia nada más. Cuando cuento esto siempre digo que para mí más que un problema fue un regalo: el tener más hermanos y cuatro papás. Siempre lo supe, lo entendí, nunca hubo una conversación donde me explicaran. Siempre fue muy natural.

Yo solamente vivía con mis tíos; mi hermana melliza, no. Se dio así porque había una mujercita y un varoncito, y mi mamá quería que fuera un varón porque tenía dos hijas y un hijo. Entonces quería dos y dos. Le digo “mamá” a las dos; por eso siempre digo que tuve dos mamás y dos papás. Ya fallecieron los cuatro, la última fue mi mamá sanguínea en 2016: se cumplen diez años de su muerte.

Ulloa fue adoptado por una tía cuando muy pequeño. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Cuando chico era muy enfermizo, acumulé todas las enfermedades que pueden haber existido cuando niño: paperas, “alfombrilla” (sarampión) y todas las cuestiones. Se me desarrolló una enfermedad permanente: una especie de hemofilia. No es una hemofilia propiamente tal, pero es un problema que hace que te tarde un poco más la coagulación sanguínea. Lo que hoy puede ser una cosa bien sencilla de detectar con exámenes, hace 50 años y en Puerto Montt, sin especialistas y sin nada, era muy raro. Yo sangraba y sangraba hasta que pude morir, porque cuando me venían crisis, no paraba de sangrar. Eso hizo que, lo que inicialmente sería una permanencia temporal con mis tíos, terminara volviéndose permanente. Cualquier cosa podía transformarse en un problema, ya fuera una herida, golpe o algo menor. La hemofilia, además, tiene distintos grados y tipos, y no todas las personas la viven de la misma manera. En general es una enfermedad compleja y, en algunos casos, bastante severa.

En mi caso la “hemofilia” no era tan extrema como en otros, pero tenía sangramientos nasales muy intensos. Podía estar conversando tranquilamente y, de repente, me agachaba y comenzaba a sangrar sin parar; no paraba y terminaba desvaneciéndome. Había que llevarme de urgencia al hospital y hacerme transfusiones. Eso me pasó unas tres veces, y la última fue con paro cardiorrespiratorio. Yo tenía alrededor de diez años. Fue muy intenso. Es por eso que un cuidado temporal se transformó en algo permanente, y luego en una verdadera necesidad. Te marca. Siempre pienso que, si eso me hubiese ocurrido en la isla, probablemente no estaríamos conversando hoy.

Uno podría pensar que algo así te vuelve más temeroso o más cuidadoso. Pero en mi caso: al contrario. Lo que más recuerdo es que al comienzo ni siquiera sabían exactamente qué tenía. No había especialistas en Puerto Montt, así que tuvimos que viajar a Valdivia. Mi hermana —que en ese tiempo estudiaba Medicina en la Universidad Austral—, buscó ayuda y se contactó con el mejor hematólogo que había en el Sur, profesor de ella, que todavía me acuerdo de su nombre; le presentó mi caso, viajé, me evaluaron y finalmente logró determinar exactamente qué tenía.

"Cuando era chico era muy enfermizo", recuerda Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Hay algo que nunca se me olvidó: la última vez que fui con mi mamá, ella le preguntó al doctor cómo iba a evolucionar la enfermedad, y le respondió: “Mire, señora, no se preocupe; este niñito, flaquito y todo, si pasa la adolescencia, está al otro lado”. Esa frase se me quedó grabada: “Si pasa la adolescencia, está al otro lado”. Mi mamá siguió preguntándole, pero yo me quedé pegado con eso: “Si llego a los 12 o 13 años, ya estoy al otro lado”, pensé. Y fue así. No me dio miedo, al contrario: me dediqué mucho a hacer deporte, a jugar y a llevar una vida lo más normal posible.

Me cuidaban muchísimo. Había una sobreprotección constante, que no me cayera, que no me golpeara, que no hiciera ciertas cosas. Yo jugaba con eso y, como buen cabro chico, a veces me aprovechaba. Con mi hermano era bien malo: lo hacía enojar y lo amenazaba diciéndole que si me hacía enojar me iba a sangrar la nariz y que mi mamá le iba a pegar. Era manipulador, lo reconozco, y usaba eso a mi favor. Pero fuera de broma, para mí fue un desafío: desde chico entendí que lo era.

Hoy no tengo que tomar cuidados especiales en mi vida diaria. No hay nada concreto que haga distinto. Sin embargo, entiendo que es una enfermedad que no se cura, y que puede aparecer nuevamente cuando uno ya es mayor, sobre todo si hay que someterse a algún tipo de intervención médica. Cada vez que me ha tocado enfrentar una situación así, se lo comento al doctor y generalmente me dicen: “Ah, entonces usted tiene un problema de coagulación”, y me mandan a hacer exámenes para ver cómo reacciono y si necesito algún tratamiento especial. Afortunadamente, nunca he tenido que pasar por una operación grande.

Cuando me saqué las muelas del juicio, se me ocurrió sacarme las dos de una. El dentista me explicó el procedimiento y me dijo: “Esto sangra un poco”. En ese momento le dije: “Doctor, tengo que comentarle que tengo un problema de coagulación”. Ni siquiera me acordaba bien del nombre de la enfermedad. Cuando se lo mencioné, decidió parar todo y reprogramar. No quisimos correr riesgos. Me hice nuevamente varios exámenes, tiempos de coagulación y todo lo necesario. Esos exámenes siempre confirman que mi tiempo de coagulación es distinto a lo normal. El único cuidado real que tengo es que cada vez que voy al médico y me preguntan por enfermedades preexistentes, lo menciono de inmediato. Es quererme y cuidarme un poco más. Lo digo, lo dejo claro y listo… Finalmente me saqué las muelas del juicio, y después le pregunté al doctor cómo había salido todo y me dijo: “No sangró nada. Perfecto”.

"Había una sobreprotección constante", cuenta Ulloa sobre su niñez enfermiza. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Hice las divisiones inferiores en Puerto Montt. Si no llegué a convertirme en arquero, fue simplemente porque no era tan bueno. Ese quiebre, de alguna manera, lo marcó Clavito Godoy, pero tampoco es que yo pensara seriamente en dedicarme al fútbol. Para mí era algo más que un hobby, pero no era un proyecto de vida: mi intención siempre fue estudiar. Aun así, entendí el deporte en general —y el fútbol en particular— como una forma de aprender, muy marcada por los técnicos que tuve en las divisiones inferiores. Jugábamos todo el tiempo. Las clases de educación física eran básicamente eso. Aprendí qué genera el fútbol como experiencia colectiva, cómo manejar las frustraciones, los éxitos, el rigor, la disciplina y el trabajo en equipo; perder un campeonato, llorar, que te “roben” un partido después te sirve muchísimo en la vida. Te prepara para enfrentar injusticias, fracasos, premios, satisfacciones y decepciones, porque la vida también tiene todo eso. Además, el deporte te enseña a trabajar con otros, a convivir y entender que nadie gana solo. Los deportes, y especialmente colectivos, entregan herramientas maravillosas para el resto de la vida.

Cuando chico creía que me gustaba mucho todo lo relacionado con la electrónica o la electricidad. Por eso, al pasar de la básica a la media, le dije a mi papá que quería estudiar en un liceo industrial. Así entré a uno en Puerto Montt. Una vez adentro, me di cuenta de que no era para mí. Aun así me iba súper bien. Pero cuando empecé con dibujo técnico confirmé mis dudas: era malo para el dibujo y no me atraía en lo absoluto. Entendí que probablemente había tomado una decisión no tan alineada con lo que realmente me interesaba, y que lo mío iba mucho más por el lado humanista. No creo que existan decisiones incorrectas. Hay decisiones que uno tiene que saber asumir, adaptar y aprender de ellas. Uno podría decir que lo “correcto” habría sido entrar a un liceo humanista. Pero el resultado final terminó siendo el mismo.

Como siempre me ha gustado mucho el deporte, en algún momento pensé en ser periodista deportivo. El liceo industrial en general tenía una orientación distinta, más técnica, y yo era de los pocos que escapaba un poco a esa lógica. Un profesor que impulsaba iniciativas más humanistas, como la revista del colegio, el anuario y actividades de escritura; y me metí de inmediato. Empecé a escribir, a participar, a juntar todas esas cosas, como un refugio personal. Me di cuenta: “Esto realmente me gusta”. Como seguía jugando fútbol y me tocaba hacer reportes, comentar partidos y estar involucrado, empecé a pensar que el periodismo sería una posibilidad real. No entré con la idea de ser sí o sí periodista deportivo, sino más bien por la experiencia de comunicar, de contar historias, de estar ahí. Poco a poco, ese camino se fue armando.

"No entré a Periodismo con la idea de ser sí o sí periodista deportivo", recuerda Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Me vine a Santiago a estudiar a la Universidad de Chile. Dejé Puerto Montt y me trasladé definitivamente. Con suerte había venido a Santiago un par de veces en mi vida, muy puntuales. El cambio fue enorme y al principio fue súper desafiante: un verdadero reto. El mundo era muy distinto a hoy, no es lo mismo venir de provincia ahora que hace varias décadas atrás. Había muchos menos recursos, yo no tenía plata, no podía viajar de vuelta con facilidad, no existían los celulares, internet ni ninguna de las cosas que hoy permiten mantener el contacto. Para hablar con mis papás tenía que ir a una cabina telefónica en el Centro y, con suerte, lograba llamar una vez a la semana. Estaba solo, tratando de armar una vida nueva, rodeado de gente que no conocía, en una ciudad completamente distinta. Pero también muy entretenido. Sin duda, una de las etapas más intensas y enriquecedoras de mi vida.

Tuve la suerte de llegar a un pensionado universitario —la residencia universitaria Cardenal Caro, que hasta hoy sigue existiendo en Calle Dieciocho—donde vivíamos alrededor de cien estudiantes, que me ayudó muchísimo. Éramos jóvenes desde Arica hasta Punta Arenas, con realidades muy similares: compartíamos los mismos problemas —especialmente los económicos—, intereses y sueños. Nos apoyábamos entre nosotros, y eso hizo toda la diferencia. Fue una de las experiencias más valiosas que he tenido en mi vida: aprendí a convivir, resistir, crecer y construir comunidad lejos de casa.

Diría que yo era más bien piola: no era ni extremadamente tímido ni tampoco el canchero o el galán del curso. Siempre fui más bien tranquilo. De hecho, toda la vida me dijeron “el chilote”, incluso en la universidad. Me molestaban con esos típicos comentarios, pero siempre más bien anecdótico. No pasaba inadvertido, pero tampoco era el líder del grupo. Éramos un grupo bien marcado, que hasta hoy sigue. En la universidad nos hacíamos notar, pero más como grupo que individualidades; todavía hay gente que se acuerda de nosotros por las tonteras que decíamos y hacíamos.

En lo afectivo, no tuve mucha vida de pololo en Santiago. Venía con pareja desde Puerto Montt y mantuvimos la relación a distancia por bastante tiempo. Y funcionó durante un buen periodo, aunque después, como pasa muchas veces, terminó.

"Diría que yo era más bien piola", recuerda Ulloa sobre su adolescencia. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

No es que no me gustara viajar, simplemente no tenía experiencia viajando, y las que tenía, eran más bien precarias. Para ir a Puerto Montt viajaba en bus (viajar en avión era un “lujo”), y eran viajes larguísimos; salía a las 5 de la tarde y llegaba al día siguiente cerca del mediodía, completamente agotado. No era nada placentero. Aun así, como quería ver a mi familia, muchas veces hacía la locura de viajar sólo por un fin de semana, y volvía. Hoy suena impensable, pero lo hacía igual. Los primeros años viajaba harto y con el tiempo empecé a viajar cada vez menos, sobre todo cuando empecé a trabajar.

Aprendí realmente a viajar cuando ya estaba trabajando. La primera vez que me subí a un avión fue por trabajo. Le empecé a encontrar el gusto a viajar, a conocer lugares nuevos, culturas distintas y gente diferente. Hoy encuentro que viajar es fascinante, probablemente de los mejores regalos que uno puede hacerse a sí mismo y a los cercanos, porque los recuerdos son impagables.

Mi primer trabajo fue en la Radio Reloncaví. Ocurrió incluso antes de mi primer verano formal de trabajo, cuando recién estaba en primero de universidad, el año del plebiscito (1988). Yo estaba inscrito para votar en Pto. Montt, así que tenía que viajar. Mientras mis compañeros de universidad se quedaban en Santiago tratando de engancharse en algún trabajo para colaborar desde acá, decidí aprovechar el viaje y me ofrecí para trabajar en una radio local. Después ya me conocían, entonces, entre vacaciones y veranos, seguí trabajando ahí; y más adelante trabajé en el diario local, durante varios años, hasta que apareció la posibilidad de hacer una práctica en Santiago.

"Aprendí realmente a viajar cuando ya estaba trabajando", comenta Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Hice una práctica en TVN. Cuando me hicieron la inducción, nos dijeron que entrábamos a trabajar el 24 de diciembre, yo tenía planificado viajar a Puerto Montt entre el 24 y el 1 de enero para pasar Navidad y Año Nuevo. Le pregunté al jefe si podía empezar el 2, me miraron todos y él me dijo que no había problema, pero que tendría que hacer lo que nadie quisiera. Yo quería hacer Deportes, y justo un amigo quedó en esa área, y yo estaba en Pto. Montt, comiendo asado, viendo la tele, y a mi compañero haciendo notas deportivas mientras pensaba: “Qué mala decisión tomé”. Cuando volví me mandaron a Internacional, que no tenía la relevancia de hoy, y las notas importantes las hacían periodistas con experiencia. Mi tarea era básicamente revisar información, ni siquiera redactar.

El jefe de Internacional me dio una sola instrucción: estar atento a las campanillas de los teletipos, que eran rollos de papel que se imprimían solos. Me dijo: “Si suena una campanilla, es más o menos importante; si suena dos veces, es importante; y si suena muchas, es muy importante”. Una noche, cerca de las 10 PM, estaba solo esperando el cambio de turno y, de pronto, empezaron a sonar todas las campanillas; fui a mirar y vi la noticia: Estados Unidos atacaba Irak. Fui donde el jefe de turno, me miró y dijo que había que salir al aire; pero no había nadie más en el canal. Me dijo: “¿Eres capaz de pararte frente a la cámara y leer esto sin equivocarte?”. Le dije “sí”. Me contestó: “Ya, pero si te equivocas, te irá mal”. Aparecí por primera vez en televisión. Fue una transmisión larga, toda la noche. En el canal solo estaba yo y Pato Bañados, que grababa El Mirador, e improvisaba en el estudio con la información que llegaba, y me daba el pase, a mí, a un cabro que no conocía nadie. La Guerra del Golfo se transformó en la noticia más importante del año, abríamos todos los días con Internacional, se reforzó el equipo; y el editor, Guillermo Yunge, empezó a darme más responsabilidades y tareas más relevantes.

Nunca imaginé una carrera en televisión. Mi idea siempre fue volver a Puerto Montt y ejercer el periodismo allá. Tenía incluso un ofrecimiento concreto para trabajar en el diario local, El Llanquihue, donde había trabajado varios veranos e incluso inviernos; y el director, Harold Mesías, siempre me decía que el contrato me estaba esperando: sentía un compromiso de lealtad. Cuando me salió la opción de TVN, lo llamé, le expliqué la situación, le pregunté si se enojaría y me respondió: “¿Estás loco? Ándate para allá, hazlo, sé que te irá bien”. Desde ahí mi vida siguió en Santiago, descubrí el medio audiovisual, aprendí muchísimo, apoyando a otros periodistas, saliendo a la calle y aprendiendo desde abajo.

El primer periodista con el que salí a terreno fue Antonio Quinteros, que ya era un reportero reconocido en TVN, en un momento muy especial, el inicio del proyecto 24 Horas: en plena postdictadura, TVN tenía el desafío de recuperar la credibilidad como señal pública, en un proyecto encabezado por Bernardo de la Maza. Había una mezcla muy potente de periodistas experimentados y gente. Fue épico. Participé cinco años.

"Nunca imaginé una carrera en televisión", admite Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

“Tengo un genio medio complicado y no me dejo penetrar fácilmente, soy celoso de mi intimidad”, dije en el 2006. Sigo siendo así y sigo pensando lo mismo. Para mí, las personas que trabajamos en medios de comunicación, y más aún en televisión, cumplimos ciertas funciones, y creo que la gente espera que uno sea consecuente con ese rol. Desde ese punto de vista, las cosas más triviales o las cuestiones más personales, las de la intimidad, no tienen por qué transformarse en una noticia. Me lo enseñaron desde el primer día en la universidad, en la primera clase, el profesor nos dijo: “Ustedes no son noticia”. Y siempre me ha hecho mucho sentido. Entiendo, por supuesto, que cuando uno trabaja en este medio surja cierto interés por conocer un poco más a la persona, por conversar de estos temas de manera más relajada, lo comprendo. Pero creo que eso debe tener límites.

La vida personal de las personas no me parece que tenga que ser una noticia, especialmente cuando se trata de alguien que da noticias. No es algo que provenga de una experiencia negativa ni de algo que haya sufrido. Es más bien una cuestión de principios. Siempre lo he visto así. No tengo ningún problema con quienes eligen hacerlo distinto. Yo siempre he pensado que uno tiene que ser como es, no una persona para la televisión y otra distinta fuera de ella. Si a alguien le acomoda, le sirve y se siente cómodo exponiendo más su vida personal, me parece perfecto. En mi caso, no me siento cómodo. Me siento cómodo haciendo mi trabajo, comunicando noticias y cumpliendo mi rol, pero no me siento tan cómodo hablando de mí mismo o de mi vida personal.

La cobertura que más me ha marcado fue la erupción del volcán Chaitén (2008). Se mezcló lo periodístico con lo humano y con mi historia de vida. Ver a una ciudad entera evacuada, a campesinos dejando sus tierras y animales, me hacía pensar en mi abuelo; pensaba que si a él le hubiera pasado algo así, sacarlo de su isla y llevarlo a Puerto Montt, habría sido prácticamente condenarlo. Veía a la gente de Chaitén dando vueltas en la plaza, sin saber si algún día volverían. Estuvimos mucho tiempo cubriendo eso. El día de la evacuación, el equipo del Canal 13 —donde trabajaba— fue el único que se quedó dentro de la ciudad completamente abandonada, con una columna de humo que superaba los 12 kilómetros. Estar solo ahí, al pie del volcán, fue impresionante. He vuelto varias veces a Chaitén, por razones personales, de vacaciones, y también mucho tiempo después subí al volcán.

El entrevistado más difícil, o desafiante, que he tenido a lo largo de mi carrera fue Ricardo Lagos. No sólo por su personalidad, también por la carga intelectual y la presencia que tenía como Expresidente. Era una presencia casi omnipresente y hacía que uno sintiera que tenía que estar muy bien preparado para enfrentarlo, para hacerle preguntas. Había un peso intelectual muy fuerte. No era porque se enojara, tratara mal ni nada de eso. Era más bien una sensación parecida a ir a dar un examen. Entrevistar a Ricardo Lagos era, en ese sentido, una experiencia muy exigente. Los entrevistados del mundo político suelen ser difíciles; pero por otra razón: cuesta sacarles una cuña, se van por las ramas, esquivan las respuestas. Pero ese es otro tipo de dificultad.

"Los entrevistados del mundo político suelen ser difíciles", analiza. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Me fui de Canal 13 a CNN porque era un proyecto nuevo y desafiante. Siempre he tenido la suerte de estar en muchos equipos fundadores en mi carrera: fui el primer conductor de Tele 13 AM, además de editor, cuando Canal 13 no tenía noticiero en la mañana; también formé parte del equipo fundador de Aquí en Vivo (Mega); del primer equipo de Tele 13 Radio, y del equipo fundador de CNN Chile, que para mí es un hito mayor: debutar un medio completo es como marcar un gol de media cancha. Siempre que me ofrecen algo nuevo, me hace cosquillas en la guata, la adrenalina de crear algo que no he hecho antes. Más que la plata o los cálculos mundanos, lo que importa es el proyecto, con quién voy a trabajar y qué poder de decisión tendré.

Volví a Canal 13 porque en CNN hubo una transición incierta, existía la posibilidad de que fuera vendido y que el proyecto mutara a otra cosa, incluso a un canal centrado sólo en crónica roja, al estilo Crónica TV de Argentina. No era lo mío. Así que decidí salir si se transformaba en eso. Al mismo tiempo, Tele 13 estaba en un relanzamiento, una nueva etapa de T13, era un desafío formar parte de algo nuevo, algo que me motivó a regresar.

"Siempre he tenido la suerte de estar en muchos equipos fundadores en mi carrera", dice Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

No sé si decir que no le tengo miedo a los terremotos. Creo que estoy medio “condenado”, porque ahora ya no puedo salir arrancando en un terremoto, por la figura pública que soy. Pero, más allá de eso, no es que no tenga miedo, es más bien una pregunta práctica: ¿qué saco con correr? Cuando estoy frente al micrófono es distinto: uno adopta una actitud de comunicador. Siento muy claramente la responsabilidad de que lo que digo, hago o cómo reacciono, lo están viendo y escuchando otras personas. Así, aunque uno tenga mucho susto por dentro, hay que tratar de transmitir la mayor tranquilidad posible, porque cualquier gesto o palabra puede generar algo en quienes están del otro lado. Uno se pone en “modo comunicador”, sin duda.

Como ciudadano común, cuando hay un terremoto fuerte tampoco me muevo mucho. Más bien empiezo a mirar alrededor: qué hay cerca, qué se puede caer, dónde es más seguro quedarse. Pienso que si corro, capaz que justo me caiga algo encima. Prefiero quedarme, buscar protección, meterme debajo de una mesa si es necesario. No es que sea valiente ni que no sienta miedo; es más bien aceptar que “esto es lo que hay, y que si algo va a pasar, va a pasar igual”. En general, enfrento la vida de una manera parecida.

Alguien alguna vez me enseñó a prepararme siempre para el peor escenario. Y no es ser pesimista, sino ser extremadamente realista. Frente a cualquier situación, desde la más simple hasta la más complicada, siempre pienso: “Y si esto sale mal, ¿qué hago?”. Como casi nunca las cosas salen tan mal como uno imagina, siempre terminan saliendo mejor. Me ha pasado mil veces. Por ejemplo, cuando te llama el jefe y uno se pasa mil rollos pensando que se acabó el proyecto o que viene algo malo, y al final es para decirte que estuvo buena la nota del día anterior: uno se armó toda una película, y no era nada. Eso de ponerse en distintos escenarios me ha servido mucho. Los escenarios casi nunca son tan malos como uno cree.

"Alguien alguna vez me enseñó a prepararme siempre para el peor escenario", dice Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

En lo inmediato, me proyecto en la conducción. Me acomoda. Agradezco que los formatos actuales permitan no ser sólo la persona que lee un lead para presentar una nota, también te dan espacio para desarrollar otras habilidades, un poco más blandas, menos acartonadas que los esquemas antiguos de la televisión. También valoro que los noticieros centrales mantengan cierta solemnidad. Me gusta. Creo que hay distintos escenarios y espacios para distintas cosas. Por eso celebro que existan otras ventanas, en otros horarios, con un tono más lúdico u opinativo. Me parece perfecto así.

Me gusta reportear, me gustan los reportajes. Siempre ha sido lo que más me ha motivado. cuando tuve la opción de seguir cinco años más en el periodismo deportivo en TVN y consolidarme definitivamente ahí, tomé la decisión contraria. Me ofrecieron ser parte de un equipo de reportajes, algo que nunca había hecho, y quise aprender. Pude haberme quedado donde estaba, cómodo y seguro, pero preferí ir por ese otro camino.

A veces llego al trabajo escuchando audiencias del Poder Judicial. De hecho, ayer estuve toda la tarde escuchando las audiencias del caso de Gustavo Gatica. Como coincidía con el horario de trabajo y el almuerzo, estuve conectado todo el tiempo. Venía en el auto escuchando, entré a una reunión y todavía no había terminado la audiencia. Puede parecer latero, pero no es una afición ni un gusto personal. Es parte de estar en sintonía con lo que se dice. Si vas a explicar lo que ocurrió, primero tienes que entenderlo. Una resolución judicial puede gustarte o no, pero eso es otra discusión. Lo importante es tratar de entender cuál es la lógica detrás y transmitirla. No significa tomar partido por una posición u otra, sino explicar cuál fue la línea argumentativa que llevó a esa decisión. Es muy fácil decir “esto está bien” o “mal”, indignarse o aplaudir. Pero creo que es mucho más relevante decir: “Se decidió esto por estas razones, esta fue la lógica que se siguió”. En lo personal, uno puede estar de acuerdo o no; pero eso ya es otra cosa. Creo que esa es la única manera de entendernos como sociedad.

No creo que los noticieros centrales (al menos en los tiempos que corren) tengan que ser un espacio donde uno esté opinando de todo. Para eso existen otros formatos. Los informativos son informativos. Me interesa más el lado de la interpretación, tratar de entender la realidad. En un noticiero central —como el que hacemos nosotros—, el foco está en comprender lo que pasa, porque sino se corre el riesgo de caer en la tentación de decir sólo lo que la mayoría quiere escuchar. Si uno se guía únicamente por la popularidad, por el aplauso o por el rating como termómetro social, termina distorsionando el trabajo.

Hoy Ulloa conduce el noticiero con Soledad Onetto.

Los periodistas trabajamos con hechos, y al abordar ciertas materias a veces te van a aplaudir y otras veces te van a criticar. Es parte del juego y no tiene nada de malo. El problema es cuando uno empieza a buscar sólo el aplauso, porque hoy la temperatura va para un lado y mañana para otro. Creo más en un formato explicativo e interpretativo, que entregue herramientas para que las personas saquen sus propias conclusiones. Me lo enseñaron desde la Escuela de Periodismo, y sigue siendo una convicción muy profunda para mí. No significa que no existan otros formatos más opinativos o más libres; perfecto que existan. Pero cada uno en su lugar.

Puedo escucharte, entender lo que dices, aunque no lo comparta. Y al mismo tiempo, al escucharte, te obligo también a escucharme y a tratar de entenderme. Tal vez desde ahí se pueden encontrar puntos de acuerdo. Me molesta de este tiempo que la gente no se escucha, no profundiza en los fenómenos y se queda mucho en el eslogan. Por eso no es que sea enemigo de las redes ni mucho menos, sino que tomo cierta distancia. Creo que hay que usarlas bien, para profundizar, no para quedarse sólo en un video corto o en una indignación momentánea. Muchas veces todo queda en el “esto no me gusta” o en el aplauso fácil, con miles de reacciones positivas; pero sin decir nada. Sólo se sintoniza con lo que está pasando para ser un poco más popular, pero sin aportar realmente.

No soy crítico de figuras como Neme o Julio César Rodríguez. Para nada. Yo soy muy respetuoso de eso. Cada cual tiene que hacer lo que le acomoda, donde se siente cómodo. Yo hablo solo desde mi propia perspectiva: si no soy así, ¿para qué voy a hacerlo de esa manera?

" Me molesta de este tiempo que la gente no se escucha", declara Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

El rol que cumplimos los conductores no es sólo el que se ve en pantalla. Internamente, el trabajo es mucho más colectivo de lo que muchas veces se percibe. Las decisiones editoriales, enfoques y manera en que se abordan los temas se toman, en términos generales, de forma colectiva. Hay reuniones de pauta donde se discuten mucho los temas, se conversa cuál será el foco, hacia dónde apunta la cobertura y cómo se va a explicar. Siempre con la idea de entender qué está pasando. Se conversa sobre las implicancias del tema, los entrevistados, las reacciones que se van a buscar y cómo se entrega la información. Afortunadamente —al menos cómo trabajamos nosotros—, no es que alguien tome una decisión y yo me enfrente en pantalla con algo que no conocía o que me sorprende al aire.

Uno forma parte del proceso (del noticiero), sobre todo cuando se trata de temas más elaborados o reportajes importantes. También del modo en que se difunden y se presentan las materias. Evidentemente, en un noticiero que dura casi dos horas hay muchos temas, y a algunos se les dedica más tiempo y atención que a otros, según su relevancia. Pero la idea es estar siempre involucrado. Cada persona aporta desde lo que tiene. Uno puede reportear por fuera, fuentes, contrastar información. En las reuniones de pauta alguien dice: “Esto está pasando, esta versión tengo”, y así se va armando una construcción informativa con distintas miradas. Ayuda a reducir el riesgo de errores.

Estoy todo el día reporteando. Trabajo parte del tiempo en radio y tengo dos programas radiales, lo que te mantiene permanentemente conectado. Es mucho WhatsApp, muchas llamadas, mucha conversación constante. Cuando ocurre algo noticioso, todo el equipo se activa. No es solo el editor o el periodista asignado: todos aportan con las fuentes que tienen, llaman, chequean, contrastan. Es una construcción colectiva de la información. Y eso, como equipo, ha funcionado muy bien en el último tiempo.

"Estoy todo el día reporteando", comenta Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Me han ofrecido hacer un matinal, pero siempre he dicho que no. No es porque no me guste ni porque no quiera. Creo que simplemente son caminos distintos. Aplaudo muchísimo a quienes pueden desdoblarse, ir y volver; un ejemplo muy claro y cercano es José María del Pino. Lo mismo con muchos otros. El punto es que el tránsito entre un lugar y otro no siempre es fácil. A veces es más difícil ir hacia allá y después regresar. No es miedo, es más bien la idea de que uno ya tiene una vida profesional hecha y cambiarla completamente; salvo que sea absolutamente necesario, no es tan simple. Hoy esos mundos están mucho más cerca que antes y, por lo tanto, es más posible hacerlo. Pero cuando a mí me ofrecieron tomar esa decisión, eran mundos muy distintos.

No descarto que alguna vez podría hacerlo (ser parte de un matinal); pero por mi forma de ser y de trabajar, creo que me costaría regresar al noticiero después de estar ahí. Digo con franqueza que no me cierro a ninguna posibilidad, pero uno tiene que ir leyendo el momento, ver qué le está haciendo sentido y qué le está motivando. Hoy no siento la necesidad de cambiar. Si en algún momento surgiera algo distinto, probablemente tendría que ver con trabajar temas culturales o contenidos en esa línea, en un formato más relajado que el noticiero central; pero siempre desde un lugar que me resulte genuino.

Llevo alrededor de treinta años conduciendo noticias de manera ininterrumpida, desde 1998. Es verdad que toda actividad, con el tiempo, puede adquirir cierta rutina, pero en este caso es muy difícil que se vuelva realmente “rutinaria”: pasan demasiadas cosas, y además el modelo que desarrollamos en el canal es muy desafiante, de contextualización y explicación, que me encanta. Nadie puede explicar lo que no entiende: si hacemos un noticiero que intenta explicar la realidad, entender lo complejo que es el mundo en todas sus dimensiones, el primer desafío es para uno mismo: reportear, estudiar, no improvisar. No se trata sólo de llegar y leer tres líneas para presentar una nota. Hay reuniones de pauta, se decide qué temas van, cómo se explican, qué gráficos se usan y cómo se presentan los distintos escenarios. El noticiero es un desafío también desde lo visual y lo escénico, una coreografía en pantalla, moverse, presentar distintos elementos, interactuar con otros. De aburrido tiene muy poco.

" Hoy no siento la necesidad de cambiar", dice Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Mi rutina diaria es bastante intensa. Hoy me levanté antes de las 8, empiezo leyendo y escuchando T13 Radio, revisando lo último que ha pasado y terminando de preparar el libreto del programa que tengo a las 10 de la mañana, Doble Click. Llego al canal cerca de las 9:30; entro a la reunión de pauta, y luego seguimos preparando todo para el noticiero del día siguiente, que ese trabajo puede durar hasta mediodía. Después tengo un espacio entre la 1 y las 3 para almorzar o despejarme, si no hay otra reunión. A las 3:30 tenemos la pauta del noticiero y a partir de ahí preparo el programa de las 5:30, Conexión T13, hasta las 7. Después voy de la radio al canal porque a las 7:30 estamos en vivo con otro programa informativo, T13 en Vivo, hasta las 8. Entre las 8 y las 9 me maquillo, doy los últimos retoques y me preparo para el noticiero que hoy —gracias al horario veraniego— termina cerca de las 11:15. Cuando llego a mi casa ya es casi medianoche.

Antes de acostarme cocino siempre que puedo y como. Me gusta cocinar, lo desarrollo mucho más ahora y he descubierto que soy bastante bueno. Mi mamá me enseñó, y es como andar en bicicleta, aunque lo dejes por un tiempo: no se olvida. Cocinar es rico, es aprender, probar y satisfactorio ver que no lo hago tan mal, aunque sea tarde en la noche. Todo esto lo hago mientras trabajo, pero de alguna manera lo hago, y lo disfruto mucho.

"Me gusta cocinar, lo desarrollo mucho más ahora", dice. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Los sábados trato de no ver noticias. Ese es mi día de desconexión, porque los domingos también tengo que trabajar: preparar el programa de radio del lunes; no puedo desconectarme del todo. Los sábados son mi único momento para desconectarme, aunque no es que uno pueda desconectarse completamente; siempre hay que estar pendiente. Si te desentiendes por mucho tiempo, cuesta retomar la evolución de los hechos, te pierdes parte de la historia y terminas repitiendo lo que otros dicen, en lugar de explicar lo que tú entiendes. Ese ritmo puede cansar, pero más físicamente que por aburrimiento, porque es lo que me gusta y me apasiona. A veces uno se agota, necesita un respiro, y ahí sí se siente la carga del trabajo. La cabeza también se cansa, y por eso es necesario despejarse.

Mi manera de desconectarme es salir a andar en bicicleta. Es lo que más me gusta hacer. Puedo ir por cualquier lado, subir al Cerro San Cristóbal o recorrer la ciudad hasta donde aguante. A veces salgo tres o cuatro horas. Me gusta disfrutarlo de manera tranquila, no competitiva. De lo que más valoro de la ciudad es que algunos municipios cierren calles los fines de semana para andar en bicicleta. Cuando pedaleas, ves cosas que no notas durante la semana, aunque pases cien veces; no sólo llegar a tu destino como pasa con el GPS.

Cuando voy en bicicleta trato de no usar Waze, porque quiero conocer realmente el sector, dónde están las iglesias, los letreros, las cuadras, los detalles de las calles. No se trata sólo de llegar a un punto, sino de observar entre medio. La ciudad se ve distinta cuando no tienes que preocuparte por los autos, puedes andar tranquilo por ciclovías o parques, y lo disfruto mucho. La remodelación de la Alameda, por ejemplo, me tiene con ganas de recorrerla completa, pararme en los monumentos, mirar la ciudad desde la bici. Me gusta mucho esa sensación.

"A veces salgo tres o cuatro horas", dice sobre sus paseos en bicicleta. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Sería mentiroso si dijera que no me siento halagado por ese tipo de evaluaciones (rostro mejor evaluado en la última Cadem junto a Soledad Onetto y Juan Manuel Astorga). Obviamente generan satisfacción, pero no es lo que me mueve. Para mí es más bien una consecuencia del trabajo, en este caso colectivo. Si al noticiero no le fuera bien, si no fuera influyente, competitivo, si no estuviera peleando los primeros lugares, probablemente ninguno de nosotros estaría bien evaluado tampoco: una cosa lleva a la otra, y es resultado del trabajo de muchas personas. Por eso cualquier reconocimiento personal necesariamente lo extiendo a un equipo completo. Lo agradezco y valoro, pero no es el fin último.

No creo que estar bien evaluado signifique que uno sea el mejor, ni que estar mal evaluado signifique que uno sea el peor. Si mañana estuviera mal evaluado, no pensaría que todo está perdido; me preocuparía —o más bien me ocuparía— de entender qué estamos haciendo mal o qué no se está reflejando de lo que intento transmitir. Hay una diferencia entre creerse el cuento y sentirse satisfecho. Me siento satisfecho, pero no me creo el cuento. A todos nos alimenta un poco el ego, sería falso decir que no; pero no pasa de eso.

¿Compañera conductora favorita? No voy a responder eso. Son todas las mejores. Cada una es distinta, y de verdad me he llevado muy bien con todas. Nunca he tenido un problema con ninguna. Con todas la relación ha sido excelente.

"No voy a responder eso", dice Ulloa sobre su compañera conductora predilecta. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

La televisión es un medio audiovisual y hay cierta presión estética, sobre todo para las mujeres, que solidarizo con mis compañeras porque la gente puede ser muy crítica. Para los hombres, en cambio, es menos severo el juicio popular; pero lo entiendo perfectamente.

Nunca me he hecho ningún retoque estético, nada de bótox ni nada por el estilo. Si alguna vez hiciera algo sería por una cuestión de salud más que estética. Por ejemplo, con las bolsas en los ojos, si uno las tiene muy grandes, no se ve bien, poco saludable. No es que me vea más bonito o feo, sino que la persona se ve cansada, incluso enferma o demacrada, y uno no tiene por qué verse así si no se siente así. Lo único que podría considerar sería en ese sentido, porque afecta la salud y la apariencia de manera significativa; casi como la salud bucal, uno tiene derecho a verse bien y sentirse bien.

La gente en la calle es muy respetuosa conmigo. Sí me reconocen, me saludan, pero en general tienen una visión de mí que es demasiado seria, puede ser porque el formato del noticiero central es más solemne. A veces me dicen: “Oiga, usted no es tan serio como en la tele”, y yo les respondo que, si me conocieran bien, verían que no soy para nada serio. En términos generales, la gente es muy respetuosa y cariñosa. Cuando alguien dice cosas buenas, es de buena onda; cuando hacen alguna observación crítica, también está bien, porque forma parte de la conversación.

En momentos de alta conflictividad social, obviamente se nota más la presión y los comentarios de la audiencia, como pasa con todos los que trabajamos en medios de comunicación. Pero, en general, los comentarios que recibo no son agresivos. Más bien me dicen cosas como: “Oye, ¿por qué no hicieron tal cosa ese día?”, “¿Por qué no le dieron más tiempo a esa noticia?”, “¿Por qué no entrevistaron a tal persona?”. Son críticas desde el ámbito de la reflexión y la opinión, más que ataques personales. Y está bien: todos tenemos derecho a opinar. Yo mismo, como televidente, me enojo de cosas que veo en pantalla, así que entiendo perfectamente que otros hagan lo mismo.

"La gente en la calle es muy respetuosa conmigo", comenta. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

No soy muy de redes sociales. Lo que hago es trabajar mis redes principalmente desde lo periodístico. Todo lo que subo tiene que ver con eso.

Probablemente debería subir más cosas para potenciar también las redes del canal; de hecho, a veces me lo hacen notar. Pero lo que publico son contenidos que me parecen relevantes, que creo que aportan. Muchas veces son cosas relacionadas con el trabajo que hacemos en el canal, profundizaciones de ciertos temas o enlaces que ayudan a entender mejor una noticia y no quedarse sólo en el titular. También subo cosas cuando estamos afuera trabajando, en terreno. Ese tipo de contenido que me acomoda.

Publicar cosas más personales, como por ejemplo mostrar un viaje solo por el viaje, no es algo que haga habitualmente. No es que tenga un problema con eso, simplemente no es lo mío.

Tengo tres hijos y estoy separado... No estoy en nada: separado.

"Simplemente no es lo mío", dice sobre mostrar su vida privada en redes sociales. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

¿Explorar otros espacios o formatos, como los que se desarrollan en redes sociales? La verdad es que no me cierran demasiado. Soy un poco más clásico. ¿Qué me gusta además de la conducción de noticias? El trabajo en terreno.

No soy enemigo de las nuevas herramientas, al contrario, me encantan, pero son desafiantes especialmente para quienes tenemos una formación un poco más antigua, al entender que estos instrumentos tienen que aportar mucho. Han ayudado a democratizar la información. Antes, si algo no salía en la tele, no existía. Eso daba un enorme poder, pero también un enorme control sobre lo que se mostraba.

Hoy nadie puede ocultar la realidad, siempre va a salir a flote de alguna manera. Dicho eso, estas herramientas traen problemas, como manipulación, superficialidad, titulares fáciles, fake news, descontextualización. Para mí, el desafío y la motivación de seguir trabajando está en cómo; quienes tenemos más responsabilidad y visibilidad, nos hacemos parte de esta transformación, no para beneficio personal ni para ser más conocidos, sino para sacarle partido y que la gente pueda tomar mejores decisiones.

Me asusta un poco lo que viene con la inteligencia artificial, pero no como algo a temer, sino como un desafío a pensar: ¿qué tenemos que hacer? Como doy clases y trabajo en medios tradicionales, esto es una discusión constante: cómo incorporamos estas herramientas en la práctica periodística, cómo utilizarlas bien para que la gente tenga acceso a información diversa y de calidad.

"Me asusta un poco lo que viene con la inteligencia artificial", confiesa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Sigo haciendo clases en la Universidad Finis Terrae. Llevo mucho tiempo, no sabría decir exactamente cuánto, pero alrededor de veinte años. Los estudiantes, sobre todo los jóvenes que ingresan hoy a la educación superior, han cambiado. Eso también es parte de la evolución que ha tenido la educación superior en general. Por ejemplo, el acceso a la gratuidad produjo un cambio muy importante. La incorporación de estudiantes de otros segmentos sociales es, primero, toda una alegría y una democratización evidente; pero también implica un desafío para los cuerpos docentes, que ver con la “nivelación”, porque son realidades y experiencias distintas.

Muchos estudiantes provienen de sistemas educativos y centros formativos diferentes, y entrar a competir de inmediato en un mismo nivel genera ciertos desajustes. Se conversa mucho en los claustros académicos. Existe una discusión permanente sobre el desafío que tienen las instituciones de nivelar la cancha, para que esos talentos —que legítimamente se han ganado la posibilidad de estudiar— puedan competir en igualdad de condiciones con otros estudiantes que, por su historia académica y por el capital cultural que traen, parten con ventaja.

Me interesa la política. Es fundamental. Me preocupa que la política no se desarrolle de buena manera. Una de las razones por las que trabajo en periodismo no es solo por un objetivo profesional, sino también por la responsabilidad de contribuir a que las ideas se desarrollen y se expongan más allá de simples peleas. Hacer una buena política es, al final, un sostén de la democracia, que es un bien que hay que cuidar muchísimo, porque si bien no es un sistema perfecto, es el menos imperfecto que conocemos.

"Me preocupa que la política no se desarrolle de buena manera", advierte Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Mi relación con el doctor René Orozco era cercana, aunque no diría que éramos amigos íntimos. La cercanía surgió principalmente por su hijo (Andrés), que es uno de mis mejores amigos y compañero de universidad. Cuando yo estudiaba en Santiago, nos juntábamos en su casa “a estudiar”, aunque en realidad eran tertulias y otras actividades. El doctor Orozco siempre se unía a nosotros, conversábamos sobre fútbol, política, la vida y un montón de cosas. Esta cercanía se mantuvo durante muchos años. Incluso cuando yo no era nadie, no era conocido, sólo un estudiante, abrió su casa con mucha generosidad. Y ese mismo trato se mantuvo después, cuando ya era periodista.

Recuerdo una anécdota muy divertida con René Orozco: un fin de semana me dijo que iba a ver el clásico de fútbol, pero que no quería ir al estadio porque la última vez lo había pasado mal. Me invitó a verlo en su casa. Cuando llegué, lo encontré en su dormitorio, en la cama, mirando el partido. Estuvimos acostados mirando el clásico de la U, que duró apenas quince minutos porque hubo un piedrazo a un jugador y se terminó el partido. “¿Viste?, me dijo, “no había que ir al estadio”. Fue un momento muy divertido y mostró el nivel de confianza entre nosotros.

Soy de Deportes Puerto Montt, no del Colo ni de la U. Tuve doble militancia, pero en el pasado. No porque crea que se puede ser hincha de dos clubes siempre, sino por algo muy sencillo que quizás lo entienda alguien de regiones: el equipo de tu ciudad te despierta sentimientos especiales. Cuando era chico, todavía no existía un equipo profesional en Puerto Montt. Entonces, cuando tenía como 12 años, me gustaban los clubes de Santiago, y Colo Colo era mi favorito. Pero después, cuando apareció Deportes Puerto Montt y comencé a jugar en las divisiones inferiores, todo cambió. En un partido de Colo-Colo y Puerto Montt, obviamente mi corazón está con Pto. Montt. Ese es mi equipo de toda la vida.

"Soy de Deportes Puerto Montt", declara Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

¿Mónica Pérez dijo que te gustaba el leseo y perrear hasta abajo? (Ante pregunta de reportero) O sea, me gusta la fiestoca, pasarla bien. No soy un gran bailarín, pero disfruto bailar. A Mónica le encanta bailar y siempre dice que los periodistas —o la prensa en general—, cuando nos juntamos, no bailamos y que somos malos para eso. Siempre me molesta un poco. Entonces digo: “Bueno, ya, bailo”. Pero “bailar” sería muy pretencioso: simplemente me gusta moverme y disfrutar.

Nunca participaría en un programa de baile. No bailo bien, no me expondría. Pero en la intimidad, sí, claro.

Estoy un poco complicado de salud. Tengo el codo medio malo, con una epicondilitis que arrastro hace un año. Antes jugaba tenis. Lo dejé un buen rato porque tuve otra lesión, una lesión cervical, que no me dejaba jugar. Esta epicondilitis me tiene fregado. No quiero operarme, aunque me he tenido que infiltrar un par de veces. Hay días que anda bien y otros que me vuelve a molestar, por eso no me atrevo a jugar: no quiero retroceder. Me dolió harto en un momento, incluso hasta agarrar el teléfono.

Voy al Sur, a Chiloé y a Puerto Montt, todo lo que puedo, y siempre menos de lo que quisiera. Ahora en febrero pretendo ir. Volver a vivir allá perfectamente podría darse en algún momento. La televisión la amo, me gusta, apasiona y la agradezco profundamente. Soy un privilegiado, porque trabajo en algo que me gusta y me pagan por hacerlo, como a los futbolistas por jugar a la pelota. Es un privilegio enorme.

" Volver a vivir allá perfectamente podría darse en algún momento", dice sobre la Región de Los Lagos. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

La televisión no es toda mi vida. No es ni el principio ni el fin de mi existencia, es una parte de ella. La vida tiene muchas otras cosas, porque en algún momento los focos se apagan. El futbolista se retira, y cuando se retira se pregunta qué va a hacer después. Eso no te puede pasar en ningún ámbito, y menos en uno que tiene tanta exposición, porque la exposición tiene fecha de término. Si uno vive solo de eso, queda vacío cuando se acaba. Tengo claro que si esto no existiera y me fuera a vivir al sur, sería igual de feliz que ahora. Cambiaría el lugar, pero no cambiaría mi vida.

En pocas palabras, diría que me siento tranquilo, pensando en cómo podemos acomodarnos a este mundo cambiante informativamente, me desafía mucho.

CUESTIONARIO POP

Un apodo es “Mariscal”, tiene doble interpretación, pero la vamos a dejar ahí.

Un sueño pendiente, que ya no se puede concretar: me habría encantado viajar a Tierra Santa con mi viejo.

¿Una cábala? No soy cabalero, pero acepto que la gente me incorpore ciertas cosas, como por ejemplo pulseras de la suerte o de protección. No es que yo las compre ni que las busque, pero sí creo en la energía positiva de quien me las regala.

La frase que más uso es “Te dije”.

Mi primer sueldo lo gasté en comida, en un gran plato de pollo con papas fritas. Estaba en TVN haciendo la práctica, fueron como 16 lucas.

"No soy cabalero", dice Ulloa. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

Algo de lo que me arrepiento fue haber sacrificado un poco de tiempo. Tengo el sentimiento de no haber tenido más tiempo para disfrutar a mis viejos cuando estaban vivos.

Un periodista chileno que admiro es Santiago Pavlovic.

Un periodista famosillo amigo es Pablo Flamm.

Mi amor platónico es Marta Sánchez.

Mi trago favorito es el Moscow Mule.

Mi pasatiempo favorito es andar en bicicleta. El otro día cuando había 35 grados yo iba subiendo el Cerro San Cristóbal en bicicleta. Es desafiante.

Mi película favorita es La sociedad de los poetas muertos.

Un miedo es la altura.

El gran pasatiempo de Ulloa es andar en bicicleta. Fotografía Pablo Vásquez R - La Cuarta Pablo Vásquez R.

¿Crees en el horóscopo? Un poco, pero no mucho. Soy Piscis, y siento que me representa, porque además Piscis tiene como dos caras, son dos pescaditos, entonces siempre tienes la salida de decir: “Ah, pero yo no era así… es que soy el otro pescado.”

Un superpoder que me gustaría tener es leer la mente de las personas.

¿Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a un asado? Como me gusta el fútbol, y lo encuentro re simpático, el “Bichi” Borghi. Para hablar de política y actualidad, Ascanio Cavallo. Y de música, Elvis Presley habría sido maravilloso.

Ramón Ulloa es un hijo del temporal.

Más sobre:La FirmeRamón UlloaTeletreceSoledad OnettoCanal 13José Antonio NemeJulio César RodríguezRené OrozcoPuerto MonttChiloé

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