Fantasías sexuales, electroshocks y un divorcio: Emmanuel Carrère y la polémica que envolvió a su último libro

Autor: Guido Macari

Tras separarse, el escritor francés publicó una novela basada en la profunda depresión que sufrió hace unos años. “Esta historia sería incomprensible si no dijera nada sobre el contexto”, le dijo él a su expareja, quien leyó el manuscrito. El problema es que “el contexto, en este caso, fui yo”, dijo ella ante un conflicto que terminó en acciones judiciales. La obra, Yoga, ya se encuentra en Chile.


Así tal como fue publicado, Yoga no es el libro que Emmanuel Carrère (1957) quiso escribir.

Antes de que el manuscrito partiera a la imprenta, el célebre escritor francés suprimió algunos fragmentos y reescribió algunas partes —según explicó en el diario Libération—. El francés debió ceder, dejar de lado su sello personal. De Yoga, “ya no puedo decir lo que con orgullo dije de los otros (libros): ‘Todo es verdad’”, lamenta en la página 186.

Claro, Carrère siempre ha usado una estrategia peligrosa: su material de escritura es la vida íntima que convierte en un relato público. Y cuando eso sucede, se corre el riesgo de que los personajes, gente que en realidad existe, salte a reclamar (y probablemente con justa razón).

Yoga, su último libro que ya se encuentra en Chile editado por Anagrama, fue publicado en Francia con éxito por parte del público y la crítica. Pero no todo han sido aplausos. La novela despertó una batalla con su exesposa, la periodista Hélène Devynck, quien acusó al escritor de engañarla a ella y a los lectores.

Carrère lo negó.

“¿Acaso ya no puedo decir que no?”

La disputa parece solo una peculiar teleserie, un culebrón del mundillo literario, pero también tiene una arista más profunda, sobre los límites de la ficción basada en hechos que le ocurrieron a personajes de carne y hueso, en que el poder del escritor se ve disminuido ante el posible reclamo de un lector que se ve a sí mismo en medio de la narración y que ve invadida su propia privacidad.

Eso fue lo que sucedió a su expareja, Devynck, a leer el manuscrito y el posterior libro ya publicado.

“Emmanuel y yo estamos atados por un contrato que le obliga a obtener mi consentimiento para utilizarme en su obra. Yo no he consentido el texto tal como ha aparecido”, escribió Devynck en una carta publicada en la revista Vanity Fair.

“Durante los años que vivimos juntos, Emmanuel podía utilizar mis palabras, mis ideas, sumergirse en mis duelos, mis penas, mi sexualidad”, añade la misiva.

El divorcio de ambos en marzo del 2020, tras nueve años de matrimonio, torció ese escenario. Carrère perdió el derecho a usar a Devynck en sus textos, en caso de que ella se opusiera. “Por haber dicho sí en el pasado, ¿acaso ya no puedo decir no?”, se preguntó Devynck.

Y claro, mientras el escritor estaba en proceso de escribir esta narración de sí mismo (Yoga), su vida estaba en medio de una separación en curso.

Devynck acusó que él escondió el relato que estaba armando. Cuando ella recibió el manuscrito, este vino acompañado de las siguientes palabras del escritor: “Estoy escribiendo libros autobiográficos, no debería sorprenderte. (…) Esta historia sería incomprensible si no dijera nada sobre el contexto”.

La cuestión es que, en el caso de Yoga, “el contexto, en este caso, fui yo”, relató la periodista, por lo que el francés debió hacer algunos cambios.

Aun así, ella igual aparece en Yoga, pero de una manera tangencial, por una cita que hace Carrère de ella en un libro anterior, De vidas ajenas (2009).

Ante el material que no pudo publicar, el escritor ocupó un doble recurso para salvar su historia. Primero, hacer una especie de “mentira por omisión», no decir lo que no tenía permitido, desentenderse de ciertos momentos del pasado. Y segundo, incluir elementos de ficción, una fórmula que lleva años eludiendo.

Éxito en ventas

“Entiendo lo complicado que es para una persona real salir en un libro, pero también no salir en él”, replicó el escritor en octubre del 2020 en una carta.

“Todo lo que puedo observar es que, en los 20 años que llevo escribiendo este género de libros, ninguna de las personas se ha puesto en mi contra, ni siquiera Sophie, la heroína de Una novela rusa, a quien, a ella sí, realmente ofendí, y todavía lo lamento”, agregó.

El conflicto entre Carrère y Devynck explica el vacío que puede percibirse en la historia de casi 400 páginas de Yoga.

El libro cuenta la vida del autor entre 2014 y 2019. Carrère, en primera persona y en el estilo confesional que cultiva hace décadas, relata su caída en una depresión profunda y el ingreso a un hospital psiquiátrico en el que le aplicaron electroshocks.

Es como si en una novela policial jamás se revelera cuál fue el crimen que origina toda la trama. Queda a la imaginación el detonante de la crisis existencial que sufre el narrador, situación que despertó distintas especulaciones en los círculos literarios de París.

Carrère “no dice por qué está depresivo. Nosotros lo sabemos, pero no podemos hablar de ello aquí. Hay un asunto de amenazas en proceso, un asunto de autocensura en este libro que le lleva a no contarlo todo y que hace que el trabajo autobiográfico no sea completo”, dijo en septiembre el escritor Frédéric Beigbeder a la cadena de radio France Inter.

“No desvela el verdadero problema. Estamos ante una autobiografía que se miente a sí misma, como los pacientes que mienten al psicoanalista: no puede funcionar”.

Y bueno, en cierta forma, Devynck y Carrère en sus respectivas cartas confirmaron las palabras de Beigbeder.

Desde otra perspectiva, “la ficción me parece una forma de prudencia moral y casi jurídica”, valoró Dominique Rabaté en Yoga. “Si el autor camufla la realidad, puede ser por motivos éticos: no dañar al prójimo”.

En tanto, el conflicto de la expareja pasó a los tribunales, mientras la novela había vendido 160 mil ejemplares a solo un mes de la publicación.

“Es falso”

Al divorciarse, firmaron un contrato que da derecho a ella a suprimir fragmentos en los que se publique. Devynck leyó Yoga antes de que apareciera. Entre los fragmentos que tachó, estaba “una fantasía sexual acompañada de revelaciones indeseables sobre (su) vida privada”. La periodista sintió invadida su intimidad.

Devynck también le criticó a su exmarido que, pese al pacto entre ambos, recurriera a la “astucia” de citar un fragmento de De vidas ajenas, publicado hace doce años, cuando ella sí daba su consentimiento sin condiciones.

Además, acusó al escritor de manipular el orden cronológico de ciertos hechos, dando a entender que utiliza la ficción para cortejar al jurado del prestigioso Premio Goncourt, galardón que finalmente se alejó del escritor envuelto en la polémica.

“Este relato, presentado como autobiográfico, es falso, arreglado para servir a la imagen del autor y totalmente extraño a lo que mi familia y yo vivimos a su lado”, dijo ella.

“Emmanuel hace una descripción complaciente de su enfermedad mental y su tratamiento. Estuvo hospitalizado en un pabellón cerrado donde lo visitaba a diario y del que apenas recuerda. Fue sometido a descargas eléctricas que yo no permití, en un momento en que ya no se pudo obtener su consentimiento. Apenas se mencionan los ataques de megalomanía bipolar”, relató Devynck.

Ella, además, mencionó que su cuadro depresivo no apareció de la nada, sin previo aviso.

“Fue antes del hospital, incluso antes de que se hiciera un diagnóstico sobre el comportamiento demente que yo intentaba, con los medios a mano, contener los estallidos de agresión”, detalló meses atrás. “Informar me parecía un salvavidas para combatir la violencia de un ego despótico. El episodio dilatado se presenta como una liberación de la depresión, un regreso a la vida. Lo contrario de la realidad”.

Ojo, los compromisos

En enero del 2021, Carrère se refirió al conflicto:

—Si hubiera escrito la más mínima cosa desagradable de Héléne, habría entendido que se ofendiera y saliese con una diatriba sobre los escritores que vampirizan en sus personajes a quienes tiene alrededor —dijo a Vanity Fair—. Pero no escribí nada agradable o desagradable sobre ella, nada en absoluto. Quizás en el fondo sea eso lo que me reprocha. Tal vez no quiera estar en el libro, pero tampoco quiere estar fuera de él.

Según ha dicho, para él la experiencia es el material de la escritura; los hechos están ahí, y que él los narra desde su mirada.

“En lo que hago yo hay mucho auto pero no hay nada de ficción. Nunca entendí bien a qué se refieren cuando dicen ‘autoficción’. Cuando yo hablo de mí es algo que sucedió realmente. No altero nombres ni intento esconderme. Más bien todo lo contrario”, dijo en una charla que dio en Buenos Aires en 2015, años antes de la polémica post-divorcio.

Cuatro meses después de decir esas palabras en la capital argentina, el francés cayó en la depresión que lo llevó a internarse durante cuatro meses en el centro neuropsiquiátrico en París, Saint-Anne.

Con esos años de depresión atrás y el conflicto con Devynck ya más disuelto, en febrero, Carrère declaró en una entrevista a BBC:

—Hay que estar consciente de que las etapas marcadas por la controversia no son absolutas. También es importante saber que cuando pasas por un momento de mucho dolor, en algún punto lo vas a superar. Y, de la misma forma, cuando las cosas van muy bien, no está mal decirse que la buena racha no va a durar. No se trata de ser pesimista, sino de ser realista.

Al parecer, ese es un riesgo que Carrère deberá considerar más a fondo: que los personajes, tan vivos como el propio autor, se le vengan encima y, tal como entraron al libro desde la realidad, salten de vuelta a la vida, libres para tomar sus propias decisiones, las que pueden estar respaldadas por un contrato.

En la última frase de su carta, Hélène Devynck se pregunta: “¿Es el artista famoso y admirado un ser divinizado que, a diferencia de los mortales ordinarios, no está sujeto a sus propios compromisos?”.

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