Por Paulo QuinterosCrítica de cine: ¡La Novia!, un experimento monstruoso irregular y excesivo que al menos se atreve a salir del molde
La segunda película de Maggie Gyllenhaal toma el mito de Frankenstein para construir un relato caótico, excesivo y lleno de ideas. Aunque es completamente irregular y desconcertante, su ambición por empujar el material hacia lugares extraños termina siendo su gran valor.

Hay un montón de películas que buscan complacer al público, pero también hay otras que están más interesadas en empujar ideas, estilos y excesos, aunque el resultado sea irregular. ¡La Novia! pertenece sin duda a esa segunda categoría.
Maggie Gyllenhaal, en su segunda obra como directora, toma el imaginario de Frankenstein para sacudirlo con una propuesta que mezcla géneros, épocas e inclusive tonos de relato. El resultado es una película inquieta, en muchos ratos caótica, narrativamente irregular y que nunca parece cómoda dentro de un solo registro.
De partida, la historia conecta a Mary Shelley, la escritora de la clásica novela inmortal, con un Chicago de los años 30 donde el monstruo de Frankenstein, tras un siglo de deambular sin rumbo, busca algo tan simple como una compañera.
Esa premisa, que termina reviviendo al personaje que en el libro nunca adquiere vida, y que solo se instaló en el imaginario colectivo gracias a la clásica secuela cinematográfica de James Whale, abre un relato que mezcla horror, melodrama y thriller criminal con varios decorados musicales en el camino.

En esa propuesta un foco inicial está en el monstruo, interpretado con melancolía por Christian Bale, quien es el eje emocional de la historia a partir de su deseo de no estar solo. Esa situación vuelve a la criatura como una figura profundamente humana, que rápidamente pierde protagonismo dentro del espectáculo extraño que lo rodea.
Y es que la verdadera estrella es Jessie Buckley, en el rol de la novia titular, quien comienza siendo literalmente poseída por la figura de Mary Shelley, también interpretada por la misma actriz e instalada como un personaje que habla desde un limbo sin descanso, para abordar una historia que no oculta su impulso feminista y que tampoco se pone restricciones para reflexionar sobre los lugares a los que se relega a la mujer.
A partir de ahí, y tomando elementos que más recuerdan a las películas del Joker de Joaquin Phoenix que a las adaptaciones tradicionales de Frankenstein, Gyllenhaal y compañía reviven a la mujer como una criatura literal que te transformarla en un símbolo de aquello que incomoda, desafía normas, rompe con las expectativas sociales e inclusive enciende la llama de la revolución sexual.
Sin embargo, alrededor de la teatral actuación de Buckley, la película acumula demasiadas ideas visuales y narrativas que dan forma a secuencias que comienzan con fuerza y luego se alargan más de la cuenta. En esa propuesta, arman también un relato que por varios momentos, especialmente en su comienzo, pierde claridad.

Sin embargo, incluso cuando se desordena, es notorio que ¡La Novia! mantiene una energía particular para empujar su material hacia lugares raros, incómodos o directamente extravagantes.
Ese impulso es también lo que probablemente aleje al gran público, ya que esta no es una película que busque ser fácil, ni tampoco una que se preocupe demasiado de ser entendida en todo momento.
Pero en una industria que suele repetir fórmulas, siempre es interesante que una propuesta decida arriesgarse. Incluso si el resultado no funciona.
A la larga solo queda remarcar que sí, ¡La Novia! puede ser irregular, también excesiva e incluso desordenada. A la vez, puede no ser clara y estar abrumada por el despelote de ideas que lanza a la pantalla. Pero sin lugar a dudas siempre intenta algo distinto. Y en tiempos de cine cada vez más calculado, ese impulso, al menos para mi, tiene algo de valor.
¡La Novia! ya está en cines.
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