El doloroso camino detrás de Miguel Torrén, el futbolista argentino que sufrió el asesinato de cuatro hermanos

Foto: Staff Images/Conmebol/AgenciaUNO
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El fin de semana el capitán de Argentinos Juniors conoció el deceso de José Sixto, uno de sus hermanos mayores, el cuarto que falleció de la misma manera. Aquí, los detalles de una historia acechada por la muerte.

Miguel Ángel Torrén nació hace 34 años en Villa Constitución, Santa Fe, Argentina. Es el menor de seis hermanos, devino futbolista y sinónimo de Argentinos Juniors. En ese equipo, el Bicho Colorado de La Paternal, es capitán y considerado símbolo: está apenas a una manito de convertirse en el jugador con más presentaciones en la historia de la institución. En nuestro fútbol, en cambio, podría pasar con relativa facilidad como un perfecto desconocido, de no ser porque alguna vez se estudió su llegada a Colo Colo. “Me encantaría ir”, respondió, consultado por la opción a fines de 2021. Fue también parte de la selección argentina en el Sudamericano sub 20 de 2007, plantel del que, suele decirse, dio el puntapié inicial a la rivalidad con La Roja. Aunque en su caso, jugó poco y no llegó a ir al Mundial de Canadá.

Tristemente, el nombre de Miguel Ángel Torrén no sólo ocupa las portadas cuando se trata de una buena o mala actuación, alguna patadita de más, triunfos importantes o decepciones sobre el pasto, como todos; su nombre es también emparentado habitualmente con la muerte.

El trágico historial familiar comenzó a fines de 1988: su madre fue víctima de una mala conexión en un ventilador de piso y murió electrocutada. Torrén tenía tres meses. Creció entonces huérfano de madre, bajo el cuidado de otra familia, los Velázquez. Él sostiene que, de no ser por ellos —”me hubiese criado en la calle y mi vida habría sido totalmente diferente”, dijo a medios locales—, quizás su camino sería el de sus hermanos, que veremos a continuación. Y claro, tampoco hubiera conocido el fútbol.

Torrén y Puch en la Libertadores 2021. (Photo by Juan Ignacio RONCORONI / POOL / AFP)
Torrén y Puch en la Libertadores 2021. (Photo by Juan Ignacio RONCORONI / POOL / AFP)

El drama de Torrén

El sábado por la noche, Miguel Ángel recibió un llamado que había recibido otras tres veces antes en los últimos catorce años. Habían matado hace unos pocos minutos a José Sixto en la puerta de su casa. José Sixto, de 42 años, era uno de sus hermanos mayores. Le pegaron cinco tiros tras culminar una discusión.

13 años antes, 2010, la misma suerte corrió Walter cuando tenía 32 años. A él lo mataron a balazos mientras disputaba un partido de fútbol, una pichanga, en las afueras de Rosario. El siguiente fue Gabriel, que en 2020 no pudo soportar las lesiones que le provocó la golpiza propinada por dos cuñados. Un año más tarde, tres disparos se llevaron a Luis mientras caminaba por la ciudad santafesina. Su padre también lo dejó en pandemia.

“Lamentablemente, tuvimos una vida muy difícil desde chicos, una infancia muy complicada (...); cuando uno no tiene contención y no tiene quién lo oriente... Nos criamos en la calle”, sinceró el lunes el capitán de Argentinos Juniors en conversación con Radio La Red.

Él estaba distanciado de algunos de sus hermanos, pero por cierto que eso no quita el dolor: “Eran grandes, tenían sus familias, ellos deciden de qué forma vivir y qué quieren hacer. Más que aconsejarlos, otra cosa no podía hacer. Ellos toman su propio camino, pero cuando pasan estas cosas a uno le pega mucho”.

“La verdad es que estos últimos años me pegaron duro. No solo tuve la pérdida de mi madre cuando éramos chicos, sino que primero perdí a mi hermano Walter, después a Gabriel, a Luis Anastasio y ahora a José. Son momentos difíciles”.

Y por si quedase alguna duda, aclaró: “Sigo metiéndole para adelante, porque si me quedo tirado en casa y no me levanto de la cama, me voy a meter en un pozo ciego del que no voy a poder salir”.

Miguel Torren
La historia de Instagram de Miguel Torren.

Hace algunas horas, Torrén despidió a José en su cuenta de Instagram. Compartió una historia con un sentido mensaje: “Todos desearían tener un hermano que dé la vida por uno y él así era, de chico me cuidaba y de grande también. Tenía virtudes y unas no tantas, pero yo me quedo con las anécdotas y cosas que pasamos juntos de chicos y de grandes. Era el que se alegraba por mis triunfos, por mi familia. El que me decía: ‘Yo no pude, pero vos sí y yo soy feliz con eso’”.

“Descansa en paz, Coqui, que ya bastante sufrimos todos y cada uno lleva su dolor como puede. Te amo y gracias por amar a mis hijos”, cerró.

Por ahora Miguel Ángel, sabe, le toca dar la vuelta la página y continuar con su único salvoconducto desde hace un par de décadas, el que le permitió tener otro destino y formación. De algún modo, salvarse: el fútbol.

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