Por Bastián Escalona Ampuero“Chile es pésimo para pasar la vejez”: Eduardo Carrasco de Quilapayún y sus motivos para volver a vivir en Francia
El director del histórico conjunto está viendo desde el Viejo Continente el lanzamiento del box set del grupo, el que incluye cinco vinilos. En conversación con La Cuarta, el músico contó los detalles de este estreno, y reveló su gusto por el rap.

Pocas agrupaciones pueden celebrar 60 años de trayectoria, por lo que Quilapayún está conmemorando esta fecha de una manera especial: con el lanzamiento de un Boxset de vinilos, cinco piezas únicas y limitadas en las que recorren los principales logros del conjunto nacional.
“Es el resumen de una historia muy exitosa, marcada por muchas experiencias, canciones y acontecimientos históricos en los que nos tocó participar. Es una mirada hacia atrás para preguntarnos qué es lo más rescatable de todo lo que hicimos: cuáles son las canciones más exitosas, las más lindas, las que a uno le da gusto haber hecho”, comenta Eduardo Carrasco, miembro fundador y actual director del grupo.

Desde Francia, el músico conversó con el Diario Pop sobre este estreno, y comentó cuál es la joyita de este pack de discos. “Esta recopilación tiene algo muy especial: incorporamos la sinfonía Los Tres Tiempos de América, una obra de Luis Advis que, injustamente, es poco conocida. Desde el punto de vista musical, es una de las mejores cosas que hemos hecho nosotros”, confiesa.
“También hay muchas grabaciones en vivo, que son muy bonitas, porque siempre se dijo que Quilapayún era mucho mejor en vivo que en estudio. Cada uno puede tener su opinión al respecto, por supuesto, pero sin duda esas grabaciones tienen un valor muy grande. Así que este trabajo reúne todo eso”, adelanta el histórico artista.

Un historia digna de contar
Eduardo Carrasco infla el pecho al hablar de la trayectoria del grupo, asegurando que “un box set es algo que pocos artistas pueden darse el lujo de hacer. Primero, porque no todos tienen suficiente música grabada; y también porque muchas veces no existe una gran diferencia entre las obras que han realizado. En cambio, Quilapayún tiene una diversidad de estilos enorme”.

Las canciones del conjunto chileno han traspasado las fronteras y se han convertido en patrimonio nacional. Su música ha inspirado no solo a artistas, sino que también le ha permitido tener acercamientos con el mundo científico, así lo señala el director de la banda.
“Unos amigos mexicanos, que son entomólogos, se dedicaban a descubrir nuevas especies. Encontraron una mariposa en México y, después de hacer todo el proceso científico correspondiente, decidieron ponerle Quilapayunia. Así que nosotros tenemos una mariposa en México. Desde entonces, se transformó en una especie de símbolo para nosotros”, comenta. Un emblema de su arte que fue incluído en este box set que lanzaron en conjunto con la discográfica Al Abordaje Muchachos.

El Quilapayún representa algo más allá de lo musical, tiene un peso histórico difícil de asimilar, y una influencia tangible en quienes los sucedieron.
“Nosotros tuvimos la suerte de vincularnos con figuras muy importantes de la historia y de la música chilena. Fuimos dirigidos por Víctor Jara durante casi cuatro años; trabajamos y grabamos muchas cosas con él. El comienzo de su carrera y la nuestra se desarrolló de manera paralela. Recorrimos juntos ese itinerario hacia la canción política, hacia una canción más profunda y más poética, y también hacia espectáculos muy bien concebidos y dirigidos. Tratamos de darle un nuevo aire a la música chilena”, señala Carrasco.
Seis décadas de música
Eduardo Carrasco es uno de los fundadores de Quilapayún, y desde que se integró al grupo, ha pasado por diferentes roles. Ahora, a sus casi 86 años, está alejado de los escenarios, pero no del conjunto.
A pesar de que vive en Francia, ocupa el cargo de director de la agrupación, haciéndose cargo de aspectos logísticos que le brindan la libertad de seguir trabajando a distancia. Según comentó a La Cuarta, regresó al país que lo recibió del exilió para reunirse con su familia, y pasar sus últimos años en un lugar que le brinda todas las comodidades necesarias para tener una vejez digna. “Estoy en París hace un año y bueno, ya estoy estoy bien instalado en este lugar”, comenta.

¿Alguna vez pensó o estuvo entre sus pretensiones que sus canciones siguieran escuchándose después de 60 años?
—Eso nunca estuvo dentro de nuestras pretensiones. Nuestro camino ha sido muy espontáneo y, cuando comenzamos, jamás pensamos que íbamos a ser famosos ni que ocuparíamos un lugar en la historia. Nunca se nos habría ocurrido algo así; habría sido el colmo de la soberbia. Las cosas fueron surgiendo naturalmente.
Al principio, esto era casi un hobby. Ni siquiera nos pensábamos como profesionales. Lo hacíamos porque queríamos la música, porque nos encantaba subirnos al escenario y cantar era algo muy natural para nosotros. Todo lo que vino después se fue generando espontáneamente; nunca hubo cálculo en lo que hicimos.
¿Qué fue lo que lo llevó a tomar la decisión de volver a vivir en Francia?
—Es muy simple de entender. Estoy a punto de cumplir 86 años, así que ya soy muy viejo. Y, como tal, tengo que pensar que no voy a seguir subiéndose a los escenarios como lo he hecho hasta ahora. No voy a poder mantener la misma presencia que tuve durante todos estos años de éxito del conjunto, y hay que asumir que las cosas entran en otra etapa.
Ya no tengo la vitalidad de hace diez o veinte años. Y, por otro lado, tengo a mi familia en Francia. El exilio lo vivimos allá, y nuestra vida terminó afincándose en ese país. Mis hijos han vivido toda su vida allí, y otro de ellos también se fue a estudiar y trabajar allá.
Entonces, a esta altura de mi vida, quiero pasar mis últimos años junto a mi familia. Por eso es muy fácil entender por qué estoy acá. Además, Francia es un país que me gusta muchísimo; me queda muy bien, muy acorde con mi manera de pensar.
¿Influyó en su decisión la actualidad política de Chile y el crecimiento de la ultraderecha?
—No, si no tuviera a mi familia en Francia y todas las facilidades que tengo acá, me lo habría bancado igual, como se lo bancan todos los chilenos. No estoy arrancando de nada. Pero cuando uno tiene 86 años, inevitablemente empieza a pensar que queda poco tiempo y que quiere vivir esa etapa de la mejor manera posible.
¿Cree que Chile es un mal país para pasar la vejez?
—Yo creo que es pésimo, no solo malo, sobre todo si lo comparo con Francia. Acá tengo cubiertas todas mis necesidades de salud: si me enfermo, si necesito ir al hospital, hacerme exámenes o cualquier tratamiento, lo tengo garantizado y sin que me cueste nada. Tengo la nacionalidad francesa y, por lo tanto, los mismos derechos que cualquier otro ciudadano.
Eso hace que muchas de las cosas que en Chile pueden transformarse en un triste problema, acá simplemente no lo sean. Y, por supuesto, eso también influye de manera importante en mi decisión de vivir aquí.
¿Se mantiene actualizado sobre lo que pasa en Chile?
—Sí, completamente. Leo los diarios, escucho muchos podcasts sobre la situación chilena y además tengo amigos con quienes converso y comento la actualidad. Estoy siempre vinculado con Chile.
¿Hay algo de la música actual que le guste?
—Sí, mucho. Sobre todo el rap, que hoy ocupa un lugar muy central. Hay rap para todos los gustos y de muchas formas distintas. En cierto modo, por su amplitud y su vocación popular, el rap ha pasado a ser una continuidad, en algunos aspectos, de lo que fue la Nueva Canción Chilena, aunque con otras raíces, naturalmente ligadas a Estados Unidos.
Me interesa especialmente el rap más popular: el que nace en las poblaciones, el que habla de la vida de la gente más pobre, de los jóvenes y de sus problemas. No el rap del puro “chuchoqueo”, sino el que tiene contenido social y una mirada sobre la realidad. En ese sentido, se parece mucho a lo que hacíamos nosotros, y por eso no nos costó nada trabajar con Pablo Chill-E.
Nosotros siempre hemos hecho todo tipo de música. No estamos cerrados a ninguna forma, a ningún ritmo ni a ningún tipo de poesía. Nos interesa lo que va surgiendo y lo que se va inventando. Probablemente, en algún tiempo más, el rap también pasará y aparecerán otras expresiones nuevas.
Se dice que Chile es el país más rapero del mundo
—He visto el rap popular que se hace directamente en las poblaciones, en plazas y en lugares donde se juntan los jóvenes. Es una expresión claramente juvenil. Y aunque para mí, como viejo, puede resultar un poco extraño hacer rap, no me asusta. No me siento fuera de lugar.
En el fondo, veo el rap como una poesía espontánea, directa y profundamente popular. Y eso es lo que más me interesa: su carácter espontáneo y popular.
Imperdibles
Lo último
hace 2 min
hace 11 min
hace 18 min
hace 23 min
hace 30 min












