El show más inolvidable del Festival de Viña

Tras 61 años de historia, por primera vez, Viña no tiene Festival. Por ello, en La Cuarta reunimos a voces de diferentes generaciones y experiencias, para recordar aquellas presentaciones en el escenario de la Quinta Vergara que hasta hoy resuenan en la cultura popular.


Hasta hace no mucho tiempo, cada última semana de febrero era sinónimo de Festival. Pero entonces vino la pandemia y dejó a las ciudades sin cines ni conciertos y con la gente encerrada por la crisis sanitaria. En el primer verano sin Viña de la era moderna, el diario pop reunió a distintas voces para rememorar al llamado «Festival de festivales».

El recuento toma desde afamadas estrellas del pop, hasta furiosos rockeros que sacaron chispas en un escenario con el que de alguna manera, todos tenemos una historia.

Sergio Lagos, animador de Viña entre 2006 y 2008

-El show que me marcó, y creo que hasta el día de hoy me sigue golpeando la cabeza, porque cada cierto tiempo vuelvo a él, es el show de Police en el Festival (1982). Mi madre fue una fanática de la New Wave, que en Concepción era amiga de todo ese mundo, entonces en los tempranos ochentas ya escuchábamos XTC, Talking Heads, B-52, The Cure, también la veta más punky, The Clash, The Specials. Y claro, Police sonaba muy reiteradamente en mi casa cuando era más chico. Mi vieja viajó al Festival para verlos, mi viejo grabó el show en Betamax, como grababa muchas noches del Festival de Viña. Esa cinta con el show de Police creo haberla visto 300 veces, por lo bajo. Creo que es la presentación de un artista que más veces he visto en mi vida.

Paulina Nin, animadora del Festival entre 1983 y 1992

-Yo creo que todos fueron buenos, pero lo que nadie se acuerda es de las oberturas del Bafona y del Bafochi. Eran espectaculares; desde aprovechar la escenografía, hasta de repente hacerle una oda a la Araucaria, al mundo mapuche o a nuestros pueblos originarios. Muchos se van por los shows internacionales, Ricky Martin, Luis Miguel, Arjona, Faith No More, o qué se yo. Pero una de las cosas más penosas que yo encuentro que hicieron con el Festival fue ir eliminando las oberturas maravillosas. Se olvidan que el Festival partía con eso.

Mauricio Jürgensen, periodista y músico

-No sé si es el mejor concierto que haya visto en Viña del Mar, pero uno que me marcó, porque estaba en una situación de mucha tranquilidad observando, fue lo que hizo Cat Stevens, el 2015. Me acuerdo perfecto cuando estaba cantando “Morning has broken”, en un escenario tan improbable como el de Viña del Mar con mucha pantalla y luz, pero era él, su guitarra, y la sensación del frío en la Quinta Vergara, ese olor a eucaliptus del cerro. Tuve la sensación que probablemente de eso se trataba todo cuando partió el Festival; de una voz y una guitarra. Ha crecido tanto desde tantos otros lugares, no necesariamente artísticos y musicales, que volver un poco al “origen” con ese show sencillo, emotivo, con una voz tan señera que nunca había visto en vivo, marcó un súper momento.

Denisse Malebrán, cantante de Saiko y compositora

-El de Soda Stereo (1987) cuando tenía 11 años me marcó para la vida. Se cortó la luz en el barrio, y fue una tragedia porque yo me había preparado mucho para ver el show de Soda, y fue tanta la desesperación y el llanterio de todas las cabras chicas, que se colgaron de un poste del alumbrado público, algo que pasaba mucho en los ochentas -los más jóvenes no lo van a entender ajaja-. Imagínate, plena dictadura, milicos en las calles y nosotros colgados de la luz. Logré verlo en la casa con mucha gente porque todos se juntaron finalmente donde llegaba la luz, así que fue muy bonito, muy emotivo. Y Cerati, ya más grande, lo fui a ver porque no hay un músico que admire más que él. He visto muchos shows muy buenos, obviamente, vi a Simply Red, a Sting, Camilo Sesto que me encantaba, pero esos dos que te menciono para mí tienen mucho simbolismo porque representan lo que es el festival de Viña; la plataforma donde los músicos latinos logran proyectarse al mundo. Para mí después de ver a Soda Stereo no hubo vuelta, y con Cerati después, en su último show en Viña, cerró el ciclo.

Alfredo Lewin, periodista y conductor radial

-Mi recuerdo favorito del festival es de tiempos de colegio, muy inocente. Mi introducción al heavy metal y el hard rock vino por la performance de los suizos Krokus, en el Festival de Viña de 1985, inolvidable para mí por aquello, porque es como ver a hard rock y al heavy metal validado en el escenario del Festival de Viña. Era la respuesta que podíamos tener nosotros al Rock in Rio, que se había hecho poco antes. No teníamos a AC/DC o Iron Maiden, pero teníamos a Krokus y no estaba nada de mal. Gran performance, gran sonido, un mes antes del terremoto. Fueron super bien recibidos a diferencia de Faith No More en el año 1991. Es un recuerdo súper emotivo, inolvidable.

“Mi otra noche memorable, que de hecho fui al Festival, ocurrió en 1990 cuando tocaron Europe y Cheap Trick, dos noches ambos. La verdad fui más por Europe, porque era una banda de heavy rock que llegaban en el momento más importante de su carrera, pero me encontré con la sorpresa mayúscula de Cheap Trick. Verlos en vivo, además de un par de veces que los he visto, es ver una de las mejores bandas de hard rock americano de todos los tiempos, con actitud punk, llenos de hits. Además, la performance de Rick Nielsen fue de otro planeta; nunca había visto un vocalista más espectacular. Fue alucinante”.

Alberto Fuguet, escritor

-Sin pensarlo demasiado: febrero de 1991. Lo cubrí, viví el backstage, ayudé en vestuario y guión. Debuté como director. Fue el verano de Mike Patton y Faith No More y Myriam y mucho ruido. Fue un desmadre para hueviar por el destape de la democracia que no llegó. La meta era aterrar y molestar. Creo que se logró.

Javiera Vinot, corista de la orquesta del Festival

-El show que más me ha emocionado en el Festival fue el de Sting, la última vez que vino (2011). No solo porque lo admiro mucho como músico, como cantante -me gusta mucho su voz-, me encantan varias de sus canciones y su corista (NdeR: la australiana Jo Lawry). Pero ese show fue especialmente lindo porque invitó a músicos chilenos, a la Orquesta Sinfónica de Chile. Precisamente, mi papá trabaja en la Sinfónica, es fagotista, entonces para mi familia obviamente fue muy emocionante y nos juntamos todos a verlo. Fue muy entretenido ver a mi papá tocar con Sting. Fue muy bacán.

Arturo Domínguez, ex “Rojo” y participante de la Competencia Internacional 2015

-Tengo dos visiones del Festival. Primero, como cantante, para mí hay dos performances que fueron muy importantes en el Festival de Viña, en las competencias. Álvaro Scaramelli cuando ganó Viña con “Soy tal cual soy” (1998) y cuando Peabo Bryson representó a Francia con “Let me try again” (2000). Esas dos presentaciones me marcaron como cantante y me hicieron querer llegar al Festival de Viña algún día.

“Ahora, como espectador, para mí el show inolvidable fue el de Journey el 2008, porque fue la primera vez que fui al Festival. Fue demasiado espectacular, una conexión con el artista y la música. Me marcó y en gran parte fue porque pude estar ahí. Por la tele no es lo mismo. Journey fue un grupo que marcó mucho mi infancia porque toda mi familia era fanática. Cuando fui a verlos no estaba el vocalista original, pero fue una cuestión muy bacán. Muy pro. Músicos secos”.

Ángel Parra, guitarrista y compositor

-Son varios los grupos que me han gustado, pero yo diría que por importancia, diría que el show de The Police, épico en la manera en que actuaron frente a las autoridades, nos demostraron que se podía tener opinión en un país que estaba totalmente reprimido. También hicieron escándalo en los carretes que se mandaron, entonces para mí era como ‘guau, aquí hay rockeros de verdad’. Después, diría que el show de Faith No More, increíble, memorable, una banda que siempre hizo música buena. Con Los Tres estábamos tocando un rock que estaba muy sincronizado con lo que hacían ellos, y los admirábamos mucho. El de Franz Ferdinand (2006) también fue un show increíble.

Javiera Mena, cantante y compositora

-Hay un show que yo no lo ví en vivo porque ni siquiera había nacido, pero es el de Raffaella Carrá (1982). Siempre lo pongo en mis fiestas cuando va gente a mi casa. Lo encuentro increíble; era una época muy diferente, el escenario, las cámaras, todo muy antiguo, incluso micrófono con cable, había personajes de la dictadura ahí incluso. A pesar de todo ese momento, en un Chile tan represivo, Raffaella Carrá hizo un show muy destapado, con canciones súper eróticas; ‘para hacer bien el amor hay que venir al sur’, con la letra cambiada por ‘para enamorarse bien hay que venir al sur’. Además, un show muy LGBTQ por la onda de los vestuarios. Ese es mi show favorito de Viña, lejos, por todo lo que significa.

Carlos Figueroa, director de la orquesta del Festival desde 2011

-He sido testigo del Festival casi por una tradición familiar; mi padre y mi madre fueron parte de la orquesta en los años setenta, y ahora mi esposa y mi hijo en esta era. También me ha tocado competir, me ha tocado ser baterista. Pero creo que hay un par de etapas que me marcaron. En los ochentas cuando iba de espectador, básicamente por mi madre que trabajaba ahí, me tocó ver una banda que cambiaba el esquema musical en el mundo y que en ese minuto estaban número uno en todos los charts: Police. Yo creo que ellos marcan un antes y un después en cómo se hacía el festival, en el cómo recuerdo esa era.

“Después en el 2011, cuando viene Sting solo y toca con la Orquesta Sinfónica de Chile, ver un concierto sinfónico en la Quinta Vergara, con los éxitos que tuvo Sting, también me marcó muchísimo. Él lució su capacidad de compositor, e instrumentista, y se lucen también los músicos chilenos, tocando y sonando al nivel más alto”.

“También hubo otras cosas que me marcaron, como Toto en el 2004. Cuando ves a esa banda, muy importante del pop rock mundial, viniendo a hacer un espectáculo de casi dos horas, donde musicalmente la Quinta se estremece, se provoca una euforia porque sus canciones son clásicos que están en el inconsciente colectivo. Otro concierto en Viña que también me dejó sorprendido, en los ochentas, fue el del grupo Mr. Mister (1988). Una banda norteamericana que en ese entonces sonaba mucho, con tremendos músicos, pero en esa época venían con un equipamiento técnico tan grande y tan complejo, que no pudieron montarlo todo en el escenario, porque era muy pequeño para lo que ellos traían. Por ejemplo, la consola de audio del baterista, solo la de él, era más grande que la consola que se usaba en general para toda la Quinta Vergara”.

“También Elton John, que hizo un concierto de dos horas sin parar, donde él sugiere que si se le iba a entregar un reconocimiento, tenía que ser en tal canción, en tal minuto, y nada más. Hubo que hacer un montaje impresionante, el piano que trajo costaba como 200 millones de pesos chilenos. Me marca bastante tener artistas de esa envergadura en la Quinta Vergara”.

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