El algoritmo Marcianeke y la cocina de un hit en el siglo XXI

Marcianeke
Marcianeke

Es el fenómeno musical chileno del año. Canciones como “Dímelo má”, acumula millones -sí, millones- de reproducciones en las plataformas digitales y su música suena hasta en el camarín de la selección chilena. Su caso es un ejemplo de cómo la industria musical ha cambiado y ha generado nuevas lógicas en la construcción y difusión de un hit. Acá, un análisis a una estrella de la nueva era.

Presentado por Maicao y La Polar

Fue una decisión acotada, pero acabó marcando una trayectoria. El momento clave en la vida de Matías Muñoz, un muchacho de 19 años aficionado al reggaetón, los tatuajes y los completos, fue cuando dejó atrás su identidad artística de Mati Boy y optó por el nombre más repetido en las plataformas digitales en estos días: Marcianeke.

Alguna vez detalló que ese nombre llegó por una necesidad de encontrar una identidad. Se inspiró en uno de la decena de tatuajes que luce en su cuerpo. “Tengo tatuado un marciano, pero pensé que marciano solo era muy fome, entonces decidí que mi nombre artístico sería Marcianeke”, le contó a Eyey.

Palabras más, palabras menos, Marcianeke es el fenómeno musical chileno del 2021. Y sus cifras, sorprenden. Tres de sus canciones se mantienen firmes dentro del Top 50 Chile de Spotify. Su hit “Dímelo Má” acumula la friolera de 21 millones de reproducciones en la plataforma y su videoclip ya supera los 19 millones de vistas en YouTube.

Marcianeke
Marcianeke

Se trata de un muchacho tímido y enjuto, oriundo de Talca. De chico le gustaba el reggaetón y sufrió de depresión. Como una suerte de bálsamo para sí, comenzó a cantar bajo el nombre de Mati Boy, pero luego cambió al alias que le dio fama. El primer tema que invitó a posar las miradas sobre él, fue “Chambee”. Desde allí ha ido en ascenso, y se ha vinculado a otros nombres claves de la escena como Pablo Chill-E o Harry Nach.

Desde Spotify detallan a La Cuarta cómo leen el fenómeno de Marcianeke. “El público de estos artistas es joven, está muy conectado en redes sociales y, probablemente, compartan el origen de estos creadores. En sus canciones cuentan lo que viven, logrando que su audiencia se identifique con sus vivencias y relatos. Esto hace que, además de consumir su música, la audiencia siga al artista y compre su historia”.

Además, hay un dato. Santiago de Chile no solo puede presumir de sus montañas y construcciones históricas, sino que además puede ostentar el título de capital mundial del reggaetón; en Spotify lidera las reproducciones del estilo, superando a otras como Ciudad de México y Lima.

“El caso de Marcianeke en particular, tiene mucho que ver con la tradición de Reggaetón que hay en Chile -explican desde Spotify-. Es un país que escucha Reggaetón desde hace más de 20 años, y se podría decir que son expertos en el género por su nivel de consumo. Por lo tanto, estos nuevos creadores son artistas que crecieron escuchando Reggaetón -- tanto ellos como los productores--, y están en condiciones de hacer un producto de mucha calidad”.

Para el periodista Ignacio Molina, autor del libro Historia del trap en Chile, lo que ocurre con Marcianeke hay que leerlo más allá de lo estrictamente musical. “Después de todas las frustraciones sociales que decantaron en el estallido, y sumado a la incertidumbre que provocó la pandemia, se hizo fundamental en la canción que se pegan, los palos, contenga una frase tan poderosamente divertida o absurda que permita convertirla en meme. Eso la viraliza”, detalla a La Cuarta.

Y explica el punto con los hits del maulino. “En ‘Dímelo ma’, dice ‘Puro perro, le doy de comer Champion’ o cuando dice ‘En la pobla’ me escuchan lo’ cabro’ chicken’, en No se piken; también se da el caso de un verso que sirva para ponerlo de texto junto a una foto en Instagram, como ‘Baby, la vida e’ un ciclo y lo que no sirve yo no lo reciclo’, que decía Bad Bunny en el remix de Te boté”.

De alguna forma, ello se complementa con los líos extramusicales tan propios de las estrellas musicales, conocidos vía virales. Hace algún tiempo se informó que Marcianeke fue detenido al verse sorprendido manejando bajo los efectos del alcohol -lo que él desmiente-, y asimismo, generó comentarios y reacciones en las redes sociales por una entrevista en que realizó gestos extraños, que él atribuyó a congestión nasal. Como sea, no deja indiferente a nadie.

Hits a la carta

Como suele ocurrir con los artistas que consiguen repercusión, Marcianeke salió de la escena de su natal Talca y comenzó a moverse en regiones. Un trabajo silencioso, pero constante, que apuntaló su creciente éxito en las redes sociales.

“Empecé a moverme para afuera, para ver qué pasaba realmente, porque yo estaba metido en Talca mientras me decían que estaba sonando en Serena, Concepción, en distintas regiones. Y ahí empecé a viajar a esos lugares, a compartir con algunas personas, las primeras colaboraciones. Después llegué a Santiago”, le contó a La Tercera.

Por ello, buena parte del ascenso de Marcianeke responde a la realidad de la industria musical en estos días, en que la relación entre artista y su público es directa. “El cambio que se produjo es que otros artistas, que se dieron cuenta de este fenómeno, se atrevieron a ponerse completamente para la música al darse cuenta que las plataformas, como también las redes sociales, eran las principales vías para mostrar su arte”, explica Molina.

“Ya no se necesitaba la televisión ni la radio. Además, todo se podía hacer desde un estudio casero, sin sello. Pero lo principal, claro, sigue siendo presentar una propuesta atractiva y estar colmado de talento”, agrega.

Efectivamente. Si antaño, los artistas luchaban por conseguir un contrato con los grandes sellos discográficos, hoy la realidad cambió. “Los actores más poderosos del mundo de la música son todos compañías tecnológicas: Apple, Google, Spotify, Amazon y otras, es decir, empresas que consideran que las canciones son mero contenido, un ingrediente más en un modelo de negocio mucho más amplio”, detalla el crítico e historiador musical, Ted Giogia, en su libro La música, una historia subversiva.

Por ello, en la era de las plataformas, los hits son manufacturados a la velocidad del clic, algo impensado en otra época en que músicos y productores se tomaban semanas para ensayar, componer y grabar una canción. Un clásico como “Bohemian Rhapsody” (1975), de Queen, tomó tres semanas de grabación. Claro que antes se emplearon otras tres en ensayos, y Freddie Mercury, Brian May y Roger Taylor dedicaron no menos de diez horas diarias a cantar los coros de la parte intermedia.

Hoy las cosas han cambiado. Con el ritmo de los tiempos se privilegia el trabajo en estudios caseros y las colaboraciones entre artistas son la norma. El mismo Marcianeke es un ejemplo, pues uno de sus primeros hits, “Sin timidez” (2019), fue trabajado a dúo con AK: 420, otro talquino que se abre paso entre likes y reproducciones.

Eso impacta hasta en la vida cotidiana. Marcianeke vive en un departamento en el centro de Santiago, que a la vez funciona como centro de operaciones, lo que le permite grabar sin mayor espera. “Ayer no estaba en nada, estaba aburrido, y me llama mi productor y nos ponemos a grabar una maqueta altiro -detalló a La Tercera-. Y en eso llega el (músico) Jairo Vera e hicimos una colaboración altiro también. Antes de ayer trabajé cinco colaboraciones en una noche, anoche trabajé tres temas”.

MARCIANEKE
Marcianeke

En las palabras del talquino hay otra clave del fenómeno; el trabajo junto a productores con los que trabajan pistas de ritmo que inviten a la pista de baile. A ello se le agrega una letra que permita generar contenido, un videoclip que llame la atención, algún buen invitado que sume visualizaciones y listo, ya tenemos un éxito en clave siglo XXI.

Así ocurrió con el hit “Dímelo Má”, grabado en una casa en San Antonio y que tiene a Pailita de invitado. Allí, entre porros y pan de huevo, Marcianeke trabajó con el productor Young Varas en un estudio improvisado para la ocasión. “Fue una colaboración de corazón con Pailita, no fue na’ con el hecho de que ‘ese va a pegar’ y todo, pero obviamente con el fin que sonara el tema”, contó a Mega.

Y en ese punto hay otro factor de cambio; si en los sesentas, George Martin y Phil Spector eran productores que apuntalaban a los artistas y su propuesta musical, hoy su rol ha girado hacia otros rumbos. “En el mundo de la música del nuevo milenio, ávido de dinero y acostumbrado a consumir una tendencia tras otra, lo normal es que (los productores) se vean encasillados como ‘creadores de ritmos’ que cualquiera puede contratar, trovadores errantes como los del pasado, pero que llevan un portátil en vez de una lira”, explica Ted Giogia.

Nuevo, pero antiguo

El caso de Marcianeke resume el de una generación que ha hecho de las redes sociales su escenario. “El primer artista chileno que rompió las cifras en plataformas fue Tommy Boysen. Sumó más de 20 millones de reproducciones de Hookah & Sheridan’s, entre 2017 y 2018, sin que ni siquiera los auditores conocieran su rostro. Luego vino el video, donde aparece por primera vez Paloma Mami, como invitada, y el boom aumentó. DrefQuila también pegó el tema ‘A fuego’ en YouTube, con más de 14 millones de reproducciones en un año”, explica Molina.

Las cifras de consumo revelan que se trata de un grupo de millennials que ha conseguido engarzarse con éxito al nuevo entorno tecnológico y generar una suerte de universo propio. No por nada, en su ritual de bautizo en la selección chilena, el delantero Iván Morales -de 22 años- cantó “Dimelo Má”. Por supuesto el registro se viralizó y generó una reacción, cómo no, del propio Marcianeke.

Allí un factor clave son los algoritmos. Estos permiten generar recomendaciones de escucha a los usuarios a partir de tres elementos; las preferencias propias y las de los demás; palabras claves o metadatos, y el análisis de los modelos de audio, el que permite filtrar por características musicales como tempo, clave, y estructura. Eso permite la entrada de nuevas canciones; de allí que muchachos que apenas tienen algunos años en la industria y sin majors de por medio -como Marcianeke-, tengan un alcance que antaño estaba reservado a gente como los Beatles o Taylor Swift.

Desde Spotify explican al diario pop parte de la mecánica que permite la distribución de fenómenos emergentes en la industria. “La música en streaming hace posible que los amantes de la música pueden poner a sus artistas favoritos en ‘repetición’ y también es donde los consumidores descubren nueva música o redescubren viejos favoritos”.

“La plataforma tiene una oportunidad única para aplicar inteligencia artificial y convertirse en recomendadores a gran escala -agregan-. Si lo pensamos en el contexto de que Spotify tiene 381 millones de usuarios activos por mes, más de 70 millones de pistas y más de 3.2 millones de podcasts, la magnitud de la funcionalidad de análisis de datos es enorme, lo que resulta en una necesidad incesante de escalar y probar a gran velocidad, pero también en una experiencia personalizada para cada uno de esos millones de usuarios”.

Ted Giogia se explaya al respecto en su mentado libro. “En la actualidad, se emplea la inteligencia artificial para componer música, interpretarla, seleccionarla, analizar sus posibilidades comerciales y, por último, vendérsela a los clientes. Los robots incluso consumen canciones. Hay músicos que ya contratan robots para que hagan clic en sus temas que hay online: por 299 dólares uno puede comprar 100.000 reproducciones de una canción. En un extraño proceso de autorreafirmación, estas ‘reproducciones’ convencen a los todopoderosos algoritmos de que una canción merece escucharse”.

MARCIANEKE
Marcianeke

Quizás eso explica que el mismo Marcianeke se ha visto sorprendido por su éxito en las plataformas. “Yo no me daba cuenta, después cada día me sorprendía más porque ya era mucho -le detalló a Mega-. Después como mientras menos me daba cuenta, más aumentaban los números”.

Pese a ello, él logró algo todavía más difícil en un entorno en que hay muchos símiles; una identidad, una “marca” que ha ido creciendo con el tiempo a partir de una referencia a la chilenidad, implícita en su trabajo. Para ello, consiguió un equilibrio entre el reggaetón old school y las nuevas tendencias. “Yo más que nada los mezclo los dos -le dijo a Mega-. Rescato algo de lo antiguo, pero lo hago nuevo”.

Ignacio Molina, plantea una trazabilidad de la propuesta del talquino. “Desde Kevin Martes 13, con hits como ‘Su corte’ o ‘Perigoso’, que se pavimentó un camino para la música callejera en nuestro país. Un estilo que rescata la picardía chilena, con letras chistosas, incluso sutras, que representan no sólo el habla sino que las vivencias de los jóvenes que crecen en los barrios”.

“Los cantantes de trap también utilizaron ese recurso de representación, lo que se distingue en la mayoría del catálogo de Pablo Chill-E -agrega-. El reggaetón, con exponentes de todo tipo, como Drago, Lizz, Tomasa del Real, Kid Lucilfer, AK4:20 o Marcianeke le agregaron lo bailable, lo discotequero: lo alegre. Pero lo que hizo Marcianeke es llevar eso al extremo, con otra forma de cantar, a contratiempo si se quiere, de forma más cruda también, con un lenguaje aún más actual y representativo”.

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