Protestas, la piocha y el sismo que asustó a los invitados: Historias curiosas tras los cambios de mando

Los días once de marzo se desarrolla el cambio de mando presidencial en el país, una ceremonia que desde la vuelta a la democracia ha dejado varias historias curiosas.

Cada cuatro años, el once de marzo está fijo en el calendario con un evento capital para la democracia chilena: es el día del traspaso de mando presidencial. Una fecha particular que ha dejado sabrosas anécdotas, ha destapado ciertas tensiones entre equipos, y hasta ha propiciado algunos chascos simpáticos.

¿Por qué es el once de marzo?

Allí se suman una serie de factores. Antes del primer traspaso de vuelta a la democracia -el 11 de marzo de 1990-, la fecha se cargó de simbolismo: correspondía a la entrada en vigencia de la constitución de 1980, un año después.

Además, la Ley Orgánica Constitucional del Congreso Nacional dispuso en el Artículo 5 que el Congreso Nacional se debía instalar el día 11 de marzo siguiente a una elección de senadores y diputados. El detalle es importante porque el presidente asume ante el Congreso pleno, en tanto representante del pueblo.

Pero también coincidieron otras fechas. La constitución fue aprobada en un plebiscito -cuestionado por la oposición por no existir registro electoral ni campaña opositora-, el 11 de septiembre de 1980. En el documento se estableció que el general Augusto Pinochet sería jefe de Estado por un período de ocho años, asumiendo seis meses después, es decir, el 11 de marzo de 1981.

Entonces Pinochet gobernaba hasta 1989, pero finalmente se extendió un año más debido a que hubo que convocar a las elecciones presidenciales, tras el triunfo del NO, en el plebiscito de 1988. Allí fue cuando ganó Patricio Aylwin, quien finalmente terció la banda presidencial el 11 de marzo de 1990.

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Con micrófonos en La Moneda

A sus 72 años, Patricio Aylwin asumió la presidencia de Chile tras 17 años de régimen militar. Un hito del que estaba particularmente consciente, cuenta Ascanio Cavallo en su Historia oculta de la transición. Cuando Aylwin subió al Ford Galaxy 1963 para tomar rumbo a Cerro Castillo, tras asumir el mando, le comentó al nuevo ministro del Interior, Enrique Krauss: "¿Te das cuenta, Enrique, te das cuenta en lo que nos estamos metiendo?".

El traspaso de mando, fue gestionado dos días antes por el entonces subsecretario de Interior, Belisario Velasco. "Fueron muy gentiles, aunque me hicieron entrega de unos archivadores que estaban vacíos y de un auto Chevrolet de 10 años mientras ellos tenían autos del año -recordó a La Tercera hace algunos años-. Después supimos, gracias a la seguridad española y alemana, que la oficina del presidente, de Interior y la mía tenían micrófonos ocultos, eso no estaba en el inventario".

La piocha de mano en mano

Tradicionalmente, es la piocha de O'Higgins la que es considerada el verdadero símbolo del poder. Así lo entendió el general Pinochet. En la ceremonia de cambio de mando de 1990 ante el Congreso pleno, antes de quitarse la banda presidencial, sacó la piocha que va enganchada en la cinta tricolor y la colocó con sigilo en la testera. Nadie lo notó.

Una vez que se firmaron las actas y Aylwin se colocó la banda presidencial, el general, ladino, le entregó la piocha de su propia mano al nuevo mandatario.

La piocha enganchada hasta nuestros, es, en rigor, una réplica de la original. Esta era una joya que Bernardo O'Higgins hizo colocar en su banda cuando era Director Supremo de la nación, pero tras su abdicación fue entregada a José Gregorio Argomedo. Sus descendientes la guardaron y años después, la entregaron al presidente Federico Errázuriz Zañartu, quien inauguró la tradición de colocarla en la banda presidencial. Esta se mantenía en La Moneda, pero desapareció tras el bombardeo al palacio, el 11 de septiembre de 1973.

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De Aylwin a Frei con protestas

El segundo traspaso de mando tras el retorno a la democracia ocurrió en 1994, entre dos democratacristianos, Aylwin y Eduardo Frei Ruz-Tagle. Pero la ceremonia no fue tranquila.

Por primera vez se registró una protesta. Algunos parlamentarios de la Concertación exhibieron pancartas con las fotografías de detenidos desaparecidos frente a las narices de Augusto Pinochet, presente en la ceremonia en su condición de comandante en jefe del Ejército.

También hubo tensión entre los equipos de Aylwin y Frei. Los dos caudillos de la DC tenían una relación tensa y fría, según Ascanio Cavallo, y desde el entorno del mandatario entrante pidieron que el saliente mantuviera un bajo perfil. Aylwin estuvo solo quince minutos, entregó la banda presidencial y se retiró acompañado por sus ministros.

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El admirador secreto de Bachelet

La ceremonia de 2006 fue particular: Michelle Bachelet era la primera mujer en asumir la presidencia de la república. Un dato curioso es que en la testera del salón del Congreso Nacional ese día estuvieron tres presidentes: Ricardo Lagos, quien entregaba el mando, Bachelet que lo recibía, y el expresidente Frei, en su condición de presidente del Senado.

Fue entonces que ocurrió un hecho que pasó como anécdota. En un momento de la ceremonia alguien del público gritó a la nueva presidenta: "¡Te amamos, Michelle!". En su estilo jovial, Bachelet le dijo entre risas al senador Frei: "Hay que pedirle el teléfono".

Cuando Evo Morales se asustó con las réplicas

Solo habían pasado algunas semanas desde el feroz terremoto y tsunami del 27F de 2010, pero las réplicas todavía se sentían en el territorio chileno. Una de ellas, ocurrió precisamente el 11 de marzo, el día del traspaso de mando de Michelle Bachelet a Sebastián Piñera.

El movimiento sísmico alertó a los invitados extranjeros, en especial aquellos poco acostumbrados a las sacudidas desde las entrañas de la tierra. “En la ceremonia había réplicas fuertes que tenían a todo el mundo nervioso -le contó el exministro Francisco Vidal a La Tercera-. Los más asustados eran el rey de España, que no sabía de terremotos, y Evo Morales, que creía que se trataba de un tsunami”. También se preocuparon el paraguayo Fernando Lugo y la argentina Cristina Fernández.

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