Por Paulo QuinterosCinco razones por las que Coyote vs. Acme merece ser vista en el cine
Tras estar condenada a desaparecer por una decisión corporativa, la película finalmente llegó a los cines para demostrar que los Looney Tunes siguen teniendo mucho que decir, con humor, corazón y respeto por su legado.

Hay películas cuya historia comienza mucho antes de que se prendan las luces de la sala. Coyote vs. Acme es una de esas producciones, pues durante un par de años todo indicaba a que estaba destinada a convertirse en una película encerrada en una bóveda, como si se tratase de los personajes de Animaniacs.
Y es que Warner Bros. decidió archivarla en 2023 y considerar su costo de producción como una pérdida fiscal, lo que le trajo beneficios de impuestos, pese a que la película estaba prácticamente terminada. Obviamente, tal como también pasó con la película de Batgirl, la medida provocó rechazo y se convirtió en otro símbolo de una industria donde las calculadoras pueden pesar más que el arte.
Claro que la decisión resultaba todavía más incomprensible considerando lo que estaba en juego. No se trataba de cualquier propiedad de Warner Bros, sino de los Looney Tunes, probablemente la marca más histórica e identificable del estudio, nacida mucho antes de que DC Comics terminara bajo su control.
Pero la compañía Ketchup Entertainment finalmente rescató la película y consiguió llevarla a los cines. Y después de verla, de inmediato surge una duda inevitable: ¿cómo alguien pudo pensar que guardar esta película indefinidamente era una buena decisión?
Porque Coyote vs. Acme no solamente funciona. También entiende perfectamente aquello que hizo memorables al Coyote, el Correcaminos y compañía: violencia absurda, locura, personajes entrañables y una capacidad casi inagotable para mofarse de todo.
Por eso, en tiempos donde tantas decisiones cinematográficas parecen tomarse pensando primero en el vil billete, verla en una pantalla grande tiene algo de pequeña reivindicación. Pero sería injusto recomendarla solamente por la historia que rodeó su estreno.

1. El Coyote sigue siendo una estrella
La premisa de la película es maravillosamente sencilla: después de décadas comprando productos defectuosos para intentar capturar al Correcaminos, Wile E. Coyote decide demandar a Acme, la compañía responsable de cohetes, explosivos y artefactos que siempre terminan explotándole encima.
El caso termina en manos de Kevin Avery, un abogado de poca monta interpretado por Will Forte que acostumbra resolver pequeños accidentes protagonizados por dibujos animados. Pero el Coyote no quiere solo unas pocas monedas como compensación: quiere llevar a Acme ante la justicia.
Bajo ese esquema, la película consigue algo fundamental: el Coyote continúa siendo exactamente el personaje que conocemos desde hace décadas y se comporta tal y como definió el legendario Chuck Jones. Es decir, no necesita hablar para sostener la historia, ya que sus expresiones, movimientos, carteles y eterna obstinación hacen prácticamente todo el trabajo.

2. No intenta modernizar aquello que no necesita modernización
Uno de los mayores aciertos de Coyote vs Acme está en respetar la apariencia tradicional de los Looney Tunes. Los personajes animados conviven con actores reales, pero siguen siendo los dibujos bidimensionales que conocemos desde hace generaciones. No hay animación digital ni tampoco un trabajo computacional evidente para redefinir sus diseños.
Además, la integración entre lo live-action y la animación funciona tan bien que rápidamente dejamos de pensar que Will Forte está actuando frente a un personaje inexistente. El Coyote ocupa el espacio como otro actor y la película consigue que humanos y dibujos pertenezcan naturalmente al mismo mundo.
Basta agregar que en el camino aparecen Bugs Bunny, Porky, Piolín, el Pato Lucas, Silvestre y otras caras conocidas que no están puestas únicamente para provocar nostalgia: la película conoce sus personalidades y recupera aquella irreverencia que siempre distinguió a los Looney Tunes.

3. John Cena entendió perfectamente la película
John Cena interpreta al despiadado abogado de Acme y probablemente entrega la actuación humana más divertida de la película. Y aunque en los últimos años ha logrado reivindicar su trabajo, incluyendo lo que hace en la serie Peacemaker, en esta ocasión su clave está precisamente en que no interpreta al personaje como si estuviese participando en una comedia disparatada. Y sí, podemos verlo.
Lo mejor es que Cena se comporta como el villano de un drama judicial completamente serio mientras a su alrededor ocurren situaciones ridículas. Su enorme presencia física también funciona como contrapunto perfecto frente a personajes animados capaces de desafiar cualquier ley de la física.

4. Detrás de las risas existe una película de verdad
Coyote vs. Acme tiene golpes, explosiones, persecuciones y algunos chistes excelentes, pero afortunadamente no intenta bombardearnos con una broma cada diez segundos. Existe una historia detrás de todo el caos y sorprendentemente tiene corazón.
Mucho de lo anterior se debe a que es una película judicial bastante más tradicional de lo que esperaríamos de una aventura de los Looney Tunes. La demanda del Coyote permite hablar de corporaciones gigantes, productos defectuosos y ejecutivos interesados únicamente en las ganancias, algo que inevitablemente adquiere una ironía gigantesca considerando su historia real.
También existe una reflexión inesperada sobre los propios dibujos animados respecto a si pueden sentir dolor, frustrarse y comprender aquello que ocurre a su alrededor, ¿por qué estaría bien aplastarlos con un martillo simplemente porque unos segundos después pueden levantarse nuevamente? ¿Y pueden salir de su ciclo o están condenados a caer por el barranco una y otra vez?

5. Verla en el cine importa
Probablemente esta sea la razón que termina reuniendo todas las anteriores. Durante años existió la posibilidad real de que nadie pudiera verla legalmente. Ahora que finalmente llegó a una pantalla, ir al cine también significa demostrar que estas películas todavía tienen público.
Y sin duda que hay que hacerlo porque Coyote vs. Acme demuestra que personajes creados hace más de ocho décadas pueden seguir siendo divertidos sin transformarlos completamente. La clave no es reinventarlos, sino comprender por qué funcionaban desde un principio.
Eso es finalmente lo mejor de la película. Más allá de Warner Bros., los impuestos, decisiones ejecutivas ciegas y polémicas, estamos ante una comedia genuinamente entretenida, cariñosa con sus personajes y suficientemente inteligente para funcionar con niños y especialmente con los adultos que crecieron con los Looney Tunes.
Y como Coyote vs. Acme sobrevivió a una decisión corporativa que estuvo a punto de condenarla al olvido, ahora corresponde hacer exactamente lo contrario: verla, disfrutarla y celebrar en una pantalla grande que el Coyote, una vez más, consiguió sobrevivir a la caída del precipicio.
Imperdibles
Lo último
hace 37 min
hace 42 min
hace 57 min
09:59
09:57



















