“Santiago, ¡eres jodidamente increíble!”: Korn convirtió el Parque Estadio Nacional en una masiva celebración del nu metal
La banda liderada por Jonathan Davis regresó a Chile después de casi una década con un show cargado de catarsis, clásicos y una conexión inmediata con un público completamente entregado de principio a fin.
Hay conciertos que cumplen con presentar una propuesta artística y otros que terminan funcionando como una liberación emocional completa. Lo de Korn en el Parque Estadio Nacional cayó de lleno en esa segunda categoría.
Desde mucho antes que partiera el show ya se sentía que la noche tendría una intensidad distinta. Dos horas y media antes, la gente ya estaba completamente prendida, mostrando su afán de hueveo y pasarla bien. Basta decir que hubo gritos de “Otakin” al vocalista de Seven Hours After Violet, una de las bandas encargadas de preparar el terreno para la jornada, pero también mosh y un ambiente general que anticipaba la euforia posterior.
En ese contexto, el regreso de Korn a Chile, tras casi una década desde su último paso por el país, arrastró a miles de personas hasta el recinto de Ñuñoa. Ahí se mezclaban generaciones completas atravesadas por la misma música: quienes crecieron viendo a la banda en MTV y jóvenes que llegaron a ella a través de YouTube. En cancha frontal, inclusive, se vio a niños sobre los hombros de sus padres para poder seguir el show.
En medio de ese ambiente multigeneracional, la ansiedad terminó explotando apenas las luces se apagaron y el telón del escenario comenzó a levantarse. Bastaron los primeros acordes de “Blind” para que el Parque Estadio Nacional reaccionara de inmediato, con la masa de público abalanzándose hacia el escenario.
Ahí, frente a una audiencia completamente entregada, Jonathan Davis apareció de forma imponente liderándolo todo. Y la respuesta de la gente fue instantánea ante una fuerza rockera que comenzó a desplegarse y nunca paró.
“Santiago, ¡eres jodidamente increíble!”, lanzó un par de canciones después Davis ante la algarabía general, destacando además la enorme cantidad de personas reunidas en el Parque Estadio Nacional. Por supuesto, ese comentario reforzó la sensación de que la banda entendía perfectamente el peso emocional de su regreso a Chile.
Ya con algo tan popular como “Here to Stay” quedó claro que Korn sigue sonando gigantesco en vivo. Pero más que un ejercicio de nostalgia, el show funcionó como una celebración activa de una banda que todavía se siente vigente, pesada y físicamente demoledora sobre el escenario.
Frente al grupo de músicos, todo estaba tan repleto que apenas quedaba espacio para moverse. Y aunque en el sector de la cancha frontal la sensación fue menos caótica que en otros conciertos recientes, en otros sectores más alejados hubo todo lo que se espera: bengalas, moshs y hasta el tipo que escupe fuego y que ya fue foco de atención en conciertos anteriores. Pero lo más relevante es que la conexión emocional nunca disminuyó.
De hecho, la gente coreó prácticamente todo el repertorio y respondió constantemente a cada estímulo de la banda. Ahí ayudó también el sólido trabajo visual del espectáculo, con un buen uso de pantallas, luces y sombras que reforzaban una atmósfera pesada e hipnótica.
En esa línea, y cuando llegó la hora de “Shoots and Ladders”, con todo y su clásica intro con una gaita, además del agregado de un guiño a Metallica a mitad de camino, el recinto completo ya estaba transformado en un coro multitudinario.
Tal y como ocurrió durante gran parte de la noche, miles de voces siguieron cada línea mientras el calor dentro de la cancha se volvía cada vez más intenso. Claro que nadie parecía demasiado preocupado, soportando estoicamente la incomodidad típica de un espacio completamente repleto.
Otro punto relevante es que a mitad del concierto, Jonathan Davis se tomó un momento para presentar el nuevo single “Reward the Scars”. Ahí explicó que la banda lleva cinco años trabajando en un próximo disco que aún no tiene fecha de lanzamiento. Aquella revelación reforzó la idea de que, aunque la nostalgia siga siendo parte importante del vínculo con su público, Korn continúa completamente viva y su gente responde de forma vigorosa.
Por eso, más adelante, ya cerca del cierre y durante “Y’All Want a Single”, Davis convocó al público a levantar el dedo del medio y el Parque Estadio Nacional respondió coreando con fuerza el repetitivo “Fuck that”, en uno de los momentos más desatados y celebratorios de toda la noche.
Pöco después llegó el encore. En las pantallas apareció la pregunta “¿Quieren más?” y la reacción fue inmediata. Miles de personas gritaron que sí antes del cierre definitivo, como si nadie quisiera aceptar que el regreso de Korn finalmente estaba llegando a su cierre.
Claro, el desgaste físico ya era evidente entre tanto apretuje, pero nadie parecía dispuesto a soltar la experiencia. Canciones como “A.D.I.D.A.S.” y especialmente “Freak on a Leash” terminaron provocando nuevas explosiones de energía colectiva entre una audiencia que seguía saltando casi por instinto y que terminó la fiesta con el “CE-HACHE-I” convocado por el bajista nacional Ra Díaz.
es que más que un simple recital de nu metal, Korn convirtió el Parque Estadio Nacional en una celebración masiva de catarsis, hits
imperecederos y vigencia. Una noche donde la nostalgia estuvo presente, sí, pero nunca como un refugio del pasado, sino como combustible para seguir haciendo explotar canciones que todavía golpean con la misma fuerza.
Por eso, a nadie le sorprendió la promesa final: Korn regresará a Chile. Y quienes estuvieron anoche, seguramente no querrán perdérselo.
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