Constanza Gutiérrez y su mirada del amor: “Es muy loser tener vanidad con alguien que uno ama”

Autor: Guido Macari

La escritora recientemente lanzó su cuarto libro, el segundo de cuentos, Pelusa Baby. Son 19 relatos que abordan a sus personajes desde el humor y lo pop, sin “juzgar a nadie por su patetismo”. En conversación con la editora Paz Balmaceda y su colega Camila Gutiérrez, habló de la dignidad, de los hombres “weas”, su relación en Temuco y más.


En mayo, la escritora Constanza Gutiérrez publicó su cuarto libro, Pelusa Baby (Alfaguara), que son 19 cuentos, repletos de humor y referencias pop que se adentran en personajes insatisfechos, atrapados.

El 8 de julio, a través de Instagram, la autora conversa con su colega y guionista, Camila Gutiérrez —también conocida como “Joven y Alocada”—, y con la editora del libro, Paz Balmaceda.

El diálogo arranca con un tema sin demasiada relación a Pelusa Baby, sobre la cuenta que tiene Constanza en Instagram. “Es la única pregunta que no es del libro”, asegura Camila y entrega un poco de contexto, diciendo que muchas veces su colega sube fotos en la red social, para luego borrarlas.

—Quiero saber por qué haces eso.

—Hay dos razones —dice Constanza—: A veces me dan vergüenza, porque me da vergüenza casi todo; si me ponen muchos likes o muchos «bonita» me da vergüenza… Pero principalmente es porque a veces miro el Instagram y está todo verde, y hay una cosa rosada, y la borro porque se ve mal en la página, en el feed. Me gusta que calcen un poco.

Camila y Constanza en la conversación vía Instagram.

Luego, entran en materia. Constanza lee uno de los breves relatos, “Cyberlove”, el cual retrata un amor por internet que, frase a frase, se envuelve en un imaginario propio del Lejano Oriente.

Termina la lectura y Camila le pregunta: “Perfectamente pudiste haber hecho un cuento muy directo, en que el escenario fuera Tinder, y no pareciera como un relato mítico…”. Pero no.

—Quisiera saber por qué te salió así….

—Solo se me ocurrió —responde la autora, quien luego agrega—: Me gusta que interpretara a mucha gente, que fuera amplio, como una canción pop. Porque todo el mundo se enamora por internet, pero cada uno con sus diferencias, con sus propias circunstancias. Entonces esta circunstancia de la princesa del Lejano Oriente era ajena a todos.

—Pero en general haces esos enrarecimientos; por ejemplo, estaba pensando en uno de los cuentos, «Mi cola y yo» —plantea “Joven y Alocada”—. ¿Es siempre por la vocación «canción-pop»?

—No siempre, ¿sabes?, no tengo respuesta.

Y es que, respecto a ese cuento, un día Constanza simplemente se despertó y pensó: “¿qué voy a escribir hoy día?». Y lo primero que se le vino a la mente fue el título: «Mi cola y yo». Y así surgió la idea: “Ah, un niño con cola”.

De hecho, le preguntó a varias de sus amistades: «¿Te parece muy estúpido un cuento de alguien con cola?»

—Así de dudosa estaba —recuerda—. No tengo respuesta racional, son cosas que se me ocurren.

“El wea”

La editora Paz Balmaceda destaca que el libro pone sobre la mesa reflexiones muy generacionales, en relación “a la literatura y al trabajo”. A lo que Constanza responde:

—A todos nos vendieron que si íbamos a la universidad se iba a solucionar algo, pero nadie dijo que solo eran ciertas carreras… o sí lo dijeron, pero uno se imaginaba cosas mejores. La universidad aseguraba un poco, pero un poco nomás. En mi generación, o en la nuestra, es nada. Pero mis papás rompieron el círculo de la pobreza con la universidad.

Luego, Camila le pregunta sobre la “dignidad”, un tema que le parece recurrente en el libro. Y ahí usa de ejemplos los relatos “Jenny sin señal” y “El desocupado y la cautiva”.

—Siento que, con distintos niveles de goce, en ambos cuentos está el tema de doblegarse al otro… Quería saber: ¿en qué te inspiras?

—Creo que eso de entregarse es una cosa de decir o no decir, porque todo el mundo, en su corazón, le ha dado todo a otra persona. Otra cosa es que lo admita o no. He cachado que hay gente que no lo admite, y encuentro que en el arte es imperdonable no hacerlo. Es muy loser tener vanidad con alguien que uno ama.

Eso sí, la autora advierte: “Creo que en la vida está bien tener dignidad”, luego hace una diferencia: “Pero en un cuento no, ¿para qué?”.

Pelusa Baby.

Y así, la conversación avanza hacia una temática que a Camila le llamó la atención, la arquetípica figura de “el wea”, la cual es recurrente en los personajes masculinos que aparecen en los cuentos.

—¿Cómo definirías esta figura del “wea”? —pregunta Camila

—Supongo que sigo encontrando al mismo tipo de hombre “wea”. Entonces, cuando me quiero reír del «honvre», lo uso. Parece que sigo pensando lo mismo y a ese tipo de sujeto lo encuentro un imbécil… Igual, hay distintas maneras de ser «wea».

Y ahí, a modo de ejemplo, usa a un personaje de su novela Incompetentes (La Pollera, 2014), Matías, a quien describe como un sujeto “arrogante, súper seguro de sí mismo, y que dice cualquier cosa y hay que escucharlo porque es él”.

—¿Han cachado que si las mujeres cocinamos, cocinamos—agrega—. Y si el hombre cocina es chef inmediatamente; hizo unos tallarines culiados y hay que agradecérselo con fervor… Matías era ese wea.

El amor

Después, la siguiente pregunta para la escritora es: “¿Cuáles son los temas en que siempre estás insistiendo?”.

Y Constanza no demora en decir, como si viniera con la respuesta pensada de antes:

—El amor. Estoy como desde los siete años escribiendo del amor.

Entre medio, uno de los usuarios que está viendo la conversación, escribe en el chat sobre un tema del que ya habló, sobre cómo saber si se está siendo digno en una relación de pareja.

Ante eso, la autora se la juega con su opción, aconsejando al confundido espectador:

—Usa tu intuición. Si te preguntas si estás siendo indigno, es porque estás siendo indigno. Si algo te salta en la mente es porque estás mal.

Luego, su colega añade:

—No, yo también soy una persona muy indigna, cruzo esa barrera todo el tiempo.

Eso sí, Constanza advierte que, en su opinión “igual siempre depende de la persona”, porque “habrá quien diga que soy fría y habrá quien diga que soy una indigna”.

“Un libro feliz”

Camila le comenta lo que ha leído y escuchado sobre Pelusa Baby; por ejemplo, que el escritor Gonzalo Maier lo describió como “un libro feliz». Y esa es una opinión que ella ha escuchado con insistencia, y que, de hecho, la comparte.

—Quería saber si tenías alguna respuesta para eso —le pregunta.

—Tengo una respuesta, aunque es medio ridículo cuando uno hace interpretaciones de su propia obra —comenta antes de meterse de lleno a contestar—: Pero creo que es porque en los cuentos intenté no juzgar a nadie por su patetismo. Supongo que es un libro feliz porque pasan cosas malas, pero la vida sigue.

Tanto Paz Balmaceda como Camila piensan que esa cualidad de los relatos se debe a la libertad con que están escritos.

“Creo que hay una escritura que tiene hacia la imaginación, y eso lo hace tener salidas que son muy inesperadas”, dice la editora de Alfaguara, para dar pie a que “Joven y Alojada” le pregunte a la autora:

—Quería saber si habías conquistado esa libertad…

Ahí, para responder, Constanza se remonta al 2017, cuando hizo otra publicación con cuentos, Terriers. “La vez pasada que saqué un libro lo hicieron pico por todos lados”, relata.

De hecho, rememoró una crítica de Patricia Espinosa, de LUN, quien tuvo pocos elogios para aquellos relatos: “Lo más interesante de estas simplonas narraciones realistas y lineales, basadas en monólogos matizados con diálogos sencillos, es ubicarse en un límite entre lo literario y la escritura de apuntes dispersos e inconclusos en torno a estilos de vida”.

Ante eso, Constanza pensó algo así como «bueno, si todos van a opinar mal, voy hacer lo que yo quiera»; eso sí, aclara que no es que antes escribiera con menos libertad, sino que “era más tímida”.

Aun así, por aquel entonces, Terriers igual se las arregló para estar entre los 15 finalistas del certamen hispanoamericano Premio de Cuento Gabriel García Márquez (2018).

Constanza leyendo Terriers.

Ahora lo ve con más perspectiva, sabe que “lo peor que puede pasar es que me hagan una crítica en el diario donde digan que soy retrasada en circulación nacional… y ya me lo han hecho; entonces ahora puedo escribir lo que yo quiera”.

El método Pelusa Baby

Constanza nació en 1990, en Castro, en la Isla de Chiloé. Cuando tenía 15 años, se fue a vivir a Temuco, donde “todos se reían de mí y me hueviaban por mi acento”. Fue ahí donde pasó todo el resto de su adolescencia, en un lugar que “odiaba”… Ya más adelante se trasladó a Santiago, donde vivió durante una década, hasta su 30.

Con la pandemia, hace ocho meses regresó a la ciudad de La Araucanía, tierras en donde vive su madre.

Ahora, Camila le pide que describa Temuco para alguien que no habita aquella ciudad. Así, Constanza, tras una breve pausa, piensa y va soltando frases, una idea tras otra:

—Bueno, vivir en Temuco es distinto a vivir en Santiago en el sentido de que no hay Metro y cosas de ciudad grande. Pero es una ciudad. Al mismo tiempo, es una ciudad pequeña y no hay campo. Estoy en la mitad de la nada, soy una suburbana: no sé ordeñar una vaca, no tengo idea de qué hacer con un chancho y me subí al Metro por primera vez a los 17 años. Es todo desventajas en Temuco. Pero es tranquilo, es bonito. En primavera se llena de cerezos y camelias. La gente, que no son los dueños de Temuco, es muy bacán.

Así la charla transcurre.

Entre medio, uno de los espectadores hace otra pregunta a través del chat: quiere saber cuál fue “el momento más relevante de tu vida para empezar a escribir”.

Constanza responde rápido, como si ya se lo hubieran consultado más de una vez:

—Me mostraron Papelucho, a los siete años. Y ahí empecé a escribir. Creo que esa es la respuesta.

Y después llega la última pregunta sobre el libro, que es sobre el cuento que da título a la colección, “Pelusa Baby”.

En este relato, la protagonista tiene una gata, Pelusa Baby, a la que intenta imitar en su forma de actuar, trata de ponerse en las patas del felino para actuar como este lo haría si estuviera en sus zapatos. Ese es el método que quiere aplicar para su vida, porque Pelusa Baby es pura dignidad, no se deja doblegar ante nada ni nadie, a diferencia de muchos de los personajes del libro.

Sobre eso, la escritora comenta que “se me ocurrió porque me sentía como esa persona que está en ‘Pelusa Baby’”, aunque Constanza ni siquiera tiene una mascota de esa especie.

—Quería ese método —asegura ella— .Pero todavía no me resulta. Aún no logro dominar el método Pelusa Baby.

Camila, que es su amiga y la conoce, no está de acuerdo con esa declaración:

—Para mí eres un despliegue de Pelusa Baby.

—Wow, gracias. Intento ser como Pelusa Baby… Encuentro que soy de «sangre caliente», porque me apasiono para bien y mal, con toda la intensidad posible. Si alguien me dice algo que me molesta, me hierve la sangre; pero si alguien me dice algo que me encanta, estoy enamorada y fin. Cuando me hierve la sangre me cuesta caleta no contestar. Por ahí se me ocurrió el método Pelusa Baby.

¿Robar libros?

Hoy, Constanza pasa sus días en distintas labores. Quiere escribir un nuevo libro, de 50 cuentos. También corrige y a veces traduce textos.

Y para cerrar, otra espectador lanza un nueva pregunta: “¿Qué libro te robarías si conocieras a una persona horrible con una biblioteca increíble?”

—Oohh —exclama la autora, quien luego responde—: De repente, algo que no pudiera conseguir, como una primera edición. Pero, ¿sabes?, ya he ido a lugares de gente horrible con biblioteca increíble, e igual ni me he atrevido.

—Sí, da pena pelarse los libros —agrega Camila.

—Creer que uno debe tener un libro para leerlo es como casarse con alguien para acostarse con él. No necesito tenerlos, tengo pocos libros.

Revisa acá la conversación completa

 

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