Luis Jara: "Más que un dicho, hoy parar la olla es una realidad"

El animador inició una campaña para llevar insumos de cocina, proteínas y gas a los vecinos de Bajos de Mena, en Puente Alto. "Yo soy el conducto, pero los héroes son otros", explicó.

Acá no sirve un "golpe de suerte" ni dejar la solidaridad para "mañana". El miedo, la incertidumbre y, sobre todo, el hambre en diferentes sectores del país están ocurriendo hoy, por lo que las ollas comunes ya se han convertido en grandes protagonistas de la pandemia. Los recursos, por cierto, nunca son suficientes.

Eso lo entendió a la perfección Luis Jara, quien se puso el overol y recorrió diferentes comunas de Santiago para ponerse en la piel de los vecinos. "Cuando uno es testigo presencial cambia la óptica de las necesidades", reflexionó el cantante, quien quiso focalizar su ayuda en Bajos de Mena, en Puente Alto, con 147 mil habitantes.

Para que entienda: Luchito lleva cerca de un mes en terreno, manteniendo contacto directo con los pobladores y generando un estrecho vínculo, sin embargo, llegó el momento de hacerlo "visible" para aumentar las manos solidarias y activar el "motor".

"Es una decisión responsable para ir en ayuda de los vecinos. El sábado gasté la tarde completa hablando con empresas, están dispuestas a colaborar. Al generar estas iniciativas que se pueden replicar, generas un círculo virtuoso, el que permite mantener de pie las ollas en todas las comunas", explicó a La Cuarta el animador.

- ¿Con qué realidad te encontraste, Luchito?

Hay muchas ollas que se levantan de forma espontánea en base al esfuerzo de los vecinos, porque se hace insuficiente la ayuda de las municipalidades, quizás. Además, hay un agradecimiento profundo de ellos cuando se sienten visibles. También te das cuenta que hay gente que no tiene cilindro de gas y ocupa combustión a leña para calentar las ollas. O los niños hace tiempo que no tienen una alimentación más balanceada.

- ¿Cuál es el enfoque?

Trataré de cubrir carencias que tienen que ver con insumos de cocinas, proteínas (leche y carne) y gas para cocinar y pasar el frío. Es rico que a veces el plato de tallarines vaya con carne molida, no solo con jurel. Y pienso en los niños, que ojalá puedan ir a buscar su colación con una sonrisa, pensando en un vaso de leche chocolatada.

- ¿Cómo poder motivar a otros?

Activaré por primera vez canal YouTube con una transmisión en vivo (hoy a las 19.00 horas) en conjunto con La Cuarta TV para presentar testimonios y focalizar la ayuda. Hay voluntad tremenda, es transversal.

- Aparte hay un tema de cariño, cercanía...

Claro, hay una necesidad emocional, de no sentirse solos. Más que un dicho, hoy parar la olla es una realidad, y es de todos los días. Lo que me genera emociones es la dignidad y fuerza con la que enfrentan esta situación. Es un golpe al corazón. Nadie se queja, lo hace desde el amor. A uno le dan ganas de abrazar, ahí te das cuenta que el afecto físico se extraña. Estar parados en el frío cocinando genera cotidianidad también y me ha tocado canturrearles alguna vez.

- A veces los rostros sólo reciben críticas...

Más que el lucimiento personal, tiene que ver con el trabajo de gente anónima, que hace la pega todos los días, la que golpea puertas. Por ejemplo, Melina Montes es extraordinaria (ver recuadro). No estoy pensando en mí. El bien superior es que a la gente le llegue la ayuda. Es primera vez que quiero amplificar esta situación. Soy el conducto, pero el mérito es de otros. Yo no necesito reconocimiento, no lo hago para eso. Quiero que llegue más ayuda. Los héroes son otros.

Melina: "Estoy orgullosa de mi gente"

"Cocinamos lo que tenemos, no lo que queremos. La idea es mantenernos con vida". La frase es cruda, pero real, y corresponde al testimonio de Melina Montes, vecina que está a la cabeza de las ollas comunes en Bajos de Mena y que tiene una potente historia: llegó desde Parral, vivió en la calle y ya lleva 24 años en el sector.

"Hay 144 mil habitantes, 68 villas y 28 ollas comunes. Si las sumamos todas, son 1.700 a 1.900 colaciones al día", dijo Melina, quien agregó que dan charlas a las voluntarias, ven los espacios, cómo mantener sanitizado y definir lo que se cocina. "A veces la gente no se quiere inscribir, nunca ha golpeado puertas y sufre más en su casa encerrada, avergonzada y cagada de hambre. Además, llena el alma que Luis Jara nos apoye, cayó del cielo, y acá me siento orgullosa de mi gente", soltó.

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