¿Por qué Julio César Rodríguez está en todos lados?: las claves del rey de la TV

El animador más distinguido de los últimos años.

Su carrera parece siempre estar cruzada por los cambios bruscos. De medicina a periodismo, y del periodismo escrito y de investigación al espectáculo, la animación y los programas de entrevista, Julio César Rodríguez es, hace largo rato, plato fuerte de matinales, farándula y el prime de nuestra pantalla chica. Por si fuera poco, en YouTube se abrió paso entrevistando a la nueva generación de músicos nacionales. ¿Qué le hace tan especial?

Es febrero de 2018 y Julio César Rodríguez, conductor de la gala del Festival de Viña del Mar y de Primer plano, es centro de la polémica. En Twitter su nombre se repite cada dos o tres publicaciones. Son decenas de comentarios que lo acusan de haber mirado más de la cuenta a modelos, artistas y rostros del espectáculo que desfilaron por la alfombra roja chilensis. Eso, por decir lo menos.

Después, Álvaro Bisama escribiría en una de sus columnas de TV lo mismo: que el periodista abusó de las miradas calenturientas. Un año antes ironizó con que “mirar el escote de cualquier mujer que se le cruzase”, aparentemente, “debe estar estipulado en su contrato”. Pero a esas alturas, las críticas a Rodríguez ya parecen darle igual. Lisa y llanamente no les presta atención. No tiene por qué hacerse cargo de algo que no es real, se defiende.

Lo relevante para efectos de este relato, sin embargo, es que hubo otro momento, antes, unos años antes, donde lo que se hablara de él sí que lo golpeaba. Julio César se lo cuenta a Arturo Galarce para un reportaje de Revista Sábado. Ahí dice que con cierta periodicidad estudiantes de periodismo acudían a su casa para pedirle ayuda con sus informes, sus tesis. Pero después de hablar, muchos de ellos le soltaban el mangazo: “Antes eras un súper buen periodista, eras capo y hoy día erís un hueón de la tele”.

Probablemente lo que descomponía a Julio César es que ese comentario se repitió por largo tiempo entre gente que consideraba cercana, amigos que le quitaron el saludo cuando cambió el periodismo de investigación por la pantalla chica y, enseguida, la farándula. Ese rechazo, admite, debió tratarlo con una psicóloga.

Rodríguez hace algunos años.

Un método de autodefensa que construyó implicaba fundamentar su participación en estos programas banalizados, mirados a menos, como Primer plano —antes Rojo fama contrafama, Mira quién habla y SQP—. Dice en esa entrevista que con su presencia se buscaba “modificar un programa súper duro, hacerlo un show más de humor, diferente”. “Si te das cuenta”, añade, “hago comparaciones políticas, meto actualidad”. “Pamela Jiles me decía que habíamos sido capaces de decir mucho más que lo que decían las noticias”. Más tarde, cuestionado por conducir La hermandad, con médiums e historias de fantasmas, Rodríguez advertirá: “La tele no tiene un punto de vista valórico. Mi función es debatir. Mi rol es cuestionar. No soy un juzgador, un discriminador”.

Cinco años después, es desde hace tiempo el rostro más apetecido de la televisión chilena.

Julio César antes de JC

Lo siguiente, lo dijo Julio César Rodríguez en algún capítulo de Vértigo en 2004:

“¿Sabís? Yo le tengo harto respeto a la televisión. Creo que la televisión es un cañón. Siempre he trabajado en diarios y estoy súper orgulloso de la pega que he hecho. Por ejemplo, a mí gente que me pilla en un bar me abraza y me dice Julito, compadre, ¡¿cómo estái en la tele?! Por qué estái haciendo eso, si tú erís un grande, eras el periodista más grande, joven. Y resulta que esos mismos que me abrazan, fueron los que me fueron echando de los medios. Los mismos que me abrazan y me dicen ¿qué estái haciendo en la tele? me echaron, medio a medio, por tratar de ser un periodista consecuente e informar sobre la verdad. A mí me echó el gobierno por un reportaje. Cuando a mí me echó el gobierno de La Nación Domingo, pa’ la derecha yo era un ídolo. Cuando después dirigí Plan B era un demonio. A uno le cuesta en este país tratar de hacer su pega, que es lo que más me duele”.

Julio César desembarcó en la TV en 2003.

El flechazo de Rodríguez con el periodismo fue tardío, impredecible. Antes, como querían sus padres, estudió cuatro años de medicina en la Universidad de La Frontera. Sin embargo, tras participar de marchas contra la dictadura en sus años de colegio, de pronto se entusiasmó con la idea de perseguir una formación crítica y ciudadana. De ahí que en el quinto año resolviera cambiarse de carrera. Se matriculó en la Universidad Andrés Bello y levantó la primera federación de estudiantes en la historia del recinto. Cuando cursaba tercero consiguió su primer trabajo, editando textos para la editorial Grijalbo. Después se dedicó a la creación de diarios electrónicos, hasta que con apenas 31 años fue convocado para dirigir La Nación Domingo. Su equipo contemplaba a su amigo personal Mirko Macari, Alejandra Matus, Víctor Gutiérrez, Marcela Ramos, Marcelo Padilla y Jorge Gato Escalante. “Esa experiencia fue total”, resumió alguna vez Julio César, aun cuando algunos de sus golpes periodísticos le significaron amenazas de muerte y ser encañonado con un arma de fuego en una galería de Santiago Centro.

Como sea, el periodista, su equipo y colaboradores presentaron su renuncia la última semana de mayo de 2003. Entonces, bajo el pretexto de que no había contraparte, La Nación resolvió no publicar el reportaje de Alejandra Matus titulado La caja negra del Indap, en principio programado para la edición del domingo 18 de mayo. La investigación destapaba la millonaria pérdida de recursos y las irregularidades administrativas en el seno del Instituto de Desarrollo Agropecuario, dinero “entrampado en manos de empresas intermediarias, mayoritariamente ligadas a la Democracia Cristiana”. Como reconoció después el director del diario, Alberto Luengo, efectivamente “hubo presiones políticas que se canalizaron a través del directorio”. Por lo mismo es que Julio César suele decir que lo echaron.

“Sentimos que no es posible continuar desarrollando este valioso proyecto en las necesarias condiciones de libertad y profesionalismo con que habíamos contado hasta ahora”, lamentó el equipo en un comunicado para precisar que daban un paso al costado, pese a que el reportaje apareció igualmente unos días después.

Contigo en la mañana es donde parece haber despegado definitivamente su carrera televisiva.

En el episodio del miércoles 14 abril de 2021 de Contigo en la mañana, Rodríguez tuvo su desquite. En pleno debate con dos militantes históricos de la tienda, Matías Walker y Jorge Correa Sutil, los encaró:

“¿La DC cuánto tiempo tuvo secuestrado el Indap? Secuestradísimo. No entraba nadie que no fuera DC. La Concertación me echó de La Nación Domingo por un reportaje que se llamaba “La Caja Negra del Indap”, cómo la DC agarraba las platas y las ponía pa’ los partidos políticos, pa’ las campañas, en desmedro de los agricultores en la sexta región (...); después la comisión investigadora de la Cámara dijo que todo lo que salió en nuestro reportaje era verdad. Nosotros nunca más volvimos a nuestros lugares de trabajo, nunca nos llamaron pa’ pedirnos perdón. Seguimos adelante y nos reinventamos”.

Al rato Mirko Macari citó ese fragmento de la discusión en su cuenta de Twitter. En unas pocas líneas relató que Julio César acompañó a Alejandra Matus a reportear, y al regresar al diario, lo buscó con lágrimas en los ojos. “Hueón, piden plata pa’ los campesinos y se la roban, pobre gente”, le dijo.

Tras abandonar La Nación Domingo, Rodríguez lo intentó en la dirección periodística de la revista Plan B, dirigida por Alejandra Matus. Los primeros números, de hecho, los hicieron en su departamento. Pero al poco tiempo, decidió dejar el periodismo más duro y completar su traspaso a la televisión.

Rey de la mañana

Le contaba hace unas semanas Julio César a Pamela Díaz en su webshow Sin editar, que lo que más disfruta como comunicador es la sensación de que su trabajo puede servir. “Si logro hacerlo bien, porque no siempre lo hago bien”, sinceró, “puedo dejar algo en las personas. Le trato de buscar siempre una vuelta para que quede algo”. A contar de 2019, cuando asumió la conducción de La mañana —luego Contigo en la mañana— en lugar de Rafael Araneda, pudo desarrollar una faceta que sólo había conseguido enseñar plenamente en la radio.

A modo de ejemplo la siguiente historia:

Un miércoles de agosto, en 2021, a la van que llevaba a Rodríguez a Chilevisión se le pinchó un neumático trasero y quedó en pana cerca de una bomba de bencina en Bellavista. Al enterarse y advertir que “Julito” estaba abajo de su edificio, Jenny Pinto, una secretaria de 58 años, le ofreció llevarlo en su Mazda CX-30. Ya en Machasa, donde queda la casa televisiva, él la invitó a recorrer las instalaciones y la hizo pasar al estudio de Contigo en la mañana para contar en detalle la anécdota que cambió los planes de ambos. Después ella dijo: “Ahora entiendo lo que dicen de él. He leído notas donde se preguntan qué tiene Julio César y yo pude comprobarlo: es encantador, un gallo bonachón”. El conductor, en tanto, agradeció que no sólo fue Jenny sino don Raúl, Chabela y otros vecinos quienes le ofrecieron pasar a sus casas, desayuno o una pequeña historia.

Rebobinemos esta película hasta febrero de 2018, inicio del artículo, donde pudimos comprobar que Julio César Rodríguez era un nombre que despertaba comentarios negativos, inquisidores. Tres años después, Larry Moe escribió en una columna —a partir del viaje con la señora Jenny— que el periodista “confirmó de manera palmaria que es una de las escasas figuras televisivas que puede recorrer las calles de Santiago sin registrar una sola muestra de animadversión en su contra”.

“De un tiempo a esta parte”, arriesgó luego, “se ha vuelto una especie de ombudsman o defensor del pueblo, y en general, de los ciudadanos frente a los abusos, ineptitud y/o negligencia de la clase política”. Para refrendar esta opinión, el crítico se remitió al saludo de una funcionaria de Sodimac, que le agradeció a Rodríguez, palabras textuales, “lo que hace por la gente”.

El secreto del éxito de Julio César, para Larry Moe, se fraguó en su cercanía con los espectadores: “No es raro verlo almorzando en Franklin o recorriendo tiendas de libros y discos viejos. Lo bien remunerado de su trabajo no ha mermado un ápice su identificación con la gente de a pie ni su pertenencia a mi querida chusma (...); el conductor se ha ganado un gran apoyo popular y lo está disfrutando”.

JC en la calle, donde siempre recibe muestras de cariño.

En su entrevista, Pamela Díaz no perdió tiempo y le preguntó enseguida a Rodríguez lo que menos le gustaba de su trabajo. “La exigencia minuto a minuto”, puntualizó él sin pensárselo dos veces. Cómo puede cambiar todo en cuestión de cinco minutos, “es brutal”, le sinceró.

El desgaste, y lo que menciona el conductor, de todos modos recién parece haberse sentido en agosto, cuando Mucho gusto, matinal de Mega, les arrebató el primer lugar de sintonía. Antes de eso, Julio César Rodríguez y Monserrat Álvarez —desnudando las inexactitudes de políticos de lado y lado o emocionándose con las historias de la gente o aportando una necesaria cuota de humor— fueron reyes de la mañana por cuarentaiún meses consecutivos. Es decir, Contigo en la mañana se mantuvo tres años y cinco meses en la cima.

El JC que le dicen

“Hay personas para invitar a la tele y hay amigos para invitar a la casa”, notifica cada tanto Julio César Rodríguez, desde enero de 2020.

Unos meses antes, como les estaba “volando la raja a todos”, Matías Arias, Bastián Ríos y Diego Sarmiento, parte del equipo del Buenos días a todos, se convencieron que él tenía que ser la cara visible del proyecto que tenían entre manos. Con la decepción por las coberturas del estallido social como motor, se habían propuesto producir un programa distinto, capaz de aprovechar el lenguaje de internet y con un leitmotiv que perfectamente podía seducir a alguien como Julio César.

“Empezamos a enhebrar el contenido acorde a lo que pasaba en la calle y en torno a la industria musical”, dilucidó Ríos en una entrevista con The Clinic. Tras contactarlo, se reunieron un domingo a la noche en casa del periodista y le acercaron la propuesta. A los pocos días estaban grabando el piloto devenido primer episodio de La Junta con Pablo Chill-e. Con poco más de tres millones de visitas, la conversación es recordada especialmente porque el artista nacional invitó a Rodríguez a fumar un cigarrillo de marihuana. “Nunca había fumado en cámara, pero fluyó demasiado natural”, se confesó el conductor con el diario pop.

JC y Pablito compartiendo un chistoso en La Junta.

Con el tiempo, el staff sumó nuevos nombres para investigar a sus invitados. Conocer sus comidas y sus tragos predilectos, o sus ídolos, para tenerles alguna sorpresa preparada. En resumen, profesionalizar el espacio. Los avances están a la vista: La Junta en YouTube cuenta poco más de un millón de suscriptores y ha publicado, al cierre de este artículo, 127 videos, de los cuales 71 son entrevistas a los artistas más pegados del cancionero trap, intérpretes locales e internacionales, influencers y humoristas. Es, también, organizador de sus propios premios.

En las tertulias, Julio César —como en el matinal, Radio Bío Bío, Síganme los buenos o Pero con respetose destaca por ganar la confianza de personajes no siempre dispuestos a hablar frente a las cámaras. Para Bastián Ríos, eso se debe también a que “la mayoría de los que formamos La Junta venimos de la periferia, de Maipú, La Pintana, La Florida (...); los invitados sienten eso, no tienen que andar explicando las cosas que ocurren en su entorno”. El Jordan 23 o El Menor son algunos de los que se desahogaron con Rodríguez, contándole sus tragedias mejor guardadas.

Pero tal vez el mayor highlight se celebró en el episodio 9, cuando AK:420 le prometió al periodista incluirlo en una de sus próximas canciones. Cumplió en marzo de 2021 con su single “Siempre fine”. Allí versea:

“Marcando territorio/ gracias a Dios a mí me bendicen/ me llueven actrices, pelos grises/ fuimos pa’ La Junta/ un saludo pa’ mi compa, el JC que le dicen”.

Desde entonces, a Rodríguez lo llaman así, el JC que le dicen, y a él lo enorgullece. A Pamela Díaz, de hecho, le reconoció que es el apodo que más le gusta.

Después de todo, fundado en La Junta, ocurrencia de un artista en esencia popular, simboliza el compromiso con la gente y con la calle que procuró ofrecer desde un inicio.

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