La Firme con María Begoña Yarza: “Cuando me llamó el Presidente Boric para que fuera ministra, me senté en la vereda, quedé en shock”

Foto: Juan Farías

Pediatra de profesión —y de corazón—. Habilosa y livianita de sangre, como la describía su abuela. Hija de un destacado cantante de tango y boleros exiliado durante la Dictadura. Una ministra que nunca imaginó ser ministra. María Begoña Yarza recibió al diario pop en su nueva "casa", en Mac Iver 541, para hablar de todo: del devenir de la pandemia a los recuerdos de su niñez, del honor que le provoca sentarse en el mismo sillón que la exPresidenta Bachelet y otras cositas.

Salud tuvo los dos elementos centrales de la Cuenta Pública en el lineamiento social. Cambios estructurales, por cierto, que van a dar frutos en mediano y más largo plazo, y aquellas estrategias que tienen que ver con las necesidades más urgentes de las personas en relación a salud. Tiene una combinación que a mí me parece, desde el desafío para nuestro ministerio, que abarca esas dos sensibilidades. Eso es muy bueno, porque nos permite, por un lado, sentar las bases de lo que hemos llamado la Reforma de Salud, y el Fondo Universal es el habilitante. Tener este fondo mancomunado con los recursos de todas las personas y también del fisco, hace posible pensar en un sistema universal, pero no es suficiente: tenemos que hacer algunas acciones, estrategias, cambios también en prestadores, mejorar toda la institucionalidad que hay en el ministerio..., hay cambios que también se generan a partir de esta pretensión de hacer una reforma de salud, porque las reformas tienen que ser sistémicas y sólo estamos actuando sobre el financiamiento. A mí me encantó, porque nos abre la primera puerta.

Mi sueño es que, al término de este gobierno, las personas sientan que hay un sistema de salud que los trata desde una perspectiva de derecho. Que no son beneficiarios, que no es paternalismo lo que marca la relación sino que el derecho a la salud. Entonces, sé que no vamos a resolver todos los problemas en cuatro años, pero sí que la relación que tiene el sistema sanitario con los ciudadanos, haya cambiado el eje y sea una relación mucho más horizontal, en que veamos a las personas como un activo para la salud pública. Contar con ellos, que tengan voz, que tomen decisiones, que sean vinculantes, que puedan participar de los diseños de las políticas públicas.

La autonomía de las personas y darle dignidad a la muerte es parte consustancial de una mirada integral de Derechos Humanos en Salud. Por eso impulsamos ahora el tema de la eutanasia. Nosotros ya hemos avanzado en términos de fortalecer todo lo que tiene que ver con cuidados paliativos, oncológicos, y tenemos que seguir fortaleciendo lo no-oncológico. La mirada de derechos fundamentales y Derechos Humanos embarga a este gobierno, es una característica propia.

Nunca imaginé que iba a ser ministra de Salud. A mí me gusta la gestión hospitalaria, me gusta mucho la gestión de la red de Salud, soy pediatra y me gusta mucho la pediatría, y me dediqué muchos años al intensivo pediátrico y también me encantó. Pero, de verdad, nunca pensé que sería ministra.

Cuando me llamó el Presidente Boric para decirme que quería que fuera la ministra, me senté en la vereda…, quedé en shock. Estaba en una reunión de trabajo y sentía vibrar el celular, pero como era una reunión muy relevante no contesté. Dije “cuando termine la reunión, contesto”, porque me pasa que cuando estás en una reunión, y es sensible, contestas el celular y la otra persona siente que no es tan importante para ti. Ya, po: estaba ahí, y sentía que a cada rato vibraba, pero muuuchas veces. Terminó la reunión, miro el celular y tenía muchas llamadas de un número que no tenía registrado. También de otras personas. Dije: algo pasó. Llamé a una de esas personas para preguntar qué había pasado y me dice que me andan buscando del comando. Pasó media hora y me llama un teléfono desconocido, contesté y pensé que era algo del programa, que querían que hiciera algo. “Habla Gabriel Boric”. Y ahí yo iba caminando en la calle, en Providencia, a buscar mi auto, quedé estática. Me dice: “lo he pensado, quiero proponerte que seas la ministra de Salud”, que qué pensaba de eso. Yo había conversado con el equipo que habíamos hecho el programa, que íbamos a estar disponibles para el cargo que nos propusieran, que había una actitud de colaborar. De que si te llaman para una pega que quizás no es tan importante, da lo mismo, todas las pegas son importantes, así que nada de estar quejándose. Fue un compromiso con mano y todo, y me acordé, así que dije que sí, que bueno.

Ser ministra es para mí un compromiso con la historia, con mi historia personal y la historia de mi familia. Yo soy hija de alguien que estuvo preso en la época de la Dictadura, que nos fuimos al exilio, y por tanto, hay una historia de Chile de la que yo fui parte, como niña, y que yo siento que retomamos con el gobierno del Presidente Boric. Entonces, esa sensación de continuidad, de una historia bonita de los movimientos sociales en Chile, del progresismo, y de la salud en lo particular, de un Servicio Nacional de Salud en esa época..., es, de verdad, muchas cosas. Tiene un componente personal y de familia.

Como he estado tanto tiempo en el sistema público —porque desde que egresé trabajo en el sector público— también siento indignación. Sí, a ratos me indigno, me enojo con las desigualdades, con el no acceso, con esas historias que uno dice “¿cómo puede ser tanto?”, “¿por qué le toca a algunos tanto, y a otros no les toca nada?”. Ese sentido de justicia social, a mí me mueve. Y ahora me siento en un lugar donde puedo incidir en que eso cambie.

Foto: Juan Farías.

Lo más relevante es que las cosas ocurran y no los comentarios o críticas de las cosas. Cuando uno mira la vacunación, iba descendiendo desde diciembre, enero y febrero. Iba descendiendo porque efectivamente en las campañas de vacunación, al final de ellas, es más difícil convocar que al principio. Ese es un fenómeno descrito. Nosotros llegamos, y ya venía en descenso, por tanto, cambiar ese eje nos significó energía, y ya desde abril nosotros empezamos a aumentar la vacunación hasta llegar a la cifra de un millón de vacunados. Por eso, más relevante que instalar una conversación porque alguien dice algo o no, mucho más es seguir con el mensaje de que la vacunación es segura y que es nuestra primera barrera de protección, que nos ha funcionado, y que eso ha significado que este nuevo aumento de circulación del virus hasta ahora ha sido, en términos de hospitalizaciones y de mortalidad, significativamente menor que en los otros.

Hay una forma cíclica de la manifestación de la circulación del virus. Eso ocurrió desde marzo del 2020, y cuando uno mira ese ciclo en Chile y superpone lo que ocurrió en América Latina —Argentina tiene un ciclo similar, Brasil el mismo ciclo—, cuando uno lo compara con Inglaterra, que está re lejos, ocurre en espejo: ocurre primero en el norte, después pasa un rato y ocurre en el sur del planeta. Pero va ocurriendo también cíclicamente. Entonces, la pandemia, su forma de expresarse, de aumento y disminución de la circulación, es cíclica. No tiene que ver con otra cosa que la propia circulación del virus. Lo que nosotros podemos incidir ciertamente, sobre todo en este período en que el virus es tan contagioso, es que estemos con medidas de protección suficientes como para que hagamos más lento el ascenso y tengamos menos hospitalizaciones y fallecimientos. Pero de que ese es el ciclo del virus... lo es.

Uno de los sueños es que Chile pueda producir vacunas RNA. Con el ministerio de Ciencias, con la estrategia de mirar la pandemia como un espacio de aprendizaje, aprendimos que la mejor respuesta es la respuesta que es oportuna. Y muchos de los países de América Latina no tuvieron la capacidad de responder oportunamente con vacunas, porque el mercado de las vacunas ocurre como ocurren otros mercados, no como un mercado de bienes esenciales que tendría que ser según las necesidades. En América Latina, siendo el 8% de la población mundial, murió el 30% de los fallecidos en pandemia. O sea que la proporción de fallecidos para América Latina es muy superior a lo que representa en términos de población. ¿Y por qué ocurrió eso? Porque se llegó tarde a la vacunación. Entonces uno dice: Chile fue un afortunado; pero tenemos que mirarlo en términos continentales, porque cuando uno no resuelve una enfermedad global entre todos, va a volver a aparecer un virus de preocupación de algún país vecino, y finalmente vamos a volver a tener un aumento de circulación y quizás de un virus que no responda a las vacunas. Una forma solidaria y de autocuidado es generar que en América Latina no nos vuelva a pasar eso. A eso le llamamos autosuficiencia sanitaria, y busca que los países actuemos como pasa en Europa: como una comunidad. Que en el plano de las vacunas y de los medicamentos biológicos y de mayor tecnología, tengamos producción propia, tengamos agencias reguladoras que estemos coordinadas, compras conjuntas. Y en Chile, en ese escenario, deberíamos iniciar producción de vacunas. Ya partió la planta de Sinovac, y en la Laguna Carén, de la Universidad de Chile, ya hay laboratorios europeos que quieren instalar sus plantas para producir vacunas RNA.

Lo que me significa estar en el mismo sillón que estuvo la Presidente Bachelet, qué decir…, es un privilegio. Ella es pediatra, al igual que yo. Es un referente, por supuesto. También tengo una relación de mucho cariño con varios ministros: con el doctor (Jorge) Jiménez de la Jara, que venció la batalla del cólera…, qué orgullo él, ¿no? Y estar en ese mismo asiento que estuvo el doctor que tuvo esa responsabilidad. O el doctor (Osvaldo) Artaza, que fue ministro para la reforma, para el tema del GES. Las mujeres en salud, por cierto. La doctora (Helia) Molina, con la valentía que enfrentaba las cosas, o la doctora (Carmen) Castillo. Estar acá, en el ministerio de Salud, es un honor.

Cada vez que los exministros me sugieren o señalan algo, trato de escuchar la mejor parte de esa frase. Pero en general contesto poco porque no ganamos mucho. Con las opiniones distintas, trato de ver si hay algo que podemos mejorar. En eso no me pierdo.

Cuando el exministro Mañalich dijo que el PCR era una herramienta inútil, también pensé “¿cuál es la mejor parte de esa frase?”. Y la mejor parte es que él pone el acento en antígenos, cosa que yo comparto y que comparte la Comisión Nacional de Respuesta Pandémica. En que tenemos que seguir fortaleciendo el test de antígenos como una respuesta oportuna, rápida, fácil, y en eso estamos. Lo único que tenemos que seguir implementando, desde el punto de vista tecnológico, es cómo los autotest los incorporamos también a la trazabilidad del sistema sanitario.

No comparto lo que dijo el exministro Mañalich sobre estar sola, él no me ha visto acá. Acá hay un equipo de trabajo precioso, hay mucha gente, detrás de eso está el gabinete, está el equipo de trabajo con el ministerio, con los otros ministerios y, por cierto, el Presidente: yo me siento muy acompañada con el Presidente.

Foto: Juan Farías.

El pase de movilidad, para la vacunación, fue una motivación muy técnica. En algún momento las personas pudieron creer que teniendo el esquema primario ya esto estaba saldado. “¿Para qué me voy a repetir, si ya tengo el esquema primario?”, y entonces el decretar esta fecha, el 1 de junio, ponía en la conversación una cosa muy relevante para nosotros: que la vacuna sea efectiva, que yo tenga una vacuna vigente en los últimos seis meses. Y eso lo puso en discusión, y de hecho, las personas hablan de aquello. Logramos, desde ese punto de vista, instalar el 1 de junio como una forma de discutir, conversar y remirar el tema de la vacunación como vacunación efectiva.

Estamos absolutamente preparados para la viruela del mono. No hemos tenido ningún caso confirmado, pero seguimos vigilantes. Es una enfermedad viral, endémica del centro de África y que efectivamente, desde el 20 de mayo, estuvo la alerta de la Organización Mundial de la Salud. Nosotros instalamos vigilancia epidemiológica, la tenemos en todo el territorio nacional, en los establecimientos públicos y privados, de atención primaria y secundaria, tenemos definido qué es lo que es un caso sospechoso, y todo ese material está entregado. Tenemos las formas de registrar oportunamente y la vigilancia es inmediata. Además tenemos desde hace más de una semana el test de PCR para viruela del mono.

Las críticas en contra de la ministra Siches son desmedidas. Es una situación nacional compleja, con temas de seguridad, temas en La Araucanía, o sea que el desafío de la ministra es tremendo, y por tanto, creo que muchas de esas críticas no son pertinentes. Pero yo sé la fuerza que tiene, así que ella va a salir adelante.

Siempre me han dicho Begoña, pero no tengo nada en contra de María. Mi abuelita es la única que me decía María Begoña, pero la gente siempre me dice Begoña solo. Y los más cercanos, “Bego”. Ese es mi apodo, nunca he tenido otro. Todo el mundo me dice “La Bego”.

Mi abuelita me consideraba habilosa y livianita de sangre. Pero yo creo que mi abuelita me quería mucho, po. Creó una combinación... bien de abuelita: que te encuentra que cuando chica no eres pesada, no sé, contestas bien, y te decía livianita de sangre. Pero esa combinación tiene un sesgo machista, porque a los hombres se les dice, por lo mismo, que son inteligentes y simpáticos.

Es mi secreto: me hubiera gustado ser física. A mí me gusta la física, los modelos, la matemática, la bioquímica. Y en algún momento pensé en estudiarlo, pero no pude porque el tema humano de la medicina me atrapó. Y además me contaron que en la medicina había mucho de esto —física, bioquímica— y que la investigación en la medicina era muy potente, entonces siempre pensé que yo me iba a dedicar a la investigación, algo así.

Mi primer sueldo fui al BancoEstado a depositarlo en una libreta de ahorro. Yo soy nieta de mi abuela e hija de mi mamá, po... entonces, fui, hice una fila con mi libreta de ahorro. Estaba tan contenta de tener una libreta de ahorro, pero duró poco después...

No soy de cábalas. Pero cuando tengo algo importante, algo que enfrentar que es duro, lo que hago es acordarme de mi abuela y de mi papá. Pienso qué harían ellos y ahí me paro. Son mis referentes.

Foto: Juan Farías.

Mi papá, Simón Yarza, era cantante de tangos y boleros. Me da risa, porque siempre ponen que era folclorista, no sé por qué. El año 50 y tanto, ganó el disco de platino, el disco más vendido. Él cantó en esa época, pero después lo dejó y se dedicó a la política. A la política en regiones, en Rengo, llegó a ser concejal, alcalde, esas cosas. Y después, en el exilio, volvió a cantar.

Cuando mi papá volvió a Chile, yo era su DJ. Cantaba en El Café del Cerro y yo iba a todos sus recitales. Le ponía la música, y entonces, como sabía su espectáculo, él me hacía una seña, ponte tú me levantaba un dedito y eso era el background del tango 1, “El último café”. Entonces empezaba a hablar determinadas frases y yo sabía que lo que venía era “El último café” y lo ponía. Era su dj. Me acuerdo que siempre salíamos muy tarde de allá.

Vivir en Cuba me dejó esa alegría interminable. La gente siempre me pregunta por qué yo ando contenta, y creo que se me contagió. Me contagié de esa manera de mirar la vida. Los cubanos pueden estar en dificultades, pueden tener algún problema, pero hay una base de optimismo, de alegría, que es interminable.

Mi picada favorita es el Winnipeg (RestoMar). Antes estaba en Franklin y ahora se fue al Barrio Italia. Ahí en Franklin era un restaurante con comida exquisita. Yo me pedía siempre la paella, era muy muy rica.

Yo lloro con las películas, me emociono, pero con La Vida es Bella como que me inundé. Tenía que ver con que, cuando salimos al exilio, mi papá nos hacía creer que todo estaba bien. Entonces, estábamos en Argentina, había Golpe de Estado, la policía secreta andaba buscando chilenos, pero mi papá nos contaba unas historias que era como que viviéramos en otro lado. De hecho, yo me acuerdo de ese período con cierta alegría, y después, cuando lo pienso, estuvimos en situaciones complejas, y entonces cuando vi esa película, creí que estaba hablando de esa época.

Mi hobbie es bailar, es mi pasión escondida. Bailé música folclórica por tiempos, hice ballet clásico y después he bailado cualquier cosa. No soy muy buena para el reggaetón, pero sí para la salsa, para el casino como le dicen los cubanos, pero también para bailar, qué sé yo, el chachachá, música folclórica. Me gusta mucho.

En la universidad inventé que hiciéramos las pruebas sin los profesores. Dije que, como estábamos estudiando medicina, y allí hay que ser riguroso, entonces que nosotros mismos tuviésemos un “deber ser”, una ética en que no miráramos para el lado, ni miráramos los libros. Convencí al curso de que los profesores se fueran y nosotros quedáramos haciendo el examen sin que alguien nos estuviera resguardando: sólo nuestra ética. Y lo hacía, hasta que mis compañeros dijeron que parara, jajajá, que si yo quería hacer eso lo hiciera sola, pero que parara...

La música que más me gusta es la brasileña, la trova cubana y el rock argentino. Charly García es de mis favoritos.

Si tuviera que elegir un placer culpable sería cocinar, pero no creo en la culpabilidad. Soy muy buena pa’ cocinar. Me encantan las recetas y trato de aprender siempre. Por ejemplo, a mí la paella me queda muy rica. Debo decir que me queda muy bien. Las tortillas igual, en general, las de papas... comida española. Cocino bien.

Si pudiera invitar a tres personas a un asado sería a mi papá, Simón Yarza, porque era buenísimo. Su historia era tremenda, además pondría la música, sería el alma de la fiesta. A un amigo, Juan Kraljevic... ¡uy, qué buena combinación mi papá y el Juan! Y al final..., al Marco (Antonio Ávila), el ministro de Educación, porque yo encuentro que él es un encanto. Imagínate esa combinación... nooo, ¡muy buena!

Guatemala siento que es un lugar en el mundo donde tengo algo que hacer. Me encantaría instalar en Antigua, en alguna ciudad de Guatemala, alguna estrategia para salud infantil. Ese es mi sueño pendiente.

Trabajé mucho tiempo en las UCIs pediátricas y tengo varios recuerdos de aquellos niños que manejé y que sus mamás me siguen escribiendo, y que para ellas yo soy alguien que estuvo muy cerca de sus hijos. Esas historias son bonitas, preciosas, pero me generan dolor..., porque son chicos que estuvieron tan cerca de uno, ¿no? (se emociona).

María Begoña Yarza es una mujer latinoamericana, feminista y que no soporta la injusticia social.

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