La cacería de Dzhokhar Tsarnaev, el terrorista de la Maratón de Boston

Autor: La Cuarta

Ocho años pasaron desde el atentado en Boston, aún considerado como el peor ataque que recibió Estados Unidos luego del 11S. Murieron tres personas y casi 300 vieron sus cuerpos mutilados. Una carnicería que propiciaron dos hermanos chechenos mediante la instalación de dos bombas de olla a presión. Uno de ellos, el mayor, murió tres días después en un tiroteo contra la policía. El otro, Dzhokhar Tsarnaev, fue condenado a la pena de muerte. Pero apeló y ahora aguarda por el final de la historia.


—Lo tenemos, la cacería ha acabado.

Eso fue lo que dijo uno de los agentes del FBI a través de su comunicador, y aunque se trate de su trabajo, de que probablemente pasó por esto cinco, diez, veinte o más veces antes, uno se atreve a imaginar que esta vez, ahora que por fin tenía esposado a Dzhokhar Tsarnaev, 19 años, único sospechoso vivo de haber atentado el lunes 15 de abril de 2013 contra la Maratón de Boston, matando a tres personas y dejando a otras 282 heridas, su voz contenía mucho de alivio pero también de satisfacción.

Esa noche del viernes 19 de abril, un aplauso espontáneo acompañó la detención. Luego fue el turno de los vecinos de Watertown, ciudad situada a unos 12 kilómetros al oeste de Boston, que con el paso de los minutos fueron acercándose hasta las afueras de una casa en el número 67 de la calle Franklin. Allí, en el patio trasero acorralaron a Tsarnaev, que ensangrentado se escondía al interior de un barco.

El golpe policial se celebró en las calles, como cuando los hinchas de un equipo se reúnen acaso en un punto emblemático de una ciudad para desatar su euforia. Tal vez alguno llegó a descorchar una botella. Y claro, en la policía también. Desde el lunes 15 hasta la madrugada del viernes 19, cuando los agentes lograron abatir al mayor de los Tsarnaev, Tamerlan de 26 años, durante un tiroteo, pero permitieron el escape de Dzhokhar, la operación se percibía como un fracaso.

—No lo tenemos pero lo tendremos —avisaban, aunque con un acentuado pesimismo.

Fueron horas complicadas. Los vecinos se la pasaron encerrados, rodeados de vehículos policiales, escuchando a un helicóptero sobrevolar desde la madrugada, sin otra posibilidad que sintonizar las noticias y rezar por que detuvieran a los culpables de todo lo que padecían. Un escenario de incertidumbre y tensión que no se advertía en Estados Unidos desde el atentado a las Torres Gemelas una docena de años antes.

Por eso la alegría.

«Jahar» en sus últimos minutos como hombre libre.

The bomber

El número de agosto de 2013 de la revista Rolling Stone presentó en su portada un primer plano de un joven con los aires de Bob Dylan joven: cabello despeinado, ojos marrones y mirada amable. Pero no se trataba de un músico como Bob Dylan, ni tampoco de una celebridad como las que suelen protagonizar las tapas de la publicación. Era Dzhokhar Tsarnaev.

¿Por qué se le estaba dando un tratamiento de rockstar al coautor del atentado contra la Maratón de Boston?, se apresuraron en reprochar miles de lectores a la revista.

Trucaron y enviaron portadas improvisadas con imágenes de las tres víctimas o del resto de personas mutiladas tras el acto terrorista. Hubo también un llamado para cancelar las suscripciones. La cadena de farmacias CVS anunció un boicot contra los ejemplares y Walgreens se sumó, explicando que por sus estantes no pasaría ninguna de las revistas. En concreto, una funa antes de las funas.

Rolling Stone, que intentó matizar la fachada incluyendo en la parte inferior un texto que adelantaba “cómo un popular y prometedor estudiante se convirtió en un monstruo”, se defendió:

—El tema de portada entra dentro (…) del compromiso de largo alcance de la revista Rolling Stone de una cobertura seria y reflexiva de las cuestiones políticas y culturales de actualidad más importantes del mundo.

La portada de la discordia.

Dejando de lado la discusión ética, al interior del número Rolling Stone dedicó varias páginas a un completo artículo para deconstruir al joven de origen checheno. Allí, apenas un mes después de que Dzhokhar dijera ser inocente de los 30 cargos en su contra, con base en una serie de entrevistas a profesores, amigos, vecinos e incluso agentes policiales, dieron forma al perfil y los motivos de un adolescente devenido en terrorista.

Apodado “Jahar” por sus más cercanos, entonces el menor de los Tsarnaev era percibido como un tipo relajado, humilde, de buenos modales y dueño de un moderado éxito entre las mujeres. Había sido capitán del equipo de lucha libre del Cambridge Rindge y Latin School por dos años. Sus profesores lo describían como un estudiante prometedor. Le gustaba el fútbol, el hip-hop y las series. The walking dead y Game of thrones, por ejemplo. Le gustaba, también, fumar marihuana.

Pero algo había cambiado sin que ninguno de sus cercanos lo notara. La evidencia es que en el barco donde dieron con el paradero de Dzhokhar Tsarnaev, en el que además el equipo de la FBI lo persuadió para rendirse, estaba garabateada una regla yihadista sobre una de las paredes.

Claro, también estaba la otra evidencia: cuatro días antes, él y su hermano mayor, Tamerlan, concretaron el mayor ataque terrorista contra Estados Unidos desde los ataques al World Trade Center y al Pentágono. Ubicaron prolijamente, sin que nadie sospechara, dos bombas de olla a presión cerca de la línea de meta, en la calle Boylston.

La primera explosión se produjo a las 14.50 hora local, y la siguiente, doce segundos después. Al momento de detonarse la primera bomba, el reloj de meta marcaba cuatro horas, nueve minutos y cuarenta y tres segundos. Habían cruzado la línea 17 mil 580 competidores. Aún quedaban corriendo alrededor de seis mil. Tres personas fallecieron —Krystle Campbell, Martin Richard y Lingzi Lu— y otras 282 perdieron extremidades o sus ojos.

“Jahar” y su hermano llevaban en el país cerca de una década. De hecho, el menor había obtenido la ciudadanía estadounidense el 11 de septiembre de 2012.

Sus amigos creen o quieren creer que su hermano mayor, Tamerlan, que en algún momento de 2009 desarrolló una pasión por la religión musulmana y que en 2011 ya había enterrado todo rastro de pertenencia a los Estados Unidos, le lavó el cerebro.

La detención…

El desenlace de “Jahar”

Condenado a pena de muerte.

El viernes 15 de mayo de 2015, luego de catorce horas de audiencia en Massachusetts, se determinó que Dzhokhar Tsarnaev era culpable de seis de los diecisiete cargos posibles para efectuar la pena capital.

Entonces, quedó condenado a pena de muerte y se le aplicaría la inyección letal.

«Jahar», cuando estaba libre.

Pero el último viernes de enero de 2016, “Jahar” apeló. Pidió la revisión de su condena, porque en su opinión hubo errores en la selección del jurado y se suprimió la evidencia de que su propio hermano habría cometido un triple asesinato previamente. Dijo, en otras palabras, que en el atentado de la Maratón de Boston actuó bajo la influencia de Tamerlan.

En julio de 2020, el Tribunal de Apelación del Primer Circuito estadounidense ordenó reabrir el juicio en la fase penal, revocando su sentencia de muerte. Eso sí, aclararon que “Jahar”, en el mejor de los casos, pasará el resto de sus días tras las rejas por sus “actos indescriptiblemente brutales”.

“Una de las principales promesas de nuestro sistema de justicia penal es que incluso el peor de los acusados merece ser juzgado con justicia y castigado legalmente”, argumentaron para tomar esa decisión.

Tanto el gobierno de Donald Trump como el de Joe Biden han buscado que la Corte Suprema restablezca la sentencia original. El actual mandatario se refirió a “Jahar” como un “yihadista radical empeñado en matar estadounidenses”.

Hoy, detenido en la prisión federal de Florence, Colorado, Dzhokhar Tsarnaev espera saber su final.

Seguir leyendo