FOMO: el miedo a quedarse fuera que domina el verano musical en Chile
“Debí comprar entradas para ver a Bad Bunny” es lo que muchos dijeron al ver los videos del show por redes sociales.
Durante y a fines del concierto de Bad Bunny este fin de semana, uno de los principales temas de conversación en redes sociales no fue solo la música, sino el fenómeno del FOMO (fear of missing out) o “miedo a perderse algo”, que según expertos y análisis sobre el impacto digital, se ha intensificado en esta temporada de verano llena de conciertos y festivales musicales alrededor del mundo y en Chile.
El FOMO es un concepto que describe “la ansiedad intensa que surge al percibir que otros viven experiencias emocionantes de las que uno queda excluido”, y se ha popularizado especialmente en redes sociales entre jóvenes y adultos que consumen imágenes y videos de eventos en tiempo real.
Las plataformas como Instagram, TikTok y X alimentan esta sensación al mostrar constantemente highlight reels (momentos destacados de vidas ajenas) que omiten lo cotidiano o las emociones menos espectaculares, creando una percepción de experiencias perfectas y únicas que otros están viviendo sin ti.
En el contexto de los conciertos masivos, incluso cuando alguien ha asistido, observar a otros en internet viviendo una parte diferente o más “épica” del evento puede reforzar ese miedo a no estar en el lugar correcto, en el momento correcto.
Redes sociales: acelerador de emociones
La inmediatez de las actualizaciones (historias, reels, publicaciones en vivo) permite que quienes no estuvieron presentes sigan paso a paso lo que está ocurriendo en un concierto o festival. Esto puede intensificar el deseo de participar y la comparación social.
La actualización constante de eventos en redes puede llevar a comparar tu propia vida con la de otros de forma poco saludable, generando ansiedad y descontento por no vivir esas experiencias.
Por otro lado, Investigadores y comunicadores señalan que, más allá de la simple promoción de eventos, las redes sociales han transformado radicalmente cómo se viven los conciertos y festivales. Hoy, no basta con asistir a un concierto, hay que compartirlo, y ver cómo otros lo comparten a su vez, creando un circuito de expectativas que alimenta tanto la asistencia como el FOMO.
Además, la presión por “mostrar lo mejor” en redes también puede afectar a quienes sí asisten, esto ya que muchos sienten que el evento solo vale la pena si se documenta y comparte de maneras espectaculares, desplazando en ocasiones la vivencia misma de la experiencia hacia la construcción de contenido. De acá nace la famosa frase “sin foto no vale”.
El reto ahora para muchos es equilibrar la vivencia auténtica con la performance digital, disfrutar del espectáculo sin quedar atrapado en la ansiedad de documentarlo todo (o de sentir que si no lo posteas, no lo viviste de verdad).
El verano a los grandes festivales
Este verano, la escena musical latinoamericana está repleta de eventos que intensifican el FOMO precisamente porque son experiencias colectivas, temporales y socialmente amplificadas:
Conciertos de verano y giras internacionales, como el reciente show de Bad Bunny, que en otras giras ha sido señalado específicamente como un disparador del término FOMO entre fans en redes sociales.
Festivales de música masivos, donde la idea de no asistir a uno puede sentirse como perderse algo socialmente valioso, como por ejemplo el Lollapalooza Chile, que tendrá su edición 2026 en marzo en el Parque O’Higgins, es uno de los principales eventos que genera expectativas online y offline entre seguidores de la música alternativa y popular.
A la lista se suman otros festivales e hitos del verano musical que movilizan a miles de personas y generan conversación constante en redes, como el tradicional Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, el Festival del Huaso de Olmué o el Festival de Las Condes, todos eventos que suelen ocupar espacios importantes en calendarios sociales y digitales durante el verano.
La combinación de carteles con artistas internacionales, encuentros sociales y la cultura digital impulsada por historias y clips virales hace que muchos planifiquen viajes, horarios y presupuestos sólo para evitar sentirse excluidos de la narrativa colectiva en línea, muchas veces incluso aunque la persona no sea un real fan del artista o evento.
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