Bad Bunny: el principio del fin

Bad Bunny versus la IA me recuerda a Metallica peleando en su momento contra los MP3. Echársela fue un despropósito

Entre los cantantes urbanos de alta gama industrial, no he visto a ninguno que le haya puesto tanta humanidad a su música como Bad Bunny. En un género dominado por artistas fotocopia y plantillas prediseñadas para complacer al algoritmo, Benito siempre ha logrado plasmar su corte y hacerlo notar.

Una experiencia que marcó su carrera, sin ir más lejos, fue la negativa de sus manejadores cuando quiso sacar un primer disco. A Bad Bunny lo veían como un artista de singles y remixes, pero no como el autor de un álbum debut 10/10 como lo fue “X100pre”, justamente hilado por su personalidad tan única.

A raíz del triunfo comercial y crítico que significó “X100pre”, Bad Bunny obtuvo licencia para seguir apostando por sí mismo. Su carisma se volvió el puntal de su música, plasmada en discos caracterizados por sus salidas del libreto sonoro urbano como “YHLQMDLG” y “El último tour del mundo”.

El encanto de Bad Bunny radica en su candor humano. El público más ocasional que solo cacha sus temas se extraña cuando tira lejos el celu de alguien, pero los fans que consumen sus entrevistas ya sabían de su malestar con quienes se le acercan sin ofrecer las más mínimas cortesías, como un simple saludo.

Con un imperio construido en torno a cada detalle de su personalidad, no tiene nada de raro que Bad Bunny vea las canciones hechas con inteligencia artificial como una amenaza. Y dado el poder que tiene en la industria, tampoco sorprende que exprese su disgusto con una prepotencia digna del ejército israelí.

El arrebato de Bad Bunny en su canal de difusión de Whatsapp, cargándola con sus fans por gozarse un tema (anecdóticamente hecho por el chileno FlowGPT) que reproduce su voz mediante IA, al final no es más que la queja de un artista que, como tantos otros, se siente intimidado por los avances de la tecnología.

En todo caso, lo suyo es una causa perdida. Bad Bunny versus la IA me recuerda a Metallica peleando en su momento contra los MP3. Echársela fue un despropósito, porque fue una defensa sin que mediara un ataque, que envejecerá tan mal como la pataleta anti descargas del millonario cuarteto gringo.

Desde ahora, Bad Bunny tiene algo en común con los que veían la música grabada como la muerte de las presentaciones en vivo, la amplificación eléctrica como la muerte de las guitarras o el Auto-Tune como la muerte del canto. Benito cree que la IA es el principio del fin para Bad Bunny, pero se equivoca.

Desde que la música es música, ha sido moldeada por nuevas tecnologías. Fue así cuando surgieron la radio, los sintetizadores y los home studio. Alguien como Bad Bunny, que se posiciona simbolizando progreso y avance, ya debería entenderlo. Su enemigo no es la IA, sino su ego recién golpeado.

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