Tenderini, el fantasma de la ópera del Municipal

Una noche de música en el teatro terminó de la peor manera. Un incendio acabó con toda su estructura y la vida de un corajudo bombero que aún transita por los pasillos del recinto.

A todo pulmón, Carlotta Patti dejaba todo para deleitar al público del Teatro Municipal de Santiago. Era la noche del viernes 8 de diciembre de 1870 y la tenor italiana entonaba plácidamente cada una de sus melodías.

Extasiados, 1.500 personas disfrutaban el show que retumbaba en la inmensidad del escenario central. Tanto era el disfrute de los asistentes, que el evento debía terminar a las 23 horas, pero el aplauso del público no cesó hasta 45 minutos más tarde.

Los "bis" exigidos por la audiencia culminaron con la artista entonando su clásico "La Risa", justo segundo antes de que comenzara a desatarse la tragedia.

El terciopelo rojo tocó el suelo junto a la ovación, mientras en lo más alto del escenario el sistema de iluminación del teatro explotaba. Las cañerías de gas del alumbrado se rompieron y todo comenzó a arder.

La escenografía de Don Juan fue lo primero que se fundió con el fuego. Curiosamente, la obra habla sobre el infierno.

El público pudo salir, al igual que los artistas, pero la vieja estructura iba cediendo ante las inmensas llamas que envolvían el recinto.

Uno de los primeros en llegar al lugar del siniestro fue el también italiano Germán Tenderini, uno de los fundadores del Cuerpo de Bomberos de Santiago. El portero del lugar le abrió las puertas al infierno. Flamas gigantescas que hacían prever lo peor. Armado de valor, entró a escena para combatir el incendio.

Las sirenas y carros se apostaron en la calle para apoyar la emergencia, que tras largas horas pudo ser controlada. La furia de las llamas sólo dejó en pie las paredes del teatro.

De vuelta en el cuartel, todos los bomberos comenzaron a decir su nombre, hasta llegar al de Tenderini. La voz profunda del hombre nunca se escuchó. Impávidos todos comenzaron a murmurar, hasta que uno de los voluntarios recordó que la última que lo vio fue en medio del incendio.

Raudamente volvieron al teatro. Entre los frágiles vestigios de la tragedia buscaron por horas. A dos días del incendio, entre medio de los escombros, su cuerpo apareció calcinado.

Tenderini se convirtió en el primer mártir bomberil de Santiago, Su muerte lo alzó como un referente de la institución, donde su recuerdo sigue vivo. Pero hay quienes aseguran que no se fue del todo, y que su alma continúa deambulando por rincones del Teatro Municipal.

La reconstrucción del lugar dio inicio a una serie de inexplicables sucesos paranormales. Por el escenario y otras salas aledañas se escuchan gritos de auxilio y pasos de gente caminando. A los fuertes ruidos, se suma una extraña situación que ocurre con el telón. De tanto en tanto, la cortina se abre y cierra sin manipulación alguna, lo que los habituales del lugar atribuyen a la presencia de Tenderini en el sitio producto de su trágica muerte.

Como homenaje, en 1957, el municipio de Santiago le puso su nombre a la calle que cruza el Municipal, quizás con la esperanza de que su espíritu cesara su peregrinaje y encontrara el descanso eterno arrebatado por las llamas.

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