Por Eduardo OrtegaLa Firme con Alejandro Lorca: “A la ‘U’ en los tiempos malos la sostuvo la gente, no Sartor”
Abogado y esencialmente relator —quizás el único modo de hacerse parte de lo que en verdad ama: el fútbol—, Alejandro Lorca se las arregla en cada transmisión para robar alguna sonrisa con algo de contingencia y humor inteligente. Su última ocurrencia: “Colo Colo en un refugio…, no tan grato como el del Chino y las tías”. Esta es su historia y su actualidad.

Noviembre de 2021 atrapó a la Universidad de Chile en caída libre. Una semana antes en Rancagua, su casa improvisada casi toda la temporada, el necesitado Curicó Unido le había remontado un partido increíble: fue su séptima derrota en ocho compromisos, la quinta consecutiva, arrastrándola a Chillán colgada del sótano de la tabla. En ese estado de crisis, rescatar un empate ante Ñublense parecía el menor de los males, acaso un bálsamo sostenido por dos o tres intervenciones formidables de Fernando De Paul. Pero la calma se rompió cuando ya llegaba el pitazo de Héctor Jona, y Ramón “Cachila” Arias, futuro héroe, le propinó un torpe codazo a Nicolás Guerra dentro del área. En los ochenta y nueve minutos, Nicolás Vargas cambió el penal por gol. El descenso de pronto no era una amenaza lejana; estaba allí.
Entonces Alejandro Lorca, quien prestó su voz al partido en la transmisión de TNT Sports, decidió que era hora de hablar. Y hablar fuerte.
—A la “U” le han robado el coraje, a la “U” le han sacado el alma, para la “U” absolutamente todo es tristeza —resopló, con el resultado puesto—. Una dirigencia que no existe, que no tiene liderazgo. Que es inoperante, que es cobarde. Porque, además, le endosa toda la responsabilidad a técnicos inexpertos y deja solos a los jugadores: cóctel perfecto para que una de las instituciones más populares y más importantes del país tenga este presente realmente desolador.
Y, con el sello que construyó por algo más de veinticinco años, coronó con un poema:
—“Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando”. Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Creo que calza perfecto con la situación de la Universidad de Chile. La muerte está a las puertas de la esquina, y no la ve.
Mientras la velocidad de las redes hacía lo suyo y en instantes miles de aficionados se enteraban y aplaudían y se compartían el relato —que más que relato era un descargo, un latigazo de dolor—, Lorca echó rumbo a su casa. Abatido es decir poco. Relator desde 1995, su padre le legó la pasión por la Universidad de Chile. Lorca se enamoró del color azul durante una goleada sobre Antofagasta Portuario allá por los setenta, cuando Jorge Américo Spedaletti y Jorge Socías, su ídolo, aún amagaban con traer de regreso al Ballet. De ahí que al ver a esta “U” —su “U”— débil y sin rumbo fuera una de las pocas, poquísimas veces que condescendió a la protesta pública.
Pero si las cosas por entonces no pintaban bien, al rato se hicieron insostenibles.
El relato de Lorca había llegado a oídos de la dirigencia de la Universidad de Chile. A su técnico, Cristián Romero, le prohibieron hablar con TNT Sports. Eso primero, y luego hubo alguna comunicación con el canal para hacerles sentir su molestia. Lorca se enteró cuando llegó a su domicilio. Le comentaron que algo pasaba, que haber llamado como llamó a la directiva azul podría costarle caro. Apenas pudo dormir esa noche. Y a la mañana siguiente, de camino a la señal, se convenció de que su sueño de relatar estaba por llegar a su fin. De todos modos diseñó una defensa: explicar a quien fuera necesario que nunca buscó calumniar, sino exponer que, a diferencia de Universidad Católica con Juan Tagle y José María Buljubasich o de Colo Colo con Aníbal Mosa, en la “U” no había quien diera la cara aun cuando se hundía irremediablemente. Nadie, por ejemplo, conocía a Michael Clark. Pero en el canal lo tranquilizaron enseguida: no habría despidos, si acaso hubo un error el error era de todos. Y, lo más importante, nadie de la sociedad anónima azul había pedido su salida.
En los medios, la historia que se echó a correr fue otra. El periodista de radio ADN, Cristián Arcos, dijo que lo que le habían hecho a Lorca no tenía nombre y que, con él, iría hasta a la guerra. Pero con cucharas, porque era un buen tipo. Juan Cristóbal Guarello fue un paso más allá: “Lo de Aubert es inconcebible, nuevamente pidió la salida de un periodista. Esta vez se trata de Alejandro Lorca, porque no le gustó lo que dijo ayer sobre Azul Azul. No se tire contra Lorca, pida que me echen a mí”. El respaldo que le ofreció el público, por cierto, fue unánime.
Tiempo después, el relator descubrió por otros canales que, en efecto, un alto dirigente de Universidad de Chile había pedido que lo borraran de pantalla. Pero lejos de tales consecuencias, salió del episodio fortalecido. Su sello —dotar la narración de literatura, contingencia y una pizca de humor— le otorgó mayor reconocimiento, la consolidación de los Lorcadictos y posicionarse de una vez por todas en la primera línea de los relatores del país.
Tal vez lo más llamativo en este escenario sea que, durante el último tiempo, se le ha considerado para narrar un solo clásico. El aficionado más futbolero suele preguntárselo en redes.
La Firme con Alejandro Lorca
De mi infancia tengo muy lindos recuerdos, y está marcada por dos situaciones o por dos instancias distintas: mi papá y mi colegio. Mi papá, porque siempre fue mi imagen, mi referente. Fue el ídolo que buena parte de los hijos tienen respecto a la figura paterna. El fútbol es por él, mi afición por la “U”. Cuando voy por primera vez al estadio, que fue como en el 72, la “U” contra Antofagasta Portuario, ya mi papá me había hablado del Ballet y de Leonel (Sánchez). Yo nunca vi jugar a Leonel o a Carlos Campos, pero me los imaginé muchísimas veces porque mi papá me contaba mil historias del Ballet Azul, de lo buenos que eran, del mundial del 62, etc., etc. Pero fíjate que, cuando voy por primera vez al estadio, voy absolutamente neutral, por así decirlo, en cuanto a la afición. Pero sale ese equipo azul, con esa camiseta, ese azul que era más brillante en esa época, más luminoso, y me mató el color. Y bueno, después ganaron 6 a 2 ese partido…, el “Flaco” Spedaletti, en fin. Pero claro, mi papá, él es parte de mi infancia. Y luego, mi infancia está marcada hasta el día de hoy por mi colegio.
Estudié en el San Ignacio del Centro, un colegio que es muy marcador. Entre paréntesis, estamos de 170 años de edad, tercer colegio más antiguo de Chile, entiendo. Y hasta el día de hoy, yo, mis compañeros de kinder, permanentemente nos juntamos. Nos vemos con frecuencia, nuestras señoras son amigas. Hay una mancomunión que viene desde hace la friolera de cincuenta y tantos años. O sea, yo tengo amigos que nunca he dejado de ver desde que entramos a kinder. Yo tengo 60 años, así que son 55 años más o menos. Y sin ir más lejos, este fin de semana me tomé una licencia: fui a Buenos Aires con mi señora y dos compañeros de curso con sus respectivas señoras. Entonces, yo te digo, mi infancia fue una linda infancia, feliz, marcada fundamentalmente por la figura de mi padre, por todo lo que representa desde el punto de vista de la educación, de los valores, y por el colegio.
El San Ignacio te marca en muchos sentidos. Lo que más rescato del San Ignacio es la convivencia: son cursos grandes, éramos cuarenta y tantos alumnos, y yo convivía con compañeros de curso que eran hijos de grandes profesionales, de grandes empresarios, pero también tenía un compañero que era hijo de un zapatero de Puente Alto, alumnos que estaban becados. Absolutamente transversal el colegio, y eso te enseña mucho, porque tú aprendes en la práctica a que todos somos iguales, a que todos tienen que tener oportunidades, a que tú puedes pensar de una manera y de otra, pero que tenemos que respetar y buscar los puntos comunes. A que tenemos que avanzar y a desenvolvernos en una sociedad, no obstante tú tengas un pensamiento A, B, o C, derecha, centro, izquierda. Y eso yo lo agudicé después, cuando estudié derecho en la Chile, porque la Chile es un crisol, es un mostrario absolutamente amplio.
Mi infancia estuvo marcada fundamentalmente en Santiago, a pesar de que mi papá era militar y lo destinaban a distintas partes. De hecho, hubo un año en que estuvimos en Valdivia. Viví un año completo allá y fue una súper linda experiencia cuando estábamos chicos, año 74 o 75. Tercero, cuarto básico estaba yo.
El fútbol por supuesto era un elemento central, porque a mí me empezó a gustar el fútbol muy chico. Mi papá, fíjate, era futbolero pero tranquilo. Yo lo conocí ya en una etapa en que su afición por el fútbol había como amainado un poco. Él jugaba a la pelota, fue al estadio, le gustaba la “U”, me hablaba mucho de la “U”, qué sé yo. Yo te diría que los primeros años me acompañó, fue él el que me llevó al estadio las primeras veces, pero a mí me mató el fútbol: me despertó una pasión insufrible, incontrarrestable, así que ya como a los diez años, doce años, mi papá me dijo, bueno, ya está con su lote de amigos, está con estos compañeros de colegio, vayan todos en patotas. Eran otros tiempos, era otro Chile. Era mucho más seguro. No estaban las barras bravas, había menos riesgos, menos peligro.
Mi pasión por la literatura yo creo que es un poquito más tardía. Yo era un buen alumno en el colegio y leía lo que tenía que leer, digamos. Pero a mí me mata por ahí por primero medio, diría yo, un profesor. En el colegio yo opté por el lado humanista y me empieza a hacer clases don Rubén Infante, que era mi profesor de castellano o de lenguaje, como dicen ahora, y por ahí por primero medio, comillas, aprendo a leer de nuevo. Ahí empiezo a leer con tutti, digamos, con tutti. Este caballero me desata una pasión por la lectura. Nos hace leer en el plano humanista determinados autores, Vargas Llosa me fascinó.
Yo leo, depende la extensión, en promedio cuarenta o cuarenta y cinco libros al año. De hecho, anoto los libros leídos (NdeE: Lorca enseña una pequeña libreta con un listado de lecturas): este año voy en el veintidós. Los voy anotando para no repetirme, ja, ja, ja.

¿Qué me llevó a ser abogado? Un error. Sí, un error..., un error relativamente medido, digamos. Pero claro, un error porque yo vocacionalmente era mucho más periodista, era mucho más parecido a ti que abogado. Yo tenía muy claro que era humanista y mi duda estaba entre derecho y periodismo. Derecho, a ver, imbuí un poco porque a mí me iba muy bien en el colegio. Sería súper injusto decir que mi papá me obligó…, si yo le hubiera dicho a mi papá que iba a ser, no sé, invento cualquier cosa, me hubiera apoyado. Pero yo estaba en la duda y él me dice, mira, yo creo que ser abogado te da muchas herramientas, te da una plataforma para desenvolverte que no te da el periodismo, que no te dan otras carreras humanistas. Cosa que es absolutamente cierta. Entonces, chuta, el caballero dice que estudie derecho. Ya, po. Pero lo interpreté mal. Yo fui el que se equivocó, yo fui el que vocacionalmente no supe acudir al llamado. Y el mío era mucho más por el periodismo y, fundamentalmente, por el periodismo deportivo. Lo que pasa es que me metí a derecho y como yo soy medio estricto, disciplinado, saqué la carrera. Mira, yo siempre he dicho: si me hubiera quedado pegado con un par de ramos o me hubiera atrasado, le digo, papá, sabís que esta cuestión no es la mía.
Bordeé el 6, no era un alumno brillante, pero fui un alumno parejito, nunca me quedé con un examen, nunca me atrasé. De repente había un ramo que me costaba más que otro, pero compensaba, digamos. Y había ramos que me gustaron mucho. Yo lo pasé muy bien en Penal, tuve un profesor extraordinario en Derecho Civil, tuve a Mario Mosquera en Derecho Procesal, el presidente de la “U”, el presidente de la ANFP. Mira, yo, pero sí, yo por tercer año de Derecho dije: tengo que meterme al fútbol. Porque, claro, puedo ejercer como abogado, de hecho, lo he ejercido siempre, pero ¿voy a ser feliz toda tu vida vinculado al derecho? No. Y tampoco me gustaba, porque muchos me decían, pero si ahí la tenís: dedícate a ser representante. Pero lo mío no era eso, porque sigue siendo abogado. ¿Te fijas? Y yo lo que quería era olvidarme de ser abogado y meterme adonde me gusta, que es la cancha, que es el fútbol, que es analizar tácticas, que es analizar estrategias.
Yo era bien bueno para la pelota, pero era muy chico de porte. Entonces, veía muy difícil ser futbolista. Y fíjate que fui seleccionado. Tengo mi medalla al mérito, jugando por la selección del colegio. A mí me marcó Jaime Pizarro, po, maestro. Me borró, pero igual me marcó, ja, ja, ja. Un partido del San Ignacio con la selección juvenil de Chile de la época. Yo era bastante bueno para la pelota, bastante bueno. Era bien técnico, pero no: yo sabía que lo mío iba más por el estudio.
Cada vez que hablo de mi papá me emociono, y entre más viejo, más me pasa, porque lo echo mucho de menos. Mi papá a mí se me fue joven, tenía sesenta y siete años. Y no vio a mi hijo. Perdón... (NdeE: Lorca se emociona). Mira, mi papá era todo lo que yo he querido ser como persona: un tipo honesto, recto. Mi papá era militar en tiempos muy complejos. Cómo sería de especial que, siendo militar, me mete en el San Ignacio. Que no era precisamente un colegio pro dictadura militar… Mi papá era un tipo brillante, intelectualmente súper destacado. Hablaba el inglés mejor que el español. Escribía increíble. Amaba su profesión. Y siempre tengo grabado que un día nos reúne, nos cuenta una historia y dice: no olviden que así como comer todos los días es muy importante, dormir tranquilo es tan o más importante, y yo voy a dormir tranquilo. Entonces cuando te legan un ejemplo así, chuta, uno dice: hay que ser igual. Mi padre era un tipo, como te digo, muy ordenado, muy disciplinado. Pero además era el tipo más alegre del mundo. Hasta el día de hoy, persona que lo conoció me dice: su papá era una persona encantadora, un tipo extraordinario. Entonces, bueno, mi papá me legó prácticamente todo. Todo.
Mi papá me escuchó relatando muy poquito. Yo parto en el 95, mi papá fallece en el 99. No alcanzó a conocer a mi hijo, que era su único nieto hombre. Mi hija es del 97 y él fallece en el 99, también muy poquito. Sí, tengo esa pena grande de que no... O sea, yo estaba partiendo profesionalmente, ¿te fijas? Me habría encantado tenerlo más tiempo, sí. Tengo mucha pena por eso.

La gente cree que yo amaba el relato, pero llegué al relato casi por una necesidad y por una casualidad. Yo quería comentar, yo pensaba que lo mío era por el análisis del fútbol. Y de verdad las opciones para comentar eran nulas.
Con unos compañeros de colegio, que eran muy futboleros también, teníamos la peregrina idea de hacer un programa radial. Creíamos que era tan simple como estructurarlo, hacerlo distinto y conseguir auspicio y arrendar un espacio en la radio. Cosa que después, con el tiempo, tú te das cuenta que es una utopía y una epopeya no menor. Que hay que tener respaldo, que hay que tener conocimiento, pero bueno. Parte de los pecados de juventud. Hicimos algunos intentos y, dentro de ese contexto, nosotros decíamos: a este programa tenemos que darle un sello distinto. Y ese sello distinto nos lo iba a dar Eric Pohlhammer, a quien nosotros habíamos visto como jurado de Cuánto vale el show en aquella época. Y que veíamos que era un tipo súper agudo, súper inteligente y muy futbolero. Y yo me lo topo casualmente en la calle y me animo a conversar con él, a plantearle esta idea que teníamos con los amigos.
Con Eric (Pohlhammer), a medida que fuimos conversando, nos fuimos haciendo amigos. Nos fuimos vinculando mucho, al punto de que prácticamente nunca nos dejamos de ver hasta el momento de su fallecimiento. Un poquito antes, porque él finalmente en sus últimos años se va a vivir a Concón. Y ahí ya lo pierdo un poco porque venía mucho menos a Santiago, pero establecimos una preciosa amistad durante muchos años. Un tipo genial, extraordinario.
Cuando a Eric le planteamos este proyecto, con toda su locura, dice: sí, chiquillos, yo voy con ustedes. Pero este proyecto nunca cuajó, nunca plasmó. Siempre quedó en puros buenos deseos. Y estábamos en esa, cuando a Eric, que en esa época era figura, te hablo del año 95, le ofrecen participar de un programa deportivo radial. En la radio Monumental, lo estaba dirigiendo Sergio Riesenberg. Eric me cuenta. Entonces yo le digo: sí Eric, lo nuestro ya fue una quimera, fue un sueño. Y le digo, pucha, te envidio sanamente, que te vaya fantástico. Y él me dice: yo voy a hablar con Sergio, porque yo cacho, Alejandro, que tú tenís harta pasión por esto. Y como a la semana, me dice Eric: grábate unos goles. ¿Pero pa’ qué voy a grabar goles? Porque como comentarista, que era lo que yo quería hacer, no hay opción..., pero Riesenberg me dice que hay opción como relator. Ya, ¿y que tengo que ir yo, po, hueón? ¡Pero si tú relatas! ¿Cuándo he relatado, Eric? En mi vida he relatado. Lo que pasa es que nosotros nos juntábamos en el Tavelli y conversábamos la mañana entera, y yo de repente relataba goles de la “U”. Inventando, imitando a Vladimiro Mimica. Y él decía que yo lo hacía muy bien. ¡Imagínate, po!
¡Cómo iba a relatar si en mi vida había relatado! Yo lo único que hice una vez, en el colegio, fue que imité a Vladimiro Mimica en una yincana de la Semana Ignaciana. Esa era mi experiencia en el relato. Y me mandaron a mí porque era el rayado por el fútbol. Imité a Vladimiro Mimica y me fue bastante bien, pero nunca vi el relato como algo más. Me gustaba, escuchaba relatos, seguía los partidos. Pero no tenía una perspectiva de desarrollo profesional. Y Eric me dice bien en serio ese día: ¿te gusta esta cuestión? Sí, me encanta. Ya, po, me dice, ¿qué perdís? Porque si te dicen que no, que lo hacís pésimo, que no tenís futuro, quedái en el mismo lugar en que estái ahora. ¿Y si encontrái una veta? Y como a mí me gustan los buenos argumentos, dije, tiene razón. ¿Qué pierdo? Riesgo cero. ¿Qué gano? Puta, podría ganar. Ahora, me asustaba mucho la perspectiva de relatar. Estuve como tres semanas haciéndome el duro. Entonces, Eric me llama y me dice, mira, se acaba el tiempo. O no lo haces, o lo haces. Ya, lo voy a hacer. Pesco una grabadora. Tres, cuatro goles de la “U”, del “Matador”, y lo mando, se lo paso a Eric.
A las tres semanas me llama Sergio Riesenberg. Señor Lorca, ¿sí? Usted habla con Sergio Riesenberg. Yo medio sorprendido. Oiga, me dice, el señor Pohlhammer me pasó un cassette suyo, me dice que usted quiere relatar. Bueno, sí... yo como que quería y no quería. Ya, venga a hablar conmigo. Me dice: mire, yo creo que usted condiciones tiene, pero le falta. Entonces le cuento mi historia. Le dije que me había titulado de abogado recién pero que creía que lo mío era el fútbol. Que quería ser comentarista, pero que sabía que la opción era como relator. Que me daba mucho susto. Y en esto, yo hasta el día de hoy le agradezco infinitamente a Riesenberg: mira, me dijo, cuesta encontrar gente que en tu situación quiera vincularse a los medios de esa manera. Esto debe haber sido como en octubre del 94, finales de octubre del 94. Me dice: relata todo lo que puedas por televisión, todo, y vamos a hacer dos o tres partidos de prueba. Si me gusta, te quedas. Si no, te vas. ¿Te parece? Es lo que yo te puedo ofrecer acá. Ya, don Sergio, me animo. Y claro, pesqué la tele, empecé a relatar todo lo que podía y llegué al partido del Real Madrid con la Coruña, enero o febrero del 95, el primero, por tele, que es el peor ejercicio. Relatar mirando la televisión para la radio. Y con un sussssto, como diría Manuel (de Tezanos), con un sussssto. Terrible.
Mi primera relato fue una tortura. Estaba complicadísimo, muy nervioso, transpiré como caballo bandido. Y le agradezco infinitamente al locutor comercial de la época, el Negro Gamboa, que me debe haber encontrado caresusto y que me apoyó infinitamente. Yo creo que por ahí, por la segunda mitad del segundo tiempo, me solté un poquito más. Pero los otros tres cuartos del partido, fueron una tortura. De hecho, en algún cambio de casa encontré el cassette, lo escuché... y no pude escuchar más de cinco minutos. Dije: ¿cómo Don Sergio Riesenberg me dio la oportunidad?

Partí y al poco tiempo le agarré un gusto tremendo a relatar. Y Don Sergio, con una generosidad gigantesca, me dejó en el equipo y me hizo relatar la “U” el año 95. A Colo Colo lo relataba creo que Paulito Flores. Católica había otro chiquillo. Y a mí me dieron la “U”. ¡Imagínate! Partir haciendo el equipo que tú amas. Y durante todo el año, y que finalmente se corone campeón: es el sueño del pibe. Pero yo siento que sí, que aprendí rápido y que aprendí pronto y que me fui adaptando bien al relato. Curiosamente tenía condiciones, y yo no las había descubierto.
Yo en radio creo que no ha habido nadie que haya relatado mejor que Vladimiro Mimica. Y creo que es muy difícil que alguien lo vaya a hacer mejor que él. Es mi referente, siempre. Y hasta el día de hoy he tenido tantas satisfacciones, como estar en su lanzamiento del libro. El otro día presentamos un libro, yo fui el moderador y don Vladi, uno de los presentadores. Además, como persona extraordinario. Un 10. Mi ícono en relato radial es Vladimiro. Y en televisión, mi admiración y mi referente absoluto es don Pedro (Carcuro).
Me hubiera gustado trabajar más con don Pedro. Yo tengo una admiración tremenda por él. Mis primeras andanzas televisivas fueron con TVN, que es la casa televisiva que yo más quiero, digamos. Pero claro, Pedro en ese momento estaba como relator pleno. Me tocó, por ejemplo, trabajar mucho con TVN en el Mundial de Alemania y en el Mundial de Sudáfrica. Y en ambos mundiales, el relator uno era Pedro, el relator dos era Solabarrieta, y yo me quedaba como relator tres con el Sapito (Livingstone), que no viajaba porque ya estaba bastante avanzado. Entonces nos quedábamos con el Sapito acá y fueron experiencias maravillosas. Pero trabajé muy poco con Pedro. Muy poquito porque, además, él era relator, yo era relator, no nos topábamos. Nos hemos topado ahora, cuando Pedro ya deja el relato, ya es un poco comentarista/conductor. He hecho algunas cositas pequeñas con él en TVN, pero lamentablemente TVN es un área deportiva ya casi muerta desde el punto de vista de los eventos. Hay muy poquitas cosas, y lo digo con mucha pena, porque mira: Gonzalo Fouillioux, Fernando Agustín Tapia, Pedro Carcuro, es un equipo... te digo, honestamente, me habría encantado haberle competido a Chilevisión hoy por hoy. Si con TVN hubiésemos ido a la pelea, le peleamos palmo a palmo. Yo tengo la absoluta convicción y certeza. Con Pedro, con Gonzalo, con Fernando Agustín Tapia, si me hubiera tocado relatar…, con otro relator más o con el mismo Pedro, se lo peleamos.
Debuté el 95, pero se acabó el programa el mismo año, ja, ja, ja. Fue curioso porque, claro, terminé enamoradísimo de la actividad, del relato, del fútbol, con una experiencia increíble. Pero terminó el programa por falta de financiamiento. Lo toma Monumental, deja una planta fija, pero no había transmisiones, entonces yo quedo a la deriva. Y durante el 96 y el 97 me llaman esporádicamente de un canal de cable, que era Metrópolis Intercom, a hacer cositas muy pequeñas, varias pero pequeñas. No tenía el día a día, no tenía el fin de semana a fin de semana y, de algún modo, igual vai perdiendo presencia y vigencia. Eso fue 96 y buena parte del 97. Y en eso nuevamente agradecerle a don Sergio que siempre le habló a Milton (Millas) de mí. Le dijo: oye, yo tengo un cabro que estuvo conmigo, que lo hizo muy bien... cada vez que surja alguna opción, Milton, llámalo. Nunca pasó nada, digamos durante dos años. Yo estaba medio ya resignado, trabajaba como abogado full time en paralelo. Y un día me llaman de la radio Agricultura. Justo venía el Mundial y había una efervescencia increíble en Chile: de vuelta a los mundiales después de dieciséis años, situación económica relativamente holgada como país. Eran tiempos más o menos buenos, entonces la gente se volcó a ver el fútbol. Los canales de televisión se volvieron locos, los matinales se hacían a la orilla del Sena. Estaba la Paulina Nin conduciendo el matinal en el Sena, con el cocinero, equipos de veinticinco personas ¡en París!. Y la Agricultura con Milton transmitió el Mundial completo. Yo me acuerdo de haber hecho un partido de Estados Unidos-Irán. Cero audiencia, digamos, ja, ja. Pero transmitió todos los partidos. Necesitaban un relator porque JR, que era uno de sus relatores fuertes, estaba por TVN, y por lo tanto se generó un vacío. Y me llaman de Agricultura, se acordaron del consejo de don Sergio Riesenberg. Venga para acá, me dicen, lo vamos a probar. Imagínate: un año de experiencia, dos años haciendo muy poquito, y no sé, te llama la “U”, te llama Colo Colo. Estaba Milton, estaba Tito Foullioux, estaba Héctor Vega Onesime. Era ir a jugar a la “U”, de la nada. Voy, empiezo a relatar el mundial, lo hago bien, y ahí me quedé. Me quedé ininterrumpidamente durante casi diez años con Milton.
Nunca pensé en dejarlo, la verdad..., yo creo que tenía mucha inconsciencia, ja, ja. Tenía fe en que podía surgir. No conocía cabalmente el medio, no sabía lo difícil que es volver a reinsertarse. Yo creo que fue una ayuda, un milagro. Que te llamen, y que no te llame cualquiera, porque no me llamó, con todo el respeto, una radio pequeña de provincia... Te llama una radio importante, que en ese momento era híper recontra competitiva, y para el mundial más encima. De verdad, yo creo que hay mucho de don Sergio y hay mucho de esas casualidades de la vida, de esos azares, que a lo mejor estaba destinado a esta cuestión. Y yo, mientras tanto, trabajaba full time de abogado, nomás. Pero ya, con ese año que tuve en la Monumental, te reitero, me había enamorado del relato.
Yo siempre he pensado que el relato, como buena parte de las actividades o de los oficios o de las profesiones, son maratones. No son carreras de 50 metros, de 500 metros. Son de 5.000, 10.000, y son maratones. Que es un poco lo que yo le digo a los cabros jóvenes, a los cabros chicos: tranquilo, tranquilo, si aquí lo importante es relatar y es consolidarte, y es ser fiel con la pega, hacerla bien, hacerla consciente. Yo siempre, desde mi primer relato hasta el último, he mantenido el estilo.

Mi búsqueda del sello era con dos o tres elementos: la literatura, la contingencia y, dentro de la contingencia, tintes políticos. Y yo muchas veces las tiré, pero no generaban el impacto que empezaron a generar a partir de la pandemia. Entre otras cosas, porque yo en televisión estaba poco. Lo mío eran cosas esporádicas. Y sí debo reconocer que en TVN no me atrevía mucho a tirar, ja, ja. Por ejemplo, yo hice dos mundiales con TVN, y mi sello era de un lenguaje correcto, prolijo. En general, yo me equivoco poco con los jugadores, todos nos equivocamos en algún minuto. Pero bueno, ya en radio, sobre todo en la Agricultura, tiraba mis cosas. En la Bío Bío muchas. Siempre mi estilo iba por la literatura, por la contingencia.
La viralización o el efecto mediático más importante siento que surge con la etapa de la pandemia. Hay una primera talla que yo tiré en el canal, en aquella época CDF, que es anterior a la pandemia. Debe haber sido por ahí por el 2017, 2018, que generó revuelo y que puede haber sido como la precursora. Me acuerdo, un partido de la “U” con Temuco. En esa época estaba el hermano de Ximena Rincón, un diputado, Ricardo Rincón creo que se llamaba, que estaba en conflicto con la DC y con mucha polémica porque parece que le había pegado a la señora. Había toda una explosión y el gallo había postulado la presidencia al partido. La polémica era cómo este señor que le pega a la señora, que aparentemente tiene acusaciones de pegarle a la señora, se había postulado a la presidencia. Había una polémica gigantesca y la hermana, la Ximena Rincón, lo defendía. Bueno, yo me acuerdo que en ese partido hay un gol de la “U”, de Lorenzetti, que entra por un rinconcito. Y yo digo: el arquero de Temuco debe ser demócrata cristiano porque tiene problemas con el rincón. Y ahí me acuerdo que la sube Pelotazo y Pelotazo era muy visto, se genera ahí algo y fue como la primera vez.
La primera vez que me atreví a tirar una talla creo que fue muy al principio, con un gol del Bombero Ibáñez. No era una frase política, pero yo me acuerdo que, en la Monumental, primer año, hay un gol del Bombero Ibáñez. ¿Y te acordái que el Bombero se daba las volteretas para celebrar? Entonces yo relato el gol, espectacular, qué sé yo, y digo algo así como: Bombero, no serás radical, no serás masón, pero eres bombero, acróbata y goleador. Porque había un dicho que era bombero, radical y masón. Entonces yo digo, no serás radical, no serás masón, pero eres bombero, acróbata, goleador. También me acuerdo que citaba mucho a Neruda, a la Gabriela Mistral, igual que lo hago ahora. La contingencia viene un poquito después, me atrevo ya un poco más con Milton.
Con las frases quiero generar una sonrisa en la gente, básicamente. Y además lo que pretendo es que esa sonrisa, que aliviane el relato, que le dé un sello distinto, también tenga cierto dejo de ironía. Un recadito suave, ¿no es cierto? Pero que sea inobjetable, que no sea a favor de la derecha, ni a favor de la izquierda, ni a favor del comunista, ni a favor del republicano. Le he pegado palos a próceres de acá y a próceres de allá. En ese sentido son muy democráticos, la cagan por parejo estos... ja, ja, ja. Antes la cagada del joven, ahora la cagada de este caballero. Pero esa es la búsqueda, ¿te fijái? Y siempre vinculándolo con la literatura. Yo eso lo he hecho desde siempre. Desde la Monumental, con Milton, en la Bío Bío, en el CDF, en TNT. Ahora, sí reconozco que a partir de ese efecto mediático que se produce con la pandemia ahí yo exacerbo un poco el uso de las frases. Se hace más frecuente, digamos.
Kast era de mi generación, de hecho, yo tengo recuerdos de él. Él estudió en la Católica, yo estudié en la Chile, pero tuvimos no un litigio, digamos, pero un asunto judicial juntos. Llegamos a un acuerdo. Un caballero, ¿ah? De verdad un caballero. En su trato espectacular. Súper, súper, súper caballero. En esa época estábamos partiendo los dos. Los dos éramos abogados súper jóvenes. Y curiosamente, nos tomamos un café cuando llegamos a un acuerdo. Le conocí su oficina ahí en Moneda, y me decía: no me gusta mucho el derecho, me titulé pero lo mío es la política. Y yo le decía, chuta, y lo mío es el fútbol, qué estamos haciendo acá, ja, ja.
Hubo un par de veces, con alguna frase, donde el editor me dijo: yo creo que te pasaste, te extralimitaste. Es tu opinión, le dije yo, yo creo que no. Y tuvimos alguna discusión. La del alcalde Carter generó no sé si un raspacachos es la expresión, pero por lo menos alguna conversación. Pero no, no pasó nunca a mayores. No hubo ninguna frase, de las muchísimas que he tirado en este tiempo, que me haya valido alguna reprimenda. Yo diría que fue un intercambio de opinión. Un intercambio de opinión donde mantuvimos cada uno su posición.

A mí me preguntan por las frases y de algunas me acuerdo, pero hay un montón que no. Porque yo no las guardo, no las tengo en ningún archivo. Me desprendo, las dejo partir, porque además esa es la gracia de las frases. Porque yo respeto mucho a muchos colegas que tienen frases permanentes, y esto es parte de cómo yo concibo el relato, pero yo me pongo del otro lado y digo, puta, mi audiencia en algún minuto se va a aburrir. Entonces, estas frases ahora las voy administrando más que antes. Y de nuevo, reconozco que en la época de la pandemia exacerbé. Pero fíjate que para mí, y yo creo que es parte de la gracia de las frases, tienen que estar siempre en un contexto del fútbol. Yo he tenido muchas veces frases que decir y no se me da la coyuntura para tirarlas. Así que las guardo. Y como las frases aluden a la contingencia, el umbral de vida es corto: son un par de semanas. Ya la del “Chino” estaba un poquito añeja. Entonces, si no se me hubiera dado la contingencia o yo no me hubiera ingeniado, pasó y se perdió. Y tenís que crear otra, buscar otra. Yo creo que eso es un desafío para uno. Reinventarse. Partido a partido.
La del alcalde fue un clásico, o la de la monja con maleta, ja, ja, ja. La del “más contento que jubilado de gendarmería” me gustó, fíjate. Esa también es antiquísima. Esa es del CDF, más o menos, 2017, 2018, como la de Rincón. ¿Te acuerdas que era un ministro que tenía a la señora, que era jubilada de gendarmería? Trabajó como cinco años y ganaba como cinco palos, ja, ja.
La de gendarmería es mi favorita. La de gendarmería, la de Rincón. Me acuerdo, bueno, de las icónicas. Por ejemplo, de “la monja con maleta” me acuerdo porque estaba con el “Polaco” Goldberg. Y yo la digo, hago la caída “porque es más peligrosa que monja con maleta”, para que el gallo comente, porque era una opción clarísima que se pierde el Audax Italiano. Y el hueón se cagó en la risa y no pudo comentar, ja, ja, ja. ¡Y me descoloca, po! Era su turno y el hueón estaba riéndose, ja, ja, ja, hasta se echó pa’ atrás en el asiento. Y me descolocó, po.
De la de Carter también me acuerdo, porque estaba con el gran Cristián Basaure, y digo: “Se estira, se estira, se estira como la cara del alcalde Carter”. Y Basaure se ríe y después tiene una acotación ¡que es mucho mejor que mi talla! Pero que pasó piola, po. Porque Basaure se ríe y dice: “¿¡Tanto se estiró!?”. Ja, ja, ja, ja. Yo lo encontré notable, hueón. Y después comenta la jugada, po. Entonces yo le digo: “Oye, Cristián, hueón, estuviste genial”. Pero, hueón, ¿qué dije? O sea, ¡el hueón no se dio cuenta! Y después nos cagamos de la risa los dos. Porque, claro, yo preparé la del alcalde Carter, pero Cristián la tiró así, natural, y yo lo encontré genial, po
Yo veo mucho fútbol, todos los partidos los preparo. Ahora tengo que preparar el de Ñublense y lo tengo medio preparado. Me toca ahora Ñublense, Rangers, por la Copa Chile. El fin de semana hago la “U”. Otra vez Ñublense me parece, por la liga. Y todos los partidos tengo que estudiarlos. Todos, absolutamente todos. No preparar la frase: tengo que estudiar los partidos.
Cuando joven escuchaba más mis relatos, para poder pulir ripios. Ahora me escucho menos. Me escucho de repente, porque además el canal te pasa a cada rato. Pero eso de escucharme me da un poco de pudor. Me escucho, sí, pero no el partido completo. De repente veinte minutos por tiempo. Si hay algo que me quedó dando vuelta en una transmisión, porque en ese sentido soy bien autocrítico. Hay transmisiones que yo digo: estoy tranquilo, creo que agarré bien el gol, todo eso. Pero hay otras donde digo: ahí me caí. Hay veces que pienso: sí, salió bien el gol, pero ¿cómo no se me ocurrió decir esta otra cosa? Siempre se te ocurren después cosas que no dijiste.

Nunca he fumado, tomo socialmente una cervecita, una copita de vino. Eso es todo lo que tomo el fin de semana, en algún almuerzo tranquilo. Me cuido harto la voz. Siempre el propóleo, el tecito. Trato de resfriarme lo menos posible, porque para nosotros es fatal. Y ahora los resfríos duran tanto... relatar resfriado es como relatar cuatro partidos. Terminái agotado. Así que me cuido bastante, sobre todo ya que entré a los sesenta. Yo sé que me queda una expectativa, no mucho.
¿Hasta cuándo dura esto? Te juro que no lo sé. Siento que obviamente me queda mucho menos que antes, pero estoy bien. Sigo amando intensamente lo que hago. No me siento cansado. O sea, me canso más que antes, pero el amor por la actividad está absolutamente a tope. Entonces no sé hasta cuándo, pero tengo muy claro que va a llegar un momento en que voy a decir ¿sabís qué?, hasta aquí llego. Porque el ejercicio del relato no es fácil. Te desgasta. Hay una estructura, una condición física que hay que sostener, sobre todo en radio. Yo nunca he dejado la radio. Nunca. Y hasta donde me den las fuerzas, nunca la voy a dejar.
Las diferencias entre relatar en radio y en televisión son hartas, y la más obvia es, básicamente, la diferencia en el ritmo. Tú en televisión al telespectador básicamente lo acompañas y le otorgas un servicio el cual es identificar, ojalá con el menor margen de error, a los jugadores. Yo en radio lo describo todo, ¿no es cierto? En televisión es otra cosa: tú vas con énfasis, pero no hay descripción de la cancha, hay un ritmo más calmo, porque tú vas acompañando la imagen. En radio, tú le narras a un ciego, a un no-vidente, y ese no-vidente, con tu relato, se tiene que recrear de la mejor manera posible el partido, las acciones, los goles, el córner, el tiro libre, la falta. Tú tienes que darle los elementos para que él vaya imaginando el partido de la mejor manera.
Yo siento que el relato madre es el relato radial. Nací en la radio, amo la radio, me encanta la radio. Y me cansa mucho más la radio que la televisión, desde el punto de vista físico me refiero. Amo también la televisión, es otro desafío, es otro ejercicio, pero si tú me obligaras a elegir, me quedo con la radio.
Cuando me dicen ¿qué grandes relatos recuerdas tú? De algún modo tengo que buscar partidos que hayan tenido impacto mediático para la gente. Porque si yo digo Ñublense-Palestino en el 2026 en Chillán, que me dejó súper satisfecho, la gente no se acuerda.
Mis relatos favoritos son el gol de Fuenzalida para el campeonato de la UC el 2016 y el gol de Canales para el título de la “U” el 2014. Porque te los recuerdan y porque, además, fueron momentos importantes pa’ mí en el canal. Fíjate que los dos son de la época de CDF. Y a mí me costó mucho: yo soy un gallo que la ha remado duro. Yo hice dos mundiales con TVN, pero al CDF llegué a hacer la Copa UC. Después de muchos años, me subieron a hacer partidos de la A. Después me subieron a hacer los partidos más importantes. Y después de haber llevado ya cinco años en el canal, me empezaron a dar partidos de campeonato. A diferencia de otros que los traen y los ponen al tiro a hacer partidos importantes. Yo he sido siempre de abajo, entonces creo en los procesos, creo en el crecimiento, creo que uno tiene que ir quemando etapas. Entonces estos dos relatos, el de Católica, del Chapa, y primeramente el de Canales, que fue anterior, fueron de los primeros partidos donde yo empecé a hacer equipos grandes. Y en los dos, si tú tienes buena memoria, verás que se dio una coyuntura. La “U” fue campeona aquí y Católica allá, pero no eran primeros actores. En el 2014 se estaban peleando el título Wanderers, Colo Colo y la “U”, y si mi memoria no me falla, si Colo Colo le ganaba a Wanderers en Valparaíso, era campeón. Si Wanderers empataba o ganaba y la “U” ganaba, ganaba la “U”. Si perdía la “U” y Wanderers le ganaba a Colo Colo, era campeón Wanderers. Así de estrecho estaba. Se dieron los resultados para que la “U” fuese campeón. Me tocó con Waldemar (Méndez) y estábamos al aguaite, porque se suponía que la primera opción era de Colo Colo. Acá en Católica, lo mismo. El candidato uno era O’Higgins. Jugaba en casa con la Universidad de Concepción y perdió 2-1, o 3-1, con el gol de Manríquez de mitad de cancha. Y Católica iba perdiendo, y los fantasmas y la cuestión. Y nos tocó que coyunturalmente la U de Conce pega la sorpresa. Entonces se dieron muchos elementos más allá del relato.
La gente de la Católica me recuerda siempre el relato del Chapa, y yo de verdad le tengo mucho afecto a la gente de la Católica. Para ellos representa mucho, y de algún modo la voz de ese título es la mía. Y, de verdad, te juro que lo siento con mucho afecto. Me escriben con mucho respeto. Y ahí claro, yo cité a Pedro Calderón de la Barca, ni más ni menos: “Qué es la vida, una ilusión, un asombro, una ficción. Y todo en la vida es sueño. Y los sueños, sueños son. Y Católica deja de soñar y por fin está siendo campeón”. Y salió bonito, po. Son pequeñas satisfacciones que uno tiene. Y en lo personal, como te digo, eran mis primeras intervenciones con equipos grandes en CDF. No obstante, yo ya había hecho un par de mundiales con TVN. ¿Te fijái? Y yo ya en Agricultura ya había hecho diez años, ya había hecho finales, títulos, de todo. Pero yo primero en CDF, y ahora en TNT, he hecho el camino más que largo.
Enterarme de que existían los Lorcadictos fue una sorpresa brutal. Porque, en general, lo mío siempre ha sido como “no, Lorca lo hace súper bien, es tranquilo”, “tiene buen lenguaje, tira sus cosas”, “es como el relator cultural”, digamos. “Pero es medio de élite”. Mira, era un poco la visión que tenía el antiguo jefe de CDF. “Lo hace súper bien Lorca, pero es un público como el de Católica”. Si por eso la gente debe haber creído que yo era de Católica. Y los Lorcadictos de algún modo te dicen: no, po hueón, cambió la audiencia. La gente, en este momento, valora esta manera de sentir el fútbol y valora este tipo de relato o este tipo de, no sé si humor es la palabra, pero este tipo de sensibilidad.
Un relator tiene que buscar un sello y tiene que arriesgarse. Siempre se lo digo a los alumnos de relato: muchachos, encuentren su manera de contar el fútbol. Pero no porque a Lorca le vaya bien, imiten a Lorca, o a Palma, o a Ernesto Díaz, o al que sea. Que sea propio, que sea tu voz. Porque si yo imito a Lorca y no leís lo que lee Lorca, no te va a salir bien. Si yo me quiero hacer el gracioso como Claudio, yo no tengo esa chispa. No la tengo. Yo perdí mis primeros relatos de la radio Monumental, pero de la Agricultura hay muchos. Y si ves, yo siempre hablé de la contingencia, de literatura. Citaba a Fontanarrosa, citaba a Galeano permanentemente. Hoy a Sacheri. En ese sentido, he sido súper fiel.
Nunca me imaginé que surgieran los Lorcadictos. Fue en pandemia, todos enclaustrados, canal sin posibilidad de transmitir fútbol. Y empiezan a inventar huevadas. ¿Qué cresta hacemos? Bueno, inventan estos campeonatos de FIFA, campeonatos gamers, con el FIFA y el PES, y dicen: lo vamos a televisar, lo van a jugar famosos. Llevaban a cantantes, hasta Kramer jugó. En fin, varios famosos, hicieron varios campeonatos. Y Damián Pérez, que es el productor del canal, el productor jefe de partidos, me dice: “Oye, Alejandro, ¿te animái a relatarlo?” Chucha, le digo yo, sí... porque además me sentía muy comprometido. El canal en eso se portó fantástico: siguió pagándonos a todos y siguió pagando todo, y no había nada. Entonces, aunque me costara, tenía que decirle que sí, porque creo que era una mínima manera de retribuir. Yo soy muy tieso con el computador, pero tenía a mi hijo al lado, los hijos cachan todo, mi hija también. Así que, ya, yo me animo. Empiezo a ver, y no sabía cómo relatar esto: los partidos terminan 5-4, 7-5, locura. Mala cuea, relato como radio. Son cortos, voy a relatar como sea. Y ahí decían: ¡oye, este hueón le pone color! Claro, yo terminaba como tomate, sudaba. Y ya, seguí con el relato radial y de partido de meta y ponga. Y yo creo que la gente me veía así, transpirado, colorado. Además empecé a tirar cositas también. Me acuerdo que ahí tiré la de las cuestiones sanitarias, la de la Evelyn: “Corre más que la Evelyn Matthei hacia la alcaldía”. Y esa mixtura de ver a este gallo que relataba tan rápido, que transpiraba tanto con las frases, yo creo que generó un vínculo afectivo con otro público también. Y ahí empiezan a replicar, a replicar, a replicar y se produce un poco el fenómeno mediático. Fue muy sorprendente.
La página de Lorcadictos llegó a tener como 30 mil seguidores y después la bajaron. Se las botaron. Yo intervine, porque me llamó el chiquillo que está a cargo. Me dice: Alejandro, me la quieren bajar porque no sé qué cosa... Yo no cacho nada. Y técnicamente estaba bien bajada, porque empezaron a replicar con imágenes mías. Que son imágenes técnicamente del canal. Y el canal trató, pero tiene contratado un servicio que te baja de no sé dónde. Bueno, el hecho es que... ahora tiene como cinco mil. Pero llegó a tener cerca de 30 mil. Por eso una sorpresa absoluta con todo eso, nunca me lo esperé.

Los relatores estamos súper expuestos, sobre todo en televisión. En televisión, el relator y el comentarista somos primera línea. A mí, afortunadamente, me pegan poco, y al contrario. En general, las críticas son más cariñosas que agresivas u ofensivas. Siempre las hay, pero a mí me pasa algo con las redes: las veo, pero las filtro. No bloqueo absolutamente a nadie. Pero sí algunos me han sacado de quicio y les he respondido. Y curiosamente hemos entablado a veces diálogo, y yo te diría que en un 90% terminan por reconocerme la razón. Con otros no he podido, digamos, porque ya no quieren no más. Pero son casos muy puntuales. Yo en general leo las críticas, las favorables y las adversas, y las filtro. Porque así como hay críticas favorables que no tienen ningún fundamento, pasa al revés. “Oye, es como las huevas”. ¿Por qué? “Porque es chuncho”. Bueno... Tomo la crítica constructiva, pero cuando tiene fundamento. Y lo mismo con la crítica negativa. “Se equivocó Alejandro, se equivocó acá, acá. Creo que tal cosa”. Cuando te la plantean con respeto y con fundamento, las tomo. Y he reconocido. Una vez me equivoqué en un arquero, y le respondí: “Toda la razón, te ofrezco las excusas, porque efectivamente yo me di cuenta dos minutos más tarde que me había equivocado”. Yo con las críticas convivo, te reitero. Y a lo mejor es porque a mí en lo personal me llegan pocas desde el punto de vista negativo. Esa crítica termo, esa crítica destructiva, esa crítica virulenta no me llega mucho. Y asumo con mucho cariño y con mucha emoción a veces críticas positivas, o el reconocimiento de la gente. Yo no soy como Claudio, que en algún minuto era un fenómeno, que el pobre gallo no se podía tomar un café. Pero de repente me tocan ahí en un negocio, sobre todo el público del fútbol y me piden fotos, dialogar con ellos. A mí me genera mucha emoción que te digan que lo estái haciendo bien. Siempre te dicen: eres el mejor, ja, ja.
En pleno estallido yo no lo pasé bien, y lo pude revertir con la pandemia. Yo no lo pasé bien, porque sufrí un episodio que, fíjate, me afectó más que el tema de la “U”. 2019 tiene que haber sido, Coquimbo, Audax, en Coquimbo. Y se suspende el partido a los diecisiete minutos. Entran hinchas, rompen las cámaras, le pegan a los camarógrafos, suspenden el partido, suben a la tribuna. A mí me muestran una imagen de una señora con un cabro chico, sosteniéndolo, y tipos increpándolos pa’ que abandonaran el estadio mientras ella protegía al niño. Entonces yo digo: puedo entender algunas conductas sociales, pero esto es delincuencia pura y dura, y en la universidad me enseñaron que esto es delito flagrante, por lo tanto, no puedo estar de acuerdo con esto. Y me tildaron de amarillo, por supuesto. Bueno, el tiempo finalmente me dio la razón. Porque uno ya está viejo, po. Yo tengo una formación jurídica, y aunque te digan amarillo... Yo estoy absolutamente de acuerdo con que el modelo genera inequidad y que aquí lo que hace falta no es cambiar una economía de libre mercado; lo que hace falta, porque el sistema estatista-comunista ha fracasado donde sea, es que este sistema sea rigurosamente vigilado y fiscalizado, y que no haya colusiones y que el hueón que se colude sea sancionado como en Estados Unidos. ¿Cuánto robó, señor, mil millones de dólares? Okay, su sanción va a ser de mil 200 millones de dólares. Señor Clark, ¿cuánto profitaron los de Sartor..., 500 millones de dólares? Perfecto, se devuelven los 500 millones de dólares. Y usted no puede ejercer más como director en empresas reguladas por la CMF por tres años, cinco años, lo que sea. Sanciones duras. No las clases de ética de antes, que eran un chiste.
Yo soy un gallo absolutamente de centro, mi referencia política desapareció. Yo era muy pro Patricio Aylwin, un gobierno de Ricardo Lagos. De la buena Concertación. Piñera I me pareció un correctísimo gobierno. Bachelet I me gustó mucho. Frei no tanto, fíjate. Pero Aylwin hizo un extraordinario gobierno en un tiempo durísimo. Esa es mi línea, digamos. Yo era de la antigua Concertación, o de la antigua Democracia Cristiana, si me piden una referencia política. Ya desaparecida, por cierto, no comulgo con las actuales.
Como hincha, estoy dolidísimo con la “U”. Me duele el corazón, me parece impresentable esta dirigencia. Lo dije el 2021, lo reiteré el 2024. Creo que es una gestión desastrosa, paupérrima y que no es un tema de que seamos sociedad anónima. Si la forma de administración jurídica de un club es casi un tema distinto. O’Higgins de Rancagua es una sociedad anónima y ha sido exitosa, lo ha hecho bien. Católica lo ha hecho bien. Si aquí el tema no es cómo los administramos jurídicamente, es que una sociedad anónima reconozca que el fútbol es, por sobre todo, un patrimonio social y un patrimonio de sus hinchas. Y que si bien respondes a dueños y a accionistas, uno tiene que fundamentalmente hacer una gestión por la gente y para la gente. No es verso ni populismo: el alma, sobre todo de un club como la “U”, es su gente, sus hinchas. De los buenos hinchas, no de los hueones que andan sobornando ni amenazando con no entrar al estadio. Yo me refiero al hincha que es apasionado, que sigue a la “U”, que tiene una historia y que siente esa camiseta como parte suya. No el delincuente habitual que después está haciendo pelotudeces, se va a Argentina y “porque somos los más choros” le vamos a tirar los water a los hinchas de Independiente. No, al hincha verdadero, al hincha que ama la “U”. Ese hincha tiene que tener voz, tiene que ser escuchado. Tiene que tener un estadio, participación, tiene que ser querido, tener un carnet de socio que le permita entrar a un precio preferencial. Tiene que sentirse apañado por el club. Y ojalá todos los accionistas sean hinchas de la “U”, pero, por sobre todo, si no es posible, tiene que haber una instancia de comunión permanente con la gente.
A la “U” en los tiempos malos la sostuvo la gente, no Sartor. Si la prensa los dejó al descubierto: de siete dirigentes, cinco eran hinchas de Católica confesos. Y había fotos de los hueones con la camiseta de la Católica. A mí no me vengan con cosas: Clark nunca ha sido hincha de la “U”. Entonces, a mí me duele mucho la “U” y no sé qué va a pasar ahora. Porque claro, la dirigencia actual que comanda Cecilia Pérez son todos designados por Sartor, por ese grupo. Parece que es un karma esta cuestión.
La “U” es, potencialmente, el club más potente en el fútbol chileno, incluso más que Colo Colo. No digo que sea el más ganador, si eso es un hecho objetivo que lo es Colo Colo. Son números y estadísticas. Pero el hincha de la “U”, el verdadero hincha, es el más ilustrado, el más pasional. Con una dirigencia sana y con una hinchada sana, nosotros tendríamos hace mucho rato un estadio. ¡Pero hace mucho rato!
Mi ídolo de cabro chico era el “Lulo” Socías. Y de más grande son varios. Ya sacándome la camiseta: Elías (Figueroa) y Salas... Salas es, pa’ mí, el mejor delantero de todos los tiempos. Caszely extraordinario, y lo he podido constatar como persona, he tenido un par de conversas con Caszely y es un crack, maravilloso. Superman Vargas, Leo Rodríguez, Rivarola. También he trabajado con Superman. Me he hecho amigo de jugadores en su retiro. Yo de jugadores activos, casi por principios tengo saludos cordiales, cómo le va, qué sé yo, pero no tengo relación. Con los retirados sí: Superman. O Johnny Herrera, que es un chiquillo encantador. Medio termo, ja, ja, ja, pero muy chistoso. Lo quiero mucho. El “Mago” Valdivia también era extraordinario jugador, y Alexis. Por ahí van los tiros.
Sueño con relatar a la “U” en una final de Libertadores. Estaría en un estado..., no sé, ¡tendría que tomarme pastillas pa’ tranquilizarme!, ja, ja, ja. Y segundo, dejaría el alma, la vida. Y estuve a punto. El 2010, si la “U” pasaba, me habían dicho en la Bío Bío relatái tú la final. Estuve a un partido. Yo pensé que a los mexicanos acá les ganábamos… Pero bueno, también siempre ha sido un sueño relatar partidos importantes de la selección. A la selección chilena la he hecho harto en la radio, pero en televisión nunca. A lo mejor un partidito ocasional, pero hacer selección de manera constante, permanente, no me ha tocado.

Retomé el taller de relato el año pasado. El taller había partido hace harto rato: lo hice cinco años, tres con Claudio Palma y los dos últimos dos solo en ProVoz, que es el mejor instituto que hay en materia de coaching vocal. Todos los doblajistas de este país salen de ahí, todas las series que son dobladas en Chile las dobla ProVoz. Está Loreto Araya, la dueña, y le llevé un proyecto para hacer un curso de relato, y ella, que es muy futbolera, lo agarró ipso facto. Lo hicimos hasta el 2018, el 2019 lo íbamos a hacer pero el estallido lo impidió. Yo lo hice cinco años, como te decía, y después lo retomamos el año pasado, pero lo retomamos de manera coyuntural. Yo fui a dar una charla con Pancho Sagredo a la Universidad Católica, y en esa charla se acerca un chiquillo, que era estudiante de periodismo, y me dice que va a proponer que haya un taller de relato como complemento a los periodistas. Ya, le dije yo, sin mucha fe. Y al poco tiempo, me llama a una reunión con su profe, que era el director de comunicaciones de la Católica, y que yo no tenía idea pero habíamos trabajado juntos en TVN. Hicimos buena onda y elaboramos un curso. Lo hicimos el año pasado y lo replicamos este año. Estamos en la Católica, en la Facultad de Comunicaciones, nos creció el pelo muchísimo, ja, ja. Y es una linda experiencia. A mí igual me asusta un poco, pero nosotros le recalcamos a los chiquillos que es un taller. En ProVoz era un curso más largo, duraba tres meses, acá es un taller de un par de semanas. Un taller introductorio, que les da tips y que, rápidamente, les expone en poco tiempo lo que es esto del relato. Y le damos un barniz general, porque también está Basaure, que hace táctica y estrategia; Miguel García, profesor de historia que les habla de la historia del fútbol; Samuel Villarroel, un actor que les ayuda con la educación de la voz, e Iván Guerrero, exárbitro. Yo hago relato radial y televisivo, y tengo de ayudante a Fabián Astudillo, un relator joven del canal que fue alumno mío, de las primeras camadas. Con él hemos hecho estas dos versiones y es una linda experiencia para tratar de traspasarle algunas ideas a estos cabros: que vayan con calma, que se desarrollen orgánicamente, que busquen un estilo, que este estilo llega con el tiempo, que lean mucho, que utilicen buen lenguaje, que primero relaten y luego se preocupen de ser famosos. Porque aquí todos quieren llegar rápido arriba y aparecer en la tele, en las redes sociales. Yo entiendo que hago una pega pública y una consecuencia de eso es que la gente te ubique, te conozca, alguno te pida una foto, y lo hago con el mayor agrado. Pero yo prefiero pasar piola. Por eso me gusta la radio, porque te da anonimato.
La mayor satisfacción de mi vida es que estoy haciendo lo que amo, me gano la vida haciendo lo que amo. Y, fundamentalmente, que tengo una señora maravillosa. Treinta y tres años de matrimonio, con dos hijos sanos, dos hijos que están buscando su consolidación profesional. Mi hija egresa este año, mi hijo está tratando de acomodarse, de encontrar una pega estable. Y también que tengo amigos de la vida. Tengo una buena vida, digamos, una vida tranquila. Mis dos pilares son mi trabajo y una señora que me ha apañado y que me ha aguantado. Nosotros somos como los futbolistas porque no estamos nunca, po: te perdís matrimonios, cumpleaños, graduaciones, con cuea vai al matrimonio propio..., y no es fácil pa’ las mujeres, pero mi señora ha sido un siete, un encanto. Queda agradecerle y seguir queriéndola por muchos años más, nomás.
Lo más difícil han sido las pérdidas. La pérdida de mi papá muy joven, de mis dos hermanos. Tengo a mi mamá con muchos años, muy delicada, con una demencia senil que me significa mucho desgaste emocional y económico. Yo te diría que eso, por lejos.
Si no hubiera sido abogado, relator, me hubiera gustado ser periodista. Me encanta también, pero no tenía ningún dedo pa’l piano, arquitecto. Me gusta el diseño, pero no, no, nada. Así que habría sido periodista para dedicarme mucho al deporte. Y quizás, con tiempo, escritor, porque yo estudié un semestre literatura. Quizás entre literatura y periodismo, como Pancho Mouat, ja, ja, ja, una cosa así.
¿Un apodo mío que no se sepa? Pollo. En el colegio, todos mis compañeros del colegio me decían así. Y mi círculo más cercano, que hoy por hoy ya no está. No tengo hermanos, no tengo papá, mi mamá está pero no está. Así que mis compañeros de curso y algunos de la universidad. Pollo, ja, ja.
Un sueño pendiente de mi vida es seguir viajando. Amo viajar. Fíjate que estoy viejo, tengo sesenta, y el año pasado pude por fin ir a Europa. Por un montón de razones, económicas, laborales, nunca había ido. Salvo una vez que había ido por radio Agricultura pero a trabajar. Ahora me tomé veinticinco días con mi señora y, uf, quiero volver. Lo clásico: Madrid, Barcelona, París, Bélgica, Italia, Roma, Florencia, Milán. Quiero volver y, cada vez que las lucas den, he descubierto que viajar es mi hobbie. Viajar con mi señora.

Otra cosa que quiero es tener salud. De repente salen achaques... el otro día tuve un cólico renal, y es como la consciencia de que el de arriba te dice: tenís sesenta. Estái bien, pero tenís sesenta. Haz ejercicio, almuerza. Yo soy muy despelotado pa’ las comidas. No es que coma mal, pero a veces no almuerzo, como en la noche cuando no hay que comer. Entonces, es el valor de la salud cuando uno se va poniendo más viejo. Porque de verdad te surgen achaques que antes no teníai, ja, ja, ja
¿Mi frase favorita? Hay muchas, pero hay una que me gusta mucho que es de García Márquez: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.
Tengo varias picadas: la Pizza Roma, la Parrilla del Momo. Y bueno, no sé si es picada pero yo soy un cliente habitual, permanente, del Tavelli del Drugstore. Ah, y la Fuente Suiza, allí en Irarrázaval.
Con mi primer sueldo compramos un living para la futura casa, invité a mis papás a comer. Y me compré una chaqueta, porque tenía que ampliar un poco el vestuario.
Religiosamente nos juntamos, al menos un par de veces al mes, con ciertos amigos en determinados lugares. En el café, fundamentalmente. Esa quizás sea una pasión. Otra, es que escucho mucha radio.
Tengo poquito menos de dos mil libros. Aquí en la oficina deben haber unos ochocientos. Comprar libros es una afición. Y leerlos, no son adornos. Pero lamentablemente mi capacidad de compra es mayor a mi capacidad de lectura, ja, ja, ja.
Mi playlist de Spotify tiene de lo que se te ocurra. Te nombro: clásicos en inglés, Cat Stevens. De hecho, mi gato se llama Cat Stevens. Sting, Ana Belén, Fernando Ubiergo que me encanta, Gatti, Illapu, Los Jaivas, Inti Illimani, Soda Stereo que era de mi época, Mocedades, Perales. Me gusta Perales, de los pocos conciertos a los que he ido uno fue de Perales. Serrat: en español, mi favorito. Me encanta Serrat. Peter Gabriel también. Víctor Manuel, Billy Joel. Es un popurrí más o menos, ja, ja, ja. Ahora estoy tratando de encontrar entradas para Ed Sheeran. También tengo en mi lista a Evanescence y Lady Gaga, Sia, Pink.
Me he puesto llorón con la edad, mi papá me mata. Y con algunas películas... El hijo de la novia, de Darín. Ahora el fin de semana fui a Buenos Aires, como te contaba, y vimos Desde el jardín, la obra de teatro con Francella. También apreté la garganta, ja, ja.
Si pudiera tener un superpoder sería ser invisible. Pa’ enterarme de algunas cosas y pa’ pegarle, sin que me vean, a algunos hueones abusivos, prepotentes de mierda.
Leo el horóscopo de repente, pa’ divertirme, pero no creo. Pocazo.

Si pudiera ser cualquier persona por un día, elegiría ser Trump, pa’ ver cómo se cuecen las cosas de verdad en el planeta Tierra. Pa’ ver cuáles son los manejos... y pa’ tomar alguna decisión más coherente o, por lo menos, intentar más coherencia, más justicia, más razonabilidad y no tanta pasión.
Un placer culpable es el chocolate. Incluso me cae mal a la guata de repente, porque yo me siento a ver un partido o a leer un libro, sobre todo en invierno, y me compro un Trencito grande, me lo empiezo a comer... ¡y se acabó, hueón! De hecho, ahora estoy controlándome, porque soy tonto pa’l dulce. Pa’ la Coca Cola Zero también soy bueno, al punto de que también estoy controlándola y tomar más agua... porque, a los sesenta, causa más daño.
¿Comida favorita? Las carnes, las pastas. La buena pizza. Pero sí, una rica carne con ensaladita, con unas buenas papitas fritas, maravilloso.
Y trago favorito, una buena copa de vino. O una cervecita. Pero me voy por los espumantes, la champaña. No soy de tomar de fuerte. Tomé en mi época universitaria la clásica piscola, pero soy de guata media delicada, entonces me caía mal. Y noté que con la cerveza y el vinito, ni un drama.
Fantaseo con que si alguna vez muerto hay algo, una dimensión distinta, no solamente me voy a encontrar con mi papá y mis hermanos, sino que de repente digo: me voy a encontrar con Nerón, con algún emperador romano, con Albert Einstein, con Churchill, no sé, ja, ja, ja
Si pudiera invitar a tres personas de toda la historia a un asado, con copete, sería a Roberto Fontanarrosa, Mario Vargas Llosa y Miguel Ángel. Por mi formación humanista, básicamente, me encantaría cagarme de la risa con Fontanarrosa. Eso por el lado literario y futbolero. Y después me gustaría escucharlo hablar y quedarme callado, poder preguntarle cosas a Mario Vargas Llosa. Por su temática, por sus libros. Y el tercero, que viene mucho por lo que viví en el viaje a Europa: conversar con Miguel Ángel. Y preguntarle: ¿cómo chucha hiciste lo que hiciste, hueón? Porque, de verdad, en la Capilla Sixtina..., si bien soy católico pero a mi manera, ignaciano y los jesuitas son bien especiales, tú decís: es imposible que en el 1500 y tanto, cuando fue pintada, un pelotudo subido en un andamio, acostado en el andamio, con la pintura cayéndole en los ojos, haya pintado esto solo. ¡Es imposible, hueón! Alguien, algo, le tomó la mano y le dijo: maestro, usted está destinado a otra cosa en la historia de la humanidad, pintemos juntos. Es una locura. Y la Capilla Sixtina fue impresionante para mí, es monumental. Una cuestión que, a los que tenemos cierta formación religiosa y cierta creencia, es única.
Alejandro Lorca es un abogado que ejerce como relator y que, a través de los goles y de su relato, quiere seguir siendo feliz.
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