Gigoló llora y se arrepiente de ponerle tarifa al amor con una cincuentona de película

Tengo 27 años y, por esas cosas de la vida, por una apretura económica inmensa de mis padres, con los que vivo, debí relacionarme con una ingeniera como 25 años mayor que yo.


Doctor Cariño:

Pienso todas las noches en lo que va a pasar mañana, pero ese día nunca llega. ¿Sabe qué días es? El día en que voy a ser feliz y de una vez por todas le diga adiós a la mujer que me succiona el alma.

Pasa que tengo 27 años y, por esas cosas de la vida, por una apretura económica inmensa de mis padres, con los que vivo, debí relacionarme con una ingeniera como 25 años mayor que yo.

La mujer es muy hermosa para su edad, de verdad, cualquier cabra de 24 quisiera tener su físico y sensualidad. ¿Y de qué me quejo? Me duele la moral, señor, y el sólo pensar en que mis padres se enteren y quede en vergüenza. ¿Qué puedo hacer?

Danny

Don Danny:

Déjese de llorar de una vez por todas y siéntese, porque lo que va a leer será duro. Usted no es más que un alitas cortas, un cafiolo, un chefica, un mantenido, un sujeto que se acuesta y da placer por plata.

En vez de haber prestado el “six pack” y otras durezas por dinero, debió haberse puesto a trabajar para sacar a sus padres del atolladero con dignidad. En cambio, se puso taxímetro a su virilidad y le quedó gustando eso de la bajada de bandera al amor físico.

Dicho esto, debe pasar a la acción y conversar con su “dueña” para visarle que deja las pistas del cariño arrendado. Ahora, si siente algo por la madura excitante, dígaselo y cuando le haga al merecumbé no eche a correr el cuenta kilómetros. Hágalo “Paul Niuman”, por amor.

Tus consultas y dramas de tipo amoroso pueden aparecer en la Ventanita Sentimental si las mandas a doctorcarino@lacuarta.com

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