Espectáculos

Motherflowers adelanta su show en Metrónomo: “Chile es de las energías más fuertes que tenemos como público en Latinoamérica”

El trío venezolano, que acaba de lanzar su tercera placa, Que vayan y lo cuenten, regresa a nuestro país tras sus exitosos shows en Subterráneo y Club Chocolate. Esta vez será en Sala Metrónomo, el domingo 26 de abril. “Yo quiero que el público me sorprenda”, dice aquí Irepelusa. “Yo me quiero dejar sorprender, quiero bajarme de esa tarima, o llegar ese día y decir ¡wow!”.

Inclasificables, el trío formado allá por 2018 en el estado de Anzoátegui, al oriente de Venezuela, podría resumirse como un proyecto cuya identidad presenta como pilar esencial la libertad creativa. O, en otras palabras, Motherflowers va de lo que estimen en ese momento: Veztalone, por caso, llegó influenciado sobre todo por el hip hop y el rap, mientras que Irene (Irepelusa) aportó lo suyo desde el indie rock venezolano, pero ninguno se hizo problema para explorar en detalle el bolero cuando Frank Lucas así lo propuso.

Ese intercambio incesante, abrazar las obsesiones pasajeras y ponerlas al servicio de la banda, les ha permitido atravesar naturalmente, en sus tres placas, géneros como la cumbia o la salsa o el R&B o indie y los que vienen. La última de ellas, Que vayan y lo cuenten, tal vez su material más venezolano según la crítica —mezcla de tambores ancestrales, vibra costeña y un pulso 6x8 que les reconecta con sus raíces—, es el que traen bajo la manga en su regreso a Chile.

—Desde que llegamos, todas las personas han sido extremadamente amables —dirán de entrada—, incluso migración, ja, ja, ja. Aprovechamos el primer día con unos amigos que tenemos acá, que hemos hecho con la música y estuvo todo sabroso.

A propósito, su vínculo con nuestro país arrancó oficialmente en 2022, cuando se presentaron en Club Subterráneo, al año siguiente llenaron Chocolate, grabaron feat. Ceaese, protagonizaron una sesión en Casaparlante, y ahora, ya con un público notoriamente mixto, es decir, representantes de la comunidad venezolana, colombiana y locales, esperan hacer lo propio en Sala Metrónomo.

De todo —su último álbum, las etiquetas, su peculiar identidad, Chile y sus futuros proyectos— se sienta a conversar, un frío viernes en la capital, el trío con el diario pop:

—Entiendo que han sido dos o tres meses movidos con la promoción del disco y que hace poco estuvieron Argentina. ¿Cómo han vivido todo este proceso y cómo han percibido la respuesta del público a este flamante material?

—Creo que nosotros creíamos que sabíamos todo de nuestro disco —dice Frank Lucas—, pero en estos dos meses, que ha sido todo esto de entrevistas, de tocarlo en vivo, de también ver cómo la gente reacciona, hemos descubierto un montón de cosas que ni siquiera nos habíamos dado cuenta. Y creo que esa parte no la habíamos vivido con otros álbumes y es como la parte, digamos, nueva de esta fase.

Que vayan y lo cuenten parece ser una fotografía de sus raíces sin descuidar lo que hacen ahora. Conversan varios estilos, varios ritmos. Pero me gustaría que ustedes lo definieran, principalmente cuando hablan del término “desaprender”.

Ahora Veztalone es quien toma la palabra.

—Sí, en realidad este álbum para nosotros fue mucho de ir quitando un poco de capas y de tecnicismos que uno adquiere con los años. Creo que una de las cosas más difíciles es desaprender, y este álbum fue mucho de volver un poco a nuestro origen y a nuestro centro. Llamémoslo como un estado mental más allá de un sitio físico y eso es mucho Que vayan y lo cuenten. Y, aparte, el nombre creo que tiene mucho también de ese espíritu con el que nació el proyecto, que fue muy de una persona contándoselo a otra y esa persona contándoselo a otra. Formando como mini redes, por así decirlo. Y creo que eso ayudó mucho a que este proyecto en realidad sea lo que es en este momento, y quisimos darle como toda esa fuerza a nuestra comunidad y a nuestra familia.

—Siempre han subrayado que su obra va muy de la mano con la resignificación o cómo la traduce su público…

Habla Irepelusa:

—Sí, es muy bonito porque siento que ahí también está la magia. De vivir la experiencia de lo que puede ser Motherflowers en vivo. Porque una cosa es cuando escuchas Motherflowers en los discos que están grabados, y otra cuando vas y nosotros te contamos la experiencia como es. Y es muy bonito porque siempre que volvemos, ya sea al sitio al que hayamos ido a tocar por primera vez, cuando regresamos está esa persona que nos vio y como cinco personas más. Y es porque esa misma persona se encargó de esparcir el mensaje como: ustedes tienen que vivir esto, yo lo acabo de vivir.

—Otra cosa que me despertó interés fue cuando, en otra entrevista, comentaron que en virtud del disfrute de crear este álbum, no se dejaron permear por nada de lo que sucede en la industria. Que, a fin de cuentas, crearon su propio ecosistema.

Veztalone:

—Sí, nosotros pensamos eso. Sentimos que cuando entramos al estudio fuimos sin referencia, no queríamos hacer un sonido que se asemejara a, que tuviese que ver con lo que está pasando con la música latina o venezolana en el mundo. Sin embargo, cuando en retrospectiva ves el álbum, por lo menos nosotros no sabíamos que en una canción, que se llama “Tamarindo”, nos habíamos influenciado de Juan Luis Guerra. Hasta que en el feedback, la gente nos dice como: esto me lleva a Juan Luis Guerra. En otras fiestas, como ayer cuando estábamos aquí con nuestros amigos, estábamos escuchando a Juan Luis Guerra, y son cosas que tú sientes que de repente no las estás plasmando en tu obra, pero igual te permean. Y siento que así hay como varios elementicos que hemos ido descubriendo que, claro, seguro lo jalamos de aquí sin darnos cuenta, pero la verdad es que al momento de crear no hubo como la intención de hacerlo.

—Les han comentado que este es el disco más venezolano de Motherflowers, ¿qué piensan?

Frank Lucas:

—Sí, sí. Este disco tiene un montón de elementos percusivos, ancestrales, o sea, de tambores ancestrales, que en realidad fueron como la última entrega que nosotros le dimos al álbum, y tiene un montón de cosas, de referencias, muy venezolanas. Pero creo que de igual manera no fue algo que buscamos, sino que todo se dio. O sea, estábamos con “Falta poquito”, que es un tema que está en 6x8, y esa canción en realidad tiene mucho de Venezuela, pero tiene mucho también de Colombia, y fue una canción que solamente fluyó con las personas con las que estábamos trabajando en ese momento. Cuando nos dimos cuenta, dijimos: tenemos un álbum que le hace una oda importante a la cultura venezolana, más allá de la música como tal, sino como a todo lo que es la cultura. Incluso, todo lo hace también un poco desde esa casita, que era un estado mental más que físico, y que al final se transformó en un espacio físico, como la portada del álbum que ven. Entonces, todos esos elementos en realidad fueron entrando solos al juego, y cuando nos dimos cuenta teníamos esa pieza armada como bastante oda venezolana.

Veztalone:

—Sí, es verdad que a nivel de género, y quizá, no sé si a nivel de feeling caribeño, se siente venezolano, pero es un álbum que pasa por un montón de lugares de Latinoamérica, lo cual tiene que ver mucho con que nosotros teníamos la inquietud de hacer un álbum yendo país por país, colaborando con un artista de cada país. Al final no hicimos esa idea, pero digamos que termina como metiéndose de apuro dentro del álbum, de la manera más positiva. Nosotros también nos dimos cuenta, cuando terminamos el álbum, que teníamos nueve colaboraciones, y nunca nos había pasado esto, y es como nuestras propias ideas sobrepasando, metiéndose en la obra.

Irepelusa:

—Y no fue que las colaboraciones las pensamos para este disco. No hicimos una lista de las personas con las que queríamos colaborar, no: simplemente fueron llegando. Cada elemento, cada colaboración, cada sonido, fue llegando como porque estaba destinado a ser así, porque estamos en el camino correcto. La conexión que tenemos con todas esas cosas que se relacionan con el álbum fueron apareciendo una por una, y ya nos dimos cuenta al final que teníamos ya la obra completa. Y a pesar de que este disco lo trabajamos en su mayoría, en su 90%, todo en Colombia —porque ya nosotros no vivimos en Venezuela, Frank y yo vivimos en Bogotá, Vezta en Buenos Aires—, creo que también el estar fuera de casa nos hizo valorar muchísimo más el lugar de donde nosotros venimos. Nos hizo extrañar ese lugar en el que estábamos cuando iniciamos este proyecto, y siento que también ese guiño a lo que es la cultura, la jerga, los elementos de Venezuela o de nuestro Caribe, de la parte de Venezuela donde nosotros somos, que es el Caribe Oriental, eso también lo quisimos plasmar en el disco.

—Ahora que entramos en el asunto de las colaboraciones, ¿cómo fue habitar el universo de L-Gante y que él habitara el suyo?

Veztalone:

—Resumimos todo en que fue una experiencia increíble para nosotros, porque primero fue muy fortuita. Fue una llamada sorpresa para nosotros: mira, está L-Gante por acá, ¿podemos meternos en el estudio con él? Y claro, era como una de esas personas que teníamos en mente. De Argentina nos gustaría colaborar con tanto, tanto, tanto... y teníamos ahí, en esa lista, a L-Gante. Y la experiencia con él fue de verdad muy humana. Hizo algo que es bien complicado con artistas, que es estar haciendo medios, estar haciendo las fechas y estar haciendo canciones todo al mismo tiempo. Hizo dos canciones. En la primera lo acompañamos a su show, y mientras estábamos haciendo una canción en el estudio le hacían medios afuera de la cabina, y luego hicimos la otra, y nada, fue de verdad una experiencia muy bonita.

—Hace poco, precisamente en Argentina, contaban que en sus primeros shows iban muchos venezolanos, pero luego se fue corriendo la voz, como pregona el nombre de su nuevo disco, y que ya en sus últimas presentaciones se ha diversificado el público. Me imagino que acá en Chile les ha pasado lo mismo.

Frank Lucas:

—Sí, creo que acá en Chile mucho de nuestro público viene de provincias y siempre viaja a vernos. Ahorita leí un mensaje que mira, voy de no sé qué cosa, (Patagonia) Austral para Santiago de Chile. No sé qué es su Austral, ja, ja, ja pero decía que venía de allá. Antofagasta, también siempre lo decían. Y sí, viene mucha gente acá a vernos, hemos cazado personas que vienen de, mira, no sé, de un sitio remoto acá de Chile, y eso nos parece increíble. Igual acá hay también una comunidad bastante grande de Colombia que nos sigue, muy aparte de la comunidad venezolana. Siento que acá de igual manera siempre esperamos sorprendernos, pero entendemos que acá hay una comunidad muy fuerte colombiana, muy fuerte venezolana, y que el público siempre es como mixto, muy venezolano, colombiano, y hay gente local también.

—En Chile ya se presentaron en 2022, luego llenaron Club Chocolate, tuvieron una sesión en Casaparlante. ¿Qué recuerdos tienen de todo eso?

Veztalone:

—A mí Chile me ha sorprendido muchísimo, por lo menos en nuestras primeras avanzadas en vivo, me acuerdo de Subterráneo… La energía de la gente que nos escucha en Chile es de las energías más fuertes que tenemos a nivel de público en Latinoamérica. Nos pasa algo similar, por ejemplo, en Venezuela, con la ciudad de Barquisimeto. Es verdad que en todas las ciudades el público es genial, pero en Barquisimeto hay como una energía extra. Siento que por lo menos en esa primera etapa de los Motherflowers nos pasó eso con Chile, nos quedó grabadísimo. Y esperamos que así sea este domingo también.

—¿Qué esperan del concierto de este domingo? ¿Con qué esperan sorprenderse y con qué van a sorprender también a su público ahí en Sala Metrónomo?

Irepelusa:

—Nosotros vamos a darles la experiencia de lo que va a ser un poquito de este nuevo álbum. También cada experiencia es única, cada vez que nosotros venimos es distinto, es único, y la verdad es que yo quiero que el público me sorprenda. Yo me quiero dejar sorprender, quiero bajarme de esa tarima, o llegar ese día y decir ¡wow!

Veztalone:

—Sí, yo creo que quizás es un dato trivial, pero no es menor para nosotros, que estamos viajando con la banda completa. Y eso garantiza que por lo menos el show suena como queremos que suene. Tenemos ahí, además de nosotros, otros cinco instrumentistas que están viajando y siento que poco a poco hemos logrado tener ese show soñado. Nos faltan elementos todavía, pero cada vez que podemos metemos algo más. Por lo menos esta vez logramos traer los teclados, que eran como de esas cosas que ya para nuestra ambición musical nos estaba faltando en tarima. Obviamente se siente muchísimo más completo, y hay otros elementos y otras cosas que suceden gracias a que tenemos este elemento de los teclados y otras cosas más curadas.

—Ya van en franco camino a cumplir una década. ¿Cuál es el balance que hacen de todo este camino que han recorrido con Retrofuturismo psicotropical, con Mamá flor, ahora Que vayan y lo cuenten, y qué esperan a futuro?

Frank Lucas:

—Creo que estamos en un momento bien interesante de nuestra carrera, donde en realidad con este álbum descubrimos una parte de nosotros que no existía anteriormente. Y donde, de igual manera, volvimos a un punto inicial. Creo que lo importante de Motherflowers es que en ninguna de sus etapas se repite el truco, y no por vanidad, sino por nuestra misma inquietud: cada proyecto tiene una energía distinta y tiene un alma distinta. Este álbum es muy distinto a Mamá flor y no porque lo buscamos hacer de esa manera, pero sí siento que cuando estamos en esa etapa tratamos de vivir la plenitud y de estar enfocados en este momento. Si bien cada vez que estamos de gira empezamos a dar los primeros coletazos de lo que posiblemente sea una idea de algún próximo proyecto, estamos también muy enfocados aquí, en el ahora. Estuvimos dos años trabajando por este proyecto, y tenemos que seguir defendiéndolo y mostrándolo y llevándolo a su punto más álgido según nuestra meta. Entonces, en este preciso instante sí estamos lanzando ideas musicales en los pequeños tiempos que tenemos, pero también estamos como muy aquí, en Que vayan y lo cuenten, un álbum de hace dos meses. Ese es el estado mental que tiene la banda en este momento.

Veztalone:

—Sí, yo creo que, para resumir un poco, luego de sacar este álbum como que siento una consagración. Y ya no porque el mundo me lo esté diciendo o el público nos lo esté diciendo, sino una consagración interna a nivel banda. Yo siento que ya a Motherflowers nada lo detiene, nada lo para, y justamente porque tengo más ganas de hacer más proyectos. Estamos defendiendo Que vayan y lo cuenten, pero todos en nuestras cabezas estamos pensando cuál es el próximo sonido, estoy emocionado por lo que vamos a hacer próximamente. Y tener esa energía sólo me demuestra que por lo menos nos quedan diez años más de esa inspiración de hacer un montón de cosas y es buenísimo sentir eso. No es fácil tampoco llegar a este punto de una banda y seguir sintiendo esa inquietud, esa motivación.

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