Por Guido Macari MarimónLa Firme con Cata Edwards: “Es muy bonito a mi edad —o a cualquiera—, volver a sentirse ilusionada, como cuando uno tiene un pololo nuevo"
Tras largos años regresó a Canal 13, y paralelo sendas etapas en Mega y la radio, ha construido una profunda faceta como corredora de largas distancias, la que, de alguna manera, nació como escape de un angustioso periodo. “Me siento una deportista vestida de periodista”, declara quien repasa su historia, presente y vislumbra un plan.

Catalina Edwards Delpino (49) recorre el patio principal de Canal 13 cuando, de pronto, es sorprendida por el analista internacional Libardo Buitrago, quien le expresa mientras se le acerca para saludarla:
—¡Lo más grande! —y le pregunta en alusión a su más reciente viaje en que corrió la maratón de Boston—: ¿Cuánto hiciste?
—3,33 —le contesta ella en términos de las horas y minutos que le tardó completar esos 42 kms, a los cuales califica como su gran logro deportivo-personal.
Días después de aquella carrera en el estado de Massachusetts, de vuelta a Chile, la atlética periodista también estuvo en calidad de testigo en la maratón de Santiago, el pasado 26 de abril:
—¿Viste lo que pasó en la maratón de Santiago? —comenta ella a La Cuarta—. La cantidad de mujeres. En los 10 kms corrieron más mujeres que hombres.... ¡Impresionante!
Al caminar hacia la salida de su actual casa televisiva, un guardia también le pregunta: “¿Cómo le fue?”, a estas alturas en obvia alusión a lo que fue su periplo en Boston.

Tras veinte años haciendo carrera en Mega y Radio Infinita, la periodista decidió dar un golpe de timón y regresó a Inés Matte Urrejola en abril —sumándose al arribo de Consuelo Saavedra—, y ahora conduce el programa de corte económico Cadena de Valor, y además se sumó con una breve sección que aborda temas monetarios en el Tu Día, conducido por Priscilla Vargas y José Luis Repenning, con quienes se reencontró en esta vuelta.
Edwards asegura que, pronta a cumplir 50 años, le parece lindo que “gente me reconozca en la calle porque trabajé mucho tiempo en la tele”; pero, a su vez, percibe que cada vez más personas la reconocen por su faceta de corredora de largas distancias, una dimensión que, de alguna manera, se ha convertido en su vocación más honda.
En entrevista con La Firme, la periodista repasa desde su niñez como la mayor de cuatro hermanos, su atléticos años escolares, su admiración juvenil a Felipe Camiroaga y Kathy Salosny; para luego ingresar a la tele, formarse en Canal 13 y luego dar el salto como conductora de noticias en Mega; el angustioso proceso para convertirse en madre; su salida de la tele y la posterior era radial; su partida del “9”, precedida por un revitalizador coqueteo con CHV que no se concretó; su nueva era televisiva, pronta a cumplir 50, que la tiene en modo “reseteo”; y su inquietud, siempre latente, por lanzarse de lleno a correr, inspirar y dar consejo a quienes quieran iniciarse, alejada de lo periodístico.
—¿No he dicho ninguna tontera? —se pregunta Edwards durante la entrevista.
Bueno, pues juzgue usted, amable lector…
LA FIRME CON CATALINA EDWARDS
¿Un recuerdo de niña en Viña del Mar? Justamente una Navidad en la casa —que todavía está— de mi bisabuela, en Agua Santa, al lado de un convento. Pasábamos las Navidades ahí, con mi familia viñamarina, materna. Tengo ese recuerdo de la mesa de comedor redonda de madera, bien lacada; las alfombras gruesas; muchos roperos antiguos; y vitrinas con tacitas y jarritos.... Un living muy viñamarino, muy de Viña, mucho ropero, jaja, muebles de ropero antiguo… Mis papás vivieron recién casados esta “magia” de partir en región, en Viña, y estar cerca de su familia; pero hicieron su vida laboral en Santiago. Pero íbamos mucho los fines de semana a Viña y para las fiestas familiares.
Soy la mayor de cuatro hermanos, y fui la primera nieta además; mi abuela todavía vive, tiene 101 años, (pero) está muy desconectada, muy deteriorada... Mi hermanos se ríen mucho de mí, jajaja; son todos hombres, y siempre fui BIEN hermana mayor, porque decían que yo era “la única” a la que me duraba más la mesada: los mandaba al quiosco a comprar cosas ricas, Súper 8, y ellos se compraban algo con el vuelto. Somos muy hermanables, súper cercanos y nos vemos mucho. Tenemos todos dos años de diferencia entre uno y otro, así que nos fuimos achoclonando más todavía, y vivimos siempre muy juntos. Uno vivía en Aysén, y se vino el año pasado, ¡increíble que volviera!

De chica fui muy asmática… lo sigo siendo. Me daban unos ataques de asma horribles. Recuerdo muchos días ahogada, sin poder respirar profundo. En primavera lo pasaba pésimo; dormí sentada por mucho tiempo, me daban leche con cebolla y con ajo; siempre tenía un vaporizador prendido y había una bolsita roja con secretos de naturaleza en mi pieza. Hasta que un día apareció el milagroso inhalador y pude respirar. Uno de los consejos que le dieron a mis papás en esa época era que hiciera deporte. Hoy me cuido mucho de resfriarme, porque cuando me enfermo a veces lo paso mal y me ahogo. Ya no tengo las crisis de antes; tengo mi “puff SOS” siempre a mano y me vacuno todos los años.
Estudié en el Villa María e inicié una carrera como atleta. Mi entrenadora era Lucy López, la chilena que prendió la llama de los Panamericanos. Ella, que era mi profesora de Educación física, fue la mujer que me metió al mundo del atletismo. Un día nos hizo un control de velocidad y me fue súper bien, fui súper rápida (siempre fui rápida, jaja) en pique corto. En mi época no era tan común ver mujeres compitiendo en los interescolares. Y la Lucy nos impulsaba y nos dio todas las herramientas para superarnos; pero, además, cuando algunos papás no nos podían llevar —o no entendían esto de ir al estadio a correr—, nos pasaba a buscar, nos daba todas las instrucciones en la partida, nos alentaba gritando con mucha fuerza y nos esperaba con un abrazo en la meta. Muy cálida y maternal. Me marcó mucho, porque, que una mujer te lleve donde predominan los hombres, es bien especial. Le agradezco mucho… Hablamos cuando prendió la llama panamericana, para felicitarla.
Al haber estudiado en un colegio de puras mujeres, el poder femenino se potencia mucho. Y es, creo, muy distinta la comunidad, de apoyo, soporte y contención; y que, por lo menos en mi caso, se mantiene, con la MISMA fuerza que en mi época escolar. Es, POR LEJOS, la red de apoyo más presente en mi vida: mis amigas del colegio, y no es solamente mi generación, sino para arriba y abajo. Y en las mujeres se da esa fuerza común de abrir caminos juntas. Y está muy vinculado, además, a mi amor por el deporte, que era bien a pulso, y tampoco teníamos tampoco la infraestructura de hoy.
“Soy una deportista frustrada”, dije en Mentiras Verdaderas (La Red, 2015). Me habría gustado ser deportista. Creo que no tuve la visión, y no tuve el soporte para tener el empuje. No lo vi, pero yo sí me siento una deportista vestida de periodista. En serio. Tengo una mentalidad y una filosofía de vida muy vinculada al deporte, a la calidad de vida en general y a la disciplina deportiva. No pensé que se podría vivir del deporte. En mi casa, en algún momento, también hubo situaciones económicas —como en toda familia— de mucho apuro, y obviamente no veía en el deporte un soporte... ¡No sé! ¡No lo vi! No tuve la visión y no me empujaron, que está bien; en ese momento siempre quise ser periodista.

Cuando chica admiraba a la Kathy Salosny, Felipe Camiroaga y Marcelo Comparini. Fueron mis referentes, jajaja. Y veía las noticias con la Cecilia Serrano; en mi casa siempre vimos las noticias a la hora de la comida. Y veía Extra jóvenes y tenía esas referencias de programas de la tarde y de entretención. Me acuerdo mucho, sobre todo, de Felipe Camiroaga. Y con la Kathy después trabajamos en el Mucho gusto, una mujer muy encantadora, muy generosa de la tele; y hemos hablado por Instagram. Me gustaba la comunicación en general y las noticias. Lo encontraba entretenido, interesante y variado.
Me gustaban mucho las comunicaciones, me fascinaban. Pero, HOY, que miro para atrás y veo todo lo que me han entregado la disciplina deportiva, y lo feliz que he sido corriendo, digo: “Qué ganas de haberle puesto más empeño a mi época escolar o universitaria al deporte”, porque dejé de correr. Hoy, que ya he vivido, digo para atrás: “Pucha, debí haber estudiado Ingeniería comercial y haberme dedicado con más fuerza al deporte”, jeje… ¿Y por qué Ingeniería comercial? Porque es una ciencia que me entretiene, la economía en general, y trabajo hoy con eso también en la radio.
En el colegio fui polola; tuve pololos pero ya más grande, en primero o segundo medio, no TAN chica: tuve pololeos cortos. Y después, en mi etapa universitaria, más largos; ni uno vinculado JAMÁS al periodismo. ¿No me gustan los periodistas? Yo cuando entré a trabajar a Canal 13, de hecho, estaba full metida en la pega: no tenía tiempo ni energía... no pinchaba; tenía pololo pero afuera.
¿Es verdad que pololeé con Cristian Sánchez? En Canal 13, pololéabamos escondidos en los pasillos, JAJAJA. Cuando estaba en Alfombra roja. Pero fue un pololeo... (cortito).
Mi interés por lo económico surgió estando en prensa de Canal 13. Me contactó una vez Claudio Gárate, porque en esa época se armó el 13C, y llegaron unos argentinos con una propuesta de un programa de finanzas personales de una corredora bolsa: Saque partido a su dinero. Y Claudio —¡no sé por qué!— me lo ofreció a mí y me dijo: “Creo que tú deberías hacer este programa”, y le contesté: “Pero, Claudio, yo no sé nada de economía”. “No importa, aprendes en el camino”, me dijo, “nosotros te ayudamos”. Y empezamos a hacerlo. Aprendí y conocí a mucha gente —además— del mundo financiero. Y después hicimos el espacio en En boca de todos. Eso no existía antes en la televisión abierta, y le iba súper bien. Y revisábamos datos como el precio del cobre, y la agenda semanal, con los acontecimientos más importantes. Era un formato de verdad súper sencillo, pero fue súper bien recibido, comercialmente y por la audiencia. Estando ahí, me llamaron del Mega. Y me fui.

A mi marido, Juan Pablo Tisné, lo conocí en una cita a ciegas. Me lo presentó una amiga. Canal 13 tiene mucho que ver, jaja. Lo conocí para un Año Nuevo, cuando yo tenía unos 27 o 28. Una amiga del kinder, Francisca Salas, me había invitado a su casa, y me dijo que me quería presentar a este personaje, porque “él te quiere conocer”,y le dijo lo mismo a él; pero — mentira— , no tenía idea quién era, nunca lo había visto. Yo estaba en Canal 13, en el En Boca de Todos, y me llamó como tres veces durante el día, y yo sabía que era él; y no le contesté, haciéndome la chora. No quería el problema de arreglarme, ir a conocer a alguien y meterle conversación, ¡estaba raja! Era esa época en que uno le mete TODO a la pega... Iba subiendo por la costanera de Andrés Bello, camino a mi casa, dije: “Voy a devolver el llamado... Hola, tengo una llamada perdida de este número, ¿quién habla?”. “Hola, hablas con Juan Pablo, soy el amigo de la Pancha...”. Me pasó a buscar, pero no nos caímos NADA de bien. Creo que él estaba “tenso”; y yo, también. Llegamos a la comida, y todos los amigos estaban casados y con guagua; nosotros, los únicos solteros y sin guagua. Y yo tenía unas entradas para una fiesta; y en algún momento de la comida tiré el tema de las entradas, cuando ya estaban todas las guaguas llorando, ¡en un mood completamente de vida (muy lindo, por cierto)! A esa altura nos caíamos mejor y fuimos a la fiesta... Según él, me dio un beso esa noche; según yo, imposible. Trató de darme un beso pero no se lo di... Lo pasamos bien, porque nos encontramos en un momento de la vida muy parecido: trabajando, pasándolo bien y disfrutando la vida. Después nos pusimos a pololear, tres años, y nos casamos.
Me fui muy entusiasmada y desafiada a leer noticias a Mega en un momento en que yo tenía una mini sección en un programa, entonces era una tremenda oportunidad. Crecí mucho profesionalmente en Mega, pero lo que significó para mí Canal 13 fue muy importante.
Las coberturas periodísticas que más me han marcado han sido el terremoto del 2010 y los mineros (de la mina San José, “los 33”). Me acuerdo del fallo de La Haya, en Bolivia, que fue una cobertura súper desafiante. Fui a las dos elecciones de (Barack) Obama, que fueron fascinantes. Me acuerdo perfecto de haber estado grabando el cierre de la nota en la concentración de Obama 2, parada arriba de una silla con él atrás mío. Me acuerdo de esa concentración de gente, de la cantidad de medios de comunicación y del momento mundial que estaba viviendo. Esa significancia y poder informativo me marcó mucho.

A los 31 tuve menopausia precoz, un diagnóstico que lo puedes tener a cualquier edad; supe a esa edad, pero probablemente viene de muchos años: tuve una falla ovárica prematura que me dificultó ser mamá, que siempre quise serlo. Cuando me casé con mi marido queríamos tener hijos. Llevaba mucho tiempo tratando de tener guagua y no me resultaba. Llegué a un especialista, me hizo los exámenes y salió este diagnóstico. Fue muy duro.
Tenía muy pocas opciones de quedarme embarazada de manera natural. Me hice un montón de tratamientos, y tampoco resultó, y finalmente llegué a otro especialista que me dijo: “Tu diagnóstico realmente es muy malo, es la realidad; con estos números ni siquiera puedes postular a un programa de fertilidad en Estados Unidos; lo que haremos es prepararte bien un año para un tratamiento que probablemente será el único al que te puedas someter”. Estuve un año preparándome, trabajando para ese tratamiento, en mejorar mi irrigación sanguínea del aparato reproductor, buscar terapias alternativas, encargué vitaminas a Perú y España, e investigué bien el tema también, desde el punto de vista científico, alternativo y espiritual, para llegar bien al tratamiento. Hicimos unas estimulaciones ováricas, que obviamente no me resultaban. Hasta que finalmente aparecieron unos ovulitos que logramos fecundar. Pero tampoco se desarrollaron.
Esa guagua la perdí. Fue terrible porque yo estaba en el Mundial de Sudáfrica (2010). Empecé con pérdida allá, trabajando, con “Repe” (José Luis Repenning), y tuve que ser atendida allá. Y la perdí cuando volví a Santiago; o sea, me vine, de hecho, y estaba full consciente de que la había perdido. Estaba sola; mi marido estaba viendo el Mundial, pero se iba moviendo por otras ciudades. Nos encontramos y nos subimos al avión juntos y vinimos juntos. “Repe” y todo el equipo lo sabían, y me cuidaron y acompañaron.
Los duelos de los nonatos son muy duros; es muy difícil de visibilizarlos. Por una parte, es una guagua que no nació; pero es muy doloroso para las mujeres que lo enfrentan, porque finalmente el cuerpo se prepara para la vida, y no para la muerte; perderla es muy doloroso, desde el punto de vista físico y emocional. Me costó mucho. Es un dolor permanente, hasta hoy. La sensación de “lo que no fue”. Ese duelo lo siento, no hay desaparecido. Muchas personas en ese momento me decían: “Oye, en 15 días estarás super bien, se te olvidará; te quedarás esperando guagua de todas las maneras”. Pero en realidad, no se me ha pasado la pena. El “angelito” que te dicen que te está “cuidando”, para ti, es tu guagua, aunque haya sido muy chiquitito. Tú no quieres al “angelito”, quieres a TU guagua. Es muy triste, muy silencioso y muy solitario. Antes ni siquiera podías inscribir el nombre. Ahora una ley lo permite.
Después de la pérdida volví al tiro a trabajar al tiro. Nunca paré. Era lo que tenía que hacer en ese momento, y estuvo perfecto. Tuve todo el apoyo y la contención de mi familia, y de mi marido. Volví a trabajar y, bueno, hay que seguir.

Con el tratamiento de fertilidad aprendí a cuidarme físicamente. Ahí empecé a correr. Una de las cosas que más me marcó del diagnóstico —aparte obviamente de la dificultad para quedarme embarazada—, era que tenía muchos riesgos de sufrir osteoporosis; y leí que para evitarla había que hacer ejercicios de rebote, como correr, y empecé. Ya tenía la experiencia del atletismo en el colegio; pero no era lo mismo, son disciplinas completamente distintas.
Empece a caminar, uno, dos y tres kms. Me invitaron a un gimnasio y me metí. Conocí a una entrenadora, y volví a nadar (mi deporte primario, el primero que aprendí). Entrené mucho tiempo en Santa Rosa de Las Condes, y me venía para Canal 13. Empecé a cachar que habían grupitos que salían a correr, me metí, iba y volvía, unas cuadras, y empecé a sumar kilómetros, y a sentirme mejor. Mentalmente, me salvó en ese momento, porque justo coincidió con el tratamiento.
Siempre los corredores huyen o corren hacia algo. Huía de mi dolor. No tengo ni una duda de que es así. Me ayudó mucho a despejar. Finalmente, uno arranca de eso, o corre hacia algún objetivo, una meta o lo que sea. Pero yo tengo muy claro de qué corría, de qué empecé a correr...

Al doctor Antonio Mackenna le debo la vida, porque me dijo: “Hagamos el empeño” con el tratamiento. Y él recibió mi guagua; en esa época ya ni siquiera hacía partos y dijo: “Esa guagua la recibo yo”. Después de mucho esfuerzo, sin esperarlo, a los meses que quedé embarazada. Hay ene de gente que dice que cuando se relajó, quedó embarazada. Pero cuando te dicen “te relajas y quedarás esperando guagua”, realmente quieres asesinar a la persona que te lo está diciendo: estás tratando de vivir en modo zen, 24/7, para quedarte esperando guagua, ¡y no te resulta! Entonces es difícil que te pidan paz y calma cuando estás desesperada. Es súper doloroso... Creo que también algo pasa (post pérdida): como que se resetea todo. Tuve, la verdad, mucha suerte. Para mí, fue un milagro. Recé mucho y fui a las monjas Carmelitas.
Siempre he sido creyente. No voy mucho a misa, pero rezo, le hablo a mi Ángel de la guarda, y sé que me acompaña, mucho... ¿Sabías que a los ángeles hay que hablarle en voz alta?... Yo le hablo en voz alta a mi “Ángel de la guarda”. Rezo harto. Corriendo también rezo. Soy muy agradecida. Rezo también porque me saca el diálogo interno.
Hay unas monjas en claustro en Rengo, que rezan mucho, y justamente por este tipo de casos. Fui donde una de ellas que había sido compañera de curso de mi mamá en el colegio. La logramos contactar y me recibió en el monasterio. Me pasó una cintita celeste; y esa cintita, con una medallita, que me acompañaron en todo el tratamiento. La tuve siempre conmigo, hasta el parto. Y nació mi hijo... Esa cintita la tengo muy bien guardada, con todos los recuerdos y fotografías de mi hijo, que le escribí un libro mientras lo esperaba.
Estuve casi todo el embarazo acostada. Estando en Mega, pedí licencia, y se quedó “Repe” solo, jajaja. Me levanté, en total, máximo dos o tres meses. Estuve en cama la primera parte porque estuve siempre con síntomas de pérdida, hasta que se afirmó bien; y en la última parte también, porque me subió mucho la presión Y era una guagua tan de cuidado, era tan especial todo lo que estaba pasando, que Antonio me mandó para la casa. “Esta guagua hay que cuidarla demasiado”, decía, jajaja. Y toda mi familia me decía “¡por favor, no te muevas ni levantes!”. Lo pasé bien en ese periodo... si hubiera existido Netflix la habría pasado mucho mejor, porque tenía que descargar las películas de los sitios piratas, jaja.

Era parte de mi terapia mental correr, entrenar y despejarme. Después nació mi hijo y pasó algo bien especial: él dormía siesta y yo, como no lo dejaba (solo) ni un segundo, salía a correr entre medio sus siestas. Como tenía un tiempo acotado de trote, una hora o 45 minutos, corría y volvía. Así mejoré, empecé a correr más rápido, sumaba kilómetros y decía “chuta, me cansé menos”. Me inscribí en competencias, cuando aparecieron las We Run de Nike, que eran de 10 kms. Aprendí del mundo del running propiamente tal y de lo que significaban las competencias; pasé a los 21 km y, después de miles de esos, a los 42.
Quise tener más hijos, y tratamos... Es que el desgaste del primero fue TAN grande que abandonamos la idea rápidamente.
¿Cómo soy como mamá? Habría que preguntarle a mi hijo. ¿Qué me dice él? ¡Chata!, jajajaja: “Mamá, eri una chata”. Está a punto de cumplir 15 años... Trato de ser una mamá cariñosa. Pero también pongo los límites. Poner los límites también es entregar cariño. Marcar los límites de la “cancha de fútbol”: cuáles son los bordes y dentro de esa cancha, respetando las reglas del juego, haz lo que quieras; funciona bien. Pero soy también una mamá súper estricta... me maneja cómo quiere igual, jaja, pero tenemos un pacto, un acuerdo.
Mi chascarro de los porotos y la longaniza tiene 16 millones de visualizaciones, la cagó, JAJAJA. En las noticias tenía un rollo con chasconearme. Ahora las noticias son más amenas, uno se puede reír más y es más cordial. Yo no me tomo a mí tan en serio; me tomo mi pega y me deporte muy en serio, pero me río, la paso bien y soy súper yo, en las distintas facetas de mi vida... por eso doy pocas entrevistas, porque de repente hablo puras tonteras, jejeje... Ya superé la etapa de no “chasconearme”. Ahora no me importa tanto. Es que encuentro que no hay nada mejor que ser uno mismo. Claro, uno en las noticias es efectivamente más serio y trata de hacer las mejores preguntas, pero he aprendido a escuchar y ser yo. Es cómo me siento más cómoda.
Una vez, en el 2018, en el Mucho Gusto, dije en una conversaciones sobre pensiones “dar trabajo a las personas que hoy día ya están jubiladas ¡Ahí ya tienes una solución!”... No sabría responder cómo ha “envejecido” esa propuesta (A propósito de pregunta de reportero). En ese momento fue fuerte lo que pasó. Y evidentemente mi ánimo nunca fue ofender ni pasar a llevar a nadie. Pero en ese momento, la temperatura (pre-estallido social) no daba para eso. Nunca me había enfrentado a algo así (en lo que respecta a repercusiones mediáticas), y no se lo deseo a nadie.

Salí de noticiero de Mega y me quedé sólo en Radio Infinita; me quería mover. Fue justo la época en que empecé a correr maratones, en el 2018, que ya venía de dos años corriendo full y dije: “Me quiero dedicarme con más interés”. Y llevaba muchos muchos años, además, con un horario muy exigido de matinal; me había perdido mucho de mi hijo en el jardín (no poder llevarlo ni ir buscarlo); tenía ganas de aprender, de estudiar, de abrir un poco mi cabeza. Y se me juntó todo. Sentía algo físico, que “necesito abrirme”. Para mí correr es eso también: un poco abrirse. Esa sensación de correr como una loca suelta me fascina. Y tenía esa necesidad de apertura, emocional, física e intelectual; y quería volver un poco a mi casa, para tomar el control. Y dije: “Me enfocaré en la radio, donde tengo más tiempo para los análisis y enfocarme en economía”. Fue una decisión que nació netamente de mí.
Me metí a estudiar un programa de Alta dirección de empresa (PAD), en la Escuela Negocios de Universidad de Los Andes. Fue súper enriquecedor, el mundo más de los ejecutivos y corporativos. Y me enfoqué en el programa de economía que empezamos a hacer en Infinita. Fue un reseteo, partir de cero, porque había hecho muy poquita a radio. Salía de la tele, donde uno tiene otra posición, y me enfoqué en aprender de ese nicho, del tema financiero. Al programa le fue súper bien. Y volví a mi casa, que era algo muy importante también: manejar un poco más mi tiempo. Fue una decisión súper dolorosa y costosa. Dije: “Renunciaré, partiré de la radio y obvio que me saldrán más cosas”. Vino después la pandemia, y no me salió nada; nos tuvimos que encerrar en un momento y empecé a trabajar con las redes sociales: apareció otro mundo para mí, que no lo conocía, y se convirtió en algo súper duradero hasta hoy, con el deporte.
En la Infinita también hice el programa Viaje Infinito, que era increíble, y también nació de una necesidad mía de mostrar un poco el mundo, pero no desde el relato o las imágenes. Cuando propuse la idea y el proyecto, me dijeron —no diré quién—: “¿Pero cómo se te ocurrió hablar de viajes sin imagen?”, y yo dije: “Cuando tú te tientas con un viaje, conversando en una mesa, es cuando más transmites la emoción de lo que viviste, de lo que te comiste, ¡mucho más que verlo en una imagen!”. No me veré como la estupenda modelo bañándose en la playa de Punta Cana: quiero saber lo que se comió, lo que compró, cómo llegó y cuánto le costó. Y armamos este programa que tenía música de los lugares y relatos históricos. Súper entretenido.
Entrevisté a Javier Milei, antes de que fuera candidato, en la Infinita... estaba muy enojado, con el programa, las pensiones, o no me acuerdo por qué... ¡Qué heavy esa entrevista! ¡Brígido haber entrevistado a Milei! Vino invitado por los libertarios. Tendría que revisar la entrevista, pero estaba muy expresivo, vociferante, muy en su estilo. No era tan simpático. En general, en la radio no tienes mucho tiempo para conversar (fuera del aire), porque aparece en el estudio (el invitado), entra y sale. Así que no tuve la oportunidad de compartir con él más allá de la entrevista, pero fue no particularmente simpático.

En el 2024 estuve cerca de irme al Contigo en la mañana (CHV). Me llamaron. Tuve una una reunión muy linda, que no la olvidaré nunca, con una persona que fue muy amorosa conmigo. Fue una reunión muy buena para mí, y me habría encantado haber dado ese paso. Pero bueno, cosas que pasan en el camino hacen que las decisiones cambien. Fue una oportunidad que me sorprendió mucho en su momento... Me encantó conocer a esa persona. Me llegó en un momento que no me esperaba. Yo llevaba hace mucho fuera de la tele, entonces que me llamaran para un rol tan protagónico, me pareció tan increíble; y me sentí muy agradecida. Llevaba ene de tiempo fuera, no sabía realmente cómo sería ese regreso, y finalmente se fue diluyendo. Pero me abrí a la posibilidad.
En febrero del 2025 me anunciaron para regresar al Meganoticias, y al final no pasó, porque cambiaron todo el plan (el que terminó con la salida del exdirector ejecutivo Javier Villanueva), cuando iban a poner a José Antonio (Neme) en la noche; y quedó la embarrada. Ese proyecto integral me incluía a mí para volver algunos fines de semana; no era un regreso tan rimbomante. Me entusiasmaba, jaja. Estaba súper arriba del proyecto. Pero no era todos los días.
Mi proyecto Incómodas (de YouTube) no resultó, comercialmente se nos hizo difícil; estábamos probando y nos faltaban auspiciadores. El capítulo de la Tita Ureta tuvo muchas visualizaciones; es que se emocionó mucho hablando de su mamá.
Con José Antonio Neme seguimos siendo amigos, hablamos y siempre lo felicito. Me encanta que le vaya bien. Ahora lo entrevisté en 3K, que lo he hecho con Juan Pablo López, la Lady Ganga, Vesta Lugg, Nacho Gutiérrez y Antonio Marshall (“Forrest Gump”). Ese espacio (en Instagram) me encanta hacerlo, y sigo. Me gusta porque uno de verdad uno muestra a gente común y corriente que quiere correr, y cómo su vida ha cambiado corriendo. Y si es una herramienta para motivar a que más gente corra, ¡increíble!
Corriendo por Av. Américo Vespucio para 3K, el que más ha generado cosas en la calle es Neme po’, obvio: la gente le grita y le toca la bocina, ¡y me encanta!, porque él es súper receptivo a ese cariño.
Hoy los matinales cumplen un rol editorial fundamental, editorial, en los canales; es súper importante. Pero también tienen una influencia muy importante en la opinión pública. Y siento que ahí hay mucha responsabilidad, que hay que cumplir. Yo también me tomo mi rol en mi sección de economía (en Tu Día) con mucha responsabilidad, y preparo súper harto los temas, porque sé que la gente los recibe con mucha necesidad, sobre todo los económicos, que hoy es muy sensible a mucha gente. Creo que hoy esa responsabilidad es importante cumplirla bien... Y pucha, de repente uno ve cosas que se pueden hacer con volumen un poco más moderado.

Cuando me ofrecieron venirme a Canal 13, Mega me hizo una contraoferta, pero la rechacé, porque me quería mover, y moverme para acá, volver a un origen, al lugar donde partí trabajando. Ha sido para mí muy emocionante, muy emotivo, ¡y lo digo desde adentro! Porque es donde viví mis primeros años de trabajo. Toda mi base profesional la recibí acá y me siento muy agradecida de este lugar y su gente. Fui muy feliz. Para mí ha sido, de verdad, poner el cronómetro en cero, reencontrarme con afectos, y con una Cata muy ilusionada. Y es muy bonito a mi edad —o a cualquiera—, volver a sentirse ilusionada, como lo que pasa cuando uno tiene un pololo nuevo: uno renace en ese sentido, y siento que para mí es profesionalmente una nueva vida, que me tiene muy contenta.
En Canal 13 y en la radio me he encontrado con amigos como la Cata Butrón, que hizo la práctica de la Infinita; me reencontré con la Cecilia Ureta, que es un emblema del canal; también con Miguel Luna, que trabajé en Mega, y hoy es el productor ejecutivo de Tu Día, e influyó en que yo llegara al canal. Con él trabajamos juntos en el noticiero central. Y con Iván Valenzuela me encontré en la radio.
Llegué poco después que Consuelo Saavedra al 13. Increíble. Nunca habíamos estado juntas, no nos conocíamos personalmente. Tampoco estamos mucho juntas, porque ella sale al estudio con Kike (Mujica) y yo entro a hacer Cadena de Valor. Pero después nos sentamos muchas veces al frente en la mesa a trabajar y a conversar los temas de la pauta. Increíble tenerla cerca. Gran suerte. Es una referente indiscutible de periodismo y de oficio para mi generación. Cuando llegué ella ya estaba, llegué a sumarme, fui la última, jaja. El que ella estuviera de todas maneras influyó en mi decisión.
Mi foco en Canal 13 era la radio, volví a la radio, a Alcalde Dávalos e Inés Matte Urrejola. Ahora he tenido la suerte que he podido estar ocasionalmente en el matinal, con un espacio, que también ha sido muy bonito. ¿Mis expectativas en Tu Día? No tengo muchas aspiraciones en ese sentido: quiero trabajarlo bien, me importa que el contenido sea bueno, que a la gente le sirva, que sea bien atendido, contingente y útil.

En mi programa, en Cadena de Valor, que también es muy serio, igual de repente me río; y si no entiendo, vuelvo a preguntar, no tengo rollo. No tengo vergüenza ni complejo de eso. Me pasa que para mí también es súper importante que los entrevistados se sientan cómodos en el espacio donde los entrevisto, sobre todo en temas económicos. Es súper importante tener tiempo para explicar temas complejos.
De las entrevistas que he hecho en Cadena de Valor, la que más me ha resonado fue a la Ximena Abogabir, que creó Travesía 100, un espacio para empoderar a personas mayores. Encuentro que es una mujer increíble, que transmite paz y sabiduría. Me encanta ella. “Me encantaría que tuviéramos una ciudad más amable con los adultos mayores”, dijo. Por ejemplo, le pregunté algo súper simple: “¿Cómo debiese ser una ciudad para adultos mayores?”. Y dijo: “A nosotros nos mandan siempre a caminar, y las veredas están llenas de hoyos. Nosotros llegamos a una edad en la que queremos ser felices y pasarlo bien, pero nos preocupamos mucho de no caernos; y con las veredas, en el estado en el que están hoy en muchas ciudades, es muy probable que uno se caiga”. Súper simple. También pienso en las personas que hacen deporte: algo tan básico como el pavimento de las veredas debe estar mucho mejor preparado para las personas mayores. Me resuena mucho que los espacios sean amables para todas las personas.
¿Hoy me atrae más la radio que la tele? A mí me gusta la multiplataforma. Para mí es súper importante hacer contenido, me río, me entretengo y muestro una faceta mía distinta: muy yo, mi casa, las cosas que cocino, cómo salgo a correr y la ropa que me gusta. Tengo esa dimensión y soy así. Y la otra dimensión de periodista más financiera; sigo los mercados, las acciones, el dólar, el petróleo y las noticias internacionales. Y lo hago profesionalmente, me gusta y me lo tomo súper en serio.
¿He pensado en salirme de los medios y enfocarme en las redes sociales y el correr? (Pregunta reportero)... Sí, lo he pensando, lo pienso. Me da vuelta siempre. El domingo salí a alentar a los corredores, y es increíble la gente cómo agradece el apoyo. Me paré en una esquina y veía a la gente que venía cansada, llevé unos frugelés —que son carbos muy rápidos y útiles— y le di a quienes venían más venían más cansados; a unos que pararon los agarré e impulsé para que siguieran corriendo, porque me ha pasado mil veces que paro y necesito alguien que me empuje. Eso me lleva siempre a pensar la idea de hacer crecer todavía más mi comunidad, o mi responsabilidad, en torno a motivar el deporte en las mujeres. Y caminos hay millones, desde hacer un equipo, a un instagram específicamente enfocado en deporte, o hacer más “social run”, que he hecho un par. Me genera inquietud permanente. Soy en general muy inquieta, pero en el deporte siento que todavía tengo mucho que desarrollar, hacer, devolver y ayudar... Me da vueltas… motivar a alguien a que se ponga zapatillas y salga a correr.

Me levanto a las 5:40 AM, hago el desayuno y los almuerzos (vida de dueña de casa), dejo a mi hijo despierto y voy me a correr. Tengo una amiga, o más, con las que tenemos el compromiso de encontrarnos (a entrenar). Siempre hay alguien que te espera; te levantas porque sabes que la otra persona se levantará y estará esperando: hay un compromiso.
Soy muy temerosa. Soy muy miedosa en general. ¿Qué cosas me dan miedo? Podríamos estar eternamente, jaja... Estoy trabajando mis miedos...Soy cuidadosa, temerosa, ¡es de puro insegura nomás! Al final, pasa un poco por eso. No sabría decir qué en particular. Decidí trabajarlo porque me pasaba que, corriendo —siempre vuelvo a lo mismo, jaja—, me daba miedo que me pasara algo, entonces no podía mejorar. La mente, cuando corres, te juega muchas malas pasadas, y tenía mucho miedo de avanzar, de exigirme más. He ido superando esos miedos, trabajándololos. Pero no es que uno supere el miedo, sino que les baja el volumen. He aprendido a bajarles el volumen. Ha sido un proceso, con sicólogo, súper enriquecedor. He aprendido a respirar, a medir la exageración de los “ruidos mentales” (los sicólogos hablan de “diálogos internos”). He notado cambios. Ahora, he leído harto de deportistas, y a TODOS les pasa lo mismo en la alta o baja competencia: todo el mundo tiene, en algún minuto del día, algún ruido mental. Ha sido muy bueno para mí manejarlo.
¿Qué pienso cuando corro?... “¡Para!”, “te vas a caer”, “¿para qué estás haciendo esto?”, “última maratón”, “queda demasiado”, “estás agotada”, “no puedes más”, “qué sed”, “qué hambre”, “qué sueño”, JAJAJA. Puras cosas que te boicotean. En el fondo, es tu cerebro primitivo, la amígdala (está súper descrito en la neurociencia), que ve alerta y drama en todo tu entorno siempre; pero es la que te hace frenar antes de cruzar la calle cuando viene un auto, y que te permite la supervivencia del día a día. Y esa amígdala es muy a la alharaca y, en el trote, cuando ve que tu cuerpo está muy exigido, que efectivamente estás perdiendo líquido, que vas demasiado rápido y que te estás desgastando los tobillos, empieza a tirar alerta permanente. Y tu corteza prefrontal, que tiene todos tus conocimientos y hábitos guardados a lo largo de toda tu vida, actúa un poco más tardíamente, y le baja el volumen a la amígdala.

Las metas al correr han ido cambiando. Ahora tenía Boston como meta de muchos años. Siempre busco este espacio para mí, me encuentro con amigas con las que converso temas variados, me desconecto y me preocupo de mi cuidado físico... No soy tan estricta con la alimentación; como pan con manjar antes de correr, jajaja. Me cuido, obviamente; ahora para Boston estuve como dos meses sin tomar nada. Y duermo bien. Trato de no comer harina ni pan. Pero después me relajo heavy: como de todo.
A la Maratón de Boston hay que clasificar (igual venden cupos carísimos), y me costó harto clasificar, porque había hecho el tiempo para la de Londres hace dos años, y ese año quedó mucha gente en mi categoría, entonces subieron el tiempo (de clasificación), que era era de 3,50 (horas), lo bajaron a 3,45 y yo tenía 3,46: quedé fuera. Tuve que volver a buscar el tiempo de 3,45, pero obviamente con más holgura para que no me volviera a pasar la “corrección” que me había dejado fuera el año anterior...
Clasificar ya es difícil, y correrla es otra dificultad adicional, porque Boston de las maratones más difíciles del circuito, porque tiene subidas y bajadas pronunciadas prácticamente en todo el camino; nunca es plana. Uno piensa en las subidas, que son súper desgastadoras, pero las bajadas son igual de demoledoras. Prepararse para el circuito requiere de un trabajo técnico muy específico. Por eso es una maratón tan simbólica, porque es difícil, hay que clasificar y es una de las ciudades más antiguas de Estados Unidos.
¿Próxima maratón de mi calendario? Terminé de correr la maratón, me subí al ascensor del hotel con mi marido y mi hijo, y le dije: “Esta es la última maratón que corro”. Y los dos se miraron y mi hijo dijo: “Mamá, siempre dices lo mismo”, jajaja. Y a las horas después estaba planificando con mi amigas qué vamos a hacer el próximo año. De todas maneras haré otra maratón. No sé cuál. Me encantaría correr Santiago.
La relación con el cuerpo nunca es fácil para las mujeres; por lo menos para mí, nunca lo ha sido. Tuve mi época disconforme. Pero ya con los años, uno ve que mantenerse cuesta cada vez más, y yo tengo la suerte por lo menos de que no tengo ni una lesión; esa parte de mi cuerpo la agradezco demasiado, y valoro que puedo seguir compitiendo, que no tengo ni un dolor, trabajo y tengo buena musculatura; me alimento bien; y a eso tampoco renuncio, porque para entrenar bien tienes que comer bien. Creo que tengo una relación sana, pero muy exigente, también.

Obviamente hay una generación mayor que veía televisión, y que ve televisión, y que me relacionaba más con las noticias; pero ahora hay un público joven que, por las redes sociales y el deporte, me ha parecido muy familiar y más cercano. Ha sido súper bonito. Me pasó el domingo que me saludaba gente muy joven, que sé que no veía noticias en la época en que yo estaba, pero que me ven por las redes. Es súper satisfactorio finalmente, y una recompensa para mí, porque si motivas a una niña de 18 o 20 años con tu contenido a que haga deporte, ¡increíble! Y tengo, además, ese otro mundo (de más edad), que me recuerda.
Veo en las redes sociales lo que pasa con las mujeres: esa necesidad de comunidad, de ser escuchadas y de acompañarse. Corriendo te encuentras con mujeres en la misma tecla tuya, en el mismo momento, todas con los mismos problemas, necesidades y temas. Trato mucho de generar ese espacio en la red, que las mujeres se encuentren, y hacer “match”. Porque, finalmente, si tienes una partner de todos los días que te escucha y te espera, tienes un apoyo emocional tremendo.
Me preguntan mucho mucho por datos, zapatillas, cómo partir, cómo alimentarse, cómo mejorar y cómo pasar de los 10 kms a la maratón. Yo viví ese proceso súper a pulso, y hay mucha gente que sueña con eso. Creo que finalmente, para la vida, tener esos propósitos, esos sueños, de metas de autosuperación, son súper estimulantes y motivantes.

Trato de responder los mensajes directos de Instagram. Reviso siempre el inbox, los DMs. Y ene de gente me pregunta: “¿Por dónde parto?”, “¿cómo lo hago?”, “¿qué zapatillas?” o “¿qué comes?”. Siempre tengo preguntas, puedo revisar (Revisa su celular): “Cata, quiero empezar a correr...”, “Encuentro brutal que seas asmática, no tenía idea...”, “Cata, quiero empezar a total, pero cacha que subo un cero y cuando lo bajo me duele mucho la rodilla...”, “Hola, vi que corrió maravilloso, yo comencé este año”, “¿Cómo elimino mis rodillas de la espalda?”... Heavy. Yo contesto. Me encanta que me escriban y me pregunten. De repente trato de hacer reels y respondo. Me siento muy responsable de responder, y me gusta.
De repente me llega mala onda en redes sociales, pero cada vez menos. En épocas de mayor crispación social, sí. Pero en los medios todos fuimos blancos de críticas y cuestionamientos; hoy día, no. Siento que trato de transmitir buena onda y de promover algo súper sano. Finalmente siento que se retribuye ese cariño.
Hoy siento que está todo muy ideologizado, por ende, muy polarizado. Poco diálogo. Creo que nos escuchamos, en general, ¡todos! Porque siempre uno encuentra razones para no escuchar hacia el otro lado; o a tu contraparte, y uno aprende al escucharla, y finalmente es lo que afirma muchas veces tu propia postura. Siento que nos falta escuchar, ponernos atención y mirar. Me gusta saludar a todo el mundo y que nadie se me pase por delante. Creo que es muy importante atender a todas las personas; y en ese sentido, todas sus historias. Esa mirada de tan polarizada, de blanco o negro, le ha hecho muy mal a la sociedad; y existe el gris entre medio.
En el inicio del gobierno de José Antonio Kast creo que se han cometido muchos errores comunicacionales... No me gustaría hacer un juicio controversial en términos políticos... Pero creo que comunicacionalmente —y lo digo yo, mucha gente y especialistas— también se han cometido muchos errores. Siento que finalmente siempre detrás de los números hay vidas, caras e historias que se pueden pasar por alto. Y llevándolo también a una analogía deportiva: es muy importante siempre bajar la grasa, pero tener cuidado de no recortar el músculo.

Cumplir 50: Ha sido un año de mucho hito: cambiarme de trabajo, ir a correr a Boston, en el verano me metí una carrera y salí segunda (me han pasado cosas inesperadas) y mi hijo está por cumplir 15 años... Ha sido un año de hitos... No me ha sido indiferente el cumplir 50 años; y me pasa que cuando me preguntan la edad, no digo “49”, y digo: “Estoy por cumplir 50 años”, JAJA. Como que ya me los puse. Y estoy feliz de cumplir 50 años. De todas maneras me tiene más reflexiva. Estoy en proceso de construcción, jeje, de reconstrucción, en el fondo, de reseteo, de poner el cronómetro en cero. Estoy en proceso de iniciar esta etapa de la vida, con otra edad. Estoy por cumplir 50 años, tengo un hijo maravilloso, una pega entretenida, rodillas y tobillos que me acompañan para es el deporte que más me gusta, y lo estoy pasando bien. No tiene que ver con el cambio de canal. Me imagino que es una cuestión muy descrita en la gente que cambia de folio. No me acuerdo cuando cumplí 40. Hice la fiesta a los 39. No la de los 40.
No pude convencer a mi marido de que no fuéramos de Chile, JAJAJA. A mi marido le encanta Santiago, y a mí también; pero siempre lo pensé. Nunca tuve la oportunidad, la posibilidad de irme a estudiar afuera; Terminé de estudiar Periodismo y ya estaba trabajando en Canal 13. Siempre tuve la inquietud. Mi marido siempre me dice: “¿Pero por qué? Si Santiago es la mejor ciudad del mundo?”. Y tiene razón. En algún momento me lo tomé bien en serio estudiar afuera: busqué cursos cuando estaba en la universidad; y ahora, antes de irme de Mega, y encontré un par de cosas. Pero al final uno se acostumbra y está en su cómodo. ¿Haber agarrado a mi niño, chico, y haberme ido un año a estudiar a Estados Unidos? Lo habría hecho feliz, pero ya fue; ahora, con quince años no lo saco, jaja.
Siento que estoy partiendo, partiendo un nuevo capítulo. ¿Ese nuevo capítulo siempre con el periodismo? (Pregunta reportero). Es que para mí es comunicacional, y es multiplataforma; no lo veo sólo desde la radio, del prisma de la tele o de las redes sociales. Para mí, lo entretenido es que sea un conjunto, multiplataforma. Y es un desafío porque, de cierta forma, hay que unificar el lenguaje. Pero en eso estoy.
Cuestionario Pop
Si no hubiera sido periodista, creo que habría sido ingeniera comercial... ¡o deportista! La respuesta es: atleta.
En mi época de estudiante de la U. de Los Andes me costó acostumbrarme mucho a la rutina de estudio en la universidad, porque era muy exigente, y yo no tenía tanto hábito de estudio; tenía más rutina de entrenamiento que de estudio, JAJAJA.
Un apodo que tengo es “Caturra”, que es el que más me gusta. Mucha gente me dice así.
Un sueño pendiente es, ¡ay!, aprender a bailar bien: meterme a clases de baile.
Una cábala que tengo un rosario chiquitito en mi auto, bolsito de viaje... tengo muchos denarios. Siempre me acompaña un rosario.
Una frase favorita es “lo que los kilómetros unen, nada lo separa”.
Un trabajo mío que no se conoce es que envolví CD’s en una tienda de música, mucho tiempo, como cuatro años seguidos para Navidad; y cantaba, que fue en la época que llegaron los karaokes. Parece que cantaba bien, porque llegaba gente y compraban los discos, JAJA. Cantaba canciones de Phil Collins.

Algo de lo que me arrepiento es de no haber podido ir a buscar más a mi hijo al jardín. Me habría gustado haberlo haber estado más en esa etapa, a pesar de que estuve; pero fue una época como muy estresante laboralmente.
Una periodista chilena que admiro es a la Consuelo (Saavedra) y la Sole (Onetto).
¿Una periodista famosilla que sea mi amiga? Con la Sole le tenemos súper buena onda, nos conocemos de toda la vida. Y con Neme tenemos un vínculo de mucho afecto. ¿Y con “Repe” y la Priscilla? También, mucho afecto; partimos juntos, nos conocemos hace muchos años. Tenemos muchas cosas y mucha historia en común de esos años.
Un talento oculto es la cocina, ¡todo!, me encanta hacer postres, comidas, guisos, carne al horno y ensaladas
¿Una película que me hace llorar? ¡Todas! Juro que no veo películas porque siempre me pongo a llorar... En busca de la felicidad.
¿Un miedo?... ¡Ay! ¡No lo diría porque qué susto!... Tengo mucha inseguridad, al igual que muchas personas, de la delincuencia. Ando alerta.
¡Sí, creo en el horóscopo! Lo leo, me encanta. Soy Escorpión.
Un placer culpable es comer en el auto, no sé por qué, como escondida, JAJA.
Si pudiera tener un superpoder me gustaría volar.
Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a un asado invitaría a Elon Musk, CEO de Tesla y SpaceX, para ver si me invita a andar en su nave espacial y conocer su visión del futuro. A Kate Middleton futura reina de UK, una mujer hermosa, tan elegante y encantadora (siempre me aparece en mi “lupita” de IG). Y tercero, a Sabastian Sawe, el maratonista que bajo las dos horas en la maratón de Londres, para ver si me enseña algún tip para correr más rápido
Cata Edwards es una mujer que está por cumplir 50 años y estoy en permanente construcción
Imperdibles
Lo último
hace 5 min
hace 11 min
hace 19 min
hace 20 min
hace 41 min
Lo más leído
1.
2.
3.
4.
5.


















